Cómo elaborar listas de canciones (Quinta parte)

Cómo elaborar listas de canciones (Quinta parte)

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Listas de cantos 510 Principios que pueden ayudarle en esta tarea.

La vez anterior hablé de El principio de los ejes y sugerí una forma de combinar las canciones horizontales y verticales dentro de la lista de cantos. También hablé acerca de El principio de la continuidad y expuse mi convicción que entre canto y canto no deberían haber pausas prolongadas. Que la dirección de la adoración debería ser un vuelo de un solo despegue, no de varios, para que de este modo se alcance la altura emocional de la adoración. En esta oportunidad presentaré un principio más que podría ayudarle en la elaboración de sus listas de cantos.

  


8. El principio del crescendo

“Elabore su lista de cantos pensando en el crescendo”.

Crescendo es la palabra que se usa musicalmente para definir las gradaciones e intensidades de la música. En la dirección de adoración también hay crescendo, no solo en las canciones en sí, sino en la dirección total del tiempo de alabanza. Es decir, se comienza en un punto y se va avanzando hacia otro más alto, el cual se toca al final de la ministración. Podríamos decir que es una especie de curva ascendente donde las primeras canciones perfilan la dirección hacia arriba y las siguientes los lugares altos de expresión de adoración que se alcanzarán.

Definitivamente medir el crescendo de un tiempo completo de adoración es algo muy subjetivo. No hay medidores físicos para ello. Puede ser tan pero tan subjetivo que según la satisfacción que sienta el director de adoración con su trabajo podría opinar que se alcanzó un gran clímax en la alabanza o que todo fue un rotundo fracaso. Es por eso que el crescendo al que me refiero no es uno que debamos cuantificar, sino uno que debemos aspirar alcanzar independientemente que se pueda medir.

Cuando hablo de buscar el crescendo en la lista de cantos me refiero a por lo menos dos. El primero: El crescendo rítmico.  El cual considera el ritmo de las canciones para seleccionar el orden en que irán dentro de la lista.

Por ejemplo, la primera canción con que se puede empezar el tiempo de alabanza podría ser “Ven, es hora de adorarle”. Una canción de ritmo transicional, es decir, ni muy rápida ni muy lenta, y de este modo comenzar el tiempo de cantos en la iglesia. Posteriormente podría cantarse un par de canciones pop rock tipo: “Eres digno de gloria” o “Eres Todopoderoso” para terminar cantando algunas canciones rítmicamente más aceleradas tipo góspel como: “La canción feliz” y “Bueno es Dios”.

¿Lo ve? Es bueno buscar ese tipo de crescendo ya que si se suma a El principio de la continuidad el tiempo de alabanza experimentaría un crecimiento en la emoción de la congregación. Claro, esto es inmedible, pero por lo menos en teoría es lo que se podría esperar si el equipo de alabanza hace bien su trabajo.

Otro ejemplo de Crescendo rítmico podría ser comenzar con la canción “La casa de Dios”, descansar un poquito con unas un tanto más lentas como “Bueno es alabar” y “Quiero estar contigo” que son de ritmo transicional para después continuar con otras de ritmos mesiánicos como “Levántate Señor”, “Canta, canta oh hija de Sión” y “Bueno es alabarte oh Dios”, etc.

Una vez más hay una curva invisible que el ritmo de cada canción de la lista de cantos va trazando al punto que se puede terminar el tiempo de canciones rápidas con una explosión muy especial de exaltación.

¿Qué pasa cuando no se sigue el Crescendo rítmico al dirigir la alabanza? No estoy muy seguro, pero existe la posibilidad que se estropee la dirección. Por ejemplo, si el director mete dos canciones rápidas, dos lentas, luego dos rápidas y dos lentas más intercaladas. O sea, una lista de cantos un tanto extraña podría estropear el momento de la alabanza ya que en lugar de que el ímpetu dibuje una curva ascendente trazaría una montaña rusa. La gente no tendría claro hacia dónde va.

Aunque mi punto podría ser debatible pienso que hacer eso no está del todo bien. Claro… ¡A menos que el Espíritu Santo guíe al director a hacerlo! Si verdaderamente es así, entonces… Adelante.

Un segundo tipo de crescendo que puedo señalar y que podría serle útil para implementar este principio es: El crescendo tonal. Es decir, diseñar la lista de cantos consciente de que está tomando en cuenta las notas musicales en que va cada canción. ¡Aquí es donde radica la importancia de contar con un Índice de canciones por nota musical! De lo cual hablé en El principio de los índices.

Muchas veces cuando decido el orden en que irán las canciones de mi lista aplico el crescendo tonal y me fijo en la nota que van.

Por ejemplo, mi lista puede comenzar con “Ven, es hora de adorarle” que en mi iglesia cantamos en “Re mayor”. Luego a la mitad de la canción subimos a “Mi mayor” hasta terminarla. Como sé que estamos en “Mi mayor” puedo quedarme en ese mismo tono y comenzar a cantar “Te alabaré mi buen Jesús” y unirla con “Con humildad” que también va en “Mi mayor” y llevan un ritmo similar. Al finalizarlas puedo seguir con “Grandes cosas ha hecho el Señor” que va en “Sol mayor” y terminar con “Yo sé quién soy yo” que en mi iglesia cantamos en “Sol sostenido”.

¿Me doy a entender? Comencé la lista en “Re”, subí a “Mi”, permanecí en “Mi” con unas canciones más y avancé a “Sol” para terminar en “Sol sostenido”.

¿Qué pasó aquí? Simplemente apliqué el crescendo tonal basado en la nota que va cada canción y eso, unido a El principio de la continuidad incrementa la emoción del tiempo de alabanza, lo cual favorece la expresividad de la congregación.

¿Cómo se puede aplicar El principio del crescendo en las canciones lentas? Fácil. Dos ideas que siempre aplico son usar el Crescendo tonal y unir canciones para no detener la adoración. Es decir, crear las famosas “cadenas”. En lugar de encadenar canciones rápidas (cosa que suelo hacer), encadeno canciones lentas.

Por ejemplo, podría comenzar el tiempo de adoración cantando “Hermoso eres” que va en “Sol mayor”, luego de finalizarla y sin detener la rítmica de la canción subir a “La mayor” y cantar “Jesús, eres mi buen pastor”.

Si lo deseo puedo detenerme allí y terminar, sino bien podría unir otra canción como: “Mas el Dios de toda gracia”, que cantamos en “La mayor”, hasta finalizarla subiendo de tono en tono hasta «Do mayor».

Algo que recientemente hice en una lista de cantos fue arreglar la rítmica que usualmente utilizamos para “Cantaré de tu amor”, que tocamos en “Do mayor” y la aceleramos levemente. A mitad de la canción subimos a “Re mayor” y al finalizarla y sin detener el ritmo comenzamos a cantar “Yo te busco”. Ambas cazaron bien, tanto tonalmente como rítmicamente.

En estos ejemplos anteriores he aplicado El principio de la continuidad y El principio del crescendo durante el momento de canciones lentas. Ojala le sirvan como ilustraciones de que todos los principios tienen la versatilidad de fusionarse más de alguna vez.

Continúa…

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