¿Cobrar o no cobrar? (Séptima parte)

¿Cobrar o no cobrar? (Séptima parte)

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Mi filosofía personal sobre las ofrendas.

En lo personal fue de mucha luz ver que el tema de cobrar o no cobrar está en la Biblia. En 1 Corintios 9, el apóstol defiende su apostolado mencionando varias cosas, entre ellas, el tema del dinero. Por favor, lea la siguiente porción de la Escritura. Le advierto que es una porción amplia, aun así le invito a que la lea detenidamente:

Contra los que me acusan, ésta es mi defensa:
¿Acaso no tenemos derecho a comer y beber?
¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una
hermana por esposa, como hacen también
los otros apóstoles, los hermanos del Señor
y Cefas?
¿Quién fue jamás soldado a sus propias
expensas? ¿Quién planta una viña y no come de
su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma
de la leche del rebaño? ¿Digo esto sólo como hombre?
¿No dice esto también la Ley?
En la ley de Moisés
está escrito: «No pondrás bozal al buey que trilla.»
¿Se preocupa Dios por los bueyes
o lo dice enteramente
por nosotros? Sí, por nosotros se escribió esto,
porque con esperanza debe arar el que ara y el que
trilla, con esperanza de recibir del fruto.
Si nosotros
sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿será mucho
pedir que cosechemos de vosotros lo material?
Si otros participan de este derecho sobre vosotros,
¿cuánto más nosotros? Sin embargo, no hemos
usado de este derecho, sino que lo soportamos todo
por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.
¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas,
comen del Templo, y que los que sirven al altar,
del altar participan?
Así también ordenó el Señor a
los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.
Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco
he escrito esto para que se haga así conmigo, porque
prefiero morir, antes que nadie me prive de esta mi gloria.
Si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme,
porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no
anunciara el evangelio!
Por eso, si lo hago de buena
voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, l
a comisión me ha sido encomendada.
¿Cuál, pues, es mi
recompensa? Que, predicando el evangelio, presente
gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar
de mi derecho en el evangelio.
1 Corintios 9:3-18.

¿Está largo el texto no? Espero que lo haya leído.

El apóstol Pablo explica claramente que es legítimo que quienes ministran la Palabra sean participes de recompensas materiales por su labor espiritual. Llámese ofrenda, sueldo u honorarios, no está mal que quien ministra el evangelio obtenga una ganancia para su sustento y manutención.

Hace muchos años, mientras estudiaba en la universidad, salí con unos amigos a completar un trabajo de investigación. Sin qué ni para qué uno de ellos, que no era cristiano, comenzó a hablar de cómo los pastores de las iglesias abusan de las ovejas y se aprovechan para obtener lucro financiero a costa de las ignorancia de ellas. Cuando terminó de hablar le dije: “Oye, ¿o sea que tú crees que los pastores de las iglesias no trabajan? ¿Sabías tú que ellos dedican muchas horas para preparar sus sermones y de paso, muchas horas más para atender personas, matrimonios y familias para aconsejarlas? El trabajo de un pastor es ser un pastor y merece ser remunerado”.  

Al finalizar mi explicación, le aclaré que efectivamente habían pastores que caían en la categoría que él había señalado. Muchos se aprovechan del rebaño y las trasquilan financieramente. Sin embargo, hay pastores que son rectos y no abusan de las ovejas. Unos minutos después de que habíamos cambiado de tema, me dijo con tono humilde: “Tienes razón. Nunca me había puesto a pensar de que el trabajo de un pastor es ser pastor y debe ser remunerado”.

Volviendo al pasaje que leímos del apóstol Pablo, es interesante ver cómo describe su filosofía ministerial de no usar de su derecho de recibir una paga con tal de “presentar gratuitamente el evangelio de Cristo” (v. 18). ¿Lo notó?

En este punto, permítame preguntarle: ¿Cuál es su filosofía ministerial con respecto a las ofrendas? ¿Sugiere una ofrenda a quienes lo invitan o exige un pago mínimo inamovible? ¿Cómo maneja este tema cuando recibe una invitación? Independientemente de su respuesta, le animo a que cuando lo inviten no se convierta en “un obstáculo al evangelio de Cristo” (v. 12).

Algunos objetarán que este pasaje se aplica estrictamente a los predicadores de la Palabra, es decir, a los pastores, misioneros, evangelistas, etc., que el texto no tiene que ver con los ministerios musicales itinerantes. Pero vamos, ¿qué son los cantantes y músicos que ministran en la iglesia? ¿En qué categoría caen quienes se dedican parcial o totalmente a la música cristiana? ¿No son predicadores de la Palabra que comparten el evangelio a través de sus canciones y testimonios?

La respuesta es obvia, ¿no? Por lo tanto, este pasaje puede aplicarse a los ministerios musicales.

Cuando yo estaba a punto de lanzar mi disco, dediqué varios meses para conversar con predicadores con respecto al manejo del dinero y de paso, a preguntar a amigos músicos sobre sus puntos de vista. Las respuestas fueron variadas, desde quienes me dijeron que debía cobrar hasta quienes me sugirieron que mi servicio debía ser gratis.

La verdad terminé de definir mi propia filosofía ministerial sobre el dinero al leer las palabras de Pablo en 1 Corintios 9. Yo tomé la decisión de imitar al apóstol Pablo y definí para mi propia vida que sea donde me inviten presentaría “gratuitamente el evangelio de Cristo”. Ya sea predicar o cantar, yo no pido una ofrenda mínima.

Como me dijo un amigo que respeto mucho: “En este momento no cobras, espera que te dediques a tiempo completo a la música y tengas una familia. ¡A ver si sigues manteniendo esa postura!”

Podría ser.

La otra vez otro amigo se sorprendió (y medio me regañó) cuando se enteró que no cobraba por mis talleres de composición. Me dijo: “¿Qué quééé??? ¿Por qué no te pagan por eso que haces? ¡Deberían!!!”

En otra ocasión una pastora que acostumbra aceptar invitaciones a predicar, me dijo con tono de queja: “Noel, ¡no entiendo por qué la gente no le ofrenda a uno cuando va a predicar! Y si te ofrendan, ¡te dan bien poquito!” Mientras la oía en mis adentros pensaba: “Yo no quiero ser así. No quiero andarme quejando de si me dan o no me dan dinero”.

En parte ver este tipo de actitudes me hizo tomar la decisión que tomé.

Hace unos meses fui a impartir un taller de composición a una iglesia aquí en El Salvador. El taller duró cuatro horas y de paso, me pidieron quedarme a predicar en el culto de jóvenes de la noche. Estuve allí desde las 2 p.m. hasta las 8 p.m. Llegué a mi casa a las 9 de la noche. ¡Estaba cansadísimo!

 ¿Sabe cuánto me dieron de ofrenda por serviles toda la tarde? No le voy a decir, pero lo que sí es que cuando tuve ese billetito de un solo digito en mis manos casi me pongo a llorar, je. No de tristeza, sino de compasión porque esta iglesia de afueras de la ciudad quiso bendecirme a pesar de su poca capacidad.

Me ha pasado en dos ocasiones. He ido a enseñar a un par de países y las dos ocasiones me han ofrecido reponerme el boleto de viaje. ¿Sabe qué ha pasado? No me han cumplido su palabra. Como bien me dijo un amigo hace mucho: “Es que tú tienes otra fuente de ingresos y no tienes una familia que sostener. Por eso te ha despreocupado el tema”.

Aun así, le mentiría si le digo que no me he sentido desilusionado con estas experiencias. Pero como en mi corazón yo propuse no quejarme sobre el asunto nunca abordé el tema con quienes me invitaron. Al ver todo lo que gasté y que no me repusieron la plata no crea que no he considerado cambiar mi filosofía de servicio; sin embargo, como no he sentido dirección de Dios de poner un pago mínimo, entonces no lo he hecho.

Eso sí, estoy siendo más prudente.

¿Significa esto que mi método es el mejor y el de los demás está equivocado? ¿Soy mejor que otros solo porque no establezco un pago mínimo? ¡Para nada! Simplemente mi filosofía personal sobre las ofrendas es que yo no voy a solicitar nada excepto transporte, alimentación y hospedaje. Si me ofrendan, ¡bien! Y si no… ¡También! De paso, estoy aprendiendo a no juzgar equivocadamente a quienes piden una ofrenda mínima cuando van a las iglesias o participan de eventos gratuitos. Y también a no juzgar mal a quienes cobran grandes sumas de dinero en eventos cobrados.

Le anticipo que dentro de un par de entradas explicaré por qué es correcto que los cantantes cobren en estos eventos y de paso, por qué no es pecado realizar eventos cristianos y se cobre por la entrada.

Mientras tanto, a todos aquellos predicadores o cantantes que no son conocidos o que más o menos son populares, les animo a que su corazón no se preocupe desmedidamente por el dinero. Sea que usted pida o no pida una ofrenda mínima como requisito para ir a un lugar, cuide su actitud interior con respecto al dinero. No cometa al error de exigir una cantidad y a la vez desobedecer la voluntad de Dios de ir y bendecir a la iglesia solo porque no le satisfarán sus caprichos económicos. Vamos, sea flexible. Confíe en Dios para sus necesidades y adopte una filosofía de servicio conforme a los principios de la Palabra.

Continúa…

5 Comentarios

  1. Grcs Noel por estos articulos. Tuve un ‘flashazo mental’ mientras leia «… ya cante, termino el culto, se acerca el pastor y me dice «mi Hno. Cuanto es la ofrenda q debemos darle? … le contesto » lo que Dios ponga en su corazon» (-silencio entre el y yo-) y continuo «pero si no hay ofrenda, no se preocupe mi Hno. que se va a la cuenta de ahorro celestial» … termino el ‘flashazo’ al sonido de la lavadora :-D.

  2. Muy buenas notas Noel…bendiciones desde Mexico!!

  3. Dieter Carranza

    Muy bien!!! muy de acuerdo!!!

  4. Woow! Cada vez se pone mas interesante… Gracias por dejarse usar.
    Bendiciones desde Gastonia, Carolina del Norte ,USA.

  5. Amigo, que bueno que te dejas usar por el Señor; estoy completamente de acuerdo contigo y sino lo estuviera sé que bendices a muchas personas…

    Que Dios siga usando tus talentos y tus intenciones!… un abrazo!!

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