El renacer de la música

El renacer de la música


Un artículo de Dave Gómez.

Desde hace varios meses La Aventura de Componer colabora con la página especializada en música cristiana Enlacemusical.com, brindándole algunas de las entrevistas hechas a compositores y hasta artículos para que puedan ser publicados en su sitio. Es una alianza muy pero muy gratificante debido a que es una forma más del blog de llegar a un audiencia mucho más amplia. En lo personal me satisface mucho saber que nuestros contenidos reúnen el estándar para ser publicados en un sitio de tal envergadura. Bueno, como en toda alianza hay un gana y gana, ahora es mi turno de compartir un artículo reciente que Dave Gómez escribió para Enlacemusical.com. Es una nota que trata, entre otras cosas, de la importancia de los ministerios musicales de cantar lo propio. Estoy seguro que les gustará.

El renacer de la música

Después de aprender a tocar guitarra a los 12 años en la iglesia (con los clásicos acordes La, Mi, y Re para la mayoría de los “coritos”) y con varias horas de práctica al día, el paso lógico siguiente fue comenzar a componer canciones.

Una vez en la universidad las ideas fluyen fácilmente y si tienes espacios de tiempo libre entre clases, las largas caminatas establecen el panorama propicio para hilar frases y adherirles melodías.

Al poco tiempo me di cuenta que si bien las letras fluían interminablemente, las melodías empezaban a parecerse unas a otras o sonaban similares a fragmentos de canciones populares.

Desde pequeño escuchaba la música de mis padres, en discos de acetato o de vinilo, en cintas de casete, o directamente de la radio, y la costumbre de escuchar música de diversos estilos es algo que mantengo hasta el presente.

Pero en mi época universitaria en particular, noté que muchas canciones eran versiones de temas antiguos, o se basaban en fragmentos de temas conocidos, o seguían líneas demasiado tangentes con algo ya existente. Mi conclusión en ese momento fue simple: Se acabó la originalidad; nada nuevo bajo el sol.

Obviamente estaba equivocado, porque al poco tiempo me encontré con estilos y vertientes como Punk, Hevy Metal, Grunge, Nü-Metal, Brit Pop, Emo y otros que abrieron un nuevo abanico de posibilidades para la creación musical. Y aunque no me dediqué personalmente a escribir canciones con estos estilos musicales, sí participé más tarde en la producción de algunos álbumes de Rock y Pop (entre otros estilos) de artistas emergentes en el ámbito cristiano.

En este punto noté otra arista de la falta de originalidad en la creación musical, relacionada con la imitación de — o por lo menos similitud con — los estilos populares del momento en el mercado general. En realidad muy pocos artistas surgidos del entorno cristiano pueden identificarse como iniciadores o impulsores de un estilo musical, aunque sí hay algunos que han aportado con su toque distintivo y eso les ha valido el reconocimiento en ambos lados de la calzada musical.

Lamentablemente, en el caso particular de la alabanza corporativa, lo más habitual es adherirse a los “movimientos” musicales foráneos en vez de desarrollar una identidad musical propia de cada zona geográfica. Actualmente la mayoría de las bandas de alabanza parecen clones de alguna otra banda de Australia, Sudáfrica, o Estados Unidos. Como dice un amigo argentino, “casi todas son Wilson”, por su nada sutil parecido con Hillsong, por ejemplo.

Por otro lado, lo bueno de tener acceso al mismo tipo de música en todas las latitudes del planeta, es que en los congresos o convenciones internacionales se hace más fácil encontrar canciones que todos puedan corear. Pero esa noción llevada a al extremo de una unificación estilística, resulta poco saludable para la congregación local, conformada por individuos de características heterogéneas.

La noción de cantar un “nuevo cántico” a Dios (Isaías 42:10, Salmos 149:1) no debería pasar solamente por el hecho de tomar la canción más popular en alguna congregación extranjera, traducirla al español y enseñarla en el servicio dominical.

Si bien no hay nada de malo en ello — y es lo que ocurre una docena de veces cada año — el concepto de fondo debería orientarse a procurar desarrollar una escritura y composición propia de cada congregación, surgida de su propia experiencia y andar con Dios.

El desafío queda latente para los líderes de alabanza y ministros musicales. Una manera de renovar la alabanza corporativa es involucrar a todos los integrantes del ministerio de música, e incluso convocar a otros miembros de la congregación, de modo que participen en talleres de escritura y composición musical. Unos aportando la poesía y tal vez otros aportando la melodía.

De estas jornadas periódicas y sostenidas en el tiempo deberían surgir temas musicales, tal vez simples al principio, pero con espacio para madurar y perfeccionarse, de modo que se conviertan en las nuevas canciones espirituales habituales de la congregación… y quién sabe, hasta resulten de exportación (1).

Noel Navas.

Notas:

(1) Tomado de: http://www.enlacemusical.com/articulos/el-renacer-de-la-musica/

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Te podría interesar

Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Décimo tercera parte)

Esta es la última entrada de la serie