Componer es como cocinar.

“¿Cocinando canciones?” preguntará alguien. “¡Ah, ya sé! ¡Vas a hablar sobre cómo componer mientras uno cocina! ¿Verdad?” No, no lo haré. La breve serie que comenzaré hoy compara el arte de componer con el de cocinar. A eso me refiero con el título. Sé que suena extraño, pero la verdad es que ambas tareas se parecen. Considero que mi especialidad en nutrición y cierta afición que tengo por los programas de cocina me facultan para hablar por lo menos someramente del tema. En este sentido, déjeme asegurarle que el arte de componer se parece al arte de cocinar por las siguientes razones:

Primero: para cocinar usted debe poseer las cualidades necesarias.

Como comenté hace un par de semanas producto de la conversación que sostuve con un amigo me animé a alquilar el DVD de la película de dibujos animados: Ratatouille, donde al inicio aparece el chef Auguste Gusteau, un experto en cocina y dueño de restaurante, que según la trama escribió un libro titulado: “Cualquiera puede cocinar”, el cual se convirtió en un best seller. La popularidad de su libro y lo profundo de su convicción de que cualquiera podía cocinar fue tal que no sólo inspiró a sus empleados sino hasta una rata llamada: Remy, quien al final de cuentas se constituye en la protagonista de la película. Bueno, en medio de la pasión del chef Gusteau y del éxito de su libro no todo el mundo compartía su filosofía de que cualquiera podía cocinar. Un crítico culinario, Anton Ego, se expresó despectivamente de su libro diciendo: “Simpático título: ´Cualquiera puede cocinar´. Y aún más simpático es que Gusteau crea que eso es posible. Yo al contrario diría que la cocina es algo serio. Y no… ¡No creo que cualquiera pueda cocinar!”

¡Vaya palabras! Aunque sólo es una película pienso que Anton Ego tiene cierta razón, no todos van a convertirse en chef profesionales. Para eso se necesita una vocación y muchos años de estudio. Por otro lado, Gusteau también tiene razón: “¡Cualquiera puede cocinar!” Sino profesionalmente, por lo menos empíricamente. En este sentido, la composición de cantos es igual. No todos serán compositores profesionales, pero la mayoría puede convertirse en compositores ´amateurs´. ¡Como lo somos la mayoría! Si se fija bien, la mayoría de los que componemos aprendimos a hacerlo empíricamente y sin una serie de estudios formales. Todos aprendimos componer en la calle, ¡a pié!, no en las aulas. ¿Por qué? Porque para ser un compositor simplemente se requiere tener la disposición de adquirir las cualidades necesarias para serlo. ¿Qué cualidades? He aquí algunas:

Visión
Pasión
Conocimiento
Sabiduría
Análisis
Intuición
Discernimiento
Musicalidad
Creatividad
Sensibilidad
Curiosidad
Paciencia
Valentía
Disciplina
Etc.

Quizá usted ya posea algunas de ellas, otras seguramente no. Pero eso no importa. Estas cualidades pueden irse adquiriendo durante el camino si por lo menos en este momento usted tiene disposición. Sí, si hay disposición dentro de usted por aprender entonces las demás cosas vendrán por añadidura.

Note que en ninguna parte he dicho que para aprender a componer debe saber cantar o tocar un instrumento. No, nadie queda descalificado por no saberlo. Usted solamente necesita estar dispuesto a crecer y verá que más pronto que tarde escribirá sus primeras canciones. Al decir esto no quiero decir que saber cantar o tocar no sirve de nada. ¡Qué va! ¡Claro que sí sirve! Pero si en este momento no sabe, no se preocupe. Que el mundo está lleno de compositores noveles que no pueden hacerlo y que simplemente creyeron, como el chef Gusteau, que: “¡Cualquiera puede cocinar!”

Segundo: para cocinar usted debe poseer los implementos necesarios.

Como dije al inicio tengo cierta afición por los programas de cocina. Es el hobbie oculto que nunca revelé, jeje. Claro, no es por todos, sino por aquellos cuyos presentadores son hombres chef. Usted sabe que la cocina es un arte mayormente dominado por las mujeres. ¡Y los programas de televisión también! Por eso, cuando aparece un chef cocinando en la pantalla no sé por qué pero digo dentro de mí: “¡Cómo me gustaría ser ese tipo!” Esa facilidad que tienen de tomar algo y mezclar, hablar mientras preparan un platillo y cocinar, no sé, ver eso a mí en lo personal me relaja la mente. Por otro lado, otra cosa que me resulta interesantísima es la disponibilidad de recursos con los que cuentan. En un programa de televisión a un chef nunca le hace falta nada, todo está a su alcance. Un excelente equipo de cocina, infinidad de ingredientes y sobre todo: interminables ideas para preparar. Por eso, pienso que la composición es igual a cocinar porque usted y yo, como buenos chef´s de canciones, debemos tener a nuestra disposición todos los recursos necesarios para desenvolvernos en el arte. ¡Qué sería de un chef sin sus ingredientes! ¡Qué sin una batería de cocina y la estufa! Lo mismo podríamos decir del compositor: ¡Qué haría sin papel y lápiz! ¡Qué sin un espacio donde crear, un instrumento musical o una grabadora para almacenar ideas! Así como un cocinero tiene sus implementos listos y a su alcance, un buen compositor se rodea de las siguientes herramientas a la hora de componer:

Agenda:

El compositor necesita designar un tiempo del día para dedicarse a escribir.

Papel y lápiz:

El compositor requerirá de mucho papel y de muchos lápices, ¡y sacapuntas!, para desenvolverse libremente en su obra creadora. ¡Ah! ¡Y también de un cesto de papeles!

Libreta de apuntes:

Una que pueda llevar a diario para almacenar ideas creativas para títulos y letras de canciones.

Diccionarios:

De la lengua, de sinónimos y antónimos, y de rimas. Son útiles para el perfeccionamiento de letras. En Internet hay algunos gratuitos a disposición.

Sistema de almacenaje:

Una grabadora portátil, de casetes o digital, es útil para almacenar figuras melódicas y armónicas. Sino se posee, entonces debe ingeniárselas para utilizar su teléfono celular o la contestadota automática del teléfono de la casa para grabar toda idea que surja.

Un instrumento musical:

Si sabe tocar entonces es importante que lo tenga; sino, tendrá que hacer planes para aliarse con un músico que le colabore en completar la parte armónica de sus canciones.

Nota: Si desea profundizar un poco más en estos implementos le invito a lea las dos partes de la serie: Herramientas del buen compositor.

Si se fija bien, casi todos los implementos que he detallado son baratos, exceptuando el instrumento musical y la grabadora digital, todos están a su alcance. Quien tome en serio la Aventura de Componer verá la adquisición de estas herramientas como una inversión, no como un gasto. Como lo que son: elementos indispensables para cocinar canciones.

Tercero: para cocinar usted debe tener un objetivo en mente.

Cuando alquilé la película Ratatouille, encontré algunos extras incluidos al final del DVD. Uno de ellos se titula: “Buena comida y la película: Una conversación con Brad Bird y Thomas Keller”. En ella se muestra como la asesoría del chef Thomas Keller, uno de los mejores chef de EE.UU. y dueño de restaurantes, contribuyó a la realización de esta película animada. En un momento de la entrevista menciona algo que vincula la labor del cocinero y del compositor. Él dijo: “Cualquier puede cocinar, sólo hay que tener el deseo y la decisión de crear algo que te enorgullezca ofrecer…” Luego añade: “Mi mentor fue Roland Henin, a quien conocí a principios de los setenta. Él me hizo comprender que existía un vínculo emocional, que realmente cocinaba para alguien y que lo que hacía era capaz de provocar placer. Esa revelación me llevó a replantear mi actitud hacia lo que hacía y por qué lo hacía”.

Me resulta interesante pensar en las palabras del chef Keller porque cuando un cocinero tiene una filosofía de trabajo así su labor adquiere una dimensión más trascendente. Ya no lo hace porque es su empleo ni porque “¡Ni modo, esto es lo que estudié!”; sino porque quiere transmitir algo con su comida. Llámese: placer, emoción o bienestar. Y si se fija bien, quien escribe canciones tiene una misión similar, la de transmitir y comunicar algo. Un mensaje, una emoción, ¡bienestar! Sí, así como Keller, usted debe tener un objetivo en mente cuando se proponga escribir. Esto no es cuestión de crear por el simple hecho de hacerlo. Usted debe saber por qué y para qué va a crear. Debe tener un propósito. Un propósito similar al que tiene un cocinero cuando sirve su plato a un comensal. Él lo hace porque quiere que su comida guste, llene y satisfaga. Y usted, como compositor, debería hacer lo mismo. Debe escribir con la firme intención de que sus canciones gusten a las personas, llenen sus corazones y satisfagan alguna necesidad espiritual. Usted trabaja para eso, no para usted mismo, es para alguien más. No para hacerse famoso ni ganar dinero, sino para contribuir a la vida de las personas.

Continúa…

PREGUNTAS PARA LOS LECTORES DEL BLOG: ¿Qué opina de las similitudes entre la cocina y la composición que se han mencionado? ¿Qué otras cree usted que podrían haber?