escritos-en-la-arenaDel libro: “Escritos en la arena”, de Michael Card.

Son las primeras horas en la mañana. Todos duermen menos yo. He pasado la mayor parte del día sin rumbo, cambiando palabras de un sitio a otro en un papel, tomando largos y excesivos descansos para jugar con mi computadora, diciéndome por un instante debo enfocarme en otra cosa. Entonces, por lo general, a las dos o tres de la mañana, cuando se acaban las distracciones, todo viene junto. A menudo comprendo en medio del proceso que no he sacado tiempo para pedir la ayuda de Dios, o incluso para simplemente detenerme y pasar tiempo con él contemplando su rostro.

De repente las palabras empiezan a tener más sentido que cualquier cosa que yo pudiera haber ideado por mí mismo. Encajan con la melodía como un guante, como si de algún modo la canción ya existiera y yo solamente la acabara de escuchar ahora. Hay una experiencia de eternidad en cuanto miro al reloj y me doy cuenta que lo que parecían solo minutos en realidad fueron cuatro o cinco horas, y que el sol está comenzando a salir. Allí al amanecer interpreto por primera vez un cántico nuevo, lo interpreto para Dios y para mí, como cuando las estrellas entonaron la primera canción para él (Job 38:7).

Como compositor puedo decirles que el momento más grandioso de ánimo no llega de reconocimientos ni de grandes números en algún gráfico que pronto pasará al olvido, sino al entonar una nueva canción por primera vez. Cantar nuevas palabras que nunca antes se han entonado así, tocar combinaciones de notas que nunca se han oído, preguntarse mientras se hace esto si con esta melodía se conseguirá el efecto anhelado en el oyente, trátese de la gente de Dios o de Dios… entregar un nuevo cántico es una experiencia diferente de cualquier otra.

El salmista también estaba absorto con el nuevo cántico:

“Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo”.
Salmo 33:3.

“Cantad a Jehová cántico nuevo; cantad a Jehová, toda la tierra”.
Salmo 96:1.

“Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas…”
Salmo 98:1.

“Cantad a Jehová cántico nuevo; su alabanza sea en la congregación de los santos”.
Salmo 149:1.

David también comprendió esta emoción. Él sabía que la verdadera adoración era una respuesta a la hermosura de Dios (Salmo 27:4), pero más que nada comprendió la Fuente de todos sus cánticos:

“[El Señor] puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios” (Salmo 40:3).

Usted puede oír en las palabras del Salmo 144:9 la emoción infantil en la voz de David: “Oh Dios, a ti cantaré, cántico nuevo; con salterio, con decorrido cantaré a ti”.

En toda la sección del Antiguo Testamento conocida como escritos de sabiduría (Salmos, Proverbios; Job, Eclesiastés, Cantar de los Cantares) vemos este entusiasmo acerca de la interpretación de un ´cántico nuevo´. La simple acción de componer y cantar algo nuevo demuestra que la verdad contenida en la Escritura se puede poner ahora en el corazón de la comunidad, mientras allí cantan juntos la verdad de quién es Dios y qué quiere Él decir. La congregación hace suya esta verdad al entonar el cántico nuevo. Este, es un sentido especial, ´encarna´ nuevo significado para el cuerpo de creyentes. Al anunciar en el principio del salmo que se trata de un cántico ´nuevo´, el salmista afirma que, así como las tiernas misericordias del Señor, así también Dios ha dado otra vez a la comunidad el llamado a ser creativos. Este es un flujo nuevo que, como el maná, no se debe acaparar sino más bien recolectar y distribuir en las cantidades adecuadas para alimentar al pueblo de Dios.

RENACIMIENTO DEL CÁNTICO.

Siempre que en la Biblia se habla del avance del Reino, se nombra el renacimiento de un cántico nuevo. En Lucas 1, cuando se sentían los primeros fragores de la venida del Reino, María y Zacarías comenzaron a entonar cánticos nuevos. Y al ocurrir el nacimiento trascendental es anunciado en primer lugar a los abigarrados pastores, otra vez con un cántico nuevo (Lucas 2:14). Simeón, la primera persona en pasar del mundo del Antiguo Testamento al Nuevo, del mundo de fe como esperanza al mundo de fe como seguidor, ¡lo hace con un cántico nuevo en los labios (Lucas 2:29-35)!

El Apocalipsis registra todo el avance del Reino:

“Cantaban un cántico nuevo diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos”.
Apocalipsis 5:9.

“Cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos”.
Apocalipsis 14:3.

Los cánticos nuevos son una señal importante de que el Espíritu de Dios está en acción, animando e inspirando a hombres y mujeres a responder a su hermosura tanto por Él como por la comunidad de fe. Los cánticos nuevos son una respuesta al anhelo, al deseo de Dios de ser alabado por quién es Él, y al deseo de la comunidad de que se le enseñe a responder. Él por su gracia nos da material fresco con el cual adorarlo.

El salmista entendió esta sed. Canta al respecto una y otra vez (por ej. Salmo 42:2). Él comprende que la sed es tanto parte de la bendición de Dios, como la alabanza que calma temporalmente esa sed. Sin la necesidad, si la preocupación por lo nuevo, no habría fuerza motivadora para la canción. La necesidad del artista y las necesidades de la comunidad son decisivas en el proceso creativo. El anhelo de Dios por adoración (es imposible que Dios necesite algo) es parte de la estructura del llamado para crear cánticos nuevos.

El Espíritu de Dios deja melodías a su paso cuando se mueve, y en particular deja cánticos nuevos, cánticos que personifican su verdad y que son una respuesta obediente a su hermosura. ¡Estos cánticos son una respuesta espontánea y gozosa a la gran verdad de que en realidad es Dios quien está haciendo algo nuevo! Él está a punto de venir, y se supone que su aproximación ha de esparcirse, como hojas de palmas, ¡con cánticos nuevos! (1).

PREGUNTAS PARA LOS LECTORES DEL BLOG: ¿Alguna vez había considerado los textos del Nuevo Testamento que Michael Card cita y que hablan de cánticos nuevos? ¿Qué opinión le merece la expresión: “El Espíritu de Dios deja melodías a su paso cuando se mueve”?

Notas:

(1) Card, Michael, “Escritos en la Arena, Cristo y la creatividad”, Editorial Unilit, 2004, Primera edición, pág. 47-51.