Música para manipular

Música para manipular

- en Cine, películas y reflexiones
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Un artículo de la BBC.

Hace unos días BBC.com publicó una nota titulada: “La música que sirve para manipular emociones”, que en lo personal me pareció sumamente interesante. No solo por mi afición a las bandas sonoras de películas, sino porque confirma algo que los evangélicos solemos ignorar: que la música puede utilizarse para manipular las emociones. Por eso, le invito a que lea detenidamente esta nota y al final, mi reflexión personal relacionada con la música en las iglesias. Aquí está:

La música que sirve para manipular emociones

En 1939, la reina del melodrama en Hollywood, Bette Davis, protagonizó “Amarga victoria”, la trágica historia de una joven fiestera y adinerada que estaba muriéndose de un tumor cerebral.

El público sabe que la muerte llegará rápidamente después de la ceguera. En el gran final, la visión del personaje empieza a fallar y ella sube lentamente una enorme escalera.

Davis sabía que ese momento le aseguraría la candidatura a un tercer Oscar.

Le preguntó al director “¿quién está haciendo la música de esta película?” y la respuesta fue: el supremamente talentoso Max Steiner.

Steiner había compuesto la revolucionaria partitura de “King Kong” en 1933. Fue la primera banda sonora completa de Hollywood y una que les permitió a los aficionados sentir empatía ante los designios del destino de un gorila de plastilina.

Davis era una mujer muy lista. Entendía cuán valiosa era una pieza musical que elevara el momento a su máxima expresión, pero también temía que eclipsara su actuación.

“Pues o subo yo esas escaleras o las sube Max Steiner, pero los dos juntos, no”, declaró.

La opinión de Davis fue ignorada y con esa escena se crearon dos nominaciones al premio de la Academia: una para ella y otra para Steiner.

Agudización de los sentidos

La anécdota demuestra la importancia de la música en el cine y el poder que una banda sonora puede ejercer sobre el público.

El compositor Neil Brand, presentador de la serie de la BBC “La música que hizo las películas”, cree que nuestros sentidos se agudizan desde el momento en el que entramos en la sala del cine.

“La oscuridad, los extraños, la anticipación, el abrazo cálido y cómodo del asiento. Estamos listos para experimentar grandes emociones”, dice. “Y en el instante en el que arranca la música, estamos dispuestos a quedarnos todo lo que dure el viaje”.

“Los seres humanos somos muy buenos para interpretar el sonido, desde que nuestros antepasados prehistóricos oían que una rama se rompía en el bosque y pensaban ‘¡a correr o me matan!'”.

“Tenemos una comprensión muy profunda de lo que la música está haciendo y es algo muy físico”, añade Brand.

“La podemos sentir entrando a nuestros oídos a través de ondas sonoras y puede producir toda clase de reacciones físicas, desde un golpe en el estómago en adelante”.

El ruido del pánico

Los ejemplos más simples de esto se encuentran en películas de terror y de suspenso, las cuales emplean sonidos disonantes y chillones que asociamos inconscientemente con animales en peligro.

Un estudio elaborado en 2010 por la Universidad de California encontró que la sensibilidad humana a sonidos de alarma no lineales, como los que emiten las marmotas para advertir sobre la presencia de depredadores, son usados por compositores de cine para inquietar y poner nerviosa a la gente.

En películas, como la clásica de Alfred Hitchcock de 1960 “Psicosis”, la tensión de las cuerdas y los bronces exagerados imitan el ruido del pánico en la naturaleza.

Para quienes disfrutan de una partitura romántica exuberante, un experimento de 2011 en la Universidad McGill de Canadá estudió la mecánica neural para explicar por qué a los humanos se nos pone la piel de gallina con las grandes melodías.

Lejos de ser una experiencia puramente auditiva, las tomografías indican que las regiones del cerebro que se iluminan con la música son aquellas vinculadas a estímulos eufóricos como la comida, el sexo y las drogas.

La sangre que fluye en el cerebro responde a áreas asociadas con la recompensa, la emoción y la excitación.

Vibraciones extremas

Philip Ball, autor de “El instinto de la música”, afirma que las bandas sonoras pueden producir la misma reacción en nosotros, independientemente de que la música sea buena o mala.

“Nuestra respuesta a ciertas clases de ruido es tan profunda que no podemos apagarla”, le dice a la BBC.

“Los compositores de las películas saben eso y lo usan para saltarse la parte lógica de nuestro cerebro e ir directamente a los centros emocionales”.

Algunos cineastas usan ahora infrasonido para inducir miedo. Se trata de ondas sonoras graves o vibraciones con una frecuencia más baja que el espectro del oído humano.

Aunque no lo podemos escuchar, se ha demostrado que el infrasonido puede producir ansia, extrema tristeza, palpitaciones y temblores.

Los productores de la película de suspenso psicológica francesa “Irreversible” admitieron que utilizaron esta técnica.

Miembros del público dijeron que se sintieron desorientados y físicamente enfermos tras sólo media hora de infrasonido, y se salieron de la sala de proyección antes de que mostraran la secuencia más impactante visualmente en la pantalla.

En 2007, las audiencias del film de horror “Actividad Paranormal” también reportaron haber sentido altos niveles de miedo a pesar de la falta de acción en la pantalla. Se piensa que fueron provocados por ondas sonoras de baja frecuencia.

“No afecta a todo el mundo de la misma forma”, señala Ball, “pero parece posible que será usado más en el cine en el futuro” (1).

UNA REFLEXIÓN PERSONAL

Aún recuerdo esa reunión. Estábamos en un campamento de jóvenes donde el hijo de David Wilkerson, Gregory, fue el predicador invitado. Mi amiga Cilinia tradujo el sermón y aunque no recuerdo qué tema abordó esa vez, nunca olvido lo que pasó al final.

Greg hizo el llamado a los jóvenes a pasar al frente y como suele suceder en una reunión cristiana, uno de los músicos se puso detrás del piano para acompañar al predicador mientras ministraba. Los primeros acordes se dejaron oír cuando de repente y de un solo tajo Greg alzó la voz y dijo al músico: “¡No, no toques! ¡Lo que va a pasar en este momento va a ser por el poder del Espíritu Santo, no por el poder de la manipulación!”

¡Ops! “¡Qué duro!” pensé yo, pero lo que pasó a continuación nos demostró por qué Greg hizo lo que hizo. No solo los que pasaron al frente, sino todos los que se quedaron sentados fueron tocados de manera sobrenatural. Algunos lloraban en arrepentimiento, otros alzaban la voz consagrando sus vidas en oración y otros simplemente adorábamos al Señor fervorosamente sobre nuestras rodillas. Todo esto sin música de fondo.

Hace un par de años me invitaron a dar un taller de composición en un congreso en Guatemala. La terna de conferencistas era impresionante y por eso no quise perderme ninguna plenaria. Sin embargo, no me gustó lo que pasó al final de una conferencia de la tarde. Al final de su enseñanza, uno de los conferencistas hizo el llamado, los del sonido pusieron música de fondo y la gente comenzó a pasar al frente. ¡Usted ni se imagina qué música pusieron! Era la banda sonora de “Los diez mandamientos” que protagonizó Charlton Heston.

Que alguien use música de fondo para ministrar al final no me incomoda en lo absoluto ni tampoco lo veo mal. En lo personal pienso que si uno cuida la intención del corazón y la motivación de por qué lo hace, quienes usan música de fondo o pasan a músicos para tocar a la hora del llamado no tendrían por qué ser acusados de manipuladores así como Greg Wilkerson acotó. Pero en ese congreso en Guatemala fue diferente. A medida que la gente pasaba al frente y se arrodillaban para orar, este conferencista le exigía a los del sonido que subieran el volumen de la pieza a medida que él oraba en voz alta. Al parecer la intensidad de la música no le era suficiente, y vaya que se oía bien eh, pero con su cara de insatisfacción y sus pulgares apuntando hacia arriba insistió que aumentaran el volumen cada vez más. Lo hizo tantas veces y con una expresión de desagrado que me dejó la impresión que quería provocar en quienes estábamos allí una sensación de majestuosidad, de grandeza y de que la presencia de Dios estaba manifestándose en ese lugar.

Manipulación.

Por esto y algunas cosas más, a medida que leía la anécdota inicial del artículo de la BBC, venían a mi mente algunas iglesias pentecostales que conozco y dependen desmedidamente del poder de la música para sus servicios de adoración. No estoy diciendo que esté mal utilizar música en nuestras reuniones ni tampoco que no se pueda tocar de fondo mientras el pastor hace el llamado al final de su sermón, pero más pronto que tarde tendremos que decidir si imitaremos o no la actitud de Bette Davis cuando le dijo al director: O subo yo esas escaleras o las sube Max Steiner, pero los dos juntos, no”. Es decir…

O manipulamos con tiernas melodías las emociones de las personas o dejamos que el Espíritu Santo enternezca los corazones.

O simulamos sensaciones celestiales con nuestros acordes o dejamos que el Reino de Dios se manifieste genuinamente en el interior.

O enfervorizamos la emotividad de los congregados con música de fondo o dejamos que el Espíritu Santo encienda verdaderamente las almas.

O lo hacemos en nuestras fuerzas o lo hacemos en las del Señor.

Noel Navas.

Notas:

(1) Tomado de: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/09/130921

4 Comentarios

  1. Muy buen articulo Noel.

  2. Buen buen articulo Noel. Muy oportuno. Debemos conscientes de que nuestro arte es una herramientas en manos de Dios, no el fin. Si tenemos una actitud de humildad, y sabemos discernir el corazón de Dios, sabremos cuando somos útiles y cuando estamos de sobra.

  3. GRACIAS NOEL,…TU INFORMACION SIEMPRE ME BENDICE…

  4. Recordé un video que habla sobre la música en la adoración, te lo recomiendo hermano si es que ya no lo has visto. Un abrazo! http://www.youtube.com/watch?v=IFkS8VJ2qxg

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