la-creacionEl modelo de la Creación.

Quiero iniciar la entrada de hoy mostrándole la canción “Sinfonía de alabanza”, escrita en 1989 e interpretada por Steve Green en el disco “Toma la cruz”. En esta oportunidad esta canción me sirve de introducción para la enseñanza que deseo dejar en su mente y que estoy seguro le ayudará a comprender un poco mejor el proceso de composición. Le invito a que lea la letra, escuche e imagíne a Dios dirigiendo la Orquesta universal que describe Steve.

“Sinfonía de alabanza” (escúchela aquí)

El Autor y Director del universo
está ante la orquesta de Dios.
Finos instrumentos preparados
y todo el cielo aplaude con fervor.

Comienza el batir de las estaciones,
al alba trompetas mil toca el sol.
Los vientos cantan en crescendo sublime
por batuta de nuestro Señor.

Los mares y costas han de dar la cadencia,
en cósmica rima las galaxias van,
La lluvia en libertad cae sincopada,
mas rayo y trueno a tiempo están.

La sinfonía que dirige el gran Dios eternal
y que cada creación la voz alce al formar
la sinfónica de Dios

Calla el cielo por anticipado,
el gran Yo Soy miró al hombre mortal.
Masivo coro sin mancha vestido
cantan sólo a él su adoración

La gloria de Dios resuena a toda orquesta
y a toda la creación cual trueno se oyó:
¡Digno, digno, digno el Inmolado de Dios!

La sinfonía que da gloria al gran Dios eternal
y que cada creación la voz alce al formar
la sinfónica de Dios.

¡Digno, digno, digno el Cordero de Dios!
¡Digno, digno el Cordero es!

La sinfonía que da gloria al Dios eternal
/y que cada creación la voz alce al formar
la sinfonía de Dios/

Esta impresionante composición es, a mi modo de ver, una de las pocas canciones que logra presentar a la creación en un estallido espectacular de exaltación a la cual somos invitados a participar. Pero no sólo eso, también nos presenta una faceta del carácter de Dios que muy pocos conocemos: La de músico. Según “Sinfonía de alabanza” podemos visualizar al universo como una Orquesta dirigida majestuosamente por el Gran Director divino, la cual se une a él para ejecutar la partitura celestial y sumergirse en la más grandiosa adoración que jamás hayamos conocido.

Pensar en Dios como músico (Él es el creador de la música) y en su creación ejecutando una partitura, no está fuera lugar. Hasta los astrónomos han comprobado que el universo emite música. Sí, según los estudiosos del tema las esferas en el espacio emiten sonidos armónicos (1). Dicho descubrimiento confirma lo que la Biblia ha dicho desde siempre: que la creación está adorando. Job, Salmos e Isaías afirman en algunos de sus capítulos que el universo entero se está expresando ante Dios. El Creador, como Compositor de compositores, antes que existieran todas las cosas, escribió la gran partitura que junto con la creación estamos interpretando.

En este sentido, acompáñeme a darle un vistazo al primer capítulo de Génesis y descubramos algunos principios que nos pueden ayudar a entender mejor “el génesis de una canción”. Si estudiamos cómo el Músico Eterno compuso esta magistral sinfonía (que llamamos: Universo), podremos tener un atisbo adicional de cómo se escribe una canción.

El universo nació dentro de Dios.

Así como pregunté al inicio de la serie “El génesis de una canción” deseo preguntarle ahora: ¿Alguna vez se ha puesto a pensar de dónde surgió el universo? ¿Se ha preguntado de dónde sacó Dios todo lo que vemos? ¿Lo sabe? Bueno, permítame ayudarle: ¡De adentro de él mismo! Sí, él soñó, imaginó, planeó y confeccionó primero dentro de sí el universo y luego lo trajo a existencia. Esta verdad simplemente nos confirma algo que ya hemos dicho: Que las canciones están dentro suyo. Tanto como el universo lo estaba dentro de Dios.

La majestuosa sinfonía que Dios escribió nació en su interior. De sus pensamientos y emociones. La creación ardía dentro de sí como su máximo proyecto a realizar. Él no planeó el universo porque estaba sólo y aburrido, él lo ideó porque latía intensamente en su corazón. Fue por eso que lo trajo a luz y se comprometió a iniciarlo y completarlo. Del mismo modo, quienes desean involucrarse en la realización de obras creativas, como el caso de una canción, deben comprender que lo que hacemos es reflejo de algo que Dios ya experimentó. Sentimos interés por crear porque somos su imagen y semejanza. Sentimos deseos de componer porque la composición Universal nació dentro de Dios así como ahora surgen en nosotros diversidad de canciones.

Dios exteriorizó el universo.

Cuando uno comprende que la Creación se gestó dentro de la misma esencia de Dios y al no poder contenerse tuvo que sacarla a la luz, entonces entendemos que nosotros podemos seguir el mismo procedimiento para obtener nuestra propia creación. En este caso: una canción. Génesis uno dice repetidamente: “Y dijo Dios…” ¿Lo recuerda? Dicho de otro modo: “Y Dios se expresó…” Es decir, él sacó al ´exterior´ lo que ya se había gestado en su ´interior´. Dios hizo uso de un ejercicio similar al que hemos venido hablando durante la serie “El génesis de una canción”. Por lo tanto, cuando en usted arda una idea para crear, exteriorícela. O lo que es igual: exprésela. No deje sus ideas allí dentro. Sáquelas del mundo invisible y tráigalas al mundo visible con sus labios. Recuerde: el universo nunca hubiera sido universo si Dios lo hubiera dejado en su interior. Él sabía que tenía que ´expresarse´ para poder palparlo y tocarlo, así como usted debe hacerlo para convertir sus canciones en realidad.

Dios expandió el universo.

La Biblia afirma que el universo se expandió. La palabra hebrea que en Génesis uno se utiliza para ´firmamento´ se refiere a algo que fue expandido o estirado, como una lámina de metal batida a golpes de martillo (2). ¡Interesante! ¿No? Esto nos habla de que Dios no exteriorizó el universo y lo abandonó. Él continuó trabajando sobre él hasta obtener la forma que había planeado. Sí, trajo a luz la creación, no para tenerla afuera y sentarse a descansar. No, la hizo realidad para comenzar a martillarla y expandirla hasta convertirla en lo que es hoy.

Del mismo modo, cuando nosotros exterioricemos nuestros pensamientos y sentimientos y los queramos convertir en canciones, debemos ir más allá de la exteriorización. Debemos comenzar a trabajar arduamente y expandir nuestras ideas hasta que alcancen la forma que sabemos que deben tener. No es suficiente exteriorizar, hay que martillar el metal hasta que alcance la forma que deseamos.

Dios ordenó el universo.

Después de que Dios expandió el universo delante de sí, ubicó cada cosa en su lugar. Según el relato de Génesis, Dios separó la luz de las tinieblas, creó nuestro planeta y también el espacio sideral. Por decirlo así, los dos territorios sobre los cuales él centró su atención fueron: la Tierra y el Espacio.

En la Tierra separó las aguas, descubrió lo seco, la llenó de vegetación, puso bestias sobre el campo, peces en los mares y aves en los cielos. Mientras tanto, en el Espacio ubicó el sol, la luna y las estrellas. Es decir, cada día que fue realizando su obra puso cada cosa en su respectivo lugar.

En este sentido, luego de que usted haya exteriorizado y expandido su creación, haga lo mismo que hizo el Señor: defina los territorios sobre los cuales trabajará. Dicho de otra forma: cree las estructuras más importantes primero, Estrofas y Coros, y luego ubique sobre ellas las cosas que sabe que deben llevar.

Por favor, cuando componga, no se confunda. Ponga en la Estrofa lo que corresponde a la Estrofa y en el Coro lo que le corresponde al Coro. ¿Qué sería del universo si Dios hubiera puesto los peces, las bestias y las aves en el Espacio o los objetos del Espacio en la Tierra? ¡Un caos enorme! Simplemente las cosas no hubieran funcionado. Del mismo modo, usted debe ubicar dentro de las partes más importantes de su canción los elementos que corresponden a cada una. Esa es la única manera de que sus canciones cumplan su función así como la creación cumple la suya.

Dios evaluó el universo.

Así como en varias ocasiones Génesis uno dice “Y dijo Dios…”, también sucede con la expresión: “Y vio Dios que era bueno…” Al final de cada día el Señor emitía un juicio de valor sobre su propio trabajo. Él observaba lo que había hecho, evaluaba, decía: “¡Esto está quedando bien!” y continuaba. Nosotros como compositores también debemos hacer lo mismo. Evaluar nuestro trabajo y definir si realmente lo estamos haciendo bien. En cuanto a la composición se refiere no debemos disculpar ninguna clase de imperfección. Debemos hacer el trabajo más excelente posible y así reflejar el carácter de Dios.

Cuando el Señor creó el universo lo hizo con calidad. Él no trabajó de forma desganada ni pensando: “Mmmm… Nadie se va a fijar en este errorcito, lo voy a dejar así. ¡De todas formas sólo tengo siete días para terminar!” No, él no pensó así. Él se esmeró y se entregó por completo para brindarnos una obra de gran calidad. Por lo tanto, cuando se sumerja en la tarea de componer caracterícese por la paciencia; pero también… ¡por la excelencia! Esta es la única manera que podrá tener la certeza de que sus canciones son buenas, realmente buenas.

Dios terminó de crear.

Cuando Dios comenzó a escribir su sinfonía no lo hizo pensando en detenerse el primer día o a mitad de semana. No, él lo hizo con la firme intención de culminar su obra en el séptimo día. Dios no dejó las cosas a medias. Él inició y terminó. La lección es obvia: Cuando comience a componer, termine. No deje las cosas tiradas y a medio camino. No sea como aquel músico que dijo ante la audiencia reunida: “¡Damas y caballeros! ¡Están ante un hombre de principios!” Alguien del público se puso en pié y preguntó: “¿Ah, sí? ¿Y por qué dice eso?” “¡Porque todo lo comienzo y nada lo termino!” respondió. En este sentido, tenga determinación. Si se propone hacer algo, hágalo y complételo.

En una ocasión un niño se acercó a un rabino para preguntarle: “Rabino, ¿por qué Dios hizo el universo?” Agachándose, mirándole a los ojos y sonriendo, le dijo: “¡Porque sabía que lo disfrutaríamos!” Sí, Dios invirtió toda su capacidad en formar todo lo que vemos y luego nos creó a nosotros para que lo disfrutáramos. Si él no hubiera concluido la Creación, usted y yo no estaríamos aquí deleitándonos en sus obras. Por lo tanto, si sueña con que otros disfruten sus canciones, termínelas. No las deje a medias, comiéncelas, haga su trabajo y llegue al final. Que más pronto que tarde muchos podrán ser bendecidos así como nosotros lo estamos siendo en el universo de Dios.

Continúa…

PREGUNTAS PARA LOS LECTORES DEL BLOG: ¿Qué opina de los principios de composición extraídos de Génesis? ¿Cuál es el que más le ha desafiado o llamado la atención?

Notas:

(1) Para leer más al respecto haga click aquí: http://www.tendencias21.net/Un-satelite-de-la-Nasa-confirma-la-musica-de-las-esferas-_a494.html.

(2) Biblia Versión Reina Valera de 1995, Edición de Estudio, Sociedades Bíblicas Unidas, Génesis 1:6-8, notas “k”, pág. 23.