Crisis en las letras

Crisis en las letras

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Un artículo de Daniel Ramírez.

El bloguero mexicano Daniel Ramírez, psicólogo y quien se considera a sí mismo un melómano, fan de Steven Curtis Chapman y conferencista internacionalmente desconocido, escribió hace algunos meses en Nieveenverano.Com un artículo provocador. Sin pelos en la lengua, como decimos por aquí, comparte sus impresiones acerca de las letras de las canciones cristianas tanto en inglés como en español. Con tono punzante (ya verá por qué lo digo) desafía al compositor a salir de los “lugares comunes” de la composición para introducirnos a una profundidad desconocida para muchos de nosotros. Pienso que su opinión, por ruda que sea, no solo se aplica a México, sino a cualquiera de nuestros países.

Límites de nuestro pensamiento: Crisis en las letras de la música cristiana.

Los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro pensamiento, decía Wittgenstein. En ese argumento encuentro la respuesta a la crisis en las letras de la música cristiana en México.

Actualmente no hay compositores mexicanos que destaquen por la brillantez de sus letras.

Hace años disfrutamos el talento de grandes autores como Rubén Sotelo o Renato Vizuet, a quienes Torre Fuerte debe gran parte del éxito que tuvieron en los 90’s. Y qué decir de Alejandro Alonso, pionero de la música cristiana en México, autor de la canción Último acto, incluida en su obra maestra De regreso a casa. Último acto narra magistralmente la revelación del Apocalipsis con la genialidad propia de un conocedor de las Escrituras; de hecho todo el álbum está plagado de Biblia y buena música.

¿Pero qué autores mexicanos destacan actualmente? No somos capaces de mencionar cinco; porque todo lo que escuchamos son traducciones (en su mayoría mal hechas) de canciones del extranjero y provenientes de los tres movimientos de adoración más importantes del mundo: Hillsong, Passion y Jesus Culture.

Y no es que esto esté mal.

Pero vale la pena preguntarnos: ¿Qué hicimos mal? ¿Por qué dejamos de ser de influencia en temas de lírica para América Latina?

Los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro pensamiento. ¿Pusimos más atención en estar atentos a la evolución de la música en la Iglesia que olvidamos la importancia del contenido bíblico en lo que cantamos? ¿Dejamos de evaluarlo teológicamente?

La respuesta es sí. ¡Pero porque prácticamente no hay algo que evaluar! Porque las letras son tan superficiales y tocan tantos temas a la vez, que cualquier mente los recibe sin filtrar la calidad artística.

¡OH, BENDITOS LUGARES COMUNES!

Veamos un ejemplo. Qué les parece esta canción este conjunto de palabras que actualmente forma parte del catálogo de miles de iglesias en México:

Quiero levantar a ti mis manos
maravilloso Jesús, milagroso Señor
Llena este lugar de tu presencia
y haz descender tu poder
a los que estamos aquí
Creo en ti Jesús
y en lo que harás en mí, en mí

Y de ahí, a cantar – ¡Media hora! – las siguientes palabras:

Recibe toda la gloria
recibe toda la honra
precioso Hijo de Dios

Impresionante. ¿De qué habla la canción? ¿Saben cómo se llama? Adivinen.

Y por favor no se me pongan espirituales al criticar este artículo. Hay una verdad irrefutable: si apuntas al aire con una flecha, le vas a dar. Y eso es lo que pasa con este tipo de canciones: están tan saturadas de lugares comunes que evaluarlas es innecesario. Le van a gustar a la gente, aunque las letras sean mediocres.

Si no saben qué es un lugar común, échenle un ojo a Wikipedia, mínimo: http://es.wikipedia.org/wiki/Lugar_com%C3%BAn

VALOR ARTÍSTICO

Las letras son más importantes que la instrumentación o  el cantante mismo. Y hasta que no dimensionemos y hagamos conciencia de dónde estamos, no haremos algo para remediarlo.

Basta escuchar el último álbum de Bob Dylan, Tempest (Columbia, 2012) o el disco Old ideas, lleno de la complejidad lírica de Leonard Cohen para dimensionar la crisis.

Dylan, el letrista de mayor profundidad en la historia de la música moderna, quien entre muchísimos premios, ganó el premio Príncipe de Asturias de las Artes por “conjugar la canción y la poesía en una obra que crea escuela y determina la educación sentimental de millones de personas… es fiel reflejo del espíritu de una época que busca respuestas en el viento para los deseos que habitan en el corazón de los seres humanos”. Ganador de un Premio Púlitzer “por su profundo impacto en la música y la cultura popular americana, gracias al poder poético de sus composiciones”. (Noten que el Pulitzer no es cualquier cosa; es considerado como el premio de mayor reconocimiento en prensa escrita, literatura y música en Estados Unidos).  Dylan también ha sido ganador de la Medalla Nacional de las Artes, investido como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, incluido en la lista de las cien personas más influyentes del siglo XX del Time y ganador del Premio de Música Polar de la Real Academia Sueca de Música. Sólo le falta el Nobel de Literatura.

Su obra habla por sí misma. Su lírica está llena de versos que cualquier autor quisiera haber escrito. La pluma de Dylan está dotada de una magia que es capaz de transformar sus canciones en poemas en cuanto se les quita la música.

Hace un tiempo destaqué en mi blog la belleza de When he returns, escrita por Dylan y en voz de Kevin Max. Por supuesto, nada comparable con cantar “Te doy gloria” y repetir las mismas ¡tres palabras! hasta el hartazgo. Perdón por quienes se sientan ofendidos al leer estas líneas, pero artísticamente (que es el punto que estoy tratando) no hay comparación mínima ni método de defensa para adefesio tal. De nada sirven las 88,431 palabras de nuestro bello idioma español si solo con tres expresamos lo que sentimos. Wittgenstein tiene razón: los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro pensamiento.

¿A DÓNDE SE FUERON NUESTRAS HISTORIAS?

Demos un vistazo a la lista de discos lanzados en los últimos dos años. Han sido años gloriosos para la música cristiana, principalmente en el mercado anglo, pero el contenido bíblico prácticamente se ha ido de las letras.

Evidentemente hay excepciones; hay gente que lo puede hacer, tal es el caso de Brandon Heath, quien compuso una serie de canciones enmarcadas en la historia del Jardín del Edén y las recopiló en un disco llamado The leaving Eden sessions.

Pero, en general, ¿a dónde fue el contenido bíblico? Ya no lo veo en las canciones que actualmente se graban. Evidentemente hay una fuente de inspiración en lo que Dios ha hecho en la vida de los autores y que graban en discos extraordinarios (gracias TobyMac, gracias J.A.R.), pero el hecho de que prácticamente ninguno de ellos retome una historia bíblica y la convierta en una obra artística musicalmente hablando, expone la crisis espiritual que también se vive en la industria de la música cristiana.

¿De verdad los compositores no encuentran inspiración en una historia como la de Josafat? ¿La historia de vida de Mefiboset no es digna de ser contada en una canción? ¿Sus sentimientos no son fuente de inspiración? ¿O es que no somos capaces de percibirlos?

Es que es más fácil irse por la libre y hablar de nosotros mismos.

Larry Norman (1947-2008) icono revolucionario de la década de los 60’s, puso el ejemplo de cómo contar una historia bíblica y convertirla en un clásico: Moses in the wilderness, una extraordinaria canción acerca de Moisés y el éxodo del pueblo judío por el desierto.

Hugh Laurie (¿recuerdan al Dr. House?) conoce el valor artístico de letras con contenido bíblico. Tan es así que rescató para su disco Let them talk una antigua y clásica canción góspel llamada Battle of Jericho, también interpretada en los 60’s por Elvis Presley, basada por supuesto en la historia de Josué y la batalla de Jericó.).

Hoy, ni artística ni culturalmente, nuestra música es relevante por nuestros límites de pensamiento.

¿A dónde se fueron nuestras historias?

¿A dónde fue la poesía?

Y por poesía no me refiero al uso de palabras románticas, sino al máximo esplendor: su estructura, unidad fraseológica, verso, prosa, rima, hipérbaton.

¿Saben los compositores de la música cristiana contemporánea qué es un serventesio o un pareado?

Lo dudo.

Así de grave es la crisis (1).

Noel Navas.

Notas:

(1) Tomado de: http://www.nieveenverano.com/los-limites-de-nuestro-pensamiento-crisis-en-las-letras-de-la-musica-cristiana/

 

 

5 Comentarios

  1. Wow!

    Asi de simple, sin pelos en la lengua y lo mejor de todo que me gusta lo que dice, hay cosas que aun las iglesias cristianas o cristianoides como me gusta decir, no aceptan como por ejemplo el arte, lo artistico esta mal, ni decir de referenciar a gente no convertida (convertida en que?).

    Genial articulo y esta de mas decir que la cancion ejemplo que usa me tiene como aprendi de este blog, anesteciado totalmente.

    Saludos.

  2. Comparto su preocupación. Pero no necesita ser tan temerario para darse a entender.
    Llamar «adefesio» a algo que es ofrecido a Dios creo que raya con juzgar al adorador. Porque ¿Qué clase de adorador presenta algo «ridículo» a Dios? (ese es el significado de adefesio)
    Recuerdo a Mical referirse al «ridículo baile» de su marido, y no le fue muy bien.

    No disculpo la falta de preparación, pero no hay que olvidar que la música congregacional trata de lo que el PUEBLO desea expresar a Dios. Y no hay muchos musicólogos en las iglesias (De hecho no hay muchos en ninguna parte, comparado con los abogados o médicos). Hablo de música congregacional, ya que el autor tildó de ridícula una pieza de ese género.

    Lo siento, prefiero cantar una canción en mi congregacion con los acordes de «La Bamba» y que la gente se involucre en la adoracion, que presentarles «La Pasión según San Mateo» (Bach) y que nadie entienda nada… o peor, que termine adorando a los intérpretes.

  3. Es interesante la opinión de Daniel. En lo personal, considero que la fórmula: Espíritu Santo + Sentimiento + Conocimiento de la Palabra + Técnica (-) Monotodía. Da como resultado una composición impactante, no solo en la melodia; sino también en la letra que se grava en las mentes y corazones de las personas.
    Muy bueno el artículo.

  4. Mira, esto se parece a aquello de la «Televisión Cristiana» vs «Televisión Secular». Esas categorías la hemos usado para disculpar la evidente falta de profesionalismo en la producción y difusión de televisión. Es la falta de preparación, el no entender del todo las características del medio, etc. Pero el tema es que si alguien no acepta el desafío de ser excelente en lo que hace nos acostumbramos a hacer más de lo mismo, con la arrogancia de creer que es lo mejor y lo ungido.

    Debemos aceptar que estamos lejos de llegar a comprender lo que gente como David escribió en los salmos, la complejidad de esos cantos hermosos que hoy los leemos al iniciar los cultos y que con demasiada frecuencia ni siquiera despiertan nuestros corazones. Hay un desafío y los compositores deben aceptar este reto. Ser excelentes en su arte, adoradores del Señor y gente de la iglesia (que viva en la comunidad y comparta sus días)

  5. Me parece curioso que el autor use de ejemplo la canción «Creo en ti» de Julio Melgar para ejemplificar canciones cuyas letras «son tan superficiales y tocan tantos temas a la vez, que cualquier mente los recibe sin filtrar la calidad artística.»

    Interesantisimo que use ese ejemplo cuando en la entrevista que Noel le hizo a Julio Melgar éste menciona que es una letra que Dios mismo le dictó.

    «Resulta que yo venía en avión, de un evento de Colombia. Yo venía impactado porque lo que había visto y que Dios había hecho. Allí sentado en el avión Dios me habló fuertemente al corazón, me dijo: “Toma lápiz y papel” y me comenzó a dictar las palabras. Las escribí y me volvió a decir: “Esta canción va a ser como un “¡Cuán grande es él!” Va a ser un sonido que va a convocar a la gente”. Julio Melgar.

    Bien por «Daniel Ramírez, psicólogo y quien se considera a sí mismo un melómano, fan de Steven Curtis Chapman y conferencista internacionalmente desconocido». Me ha puesto a meditar.

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