Crítica a los organizadores de eventos (Segunda parte)

Crítica a los organizadores de eventos (Segunda parte)


Por: Junior Zapata.

Nuestras instituciones cristianas, especialmente las grandes que aglomeran a muchas personas y por ende manejan un capital financiero poderoso, tienen el potencial de hacer cosas que realmente bendigan la ciudad. Sin embargo, cuando la meta se convierte en la gloria de la institución en sí, la institución se corrompe y los “líderes” o los organizadores de los eventos podemos perder de vista el objetivo de Jesús…

Es tan fácil perder el rumbo de bendecir a las personas. Es tan fácil cambiar el objetivo de “bendecir” a “cobrar para bendecir”. Es tan fácil embriagarnos del “honor” y el “privilegio” de haber sido los anfitriones en nuestro elegante escenario de tal o cual conferencista o artista. El espejismo es poderoso y nos está llevando, creo yo, a hacer cosas buenas con las motivaciones equivocadas.

Hacer dinero no es pecado. Cobrar no es pecado. Invertir y administrar bien los recursos no es pecado; al contrario, es un mandato bíblico. Lo que es pecado es decir que hacemos algo por una razón cuando las motivaciones de nuestro corazón son otras. Así como buscar ganancia financiera sin declararlo claramente no es algo honesto, tampoco es honroso dejar deudas por pérdidas económicas de un evento mal organizado.

Es deplorable que eventos que se anuncian con fanfarrea terminan con malas deudas y se deja a proveedores sin pagarle lo acordado. Así como las ganancias deshonestas en un evento cristiano traen deshonra al nombre de Jesús, dejar deudas por un evento que produjo pérdida, tampoco trae honra a Su nombre. Lo digo con autoridad porque he estado en los dos lados del espectro.

Los verdaderos invitados 

Me impresionan los muchos eventos en donde las mismas personas que pagan por un boleto a un “evento cristiano” son tratados como non-gratos. Sea por la mala organización, o por el sentido torcido de tener todo bajo control usando de excusa que “Dios es un Dios de orden”, es triste ver a la gente que pagó, haciendo largas filas innecesariamente, luego al entrar obligados a sentarse en ciertos lugares únicamente prestándoles un mal servicio.

En lugar de tratarlos a todos como nuestros invitados de honor, los tratamos como nuestros sirvientes, dando nuestra mejor atención a los artistas y conferencistas -quienes por cierto merecen buena atención también. Me alegra que en el cielo no habrá lugares VIP o asientos reservados. El mismo significado del acróstico VIP es una bofetada a todo por lo cuál Jesús luchó por enseñarnos en el Sermón del Monte.

¡Hey! Organizadores y productores de eventos: Sí han oído del Sermón del Monte, ¿no? ¿Podemos realmente leer Mateo 5, 6 y 7 y utilizar el grandiosísimo asqueroso concepto de VIP dentro de un evento que pretende exaltar a Jesús? En la economía social atrofiada del mundo caído en el que vivimos, es obvio que hay personas más importantes que otras. Pero la misma iglesia que critica y sataniza todo cuánto el “mundo” hace, abraza muchas veces los mismo conceptos podridos de ese mismo mundo como ventaja económica “santificándolos” para poder utilizarlos. ¡“Boletos VIP” es uno de esos! Pregunto: ¿Dónde se sentaría Jesús? ¿En los “VIP” o con “el resto” de los que no pagaron la cuota de los mejores lugares?

No podemos escondernos de nuestras debilidades como organizadores de “eventos cristianos”. Hay que vernos al espejo y ser brutalmente honestos en que si lo que vemos agrada a Jesús. El vender “Boletos VIP”, muchas veces ayuda a subvencionar otros boletos para lugares que tal vez no están cerca del escenario. Estos boletos entonces se pueden colocar en rango de precios que sean más accesibles para personas que no tienen las posibilidades de adquirirlos a un costo “Premium”.

Mi cuestionamiento no es económico sino moral; Jesús vino a igualar todas las cosas; ¿los lugares en los conciertos también? Como iglesia somos tan conservadores y radicales al exigir que la gente viva como Jesús dijo. Si somos así, ¿no deberíamos ser coherentes y serlo en todo sentido y no sólo en las áreas donde nos conviene? Claro, también comprendo plenamente que dentro del “mercado” cristiano hay personas que están dispuestas a pagar más por “mejores asientos”, pero la pregunta no es si se puede hacer, la pregunta es si honra a Dios hacerlo. ¿Por qué están reservadas las primeras filas? ¿Ahí se sienta Jesús? ¿Ahí se sentaría? Para una industria cuya música habla del amor y sus predicaciones de la gracia, me parece que valdría la pena auto evaluar si el discurso es consistente con las prácticas de venta y arreglos de ubicación en los espectáculos que se hacen con el fin de honrar a Jesús.

Los benditos contratos 

Me alegra saber que muchos artistas y conferencistas ya no llegan a un lugar sólo por una invitación que llegó por correo electrónico. ¡Ahora, como meros profesionales, ya firmamos contratos! Me causa risa el saber que algunos cristianos y organizadores de eventos critican esta práctica.

La verdad, no tiene nada de malo el pedir que se firme un documento que explique claramente las obligaciones de ambas partes. Sí, sí… Ya sé que la Biblia dice que nuestros sí deben ser sí y nuestros no, no. Que nuestra palabra debe ser nuestro pacto. Sí, la Biblia dice eso y también dice muchas otras cosas como “no codiciarás a la mujer de tu prójimo…” y creo que podemos decir que muchos tampoco obedecen a ese mandato que resulta ser uno de los 10 mandamientos.

Historias de productores y promotores sanguijuelas hay para llenar tomos de libros. Historias de hombres y mujeres de Dios exitosos como profesionales al organizar un evento de excelencia también los hay; ¡pero es de las lagartijas que quiero hablar! “Hermano, cuando venga le damos lo de su pasaje”, dicen por teléfono. El ingenuo o sobrepasado de bueno, el artista o conferencista compra su boleto y llega al país que lo invita. Cuando llega, lo ponen en un hotel de mala muerte -por ahorrarse lo más posible- o en casa de anfitriones decadentes -hermanos con buenas intenciones pero con malas costumbres- y le dicen: “Al final le damos su ofrenda hermano”. Al final de las actividades, el cuento es el mismo: “Hermano, qué bendición, gracias por venir. Denos un número de cuenta para depositarle en Dólares (¡ahora en Euros!)”.

El bonachón del artista o conferencista se regresa a su casa y años después aún no recibe la “ofrenda” del ladrón que lo invitó y que sigue “sirviendo” en la iglesia. Si te piden que firmes un contrato, no te ofendas; es resultado del mal comportamiento de algunos en la industria en que has escogido estar. Los organizadores de eventos debemos de cumplir con nuestra palabra y exceder las expectativas si fuera posible. Creo que el discurso de Jesús para nosotros no es: “Cómo puedo gastar menos en ese que invité”, sino: “Cómo puedo bendecir más a este que Dios me envió”.

Anfitriones 

La Biblia habla harto acerca de ser anfitriones que bendigan la vida de personas. Desde el Testamento Más Viejo (jejeje, el Antiguo Testamento) donde se habla de recibir bien al extranjero, hasta el Testamento Menos Viejo (jijiji, el Nuevo Testamento) donde se nos habla tanto de la hospitalidad.

No te metas a organizar eventos a nombre de Cristo si no estás dispuesto a seguir las reglas de Cristo para ser anfitrión. Trata bien a tus invitados, dales más de lo que les ofreciste; espiritual, emocional, habitacional y económicamente.

Es intrigante que existen organizadores de eventos que piensan que cuando llega un artista o predicador a su ciudad, su evento es lo único para que lo que existen. Arrogantemente no se ponen a pensar que muchos de estos viajan de avión en avión y de hotel en hotel; después de un rato, ya es viejo el drama y cansado el camino. Estos organizadores pretenden que sus invitados no tienen necesidades personales, que no extrañan a sus familias. Entiendo que si los conferencistas y artistas deciden ese campo de trabajo, pues deben saber a lo que se meten. Sin embargo el dedo acá lo apunto hacia los organizadores, que por favor, entiendan que las personas que invitan están lejos de casa y un trato más allá de cordial y profesional sería bendición a sus vidas.

Con el afán de “atender” bien a los artistas, muchos organizadores caen en el terrible error de tratar de una forma al líder de la banda y de otra forma al resto de los músicos. Eso se entiende como que lo único que le interesa al organizador es ganarse resbalosamente el favor y agrado del famoso, del primer violín. Qué ignorancia; si no hubiera segundo violín no podría haber un primer violín.

Es curioso ver cómo le imponen manos y oran por el líder. Raras veces se ve a alguien orando por el sonidista, por el asistente, por los músicos. Otra vez, luciendo actitudes dignas del mundo donde reina Satán. Se ha sabido de historias donde ridículamente los “anfitriones” ponen en una clase de hotel al líder (para quedar bien) y en otra clase de hotel al resto del grupo que lo acompaña. Uff, ¿y aún se llaman cristianos?

Honestidad 

Desde los tiempos de Jesús, parece que el ver cómo evadimos impuestos es una búsqueda intensa de muchos que se llaman cristianos. ¿Señor -preguntamos- tenemos que pagar impuestos? Bajo la excusa de “usar buena mayordomía”, muchos organizadores de eventos buscan la forma de evadir las leyes del fisco para poder lograr mejores ingresos. No soy ingenuo… tal vez ignorante, pero no ingenuo; sé que las leyes en muchos países son tan ambiguas y tan represivas que si se siguieran al pié de la letra ningún negocio podría subsistir. Aún así, hay algunas “reglas” claras y obvias.

Es triste que los fiscalizadores (los cuales odiamos) ya saben que hay cristianos organizadores de eventos que estamos en una constante búsqueda de cómo evadir los impuestos claramente detallados por la ley en cuánto a espectáculos se refiere. Entonces, ingeniosamente, ya no cobramos “entrada”. Y como que el insulto de “Boletos VIP” no fuera suficiente, deshonramos el concepto de “Ofrenda” utilizando la palabra para describir la cantidad que estamos cobrando por boleto, lo cual sabemos perfectamente no es una ofrenda; es un cobro.

La deshonestidad de esto es obvia. ¡No es una ofrenda! Pregunto: ¿Dejaríamos entrar a nuestro magno evento a alguien que no pague su boleto de entrada? ¡No! Entonces, ¿por qué le llamamos ofrenda? Una ofrenda es VOLUNTARIA, por lo tanto, si la publicidad dice “Ofrenda: $ xxx.xx”, podríamos argumentar que cualquiera podría entrar al maravilloso y bendecido evento aunque no pagara porque es “sólo una ofrenda”. Algunos, no sé si por honestidad, han optado por utilizar la palabra “inversión”. Me parece menos engañoso. Aún otros utilizan el término “contribución”, el cuál sufre el mismo destino que “ofrenda” porque sería voluntario. No quiero ser ultra detallista con esto, sin embargo creo que es válido mi argumento que utilizar la palabra “Ofrenda” para cobrar el boleto y evadir inteligentemente los impuestos es un acto deshonesto.

Para terminar 

Regreso al principio…

¿Por qué lo hacemos?
¿Buscamos la gloria de Dios o la nuestra?
¿Buscamos bendecir a nuestra ciudad o sólo a nuestra iglesia?
¿Queremos gloriarnos de la Cruz o del artista que invitamos?
¿Qué dice el Sermón del Monte acerca de cómo y por qué organizamos nuestros eventos cristianos? (1).

Noel Navas.

Notas:

(1) Tomado de: http://www.evolucioncristiana.com/main/articulos-principales/una-critica-a-los-productores-de-eventos-cristianos-parte-2

2 Comentarios

  1. Humberto Casanova Hdz

    Definitivamente quiero a Junior en una de las reuniones de nuestra ciudad, que tremendo simas verdades, como dice el en; en mi caso he estado de ambos lados…

  2. Deberias armar una Conferencia donde invitemos a todos los artistas famosos Cristianos, a ver cuantos van! jajajajajaja seguramente iran los menos famosos y a los 10 minutos se saldran…

    estaria excelente eso!

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