¿Cobrar o no cobrar? (Octava parte)

¿Cobrar o no cobrar? (Octava parte)

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Tres consejos para tres grupos de personas.

Ya faltan pocas entradas para finalizar esta serie de artículos sobre la forma en que los ministerios musicales manejan el tema del pago de sus honorarios. Por eso, no quería comenzar el descenso hacia la pista de aterrizaje sin antes brindar algunas recomendaciones a tres grupos de personas. Bien podría dar más consejos, pero me limitaré a tres nada más.

TRES CONSEJOS PARA MINISTROS

El primer grupo al que quiero dirigirme son los predicadores, cantantes y músicos que se dedican a medio tiempo o tiempo completo al ministerio. Sobre sus honorarios me permito sugerirles:

1. No exageren

Si bien es cierto que “el obrero es digno de su salario”, vamos, no se ponga un salario exorbitante que impida que iglesias o ministerios que organizan eventos gratuitos puedan contar con sus servicios. De acuerdo a lo que describí en entradas anteriores, el ministro de música a medio tiempo o tiempo completo, debería basar la ofrenda a pedir en su presupuesto real conforme a la economía del país en que reside. A veces los cantantes establecen costos tan pero tan altos y que no tienen nada que ver con su presupuesto, que francamente nos dejan la incógnita de si su interés es llevar sustento a sus casas o enriquecerse a costas de nuestra sana intención de invitarlos.

2. Obedezcan a Dios

Como lo mencioné en la “Cuarta parte” de esta serie, el ministro de música debería buscar la voluntad de Dios para su agenda de salidas conforme a la guianza del Espíritu Santo. El Nuevo Testamento en Romanos 1:8-12 y Hechos 16:6-10 nos presenta modelos para esta práctica. Lamentablemente algunos cantantes, aun conociendo esto, no consultan al Señor al respecto y rechazan ciertas invitaciones. Por eso, si una iglesia no pudiera darle todo cuánto usted pide, le invito a que ore seriamente para conocer la voluntad de Dios sobre su participación allí. Muy probablemente sea su plan que vaya a pesar de que no le darán lo que espera. Recuerde que Dios es el que llama y también el que provee. Sea fiel en su servicio al Señor, no condicione sus servicio y vaya a donde él le indique.

3. Den más

Usted no sabe la cantidad de historias que he escuchado de ministros que van a un país y se limitan a hacer únicamente aquello para lo cual los invitaron. Si ellos darán un concierto de una hora, entonces no cantan más. Si solo los invitaron a cantar y no a predicar, no predican porque eso no fue lo acordado. Y si solo los llevaron a cantar y a predicar, pero no a dar entrevistas o brindar alguna consejería, no las dan. Vamos, sea un siervo. Si tiene el tiempo y la capacidad de hacer más de lo que originalmente le pidieron, ¡hágalo! ¿No dijo el Señor: “Al que quiera quitarte la túnica, déjale también la capa; a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:40-41)? ¿Entonces?

TRES CONSEJOS PARA ORGANIZADORES DE EVENTOS

Aquí caben personas, ministerios u organizaciones que realizan eventos cristianos para sus iglesias, denominaciones o para sus ciudades. Sobre el dinero con que uno debe honrar a los ministros, permítanme decirles:

1. Cuiden sus motivaciones

La gran pregunta que debe reinar nuestro proceder en la vida es: “¿Por qué hago lo que hago?” Si usted va a organizar una actividad pregúntese: ¿Por qué lo quiero hacer? ¿Cuál es mi real motivación para llevar a cabo este evento? Yo no soy quién para decirle que si su única motivación es ganar dinero, no lo haga. Pero lo que sí voy a decirle es que si esa es su motivación reinante, esa será su recompensa. Usted ganará dinero (si es que todo sale bien eh), pero no tendrá recompensa en el reino de Dios. Vele porque sus motivaciones sean puras, que aunque no está mal ganar dinero, busque realizar sus eventos con el fin predominante de glorificar a Dios y bendecir a las personas.

2. No se excedan

Uno de los principales problemas que en lo personal he visto en los eventos cristianos, son los costos a los que se ponen las entradas. Yo sé que el valor de los boletos depende del presupuesto general de la actividad, de los honorarios que pide el ministro y de varios rubros más; sin embargo, los cristianos no somos ingenuos. Muchos sabemos cuánto cuesta montar un evento y por eso, cuando vemos lo que se cobrará pensamos: “¡O estoy desfasado sobre el costo de las cosas o de veras estos cuates quieren enriquecerse a costas nuestras!” Es cierto, nadie obliga a nadie a asistir a un evento caro, pero mi sugerencia es que examine su corazón, revise sus motivaciones y en la medida de lo posible, busque poner precios accesibles. Por lo tanto, no se exceda.

3. Cumplan su palabra

Como mencioné en la “Primera parte” de esta serie, muy probablemente lo que motivó a muchos ministerios musicales a modificar sus lineamientos en cuanto a las ofrendas, fue el maltrato y explotación que algunos sufrieron. En ese sentido, cuando usted acuerde una suma de dinero con su invitado, ¡cúmplala! Ellos vinieron a su evento, viajaron desde lejos y dejaron de ir a otros lugares por darle prioridad a usted. No se vale que se excuse en la poca asistencia que hubo para no darle a su invitado lo que le corresponde. Sea íntegro y honre a los ministros con la ofrenda y viáticos que acordaron mutuamente y de anticipado.

TRES CONSEJOS PARA TODOS LOS DEMÁS

En todo este rollo de invitar predicadores y cantantes, y definir cuánto se les dará o no de ofrenda, están implicados los ministros, los organizadores de eventos y… ¡Usted! Sí, una cosa es que venga un cantante y que un organizador promueva una actividad, y otra muy distinta que usted y yo asistamos. Por lo tanto, en cuanto a los honorarios de los ministros, me permito sugerirles:

1. No juzguen mal

En algún momento de nuestras vidas muchos cristianos hemos juzgado mal a quienes piden una ofrenda mínima por prestar sus servicios. ¡Soy el primero en reconocerlo! Sin embargo, después de haber traído a algunos cantantes de popularidad promedia al país y de acompañarles como asistente, déjeme decirle que la mayoría de ellos realmente dan el 100% de su esfuerzo para venir y ministrar a la iglesia del Señor. Ellos dejan sus familias, viajan desde lejos, ministran la alabanza, predican la Palabra, dan consejerías, atienden a los medios de comunicación, etc… Todo esto en los pocos días de su estadía. Yo he visto sus rostros cansados, dormirse durante los trayectos y pedirme de favor comer rápido para irse a descansar al hotel. Es decir, ellos se merecen cada centavo por cual aceptaron venir a ministrar. La mayoría de ministros son gente de Dios que viene a trabajar para bendecir a la iglesia. Así que no los juzgue mal. Ellos merecen sus honorarios.

2. Valoren los ministerios

Cuando predicadores, cantantes o bandas musicales vengan a su iglesia o ciudad, valórelos. Ellos son regalos que el Señor ha dado a la iglesia para que seamos bendecidos por medio de sus dones. Por lo tanto, en la medida de sus posibilidades, compre su música y compre sus libros. Ellos han invertido cientos de horas y miles de dólares para producir esos recursos. Así que cuando estén de visita en su congregación o participando de algún evento en su ciudad, busque la forma de adquirir sus materiales ya que muchos de ellos se sostienen no solo de las ofrendas, sino también de la venta estos recursos.

3. Sean generosos

Cuando ministros de los que he descrito visiten su iglesia o ciudad y usted asista a sus eventos, sea generoso. ¿Cómo? Si está en sus posibilidades ofrézcase a los organizadores para contribuir financieramente. Si usted no lo sabe se lo digo yo, pero muchos eventos cristianos, pequeños o grandes, se planifican con la esperanza de que las ofrendas que se recojan o que la venta de entradas sufraguen los gastos de la actividad. Aunque usted no lo crea, un gran porcentaje de eventos no cubren sus presupuestos ni con la ofrenda que se recogió ni con la venta de entradas debido a la poca o regular asistencia. Por lo tanto, si usted dispone de cierta libertad económica y su generosidad se lo dicta, busque contactar a los organizadores detrás de los eventos y trate de contribuirles con algo. Usted no sabe la alegría que les causará a ellos que gente como usted colabore desinteresadamente y les ayude a subsanar las finanzas de la actividad.

Continúa…

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