ceguera3¿Por qué no cantamos lo nuestro?

La vez pasada vimos tres razones por las cuales no cantamos lo que nosotros mismos componemos. Hablamos de la comodidad, la ceguera y la alienación. En esta entrada hablaremos de las últimas dos razones que a mi manera de ver obstaculizan que como iglesia local cantemos lo que nuestros compositores están escribiendo. 

Incredulidad.

Otra razón es la incredulidad. No creemos en lo que nuestra propia gente hace. Esto tiene que ver también con un nivel de alineación que muchos inconcientemente padecemos. Pensamos que lo que se hace en otros países es superior a lo que producimos en el nuestro. Que lo que otras congregaciones hacen está arriba de lo que nuestra propia iglesia hace aquí abajo. Somos incrédulos ante lo que nosotros mismos producimos y no creemos que nuestros talentos tengan tanto valor como el de otros. Por lo tanto, los menospreciamos.

Como usted bien sabe, pensar así no está bien. Es decir, seguramente todos necesitamos mejorar, pero el hecho de que a alguien de su congregación aún le falte perfeccionar su talento no significa que no haga cosas de valor. A veces lo que sucede es que “tiramos el agua de la bañera con el bebé” y no solo el agua, como debería de ser. El hecho de que como iglesia nos falte mucho por recorrer en cuanto al tema  musical debería estimularnos a crecer en excelencia y a superar nuestros propios estándares de calidad. No a estancarnos y quedarnos de brazos cruzados menospreciando a nuestros hermanos con capacidades creativas y prefiriendo lo de afuera. Es mejor tener equilibrio. Comenzar a tomar lo mejor de ambos lugares y seguir adelante.

Por eso, un pilar fundamental para que una congregación use las composiciones de sus mismos miembros, es creer en ellos. Si no creemos, ni siquiera apartaremos tiempo para escuchar sus trabajos; mas si lo hacemos, entonces vamos por buen camino. Creer en el talento de nuestros propios hermanos es vital para una iglesia que espera ir en pos de una expresión musical con identidad propia.

Cultura.

La última razón que viene a mi mente del por qué no cantamos lo que nuestros propios compositores están escribiendo, es una razón cultural. Seamos francos, la mayoría de ciudadanos en nuestros países (en Centroamérica) no valoran las artes. El aprecio por las ramas artísticas no se inculca constante y sistemáticamente en el hogar y a través de la educación escolar. Aunque sí se enseña desde la infancia, la mayoría de veces dicho énfasis se interrumpe (o disminuye) en algún momento del proceso educativo para darle prioridad al aprendizaje de otras ramas del conocimiento. Es decir, no se discipula completamente a los niños hasta llegar a la adolescencia, sólo cuando son pequeños. Después ya no. Cuando sí se hace es debido a padres de familia y escuelas que saben lo trascendental que son las artes para sus hijos y estudiantes. Por lo tanto, desean plasmar en ellos dicho valor. Lastimosamente, esto último es la excepción.

En este sentido, el analfabetismo artístico de la sociedad ha permeado el seno de la iglesia. Todos somos producto de nuestro hogar y de la educación que recibimos. Por eso, no es de extrañarse que la mayoría de miembros de nuestras congregaciones simplemente manifiestan lo que ya son. No tenemos cultura musical ni artística. Por lo tanto, ella está ausente en la vida de la iglesia local. Probablemente este también sea otro factor por el cual no valoramos la creatividad de nuestros propios escritores.

Continúa…