primavera-21Pasos para cambiar su atmósfera.

Hasta el momento hemos visto los dos tipos de atmósfera que hay para componer. Según el lenguaje metafórico de Cantares el tiempo de la canción ha venido cuando la primavera se ha hecho presente (vea Cantares 2:10-14). Somos llamados a componer desde la atmósfera de la presencia de Dios y no desde una alejados de él, la invernal. Aunque podríamos hacerlo, no es la adecuada.

En esta oportunidad deseo brindarle algunos pasos prácticos que pueden contribuir a que su atmósfera interior sea propicia para el tiempo de la canción. Dicho tiempo podrá venir continuamente a su vida si pone en práctica algunas, sino todas, de las siguientes recomendaciones:

1. Limpie su atmósfera.

Cuando era pequeño mi mamá me enseñó que si quería aprender a limpiar mi atmósfera interior debía conocer el valor de la confesión. En aquel tiempo utilizó una analogía, de la ´respiración´, para mostrarme la forma de expulsar el aire contaminado de mi vida y sustituirla por aire puro. Ella decía: “Si en algún momento del día pecas contra el Señor, acércate a él en oración y ´exhala´ tu pecado a través de la confesión”. En ese momento ella sacaba por su boca todo el aire de sus pulmones y con voz dificultosa decía: “¡Y cuando hayas ´exhalado´ tu pecado, ahora debes ´inhalar´ por medio de la fe el perdón de Dios hacia dentro de ti!” A lo que acto seguido inhalaba todo el aire posible para oxigenar sus pulmones.

La confesión es el método de Dios para limpiar su atmósfera. El pecado no confesado es como CO2 (Dióxido de Carbono) en sus pulmones. Usted no debe permitirse tener pecados inconfesos en su vida. Cuando peque, arrepiéntase inmediatamente. Aférrese a la promesa que dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). ¿“Limpiarnos de toda maldad?”? ¿Lo leyó bien? Sí, el texto dice que si confesamos nuestros pecados limpiaremos nuestra atmósfera. De mi pastor aprendí que “los únicos pecados que Dios no perdona son los que no se confiesan”. Por lo tanto, aprenda a confesar sus pecados inmediatamente después de cometidos y descubrirá que Dios es el principal interesado en purificar su atmósfera.

2. Inunde su atmósfera.

Ahora que su atmósfera ha sido limpiada del CO2 deje que el aire del Espíritu sople dentro de usted. Hechos capítulo dos dice que cuando los 120 estaban orando el viento del Espíritu sopló sobre ellos y todos fueron llenos del Espíritu Santo (vea Hechos 2:1-4). Es decir, la atmósfera cambió. En este sentido, si usted desea que su atmósfera cambie invite al Espíritu a soplar en usted. Su viento fresco llenará su ser y nunca más será el mismo.

En este punto la pregunta de rigor es: ¿Cómo se es lleno del Espíritu? ¿Cómo se puede experimentar el soplo del Espíritu a diario? Sencillo: aprenda a rendirse a él. Los discípulos fueron llenos del Espíritu ese día de Pentecostés debido a la actitud de rendición diaria que habían venido manifestando a través de la oración.

Se cuenta de un joven que ansiaba con todas sus fuerzas ser lleno del Espíritu Santo. Cada semana que el pastor predicaba el joven anhelante pasaba al frente, se arrodillaba en el altar e intentaba ser lleno del Espíritu. Lo hacía con tal fervor que cuando volvía a su asiento regresaba agotado y frustrado, nunca lo conseguía. Una de esas veces que pasó al frente, una ancianita, de esas que hay en todas las iglesias, se acercó y le dijo al oído: “Joven, deje de estar pujando tanto, el Espíritu Santo está más interesado en llenarlo a usted de lo que usted está por serlo. Por lo tanto, deje de esforzarse, simplemente pida con fe y ríndase a él. ¡Es más fácil cuando uno se rinde!” El joven pensó dentro de sí: “He intentado todo, así que no pierdo nada con hacer lo que esta ancianita dice”. En ese momento oró con sencillez, se rindió por completo y comenzó a dar gracias. No tuvo que esperar más, su rostro cambió en el mismo instante que el Espíritu Santo inundó su ser.

¿Quiere que su vida sea distinta? Sea lleno del Espíritu. Hágalo a diario, hágalo continuamente, hágalo en oración. Solamente asegúrese de rendirse totalmente, que cuando lo haga, su atmósfera cambiará.

3. Alimente su atmósfera.

Ahora que ha sido limpio del CO2 e inundado con el aire del Espíritu, usted debe alimentar su atmósfera. “¿Cómo consigo eso?”, se preguntará. ¡A través de la Palabra! La Biblia dice que las palabras de Dios son como semillas (vea Lucas 8:11). Cuando esas semillas se siembran en su corazón, ellas germinan, crecen y según su nivel de obediencia producirán dentro de usted abundante vegetación. Vegetación que como en la primavera alimentará su atmósfera.

Mire, las plantas, las flores y los árboles son los purificadores naturales del aire. Ellos son los encargados de proveer Oxígeno y de traer frescura al planeta. ¿Por qué cree que el movimiento ecológico aboga tanto por la reforestación de nuestras ciudades? ¿Por qué cree que le dan tanta importancia a sembrar árboles? Porque la vegetación es la responsable de nutrir nuestra atmósfera. Tanto así que hay árboles que son capaces de proveer Oxígeno hasta para 10 personas. ¡Imagine eso! Esto significa que entre más árboles de la Palabra hayan dentro suyo, ¡mejor para usted! Por lo tanto, siembre a diario la semilla de la Palabra a través del estudio, la meditación y la memorización de las Escrituras y verá que más pronto que tarde su ambiente interior será transformado.

4. Proteja su atmósfera.

Hace unos meses, mientras realizaba mi rutina diaria de ejercicios, sentí que el Espíritu Santo me sorprendió. No suele sucederme, pero esa vez ocurrió. Resulta que mientras trotaba mis pensamientos giraban en torno a un empleado que no había hecho algo que yo le había pedido. Mientras corría e iba pensando en el asunto comencé a enfadarme. Y mientras más pensaba en ello, más me enfadaba. Ya no corría en paz. En ese momento el Espíritu Santo me dijo: “Noel, tienes que aprender a tener buenos hábitos de pensamiento”. Inmediatamente dije: “¿Queeé?” “Sí…”, prosiguió: “Tienes que aprender a tener buenos hábitos de pensamiento. La mente es como el cielo radiante que ves este día mientras corres. Si el cielo allá arriba está limpio y despejado como lo ves, en la tierra habrá paz y tranquilidad; mas si ese mismo cielo se nubla y experimenta aires de tormenta, en la tierra habrá turbulencia e intranquilidad. Bueno, ¡lo mismo sucede con la mente y con el alma! Si tu mente allá arriba aprende a pensar bien tu alma experimentará tranquilidad; mas si tu mente se encuentra perturbada (como lo está en este momento) tu alma también lo estará. Por lo tanto, ¡aprende a tener buenos hábitos de pensamiento!” Esa mañana fue una de las mejores sesiones de ejercicio que alguna vez tuve, jeje. Aprendí una gran lección y mi espíritu se tranquilizó.

En este sentido, si quiere proteger su atmósfera interior aprenda a pensar bien. Piense conforme al parámetro que nos dejó Pablo: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Así que si de repente aparecen en su mente ideas distintas a estas, ¡deséchelas! Oblíguese a abrazar este tipo de pensamientos y disciplínese en pensar bien. Todo es cuestión de saber que si sus cielos (entiéndase ´mente´) están despejados, la Tierra (entiéndase ´alma´) experimentará paz y bienestar. Y por lo tanto, su atmósfera estará bien.

5. Transmita su atmósfera.

Ahora que usted se ha asegurado de limpiar, inundar, alimentar y proteger su atmósfera, entonces es el momento de transmitirla. “¿Cómo hago eso?”, se preguntará. Bien, hay muchas maneras, una de ellas es mediante el tiempo de la canción que habla Cantares.

Como compositor le garantizo que las canciones surgirán en usted si cumple los requisitos básicos de una atmósfera primaveral. Y cuando eso suceda, notará que las canciones que escriba serán reflejo de la atmósfera que está experimentando. Como he dicho antes: en esencia la atmósfera primaveral es producto de la intimidad con Dios. Intimidad que usted puede acceder mediante los pasos que he mencionado. Por lo tanto, a medida que profundice su relación con Dios toda canción que escriba estará impregnada de la presencia divina. Y cuando eso suceda, y comparta con otros sus canciones, ellos podrán ser inundados con la misma atmósfera que lo ha inundado a usted primero. ¡Qué privilegio! ¿No le parece? Usted puede ser un instrumento en las manos de Dios para transmitir a otros la atmósfera del Espíritu mediante las canciones que escriba.

Antes de terminar, le invito a que lea una vez más la invitación del Señor en Cantares:

Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.
Porque he aquí ha pasado el invierno,
se ha mudado, la lluvia se fue;
Se han mostrado las flores en la tierra,
el tiempo de la canción ha venido,
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.
La higuera ha echado sus higos
y las vides en cierne dieron olor;
levántate, oh amiga mía, hermosa mía y ven.
Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña,
en lo escondido de escarpados parajes,
muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz,
porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.
Cantares 2:10-14.

Noel Navas.

PRENGUTAS PARA LOS LECTORES DEL BLOG: ¿Qué opina de los pasos sugeridos para transformar su atmósfera? ¿Qué otros aspectos adicionales cree usted que deben tomarse en cuenta para lograrlo?