¿Adoración o manipulación? (Séptima parte)

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La manipulación en la reunión de adoración.

Después de ocho escenarios planteados en los que un director de adoración podría incurrir en manipulación, llegamos a la penúltima entrada de esta serie. Así que sigamos hablando de este tema poco abordado en los congresos de adoración y evaluémonos a nosotros mismos para corregir el rumbo si fuera el caso que lo hayamos perdido. ¿Cuándo un director de adoración podría incurrir en manipulación?

9. Cuando el director mide su éxito por las expresiones externas.

En una ocasión estuve en un pequeño congreso de adoración donde quien dirigía cantó la versión en español de “Eres fiel” de Israel Houghton. La canción comenzó pero a la altura del solo musical el director dejó que sonara de fondo mientras decía: “¡Ahora vamos a hacer lo siguiente! Quiero que hagan lo mismo que yo, ¡vamos a saltar con un solo pie!” Él comenzó a saltar en un solo pie y toda la congregación a imitarlo. Después dijo: “¡Ahora vamos a cambiar de pie y saltar con el otro!” Todo mundo cambió de pie y siguieron saltando. Después de unos segundos dijo entusiasmado: “¡¡¡Ahora vamos a saltar con los dos pieeessss!!!” La banda subió el volumen y todo mundo se desbocó saltando.

Cuando yo presenciaba esa dinámica pensé: “¿Y en qué rayos contribuye a la adoración congregacional que este director nos pida eso? ¿Ah?”

Una vez estuve en otra reunión donde quien dirigía desde el frente hizo un llamado para que pasaran al frente quienes querían ser liberados del “espíritu de poste” y así cuando participaran de la alabanza pudieran saltar y danzar con libertad. ¿Qué cree que pasó? Algunos pasaron al frente para ser liberados del “espíritu de poste”. Cuando terminó de orar el equipo de alabanza cantó canciones estilo judío y todo mundo danzó. Es decir, ¡fueron liberados del “espíritu de poste”!

¡Qué decir de los conciertos de música cristiana donde algunos de quienes cantan dicen desde el frente: “¡El que no salte no tiene a Cristo!” o “¡El que no brinque no va pa´l cielo!” ¿Alguna vez ha visto eso en los conciertos? ¡Yo hasta en iglesias locales lo he visto hacer!

¿Sabes cómo se llama eso? Manipulación. Sí tienes a Cristo y sí te vas al cielo aunque no saltes ni brinques.

Lo que sucede muchas veces con los directores de adoración es que cuando dirigen perciben que la gente no se está emocionando con las canciones que están tocando y entonces necesitan ver una reacción externa para sentir que están siendo efectivos en su dirección. Si a esto le suma que hay líderes de alabanza que creen que el tiempo de música y de cantos consiste en divertirse, entonces estamos ante un director que está a punto de pedir a la congregación que haga algo externo para tener la certeza que está cumpliendo su objetivo: divertir.

Con esto no estoy diciendo que un director no pueda ser dinámico desde la plataforma y pedir a las personas que realicen ciertas cosas mientras cantan. No, a lo que me refiero es a esos directores obsesionados con pedir que las personas hagan cosas una y otra vez al punto de convertir la iglesia local, no en un templo de adoración, sino en una clase gigantesca de aeróbicos. Hay iglesias que hasta miden la intensidad de la alabanza por los rostros sudados después de haber danzado o por la cantidad de lágrimas que encuentran al final del culto en el piso. Vamos, ¿quién nos ha enseñado que la efectividad de la adoración se mide por cuestiones externas? ¿Desde cuándo las expresiones físicas equivalen a adoración del corazón?

Mire, expresiones como estar de pie, cantar, saltar, alzar las manos, llorar, arrodillarse o postrarse no son garante de que hubo adoración. Que si bien es legítimo que las utilicemos durante los servicios de la iglesia, la adoración “en espíritu y en verdad” no está supeditada a ellas. La verdadera adoración se da en el interior, no en el exterior. ¿No dijo el Señor “este pueblo de labios me honra pero su corazón está lejos de mí?”

¡Ojo con eso!

Continúa…

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