lupa2Una mirada introspectiva.

Como vimos la vez anterior, el Señor, a través de los Salmos, nos invita a involucrarnos en la Aventura de Componer (vea el 33:3, 96:2, 98:1 y 149:1). Basado en esa invitación, deseo confesarle una apreciación mía de la iglesia. Cuando visito algunas congregaciones, veo sus reuniones por la televisión o converso con algunos intengrantes de equipos de alabanza, me sorprende corroborar lo renuentes que podemos ser al llamado del Señor de cantar cánticos nuevos. Como ya dije, es bíblico hacerlo y es el deseo de Dios que lo hagamos. Al afirmar esto no me refiero a que hay que darle la espalda a las canciones de antaño ni a que en cada una de nuestras reuniones todo lo que cantemos debe ser nuevo. No, me refiero a que muchas iglesias han abandonado la innovación saludable.

Esta vez no me detendré a detallar por qué algunos líderes y congregaciones son renuentes a la innovación. Sería largo explicarlo. Simplemente, con lo que voy a comentar, quiero animarle a involucrarse en la Aventura de Componer y a que invite a otros a hacerlo. Insisto: no está mal que cantemos canciones antiguas o de otros en nuestras congregaciones, Dios ha levantado a través de los años poderosos ministerios musicales y a grandes compositores para que nuestras iglesias canten; sin embargo, actualmente veo muy poca (por no decir: ninguna) composición de cantos nuevos de parte de los miembros de las iglesias locales. ¡Por lo menos en mi país pasa así! Claro, estamos cantando los últimos hits de la radio, está bien, pero en la mayoría de casos lo que no estamos haciendo es cantar las canciones que nuestros propios compositores están confeccionando.

Yo le pregunto: ¿cantan en su congregación canciones hechas por los integrantes del ministerio de música? ¿Cantan en su congregación canciones hechas por algún miembro de la iglesia? Probablemente no. Podría dar algunas razones del por qué este fenómeno; sin embargo, por el momento basta con decir que en su congregación hay compositores. Sí, ¡escondidos!, pero los hay. ¡Inactivos!, pero los hay. Como líderes y miembros comprometidos deberíamos propiciar el surgimiento de nuestra propia música inédita, con sello y huella dactilar nuestra.

No me mal entienda, no estoy abogando por tirar al basurero las canciones que cantamos de otros y que no son nuestras. No, simplemente creo que hay talento escondido en la iglesia local y que debería de apoyarse. Es más, deberíamos velar por estimular periódicamente el surgimiento de nuevos compositores y valorar los que ya tenemos. ¿Por qué? ¡Porque necesitamos canciones nuevas! Ese es el mandato que hemos recibido del Señor: “¡Canten canciones nuevas!” resuena su voz en los Salmos. “¡Tóquenlas con alegría!” dice el 33:3. “¡Canten canciones nuevas!… ¡Cántenlas en todo el planeta!” dice el 96:2. “¡Canten canciones nuevas!… Que vuestra inspiración son las maravillas que hago por ustedes” dice el 98:1. “¡Canten canciones nuevas!.. ¡Cántenlas en todas las congregaciones!” finaliza el 149:1.

No debemos estancarnos en el pasado ni menospreciar lo que nuestros propios compositores están haciendo. Mi hermano menor, Elí, me dijo una vez: “Noel, ¿me creerías si te digo que a pesar de la edad que tiene la humanidad, el número de habitantes que han vivido en este mundo y la gran cantidad de canciones que hasta hoy se han escrito, aún no se ha compuesto siquiera la tercera parte de las canciones que podrían escribirse?”

Cuando pienso en esa pregunta me impresiono por su magnitud. Por eso pregunto: si aún disponemos de tal caudal de recursos para innovar, ¿por qué no estamos echando mano de ellos? Si Dios es el Dios Creador y nosotros su imagen y semejanza, ¿por qué no hemos sido capaces de seguir su ejemplo? Es más, si Dios ya nos ordenó componer canciones nuevas, ¿por qué no nos hemos dado a la tarea de conocer lo que nuestros propios compositores están escribiendo? ¿Acaso hemos olvidado que cuando Jesús, el amado novio de la iglesia, está presente, el corazón enamorado de los adoradores se inspira a componer? ¿Acaso no hemos leído el pasaje que dice: “Mi amado habló, y me dijo: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido…” (Cantar de los cantares 2:10-12)? ¡Pareciera ser que sí!

Vamos, tenemos un gran desafío por delante. Involúcrese en la Aventura de Componer y anime a otros que también lo hagan. Esa es una de las formas que daremos cumplimiento al mandamiento del Señor que nos insta a “cantar un cántico nuevo”. 

Continúa…