Canciones escatológicas (Vigésimoprimera parte)

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10 razones por las que abandoné el dispensacionalismo.

En la entrada anterior comencé a explicar por qué el dispensacionalismo no brinda una correcta visión del futuro. Hablé de que acorta la visión y de que por default es pesimista. En esta entrada compartiré dos premisas más.

En tercer lugar, el dispensacionalismo no brinda una correcta visión del futuro porque ha solido apelar más al miedo que a la esperanza.

Cuando estudié teología en la universidad cristiana tuve un profesor que veía que yo hacía muchas preguntas durante la clase y que era un tanto inquisidor en los temas. Por eso unas semanas después de iniciar me dijo: “Noel, quiero que me haga un favor. Quiero pedirle que me busque en Internet todo lo relacionado a la comunidad económica europea, el euro y el 666”. “¡Sí, claro!” le respondí. “Pero, ¿para qué necesita eso?” “Ah…” me dijo, “es que el domingo voy a predicar del rapto de la iglesia y quiero asustar a la gente”.

Miedo.

Quién no se asustó viendo las películas del rapto en los años 70´s y 80´s. ¿Alguien recuerda “Como ladrón en la noche” o “Un trueno distante”? Si naciste después de 1990, no creo, je. Pero seguramente recuerdas la famosa “Dejados atrás”. Vamos, ¡quién no pecó alguna vez y pensó: “si el rapto fuera en este momento, ¡me quedo!” Y quién alguna vez no fue a una reunión del grupo de jóvenes de la iglesia y al encontrar el templo vacío porque nadie había llegado exclamó asustado: “¡Fue el rapto! ¡Me quedé!”

Cuán distinto veía el apóstol Pablo la Segunda venida, él escribió:

Por lo demás, me está guardada la corona de justicia,
la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no
sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
2 de Timoteo 4:8.

¿A “los que aman su venida”? Por favor. Cuando yo era dispensacionalista le tenía miedo al rapto. El sobre enfoque de los predicadores en la bestia, el anticristo y el falso profeta, las descripciones gráficas de los accidentes aéreos y de tránsito producto de las desapariciones masivas y las espeluznantes matanzas que ocurrirán en la gran tribulación, ¿de qué forma iba yo a amar la Segunda venida si todo lo que me hablaban era aterrador? ¿Cómo iba a amar la venida de ese Cristo que describe Apocalipsis si solo me describían cosas espantosas? Es por eso que cada noche antes de dormir yo me ponía a cuentas con el Señor y le decía: “¡Oye! Perdona mis pecados, ¿sí? Y si fuera el rapto mientras duermo, por favor, llévame contigo”.

No oraba porque amara su venida, oraba porque le tenía miedo.

Recuerdo que un día me desperté abruptamente a las 5:00 a.m., fue a causa de dos sonidos pausados de trompeta que se oyeron en el cielo. Inmediatamente me escondí bajo la sábana y pensé: “¡Uy, el rapto!”, pero como no veía que flotaba o que volaba, me preocupé: “¡Me quedé!” A los pocos segundos se oyó desde la calle voces de soldados corriendo y cantando consignas y el sonido de sus botas golpeando al unísono el suelo. Por mi casa hay una academia militar y esa mañana a una tropa se le ocurrió salir a hacer ejercicio y pasar frente a mi casa con alguien tocando la diana. 😀

Michael Wittmer, en su libro: “Por qué vivir como Jesús no es suficiente”, relata como el miedo a perderse el arrebatamiento lo hacía repetir la oración del pecador cada vez que podía. El cuenta: “durante mi infancia, oré para recibir a Cristo cientos de veces, especialmente cuando escuchaba a Jack Van Impe y sus profecías acerca de alguna fatalidad. Recuerdo estar volviendo del colegio en mi segundo grado, y recibir una invitación a la cruzada de Jack Van Impe. Entré en pánico cuando regresé a casa y no encontré a mi madre de inmediato. Corrí frenéticamente a la casa de nuestros vecinos cristianos, no para que me protegieran, sino para estar seguro de que, si aún estaban allí, no me había perdido el arrebatamiento”.

Mi amigos Jorge y Krissia Sánchez, me contaron que una noche su hijo de doce años se fue a jugar a la casa de su vecino y le llamaron a su celular para recordarle que era hora de volver a casa. El chico no regresó de inmediato sino que prolongó su estadía donde su amigo y cuando volvió a casa tocó la puerta, tocó el timbre y nadie abría. Llamó al teléfono celular de sus padres y nadie contestaba. El muchacho entró en pánico porque sabía que había desobedecido al no volver cuando le dijeron y creyendo que había ocurrido el rapto gritó asustado con todas sus fuerzas: “¡Mamááááááá!”

Al oír el grito papá y mamá salieron y le preguntaron alarmados: “¿Qué pasó?” “¡Es que creí que había sido el rapto y que me había quedado”, respondió. Jorge y Krissia no habían oído que él tocaba o les había llamado porque estaban concentrados viendo una película.

Ahora, cuando hablo de tenerle miedo al rapto no me refiero a sentir el “temor del Señor” que habla Proverbios, ese temor reverente que deberíamos experimenta a causa de la santidad de Dios y que debe de emerger de adentro nuestro cuando reflexionamos sobre el día del juicio. No, este tipo de temor es sano y estimula a una vida piadosa. Con las ilustraciones anteriores no me refiero a sentir ese temor, sino a tenerle miedo a la Segunda venida, ¿ok? Ese miedo que muchas veces producen ciertas películas, libros y sermones que, en lugar de estimular a los creyentes a “amar su venida”, como dijo Pablo, producen el efecto contrario.

En cuarto lugar, el dispensacionalismo no brinda una correcta visión del futuro porque tácitamente te dice que no sufrirás persecución.

Quienes creemos que la Segunda venida y el arrebatamiento ocurrirán el mismo día, no dos eventos por separado, creemos que la iglesia atravesará un período de turbulencia previo al retorno del Señor y que la Biblia llama: la gran tribulación. ¿Durará siete años? No lo sabemos. Podría ser más, podría ser menos.

Una vez escuché a un estudiante de instituto bíblico decir: “Si yo llego a enterarme de que la iglesia pasará la gran tribulación, ¡de inmediato dejo de ser cristiano!”

¿En serio?

Pero no creas que es el único que piensa así. A lo largo de los años he conversado con decenas de cristianos que cuando saben que yo creo distinto a ellos en cuanto a la cronología de eventos del futuro, lo primero que me preguntan asustados es: “¿entonces la iglesia pasará la gran tribulación?”

¿Sabes por qué lo preguntan? Porque nadie se quiere quedar en la Tierra a enfrentar al anticristo y sufrir persecución, cárcel o muerte.

¿Por qué le tendremos tanto miedo a sufrir por Cristo? ¿Por qué nos aterra la sola idea del martirio? En parte se debe a que el dispensacionalismo nos ha vendido la idea de que en un futuro los creyentes escaparán del sufrimiento que experimentará el planeta debido a que Cristo raptará a los creyentes antes que suceda eso. Y por otra, porque un gran porcentaje de pastores suelen omitir de sus sermones las legítimas demandas de Cristo sobre sus seguidores y que están descritas en el evangelio. Una de ellas es la que tiene que ver con nuestra disposición de morir por Cristo si fuera necesario. ¿No dijo el Señor: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame” (Marcos 8:34)? ¿No es esta una clara alusión a que quienes quieran convertirse en sus discípulos deben estar dispuestos a morir por él? Es por eso que algunos dicen que una traducción de este texto también podría ser: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su silla eléctrica, y sígame”.

Cuando el Señor habló estas palabras, por default la gente entendía que seguirlo implicaba estar dispuesto a morir por su causa.

El hecho de que el mensaje dispensacionalista obvie la realidad de una posible persecución y tribulación venidera a nivel mundial, a veces me hace pensar que dicha omisión solo se equipara al mensaje de los predicadores de la teología de la prosperidad que les ofrecen a los cristianos puro bienestar por delante, con la diferencia de que los dispensacionalistas no necesariamente prometen que te volverás rico.

Lamentablemente, la promesa tácita de que la iglesia no sufrirá tribulación ha permeado la forma de evangelizar y de ganar almas. Debido a que se le ha enseñado a la iglesia que no enfrentará penurias, sino que antes de eso nos iremos volando, hay una generación que está evangelizando a las personas diciéndoles: “¿Qué prefieres, recibir a Cristo o quedarte a la gran tribulación? ¿Qué es mejor, entregarte a Jesús o ser perseguido por el anticristo? ¿Ah?”

¡Obvio que recibir a Cristo!

Por lo que muchos asustados repiten la oración del pecador más estimulados por el miedo que por querer seguir verdaderamente a Jesús. Pero ojo, si la Segunda venida y el arrebatamiento ocurrirán el mismo día, tal como lo he demostrado durante esta serie, eso significa que la iglesia atravesará la gran tribulación. Y si esto es cierto, el evangelismo que le promete a las personas escapar de la tribulación incurre en una mentira, asegurándoles que no experimentarán sufrimiento si se convierten en cristianos. Un evangelismo más bíblico sería uno que diga: “¿quieres entregarte a Cristo? Está bien, pero debes estar consciente que existen posibilidades de que nos persigan, encarcelen y hasta nos maten por causa del evangelio. ¿Estás dispuesto a entregar tu vida a Jesús a pesar de las consecuencias?”

Esa forma de evangelizar es más bíblica y más veraz que decir: “¡Recibe a Cristo y líbrate de la tribulación! ¡Recibe al Señor y líbrate de ser perseguido!”

Continúa leyendo la Vigésimosegunda parte.

2 Comentarios

  1. Hola Noel, he leído esta serie desde el principio y desde que soy cristiano siempre me han enseñado el enfoque dispensacional (aunque no sabía que se llamara así). Y la verdad ha sido muy edificante conocer los puntos del enfoque no dispensacional y agradezco que te tomes el tiempo para escribir en tu blog y edificar a muchos. Con respecto al tema del sufrimiento, yo desde siempre no lo tomé como lo dices en este artículo (creo que a veces no hay que generalizar), siempre mi motivación ha sido amar al Señor con todo mi corazón y si es necesario sufrir la tribulación, por mi esta bien perderlo todo con tal de ganar al Señor. Por otra parte yo creo que estos temas han ocasionado muchas divisiones en la iglesia y creo que por alguna razón la Palabra de Dios no dice exactamente como va a suceder todo. Es como las profecías del antiguo testamento que se cumplieron en tiempos de Jesús y los discípulos no las entendían hasta que pasaban las cosas. Algo así creo que pasará el día de la venida del Señor. Por ahora no quiero tomar una postura de como ocurrirán exactamente los hechos, lo que me parece importante es creer en lo básico: Qué Jesús volverá un día a reinar, los muertos en Cristo resucitarán primero, los otros muertos resucitarán y todos llegarán al juicio. El orden o el tiempo en que sucederá ya Dios Padre los sabe, solo nos queda esperar ese día glorioso. Bendiciones.

  2. Marco, gracias por tu comentario. Estoy muy de acuerdo con lo que escribes. En el sentido de que debemos pensar igual en que Jesucristo regresará literal y visiblemente. Sin embargo, basado en la evidencia que he demostrado durante toda la serie yo sí creo que se puede saber cómo ocurrirán las cosas. Claro, las cosas que la Biblia dice que claramente que ocurrirán. Lo que nos diferencia entre evangélicos es el orden de eventos y cada quien decide qué orden creer. Hasta donde veo el orden de eventos es tal y como lo he presentado en esta serie. Así es como aparece en el Nuevo Testamento. En mi opinión, aunque cada quien es libre de creer o no el dispensacioanlismo, yo sí creo que tiene serios riesgos creerlo. Igual, lo importante es que como cristianos andemos en luz, nos amemos unos a otros y hagamos la voluntad de Dios en la esfera de la vida que nos desenvolvamos.

    Gracias por comentar!

    Noel.

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