Sherlock Holmes, CSI y canciones

Sherlock Holmes, CSI y canciones

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La importancia de los filtros para los escritores.

Recientemente BBC.com publicó un artículo relacionado con las novelas de ficción, donde se habla acerca de cómo existen filtros profesionales para evaluar las novelas que los escritores están por publicar y de este modo asegurarse que todo cuanto narran sea lo más apegado a la realidad. Con el auge de la auto publicación en línea se corre el riesgo que muchos escritores publiquen inconsistencias y hasta gravísimos errores en sus relatos. Bueno, como desde hace ciertos años me he sentido inclinado por leer ficción, me pasó que mientras leía el artículo pensé que estos mismos métodos de evaluación, previo a la publicación de un libro, podrían aplicarse a la composición de canciones. Por lo tanto, aquí está el artículo para que lo lea y analice, y al final una reflexión personal aplicada a quienes componemos de forma habitual.

De Sherlock a CSI: los retos científicos de las nuevas novelas policiales

Cuando Sherlock Holmes le dijo a Watson que era elemental, realmente lo era, comparado con los estándares de los detectives modernos.

Las ficciones policiales y sus autores se enfrentan a un campo minado de ciencia y tecnología que muchas veces es esencial para la trama pero difícil de describir con exactitud.

Pero ahora la Academia de las Ciencias de Washington (WAS, por sus siglas en inglés), establecida en 1898 por Alexander Graham Bell, introdujo un sello de aprobación para libros basados en hechos científicos correctos. Y a diferencia de otros procesos de revisión de expertos, éste está abierto a los escritores de literatura policial.

«Se publica demasiada ciencia basura», dice Peg Kay, escritora y miembro de la WAS.

Ella culpa a las presiones comerciales y a la falta de buenos editores que rechacen las obras malas.

«Los editores hoy en día son sólo hombres de negocios y vuelcan las funciones editoriales en los agentes», opina Kay. «Todos los agentes están interesados en el mercado masivo. Nadie sabe qué creer porque no hay un filtro».

Jim Cole, presidente de la WAS, dice que mucha gente se acerca a la ciencia a través de la literatura de ficción y a las series de televisión como CSI, que pueden dar la impresión de que la tecnología puede resolver cualquier crimen.

«La ciencia que el público en general percibe no es necesariamente la correcta», dice Cole, consultado por la BBC.

«Con la auto-edición en internet, yo creo que va a ser todo un tema en el futuro, sobre lo que real y lo que no lo es».

Crímenes contemporáneos

Muchos autores de éxito son conscientes de la necesidad de una investigación profunda. Suelen escribir sobre lo que conocen, o rápidamente contactan a los expertos que puedan ayudarlos.

«Me preocupa todo el tiempo hacerlo mal», cuenta John Gilstrap, autor de bestsellers.

«Cuantos más detalles se den sobre los aspectos técnicos, más riesgoso es. Con sólo una pequeña frase errónea es asombrosa la cantidad de emails que recibes, con la velocidad de un rayo, diciéndote por qué te has equivocado».

Gilstrap ha escrito once thrillers o novelas de suspenso, algunas de ellas protagonizadas por el personaje de Jonathan Grave, un especialista en rescate de rehenes que trabaja por cuenta propia y elude las restricciones legales que entorpecen los esfuerzos oficiales para reunir a las víctimas con sus familias.

Mientras Sherlock Holmes perseguía huellas, Jonathan Grave usa la tecnología de los teléfonos móviles, GPS, y los rastros digitales de tarjetas de crédito para seguir a sus presas.

«No soy muy técnico», dice Gilstrap, en conversación con la BBC. «El desafío para mí fue vender el conocimiento tecnológico de Jonathan sin entenderlo mucho yo mismo. La investigación que hago es la suficiente para dar la idea de que él puede hacer lo que hace. No necesito saber cómo hacerlo yo mismo».

Su estrategia ha tenido tanto éxito que incluso ha confundido a una fuente de operaciones especiales militares que erróneamente creyó que Gilstrap había divulgado información técnica clasificada en una de sus novelas.

«Lo inventé, no revelé nada», dice el autor. «Pero la realidad es que, si hay una manera más eficiente de rastrear a alguien o de matar a alguien, existe un plan secreto de la CIA en desarrollo para hacerlo. Ocurrió que yo di de lleno en uno».

La mayoría de los lectores están familiarizados con la tecnología que describe Gilstrap en sus libros. Pero aún es bastante nueva como elemento argumental de la ficción, opina Kathy Harig, dueña de una librería especializada en Maryland.

Ella dice que el descubrimiento del ADN fue el primer hito científico que alteró la estructura de las novelas policíacas modernas. Los más recientes incluyen las tecnologías secretas utilizadas en la lucha internacional contra el terrorismo.

«Si involucras el terrorismo, entonces tienes que tener conocimientos sobre el aspecto militar», dice Harig. «Aviones no tripulados, explosivos, vistas desde satélites».

Alexandra Hamlet, quien ganó premios por su primera novela, un thriller de la Guerra Fría llamado The Right Guard, cree que el terrorismo ha creado un nuevo género de ficción, y describe su propio trabajo como «suspenso intelectual». También se apoya mucho en su formación científica como antropóloga y su trabajo para la inteligencia militar en Estados Unidos.

Este tipo de experiencia es cada vez más importante a la hora de escribir sobre crímenes contemporáneos, dice Harig.

Diane Davidson escribe con su hermana sobre la industria tecnológica de la información, en la que ambas trabajaron. La heroína de su último libro es una veinteañera experta en informática.

Las hermanas Davidson están desarrollando actualmente una trama alrededor de la idea de que los implantes médicos pueden ser vulnerables a los ataques informáticos.

«Ese es el primer ejemplo de cómo asesinar a alguien», cuenta Diane Davidson, consultada por la BBC. «Estamos construyendo una historia corta sobre esta posibilidad, pero no queremos que sea un manual de cómo matar».

Discusiones científicas

Pero volviendo al sello de aprobación académica, los científicos a menudo discuten sobre la ciencia real. ¿Qué pasará si no logran ponerse de acuerdo sobre la ciencia y la tecnología que leen en la ficción?

Como ejemplo de este dilema, Peg Kay cuenta que han pedido a la academia que apruebe la autobiografía de un conocido y respetado neurocientífico.

«Prácticamente inventó la neurociencia», dice Kay, «no estamos seguros sobre qué hacer si un revisor dice que hay un error científico y él dice que no».

Cuatro aprobaciones han sido otorgadas desde que WAS comenzó ofrecerlas en junio pasado. Un quinto manuscrito se encuentra en proceso de revisión.

A medida que se conozca más, los miembros de la WAS esperan que otros escritores presenten sus trabajos.

A pesar de los obstáculos y más allá de la ciencia, nuevas tramas y giros siguen apareciendo.

Y como diría Shelock Holmes, «¡Vamos Watson, vamos, que el juego ha comenzado!» (1).

UNA REFLEXIÓN PERSONAL

De 2006 para acá despertó en mí un deseo por los libros de ficción, al punto que cuando Editorial Tyndale impartió en 2008 un curso sobre el tema fui el primero en inscribirme. A partir de allí he tratado de nutrirme con una dieta de ficción dentro de mí menú de lecturas mensuales. Fue por eso que me llamó la atención este artículo de la BBC, porque cuando de ficción se trata uno debe buscar que lo que se escriba, por más fantasioso que sea, de verdad sea creíble.

Me gustó cómo lo expresó Peg Kay al decir: «Los editores hoy en día son sólo hombres de negocios y vuelcan las funciones editoriales en los agentes. Todos los agentes están interesados en el mercado masivo. Nadie sabe qué creer porque no hay un filtro». Y bueno, para eso está la Academia de las Ciencias de Washington (WAS, por sus siglas en inglés), para brindar su sello de aprobación a los libros basados en hechos “supuestamente” científicos.

Mientras leía el artículo pensé: “¡Esto mismo debería pasar en la música cristiana!” Deberíamos tener una Academia de Evaluación de Canciones (AEC, por su siglas en español, je) que filtre las letras a modo que lo que se cante en las iglesias evangélicas, se programe en las radios y se publique en las grabaciones, verdaderamente aporte a la vida de las personas, sea fiel a la cosmovisión judeo-cristiana de la vida y honre las doctrinas de las Escrituras.

En el mundo de la música cristiana, profesional o empírica, no existen esos filtros a menos que el compositor los busque por iniciativa propia o tenga la suerte de toparse con un productor que no tema criticar las letras de quienes produce. Viene a mi mente César Garza, productor de algunos discos de Marcos Witt y Jesús Adrián Romero. Cuando charlamos sobre composición me dijo: Muchas veces el compositor tiene dentro de sí la idea y la plasma tal como la siente. Pero lo que para él significa algo, para otras personas significará otra cosa. O sea, la forma que el compositor usó para armar las frases a veces no refleja el sentir original. Entonces, cuando percibo eso, yo les ayudo a aterrizar sus pensamientos. Yo les pregunto: A ver, ¿qué quisiste decir con esta frase?” “Tal y tal cosa”, me dicen. Es allí donde les digo: “Me parece que debes cambiar esa frase porque el resto de mortales no vamos a poder comprender lo que tú estás sintiendo” (2).

Qué bien que haya productores dispuestos a arriesgarse a brindar su opinión sobre las canciones cuando el escritor no ha pedido ayuda, y qué bien también que haya compositores, como los escritores de ficción que buscan a la WAS, que sienten la responsabilidad de cerciorarse de que lo que están escribiendo debe ir bien escrito; sin embargo, aún hay un larguísimo camino por recorrer en cuanto a evaluación previa publicación.

Hace un par de años mi amigo Fernando Solares, productor de discos de Danilo Montero y Marco Barrientos, lanzó en 2008 el disco: “Pronto volverá”, bajo el sello “Integrity Music”. El disco cuenta con diecisiete canciones de su autoría, y lo que me llamó la atención de la grabación no fue el número de canciones que incluyó, sino el proceso previo para incluirlas. Antes de grabarlas envió todas las canciones a un grupo de amigos pastores para que revisaran las letras desde un punto de vista teológico. 

Cuando Fernando me contó esto pensé: “Vamos, Fernando es un compositor experimentado, un estudioso de las Escrituras y de paso, un amante de la teología… ¡¡¡Por qué rayos tuvo que hacer eso!!!”

¿Sabe por qué lo hizo? Porque no importa la trayectoria musical de alguien ni su vasta experiencia ministerial, cuando de componer se trata uno debe procurar escribir bien, tanto gramaticalmente como teológicamente.

Sí, es cierto, no existe una Academia de las Ciencias de Washington ni una Academia de Evaluación de Canciones para la música cristiana; pero por el amor de Dios, amigos compositores, procuremos que otras mentes, aparte de la nuestra, revisen que lo que estamos escribiendo refleje fielmente la verdad de las Escrituras.

Noel Navas.

Notas:

(1) Tomado de: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/01/

(2) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/conversando-sobre-composicion/

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