cuerpo-humano.jpgEl valor de los sentimientos en el ser.

Hace unos años, después de haber impartido uno de mis primeros Talleres de Composición, uno de los participantes se me acercó para decirme muy amablemente: “¿Sabes qué? Tú forma de escribir canciones es muy almática”. Entiéndase por ´almático´ proveniente del ´alma´. No recuerdo qué le respondí, pero inmediatamente supe a qué se refería.

En ciertos círculos cristianos existe la creencia de que todo lo que proviene del alma es inferior a lo que proviene del espíritu. ¡Ni se diga si proviene del cuerpo! Esta corriente de pensamiento se deriva de una mala interpretación de la doctrina ´tripartita´ del hombre. La cual enseña que el ser humano está compuesto de tres partes: “espíritu, alma y cuerpo”. Y que está basada en lo que el apóstol Pablo escribió en 1 de Tesalonisences 5:23.

La enseñanza de que el hombre es en esencia tres y a la vez uno ha sido de mucha utilidad a la hora de comprender más profundamente la naturaleza humana. Pero, aunque enseñar esto es totalmente correcto, el problema surge cuando algunos catalogan al ´alma´ (lugar donde residen los sentimientos) como inferior al ´espíritu´. Como la persona que me brindó su comentario al finalizar mi Taller.

He considerado importante detenerme a hablar sobre este tema con el fin de que quienes leyeron la serie: “El génesis de una canción” no se confundan a la hora de escribir canciones y continúen la Aventura de Componer con confianza. Sabiendo que las emociones y los sentimientos no son malos, sino de mucha utilidad cuando llega el momento de crear melodías.

Pablo dice que somos “espíritu, alma y cuerpo”. Tres en uno. Somos, al igual que Dios, un ser ´trino´. O mejor dicho: ´tri-uno´. La mayoría de teólogos afirman que en el espíritu residen: la conciencia, la intuición y la capacidad de tener comunión. En el alma: la mente, la voluntad y las emociones (¡y aquí los sentimientos!). Y en el cuerpo: los sentidos y nuestras partes físicas (internas y externas). Ahora, independientemente de si todos los teólogos están de acuerdo con esta departamentalización del ser, lo cierto es que muchos coinciden en que las emociones y los sentimientos residen en el alma.

En este sentido, cuando la Biblia enseña que somos “espíritu, alma y cuerpo” lo hace mostrándonos que cada una de estas partes son iguales entre sí. En ningún sitio se nos dice que alguna es superior a la otra ni más importante que la otra. Pensar eso raya con el pensamiento griego que afirmaba que la mente es superior al cuerpo. Pero eso no es lo que la Escritura enseña. Por el contrario, ella afirma que los tres componentes del ser humano son igualmente importantes delante de Dios. Si no fuera así Pablo no hubiera dicho: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes. 5.23). Es decir, si sólo el espíritu es importante de cuidar para la venida del Señor, ¿por qué el apóstol nos exhorta a que cuidemos también el alma y el cuerpo? ¡Porque los tres tienen el mismo valor!

Ahora bien, el hecho de que las emociones y los sentimientos residan en el alma no significa que sean el único lugar del ser en el cual habitan. Ellos también residen en el espíritu y actúan sobre el cuerpo. La Biblia lo dice. Por ejemplo, cuando el ángel Gabriel anunció a María que daría a luz al Mesías, ella exclamó: “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador…” (Lucas 1:46-47). Yo pregunto: ¿Es el regocijo una emoción? Claro. Pero el texto dice que María sintió esa sensación en su espíritu, no en el alma. ¿Por qué? Porque los sentimientos residen tanto en el alma como en el espíritu. Y ambos son uno con el cuerpo mientras vivimos.

Otro ejemplo es la vez que Jesús recibió a los setenta discípulos cuando regresaron y le dieron el reporte de la victoria espiritual que habían obtenido mientras predicaban en Decápolis. Lucas dice que “en aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu…” (Lucas 10:21) (1). Una vez más pregunto: ¿Jesús se regocijó en su alma o en su espíritu? Entonces, ¿por qué confinamos las emociones y los sentimientos al alma y privamos al espíritu y al cuerpo de ellos?

Aún si fuera que el alma tuviera los derechos exclusivos de las emociones y los sentimientos, no tenemos por qué menospreciar algo como ´almático´ sólo por el hecho de que provenga del alma. Como dije antes: el espíritu, el alma y el cuerpo son iguales en importancia delante de Dios.

Ahora bien, así como el ser humano puede ser divido en tres partes: espíritu, alma y cuerpo, también puede ser catalogado como ´bipartito´. Es decir, puede subdividirse en dos. Fíjese, hasta donde yo sé, el único texto que habla explícitamente que el hombre está compuesto por tres partes es 1 de Tesalonicences 5:23. No hay otro más. Sin embargo, el mismo Pablo que defendió la postura de que el hombre es ´tripartito´, también defiende la posición de que es ´bipartito´. Él escribió: “Antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16) (2). Aquí el apóstol habla de un “hombre interior” y un “hombre exterior”. Dos que a la vez son uno. El Señor también hizo alusión a esto cuando dijo en Getsemaní: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu [el hombre interior] a la verdad está dispuesto, pero la carne [el hombre exterior] es débil” (Mateo 26:42).

¿Dónde pues reside el espíritu y el alma (con sus emociones y sentimientos) según la visión bipartita? En el hombre interior. ¿Dónde reside el cuerpo según esta misma visión? En el hombre exterior. Simple. ¿Verdad?

Ahora, independientemente de si alguien cree que el hombre es bipartito o tripartido, recuerde que el espíritu, el alma y el cuerpo son igualmente importantes. Y que los sentimientos pueden residir tanto en el alma como en el espíritu. ¡Y también son importantes! Por lo tanto, ninguno de nosotros debe menospreciar las emociones y los sentimientos pues son parte valiosa del ser. Claro, me refiero a aquellos sentimientos bien administrados y que están sujetos al gobierno de Cristo en nuestra vida. Es decir, estoy hablando sentimientos sanos, no de aquellos que son malos e insalubres. Estos últimos son producto de nuestra naturaleza caída. No nos fueron dados por Dios. Sin embargo, a pesar de eso, todos tenemos la capacidad de sentir cosas buenas y de aprovecharlos en favor del proceso de composición.

Alguien podría estar pensando: “¡Oye! Pero la forma como hablas de los sentimientos da la impresión que basas tu vida cristiana en ellos. ¿O no?” ¡Exacto… No! Cuando hablo de la importancia de los sentimientos me refiero a lo valiosos que son para disfrutar de Dios, la Creación, la vida misma, y lo útiles que son a la hora de componer. No a que hay que basarnos en ellos para vivir la vida cristiana. La vida en Cristo se fundamenta en la fe, no en la emoción. Ahora bien, si sentimos cosas, genial. Pero si no, recuerde: “Vivimos por fe, no por vista”.

Hace unos años supe de un hombre que dijo: “¡Llevo cuarenta años siendo cristiano y jamás he sentido nada!” Cuando oí eso dije para mi: “¡Uy! ¡Qué fea ha de ser la vida de este tipo!” Pero muchos cristianos piensan como él, que sentir es malo porque los sentimientos sólo pueden provenir del alma. Menospreciando así esa parte de la ´imagen y semejanza´ que el Señor nos dio. Y además, olvidando que Dios (que es Espíritu) también siente. ¡Ojo! Dios es Espíritu y siente. O sea, él también tiene sentimientos. Déle un vistazo a su Concordancia y encontrará muchos textos del Antiguo y Nuevo Testamento donde aparecen las palabras: amor, alegría, ira, tristeza, etc. que están relacionados con la persona de Dios. De esta forma comprobará que él también siente. ¡Y eso que él es Espíritu eh!

Es más, la Biblia no sólo dice que Dios siente y que es normal que los seres humanos sintamos, ella misma nos anima a sentir. Por favor, lea detenidamente el siguiente pasaje:

Por tanto, si hay alguna
consolación en Cristo,
si algún consuelo de amor,
si alguna comunión del Espíritu,
si algún afecto entrañable,
si alguna misericordia,
completad mi gozo sintiendo lo mismo,
teniendo el mismo amor,
unánimes, sintiendo una misma cosa.
Nada hagáis por contienda o por vanagloria,
antes bien con humildad,
estimando cada uno a los demás
como superiores a él mismo;
no mirando cada uno por lo suyo propio,
sino cada cual también por lo de los otros.
Haya, pues, en vosotros este sentir
que hubo también en Cristo Jesús.
Filipenses 2:1-5 (cursivas mías).

¿Contó? En este pasaje se nos anima a “sentir” en tres ocasiones. Pablo está diciendo: “¡Sientan, sientan, sientan!” ¿Por qué? “Porque el Señor Jesucristo también sintió mientras vivió en la Tierra”. Y hasta donde yo sé nadie acusó a Jesús de ser ´almático´. ¿O sí?

Vamos, sentir es hermoso y parte de la imagen y semejanza de Dios en el hombre. Por lo tanto, no tema a componer a partir de lo que siente pues sentir no es malo. ¡Como usar el intelecto tampoco! Es bueno; más bien… ¡buenísimo! Tan bueno que cada sentimiento que usted experimenta, producto de una idea, tiene potencial melódico. Si usted aprende a valorar sus sentimientos, como he intentado enseñarle, usted habrá descubierto una clave importante en la Aventura de Componer.

Continúa…

PREGUNTAS PARA LOS LECTORES DEL BLOG: Después de haber leído la entrada de hoy, ¿qué opina acerca de los sentimientos en la vida del cristiano? ¿Cree que en la iglesia nos enseñan a favor o en contra de ellos?

Notas:

(1) Tomado de la Biblia Versión Reina Valera 2000.

(2) Véase también Romanos 7:22.