Canciones escatológicas (Décimoquinta parte)

Canciones escatológicas (Décimoquinta parte)

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10 razones por las que abandoné el dispensacionalismo.

Hoy compartiré la octava razón que me impulsó a repensar mi postura sobre los eventos del futuro. Aquí está:

8. Porque la Biblia no dice que Dios tiene actualmente dos pueblos: Israel y la iglesia.

Una premisa fundamental del dispensacionalismo es la separación que hace entre el pueblo de Israel y la iglesia. Ellos afirman que Dios tiene dos pueblos. La pregunta es: ¿en qué parte de la Biblia se especifica que Dios tiene dos pueblos escogidos? ¿Hay algún pasaje de la Escritura que confirme dicha aseveración?

No hay ninguno.

Si tú eres dispensacionalista y crees que la Biblia habla de que Dios tiene dos pueblos, vamos, piensa en un solo pasaje de la Escritura que diga claramente que Dios tiene dos pueblos con dos planes escatológicos diferentes y verás que no encontrarás ni uno solo.

Recuerdo que, por el año 2002, mientras continuaba estudiando este tema y buscaba encontrar respuestas, estaba cursando mi primer año de teología en la universidad cristiana. Un día estaba en la biblioteca y de repente se sentó frente a mí una amiga que cursaba cuarto año de teología. Comenzamos a charlar y salió a colación el tema de la Segunda venida de Cristo. Me contó entusiasmada que era dispensacionalista y como yo continuaba buscando respuestas le pregunté cuántos pueblos decía la Biblia que tenía Dios. Me dijo que dos, Israel y la iglesia. Le dije: “¿Pero no dijo el apóstol Pedro que nosotros somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9)?”  “Sí…”, respondió, “pero Dios tiene dos pueblos”. Y yo: “¿Por qué entonces cantamos “Somos el pueblo de Dios” de Marcos Witt si hay otro pueblo además de nosotros? ¿Dónde dice la Biblia que Dios tiene dos pueblos?”

Como ella no encontraba por ningún lado de sus estudios teológicos dónde la Biblia decía tal cosa, me dijo un tanto ofuscada: “Mirá, ¡te voy a decir algo! La verdad es que Dios puede tener los pueblos que él quiera tener. Si uno, uno; si dos, dos. ¡Y si quiere más puede tener más!”

Es decir, no tenía una respuesta a mi pregunta.

La teoría de los dos pueblos dentro de la iglesia evangélica ha llegado a tal punto que hay un sector que profesa tal fervor por la nación de Israel que afirman que un judío natural, por el solo hecho de ser judío, es salvo por default. ¿Lo sabías? Y otros llegan a tal extremo de creer que Israel es tan pueblo de Dios que justifican cualquier matanza en que ellos incurran contra los palestinos independientemente de haber sido provocados. “Eso no importa”, dicen, “ellos son el pueblo de Dios, así que el Señor está con ellos”.

¿En serio?

Estoy recordando que hace algunos meses estuve hablando con un amigo dispensacionalista y aproveché para preguntarle: “si un judío muere, ¿se va al cielo o al infierno?” De inmediato respondió: “¡Al cielo!” “¿Por qué?” pregunté. “¡Porque los judíos son el pueblo de Dios!” A lo que yo dije: “¿me estás diciendo que si un judío muere sin Cristo se irá al cielo solo por ser judío?” “¡Así es!” insistió. “¿Te estás dando cuenta que lo que estás diciendo no tiene respaldo bíblico?” le dije, “nadie puede ser salvo sin Jesús. ¿No has leído Hechos 4:12 que dice que solo en Jesús hay salvación?”

Al percatarse de que estaba contradiciendo la Biblia titubeó un poco y me dijo que iba a repensar el tema.

Afirmar que un judío natural es salvo por el solo hecho de ser judío es afirmar que uno puede ser salvo por la nacionalidad o la raza y eso contradice la doctrina bíblica de la salvación. Incluso Juan el Bautista aseguró que por el solo hecho de que alguien fuera hijo de Abraham no le eximía de arrepentirse (Mateo 3:7-10) y el Señor Jesucristo acusó a un grupo de judíos de ser descendientes de Satanás por querer asesinarlo (Juan 8:33-47). Dime, los judíos a quienes Juan reprendió, ¿no necesitaban arrepentimiento para salvación? ¿Eran los judíos que Jesús llamó “hijos del diablo”, salvos?

No, porque ser judío natural no es garantía de vida eterna.

¿Aun no estás convencido? Mira lo que escribió el apóstol Pablo en el famosísimo texto de Romanos 1:16: “porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego” (Romanos 1:16).

¿Lo leíste bien?

El cristiano promedio lee la primera parte de este versículo, pero obvia el resto. Fíjate, el texto dice que el evangelio tiene poder para salvar, ¿para salvar a quién? Al judío y al griego (entiéndase: gentil). ¿Lo ves? Los judíos necesitan salvación al igual que los gentiles. Ellos también requieren arrepentirse de sus pecados y creer en Jesús para heredar la vida eterna.

Insisto, ser judío no es garantía de entrar al cielo. Ellos necesitan salvación así como todos los demás.

Mira, el Antiguo Testamento enseña que Dios siempre ha tenido un pueblo: Israel. Ahora, según la enseñanza del Nuevo Testamento, en la actualidad Dios tiene un nuevo Israel: la iglesia. Este nuevo pueblo es el mismo del Antiguo Testamento, pero ya no limitado a judíos naturales, sino que han sido incorporados también los gentiles (que no son judíos naturales). Es decir, la iglesia del Nuevo Testamento es la continuidad del Israel del Antiguo Testamento conformado actualmente por judíos y gentiles que han creído verdaderamente en Jesús como su Salvador.

Esto significa que el Israel del Antiguo Testamento ha sido ampliado, ya no está limitado solo a judíos que han creído en Cristo, sino aumentado debido a la inclusión de los gentiles que han creído en Jesús sin importar la nación de la cual provengan. Recuerda que, cuando la iglesia inició, quienes conformaron el pueblo de Dios fueron judíos naturales principalmente. Pero con la expansión del evangelio descrita en el libro de los Hechos y que conocemos por la historia, tal proporción fue cambiando dramáticamente, al punto que en la actualidad este nuevo Israel está conformado principalmente por gentiles y en menor medida por judíos naturales que han creído en Cristo. Pero al inicio, la mayoría lo conformaban judíos creyentes.

Mira lo que Pablo dijo sobre quiénes son verdaderamente judíos. Él escribió: “porque no es judío el que lo es exteriormente, ni la circuncisión es la externa, en la carne; sino que es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2:28-29). Y más adelante añadió: “porque no todos los descendientes de Israel son Israel; ni son todos hijos por ser descendientes de Abraham…” (Romano 9:6-7). ¿Recuerdas lo que dijo antes en Romanos 1:16 y que ellos también necesitan salvación?

Los judíos naturales no son el pueblo de Dios por el solo hecho de ser judíos. No, el Nuevo Testamento no respalda tal aseveración. Este enseña claramente que un judío es todo aquel que ha circuncidado su corazón a través de la fe en Jesús y la obra interior del Espíritu Santo, sean estos judíos naturales o gentiles.

Mira lo que Pablo dijo sobre quiénes son en la actualidad hijos de Abraham: pues todos sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús…  No hay judío ni griego [entiéndase: gentil]; no hay esclavo ni libre… porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa” (Gálatas 3:26, 28-29).

“Todos sois hijos… todos sois uno”, dice el texto, ¿quiénes son entonces el linaje de Abraham? ¿Quiénes son ahora el pueblo de Dios? ¡Quienes han creído en Jesús! Sean judíos naturales o gentiles. Ambos grupos han sido hechos uno solo y juntos conforman ahora el pueblo de Dios. Por eso Pablo dijo también a los Efesios: “que los gentiles son, junto con Israel, beneficiarios de la misma herencia, miembros de un mismo cuerpo y participantes igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio” (Efesios 3:6).

Vamos, con esto no estoy diciendo que puedes ir a pedir tu ciudadanía judía a la embajada de Israel más cercana o que si te vas de viaje a Israel deberían dejarte entrar como un ciudadano normal. No, el nuevo Israel que describe el Nuevo Testamento no es un Israel de raza, sino espiritual. Conformado porquienes ha sido redimidos por Cristo de “toda tribu, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9 y 7:9).

Bajo el riesgo de que me tilden de antisemita, cosa que te garantizo que no soy, permíteme mostrarte las estadísticas de la práctica de religión en la actual nación de Israel, las cuales demuestran que muchos judíos que residen en el país no necesariamente profesan la fe judía. La página Spain Exchange Country Guide dice: “algo curioso es que numerosos estudios señalan que un 15%-37% de la población se dice agnóstico o ateo y muchos israelíes no se identifican con organizaciones religiosas” (1). Súmale a esta estadística que un 16.2% son musulmanes, 2.1% cristianos, 1.6% drusos (una ramificación extraña del Islam) y un 3.6% no están clasificados, esto arroja la sorprendente estadística de que prácticamente el 50% de la problación en Israel no simpatiza con el judaísmo.

¿Se puede considerar ese porcentaje como pueblo de Dios? ¿Puede un judío que profesa ser ateo, agnóstico o el Islam ser parte del pueblo escogido?

Es más, si nos vamos al tema de los valores morales del habitante promedio en Israel, estadísticas revelan que en cuanto al tema del homosexualismo y las uniones gay, dicho país “posee uno de los porcentajes más altos de aprobación en el mundo, con un 61% de israelíes a favor de conceder matrimonio y un 60% adopción” (2).

¿Son esos los valores del pueblo de Dios? ¿Viven ellos bajo los principios del Dios de Israel?

Aunque no niego que dicha nación pueda experimentar una avivamiento y brotes de miles conversos en los próximos años, el Nuevo Testamento dice que el pueblo de Dios lo conforman quienes han entrado en pacto con Dios a través del Señor Jesucristo.

Si revisas el Antiguo Testamento quienes conformaban el pueblo de Dios eran quienes estaban en pacto con Dios, ¿recuerdas el pacto con Abraham, Isaac y Jacob? ¿Recuerdas el pacto con Moisés y el pueblo de Israel en Sinaí? Pues el profeta Jeremías dijo: He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá” (Jeremías 31:31), escritura que cumplió el Señor Jesucristo cuando instituyó la Santa Cena. ¿No dijo antes de beber el vino: “porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de pecados (Mateo 26:28. Ver también: Marcos 14:24, Lucas 22.20 y 1 Corintios 11:25).

¿Pero no era el “nuevo pacto” con “la casa de Israel y de Judá”? ¿Por qué Jesús instituyó la conmemoración de este “nuevo pacto” para la iglesia a través de La Cena?

Porque la iglesia es ahora la casa de Israel, conformada por judíos y gentiles creyentes en Jesús.

Fíjate, al leer estos versículos, los dispensacionalistas dicen que no, que el nuevo pacto que habló el profeta Jeremías no tiene nada que ver con el que habló el Señor Jesucristo, que son cosas diferentes y Jesús no estaba pensando en Jeremías cuando dijo lo que dijo.

¿Ah, sí? ¿En qué se basan para afirmar eso? ¿Cuál es el sustento bíblico de dicha afirmación? ¿Sabes cuál es? El paradigma que está enquistado en sus mentes de que Dios tiene dos pueblos separados y por lo tanto, no pueden ver lo que la Escritura enseña claramente, que el nuevo pacto que habla el Nuevo Testamento es el que anunció Jeremías desde el Antiguo. Incluso Pablo, el apóstol a los gentiles, se veía a sí mismo como “ministro competente de un nuevo pacto” (2 Corintios 3:6). ¿De cuál nuevo pacto estaba hablando Pablo sino del anunciado por Jeremías y del instituido por Jesús?

Mira lo que dijo el escritor a los Hebreos: “pero ahora Él [Jesús] ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto es también el mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Pues si aquel primer pacto hubiera sido sin defecto, no se hubiera buscado lugar para el segundo. Porque reprochándolos, Él dice…” (Hebreos 8:6-8) e inmediatamente procede a citar las palabras textuales del profeta Jeremías en 31:31-34 que hablan del nuevo pacto (lee detenidamente Hebreos 8:6-8 y Jeremías 31:31-34 y lo comprobarás).

Vamos, ¡más claro no puede estar! ¡El nuevo pacto con la casa de Israel es el nuevo pacto que Jesús hizo con quienes creyeran en él!

Esto significa que así como se necesitaba estar en pacto con el Dios de Israel para formar parte del pueblo escogido en el Antiguo Testamento, ahora se tiene que estar en pacto con Jesucristo para formar parte del pueblo escogido del Nuevo. Quien no está en pacto con Jesús no forma parte del pueblo de Dios. Y si alguien te dice lo contrario… o no ha leído concienzudamente el Nuevo Testamento o simplemente está repitiendo lo que el dispensacionalismo le ha enseñado.

Continuará…

Notas:

(1) Tomado de: http://www.studycountry.com/es/guia-paises/IL-religion.htm Sitio visitando por última vez el 07/06/2017.

(2) Tomado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Homosexualidad_en_Israel#cite_note-3 Sitio visitando por última vez el 07/06/2017.

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