Canciones escatológicas (Novena parte)

Canciones escatológicas (Novena parte)

- en Canciones escatológicas
498
0

10 razones por las que abandoné el dispensacionalismo.

En la entrada anterior respondí varias preguntas relacionadas con Juan 14:1-3, el cual es un pilar fundamental para la escatología dispensacional. Ahí demostré que una lectura de esos tres versos en todo el contexto del capítulo comprueban que no, que el pasaje no habla de la Segunda venida de Cristo, sino de la venida del Espíritu Santo.

Lamentablemente, cuando un dispensacionalista cita este pasaje lo hace aislándolo de su contexto, lo cual hace que calce perfectamente en su escatología. Sin embargo, ¿es correcto aislar los textos de la Escritura para lograr que digan lo que uno quiere? ¿Está bien conformarse con que el texto se adapte a lo que yo creo y no inquirir en su contexto para conocer su real significado?

Además, en la entrada anterior me comprometí a responder la pregunta: ¿qué quiso decir el Señor cuando al inicio Juan 14 dijo: “en la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros” (Juan 14:2)?

Bueno, como verás, si bien Juan 14 no se refiere a la Segunda venida, sí tiene que ver con nuestra habitación celestial. En este sentido, Juan 14:2 está hablando de que cuando Jesús ascendiera nos prepararía un lugar especial en la presencia del Padre. Obvio, en el cielo, ya que el Padre está en el cielo. Sin embargo, me parece interesante que las palabras del Señor sean muy similares a las que el apóstol Pablo escribió a los corintios. Mira:

Por tanto, no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro
hombre exterior va decayendo, sin embargo, nuestro hombre
interior se renueva de día en día.
Pues esta aflicción leve
y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa
toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que
se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven
son temporales, pero las que no se ven son eternas. Porque
sabemos que si la tienda terrenal que es nuestra morada,
es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha
por manos, eterna en los cielos.
Pues, en verdad, en esta morada
gemimos, anhelando ser vestidos con nuestra habitación celestial;

y una vez vestidos, no seremos hallados desnudos. Porque
asimismo, los que estamos en esta tienda, gemimos agobiados,
pues no queremos ser desvestidos, sino vestidos, para que lo
mortal sea absorbido por la vida. Y el que nos preparó para
esto mismo es Dios, quien nos dio el Espíritu como garantía.

Por tanto, animados siempre y sabiendo que mientras habitamos
en el cuerpo, estamos ausentes del Señor
(porque por fe andamos,
no por vista); pero cobramos ánimo y preferimos más bien estar
ausentes del cuerpo y habitar con el Señor.

1 Corintios 4:16-5:8 (comparar con Ef. 2:5-6 y Col. 3:1-3).

Si te fijas, en el pasaje anterior, Pablo relaciona nuestra habitación celestial con el ministerio del Espíritu Santo, así como el Señor lo hizo en Juan 14, ¿lo notaste? Por eso afirma que “tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por mano, eterna en los cielos” y después, “y el que nos preparó para esto mismo es Dios, quien nos dio el Espíritu como garantía”.

Pareciera ser que Juan 14 y 1 Corintios 4:16-5:8 fueran pasajes hermanos.

Ahora bien, según el contexto entero de Juan 14, las palabras de Jesús además de referirse a nuestra morada en los cielos, también se refiere a un estado de comunión con el Padre como el que Cristo experimentó mientras caminó sobre la tierra y que los discípulos experimentarían para llevar a cabo sus ministerios de forma efectiva. Por eso dijo:

¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?
Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia
cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace
las obras. Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre
en mí;
y si no, creed por las obras mismas. En verdad,
en verdad os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago,
él las hará también; y aún mayores que éstas hará, porque
yo voy al Padre

Juan 14:10-12.

El Señor les estaba diciendo que la efectividad de su ministerio se debió al tipo de comunión que tenía con el Padre y que al ascender a los cielos y enviarles el Espíritu Santo, ellos también lo podrían experimentar y verlo reflejado en la efectividad de sus propios ministerios. Es más, posterior a estas palabras, Jesús añadió:

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre,
y vosotros en mí y yo en vosotros
 Le dijo Judas (no el Iscariote):
Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros y no al mundo?
Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará;
y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él.
Juan 14:20, 22-23.

Si lees detenidamente este último verso, verás que Jesús utiliza la misma palabra que usó al inicio del capítulo 14. Cuando dijo: “vendremos a él y haremos morada en él” utilizó la palabra “morada”, que prácticamente significa: “residencia, vivienda, habitación”, etc. Por lo tanto, cuando al inicio Jesús les dijo…

No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed
también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas
moradas;
si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque
voy a preparar un lugar para vosotros.

Juan 14:1-2.

… les estaba diciendo que, así como él iría a prepararles morada en la casa del Padre, también se encargaría de enviarles al Espíritu para que el Padre y él pudieran hacer morada en ellos. Es decir, morar simultáneamente el uno en el otro.

Esto significa que uno de los mensajes principales de Juan 14 hacia los discípulos era: “¡Oigan! Es cierto que me voy, pero vamos, no se turbe vuestro ánimo, ¡esto no se acaba con mi partida! Me iré para que tanto ustedes puedan hacer morada en nosotros allá en el cielo como para que nosotros podamos hacer morada en ustedes aquí en la Tierra cuando el Espíritu Santo descienda”.

En conclusión:

a) Juan 14:1-3 trata sobre la venida del Espíritu Santo.
b) Juan 14:1-3 trata sobre Cristo preparándonos morada en los cielos.
c) Juan 14:1-3 trata sobre la habitación del Padre y el Hijo en nosotros.
d) Juan 14:1-3 trata sobre la habitación de nosotros en el Padre y el Hijo.

Continúa leyendo la décima parte.

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te podría interesar

La crisis actual de la música cristiana (Novena parte)

Ocho áreas en crisis del ministerio musical. Esta