vaso-de-aguaRazones por las cuales es saludable innovar

Después de haber comentado cinco de las probables razones por las que algunas iglesias no cantan sus propios cantos, hablaré brevemente del por qué es importante cantar dichas canciones en nuestras reuniones. Las razones que a continuación expongo parten de la razón más importante de todas: es el deseo del Señor. Es decir, ya sea que cantemos lo que escriben nuestros propios escritores o no, la Escritura nos ordena que cantemos cánticos nuevos. Lo vimos en la primera parte de Cantando nuestras propias canciones¿lo recuerda? Los Salmos 33:3, 96:2, 98:1 y 149:1 son evidencia de ello. Basado en esto, creo que hay por lo menos tres razones por las cuales deberíamos velar por la innovación saludable

Cantar canciones nuevas refresca.

Incluir una canción nueva puede traer frescura a un tiempo de alabanza y adoración congregacional caraterizado por la rutina. Claro que se pueden hacer algunas cosas más para lograr dicho fin, pero un canto nuevo cae como anillo al dedo cuando se trata de salir de la rutina de cantar siempre lo mismo. Por lo general, cuando en una iglesia el repertorio musical nunca cambia los miembros asocian el tiempo de adoración con aburriendo. No siempre, pero la mayoría de veces sí. Lo que pasa es que las personas no lo dicen; sin embargo, si fuéramos realmente sinceros, muchos coincidiríamos en que muchas de nuestras reuniones de adoración, donde se canta siempre lo mismo, son rutinarias y predecibles.

En cierto sentido, la mala fama que tiene en algunos círculos la adoración congregacional se debe a pastores y directores de adoración sin visión para ella. La adoración no debería ser aburrida. Debería ser dinámica y vibrante. Uno de los tiempos favoritos de los adoradores. En este sentido, incluir periódicamente canciones nuevas rompe la pesada monotonía de cantar siempre lo mismo. ¡Más cuando esa canción la escribió alguien de los nuestros!

Imagine conmigo lo siguiente: El tiempo de alabanza y adoración de su iglesia inicia. Los hermanos cantan lo más animosamente posible que la rutina de cantar lo mismo les permite. Cantan la primera canción, la segunda y la tercera de la lista del director. ¡De repente! En el cuarto canto, el líder de alabanza hace una breve interrupción y anuncia que en ese momento va a enseñarles un canto nuevo. ¡Ops! El viejo odre sufre una rotura. A esto el líder añade que dicho canto no es un simple canto. ¡No, no, no! Es una canción que uno de los integrantes del grupo de alabanza ha compuesto para que juntos celebren la presencia de Dios. “¡1, 2, 3! ¡Vamos muchachos!” exclama el director. ¡Y comienzan a cantarlo ante la congregación!

¿Sabe qué va a pasar en ese instante? Se quiebra el viejo odre. Los ojos de los congregantes se abren como platos y la expectativa crece. Al punto que desean oír, sentir y disfrutar la composición que uno de los suyos ha escrito para beneficio del pueblo que adora. ¡El odre de la innovación comienza a estrenarse!

Yo le garantizo que si el equipo de adoración tiene tino para escoger las canciones y enseñan dinámicamente sus propias composiciones, en unos meses algunos miembros de la iglesia experimentarán tal entusiasmo que comenzarán a acercarse a los integrantes del grupo de alabanza para preguntarles cuándo grabarán dichas canciones. No sólo para beneficio de ellos mismos, sino para que otros más también puedan ser bendecidos. Todo por causa de un líder que tuvo la valentía de innovar con música inédita hecha por ellos mismos.

Con lo anterior no quiero dar la impresión de que cantar canciones nuevas es la panacea de nuestras reuniones ni que debemos innovar con el fin de grabar un disco. Por supuesto que no; sin embargo, lo que sí hará la innovación saludable será traer frescura a sus tiempos de adoración, al corazón de los asistentes y muy probablemente, cambiará la actitud de aquellos que creen que sus reuniones son aburridas y predecibles. Un vaso de agua en el desierto de la rutina.

Continúa…