“Adornando tumbas”, Jesús Adrián y el movimiento progresista (Quinta parte)

“Adornando tumbas”, Jesús Adrián y el movimiento progresista (Quinta parte)

En esta entrada y en la siguiente hablaré acerca de la apologética y la predicación del evangelio. Como te mostraré a continuación, prácticamente Jesús Adrián nos dice que hay que bajar la voz, ser más humildes al testificar y predicar más con el ejemplo que con las palabras.

En el primer capítulo “Peregrinos” dice: “Los primeros discípulos actuaron más como peregrinos que como predicadores… Cuando se habla de temas espirituales, la gente escuchará con más atención a alguien con corazón de peregrino que un predicador. Un peregrino es alguien que va caminando a un lugar sagrado. Aún no ha llegado y no se preocupa tanto porque “la fe abraza el camino como un tipo de destino” … el peregrino está en una búsqueda, y al caminar se identifica con las personas que se encuentra en el camino porque sabe que todos estamos en la misma búsqueda. Así mismo, un peregrino no predica; camina, y al hacerlo inspira a que otros lo sigan en el camino” (pág. 35).

Efectivamente, la Biblia describe la vida cristiana como un peregrinaje, pero francamente “los primeros discípulos”, contrario a lo que dice Jesús Adrián, no eran más peregrinos que predicadores. Eran ambas cosas a la vez. Una lectura superficial del libro de los Hechos te mostraría que una característica de los primeros cristianos era su “denuedo” para predicar (Hch. 4:13, 29 y 31, etc.). Es más, cuando afirma: “un peregrino no predica; camina, y al hacerlo inspira a que otros lo sigan en el camino” suena más a Francisco de Asís, cuando este dijo: “prediquen en todo tiempo y de ser necesario usen palabras”, que a otra cosa. Y no es que estas afirmaciones estén del todo mal; sin embargo, por más noble y profundo que suenen estas expresiones, el modelo de Cristo y de los primeros cristianos no fue ese. Tanto Jesús como sus discípulos predicaban y actuaban, actuaban y predicaban. No escogieron una en lugar de la otra ni viceversa. Escogieron ambas como estilo de vida. Eso sí, en ciertos contextos, puede darse el caso de que debamos modelar vidas ejemplares antes de testificar como sugiere Jesús Adrián y de Asís; sin embargo, la vida cristiana normal debería caracterizarse por practicar ambas dinámicas y no solo una.

Ahora bien, Jesús Adrián tiene razón cuando dice que al testificar no hablemos como si lo supiéramos todo y mucho menos, que coaccionemos a las personas para que crean como nosotros. Por eso, un par de páginas después, dice: “un peregrino habla desde su debilidad y no desde su deseo de querer controlar y decirle a los demás lo que tienen que hacer y pensar… debemos de dejar de tratar de convencer a la gente de lo que pensamos, tal vez así mostrarán más interés en saber lo que creemos. ¿Será que tal vez necesitamos cambiar nuestra idea de evangelismo a una de peregrinos? ¿Será que necesitamos dejar de ser tan apologéticos y dogmáticos y ser más compasivos?” (pág. 37).

Si alguien testifica sin compasión y con el afán de imponerse, hace mal. Sin embargo, mientras Jesús Adrián nos anima a moderarnos, al decir que no seamos “tan apologéticos ni dogmáticos”, ¿a qué temas en particular se refiere? ¿Con qué temas un cristiano no debería comportarse así?

El asunto es que, debido a que Jesús Adrián se identifica con el movimiento de iglesias emergentes, de por sí eso le imprime otra connotación a este tipo de afirmaciones. Cuando estudias la teología emergente de quienes viven en EE.UU. —teología con la que Jesús Adrián dice identificarse— descubres que para ellos ser dogmático y apologético es sinónimo de orgullo y arrogancia. Es por eso que mientras lees el libro de Jesús Adrián te topas con expresiones como: “Nuestro credo a veces se puede convertir en un problema porque nos lleva a ser orgullosos y excluyentes” (pág. 199) y “Los cristianos (teístas) tenemos mucho que aprender de los agnósticos. En un mundo en el que la certeza teológica nos ha vuelto orgullosos, nos haría bien un toque de realidad” (pág. 228).

¿Ves como asocia el orgullo con la certeza e incluso, el orgullo con los credos? ¿Ahora entiendes por qué para los emergentes presumir de que dudan, que no tienen certeza de nada y que no están seguros de sus creencias es sinónimo de humildad y hasta de espiritualidad?

El asunto es que cuando ves el orgullo y la arrogancia como consecuencia de poseer convicciones firmes caes en lo que Jesús Adrián cae cuando en el capítulo “Festival de nuevas lenguas” dice que deberíamos escoger mejor el silencio y predicar mejor con nuestras acciones (pág. 96-97), en “Cristianismo y política” que deberíamos preferir reflejar a Jesús antes de protestar en contra del aborto y las uniones gays (pág. 147-148) y en “Guarda tu espada” que deberíamos dejar de ver el reino de Dios como una guerra porque debido a esto es que muchos creyentes son hostiles con los demás (pág. 164-165).

Yo no digo que no hayan elementos de valor en estos capítulos, pero que Jesús Adrián nos ponga a escoger entre predicar y vivir vidas ejemplares no creo que sea el mejor consejo. Mejor sería especificar que hay ciertos contextos que ameritan primero ser ejemplares y luego predicar, pero no decirlo de forma generalista porque ese no fue el modelo que siguieron los cristianos en el Nuevo Testamento y porque predicar y reflejar a Cristo no tendrían por qué estar en riña.

De paso, el primer capítulo “Peregrinos”, Jesús Adrián lo finaliza diciendo: “el discurso de Jesús no fue apologético, fue poético, evocativo, con historias que iban más al corazón que a la mente de las personas” (pág. 38).

La pregunta aquí sería: ¿cuál de todos sus discursos? O: ¿a cuál o a cuáles se está refiriendo Jesús Adrián? Porque si vas a los cinco discursos de Cristo que aparecen en el evangelio de Mateo (caps. 5-7, 10, 13, 18 y 24-25) encontrarás rasgos de apologética y también de dogmatismo. ¡Y eso que solo estoy citando los de Mateo!

El asunto es que Jesús sí fue apologético y sí fue dogmático. Un ejemplo de ello lo encontramos en Marcos capítulo 12, que habla del momento en que debatió con los saduceos sobre el tema de la resurrección, después de que ellos le plantearon el caso de una mujer que tuvo siete esposos, al preguntarle que en la resurrección de quién sería esposa, Jesús les dijo: “¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?” (v. 24).

¿Sabes qué significan estas palabras? ¿Sabes qué les quiso decir? “Ustedes están equivocados y yo estoy en lo correcto. Ustedes se equivocan porque ignoran las Escrituras, pero yo no porque las conozco”. Es decir, Jesús habló dogmáticamente. Es más, mira cómo Jesús, al finalizar este relato, les vuelve a repetir que están equivocados: “Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis” (v. 27).

Tú no puedes decirle a alguien que está equivocado sin creer que tú estás en lo correcto. Tú no puedes decir lo que Jesús dijo sin ser dogmático. ¿Por qué? Porque Jesús fue dogmático y de paso, apologético. Por eso defendió la doctrina de la resurrección ante los saduceos que no creían que fuera cierta. Por lo tanto, ser dogmático no significa que alguien no pueda ser humilde. ¿O los emergentes creen que Jesús fue arrogante y orgulloso por hablar de este modo? ¿Ah?

Ahora bien, los emergentes tienen razón cuando señalan que hay cristianos que son dogmáticos y a la vez sumamente orgullosos, ¡y eso está mal! Sin embargo, el hecho de que algunos lo sean no significa que todos los son o que ser dogmático sea sinónimo de orgullo. Vamos, la humildad y el dogmatismo no son antagónicos. Pueden caminar de la mano porque Cristo, nuestro máximo modelo de humildad, fue dogmático sin pecar de arrogante.

En fin.

Francamente, yo no sé si Jesús Adrián se sentó a escribir este libro de corrido durante varias semanas o meses, o, si lo escribió capítulo por capítulo con semanas o meses de separación para luego compilarlos. Digo esto porque hay cosas que él dice que se contradicen. Por ejemplo —siempre con relación al tema de la apologética— en el capítulo “Celo por la gracia” Jesús Adrián sugiere una “Prueba litmus” para identificar si nuestro celo por la verdad es válido. Él dice que después de evaluarnos concienzudamente con esta prueba, entonces estaríamos facultados para defender la verdad.

Aquí van las cuatro preguntas para que las conozcas, pero solo me concentraré en la primera: “¿Qué tanto conocimiento se tiene del tema que se está abordando? No puedo opinar con autoridad sobre algo que no conozco, es decir, si no tengo suficiente conocimiento de teología, no puedo actuar con autoridad”. Pág. 238. (Las siguientes preguntas son: “¿Cuál es la relevancia del tema en discusión? ¿Cuál es la motivación al expresar ese celo? Y ¿Cuál es la forma en la que se está expresando ese celo?” Pág. 238-239).

En su debido contexto, las preguntas son utilísimas para examinar las motivaciones del corazón al momento de defender la verdad. El problema es que al decir: “no puedo opinar con autoridad sobre algo que no conozco, es decir, si no tengo suficiente conocimiento de teología, no puedo actuar con autoridad” descalifica a casi todos los evangélicos cuando de hablar de la Escritura se trate porque apenas unas páginas antes Jesús Adrián dijo: “antes de argumentar que podemos comprobar con absoluta certeza que la Biblia es la Palabra de Dios, sería necesario tomar un examen de griego y hebreo para primero ver si podemos leer la Biblia en los idiomas originales” (pág. 230-231).

¿Sabes qué significa eso? Que por no conocer los idiomas originales no tenemos autoridad ni siquiera para defender que la Biblia es la Palabra de Dios. Y si no tenemos autoridad ni para eso, ¡mucho menos para hablar de temas teológicos! ¿Por qué? Porque los temas teológicos se derivan de la Escritura misma. Escritura que no podemos, según Jesús Adrián, comprobar que es la Palabra de Dios debido a que no dominamos los idiomas originales. ¡O sea!

Mira, su línea de pensamiento es como sigue:

Dominio de idiomas bíblicos = Facultad para defender la Biblia como Palabra de Dios = Autoridad para hablar de temas teológicos.

No dominio de idiomas bíblicos = No factulad para defender la Biblia como Palabra de Dios = No autoridad para hablar de temas teológicos.

Prácticamente el 99% de evangélicos en el mundo reprobaríamos su “Prueba litmus” desde la primera pregunta… ¡incluso el propio Jesús Adrián Romero!

Claro… a menos que muestre públicamente que aprobó un examen de hebreo y griego bíblico. 😉

Continúa leyendo la Sexta parte.

2 Comentarios

  1. Nos falta aplicar más la palabra a nosotros mismos en lugar de querer convertir a otros primero? SI. Debemos parar de defender la fe en los tiempos en que el cristianismo es más atacado, censurado y hasta ridiculizado por la sociedad de nuestro tiempo? NO. Una de las mayores debilidades del cristianismo de nuestro tiempo es que nosotros mismos estamos dudando, si tuviéramos la misma convicción que por ejemplo los musulmanes (aunque estoy en contra totalmente de su método de imponer su religión por la fuerza) el mundo nos respetaría más.

    Asumo que Jesús Adrián y muchos de los que impulsan este pensamiento progresista se han decepcionado de las actitudes del liderazgo de la iglesia en general, hay excepciones pero la mayoría ha constituido un pequeño “reino” en sus congregaciones y ministerios. Son tan grandes estructuras, y tan grandes celebridades que han perdido el amor por la gente, nunca piden perdón, cualquier intento de cuestionar sus ideas impuestas se toma como “rebelión contra la autoridad dada por Dios”, todo esto es campo de cultivo para la aparición de filosofías raras que no hacen sino complicar más el panorama para toda una generación sedienta de ejemplos a seguir pero no los encuentra.

    Vivo en Boston, estado de Massachusetts en los Estados Unidos, aquí hay un movimiento evangélico luchando para que no se sigan aprobando leyes anticristianas, tuve la oportunidad de estar en la Corte Suprema, protestando contra la ley que aprobaba el uso legal de la marihuana, así como la creación de baños sin distinción de género. Alguien dirá: “La iglesia no fue llamada a intervenir en la política”, yo lo que sé es que fuimos llamados a ser sal y luz, la corrupción sigue avanzando, debo predicar con el ejemplo, pero también Dios me dio boca para hablar y expresar lo que pienso. Si yo me quedo callado, las piedras hablarán. pero como decía Marcos Vidal en una canción: “mientras viva yo, las piedras no hablarán.”

  2. ABNER: Gracias por tu comentario! Muy atinado!

    Noel Navas.

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