Cómo identificar falsos maestros (Cuarta parte)

Cómo identificar falsos maestros (Cuarta parte)

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¿Son falsos profetas algunos cantantes que son pastores?

En la entrada anterior compartí siete cosas de cómo no se evalúa a un falso maestro, así que en esta oportunidad comenzaré a develar las cinco piezas del rompecabezas que nos permitirá saber con exactitud quién sí y quién no lo es. Y como dije en la primera parte: “Mi intención al tocar este tema, que para algunos será polémico, no es hacer el trabajo que a usted le corresponde. Yo solo voy a compartir lo que creo que la Escritura enseña al respecto y será usted quién al final decidirá quién sí y quién no entra bajo la categoría de falso maestro. ¿Es Marcos Witt un falso profeta? ¿Podría serlo Jesús Adrián Romero, Danilo Montero, Marcos Vidal, Marco Barrientos y otros más?”

Bueno, esto es lo que el Señor Jesucristo y los apóstoles enseñaron al respecto.

CINCO CARÁCTERÍSTICAS DE UN FALSO MAESTRO

Si usted revisa el Nuevo Testamento comprobará que se insta al cristiano a tener cuidado de los falsos maestros y a velar por la sana doctrina. Los siguientes pasajes son ejemplos de ello: Mateo 7:15-20, 24:4, 23-27; Hechos 20:28-30; Gálatas 1:8; Colosenses 2:8; 1 Timoteo 4:1; 2 Pedro 2:1 y 1 Juan 4:1.

Si usted hace el ejercicio de buscarlos y leerlos detenidamente confío que estará de acuerdo conmigo en que los evangélicos que se mantienen al margen del tema, no tienen argumento para sostener que es incorrecto decir quién sí y quién no es un falso profeta. La Biblia es clara en cuanto a animarnos a protegernos de ellos y de sus falsas enseñanzas. Pero para lograrlo primero hay que identificarlos.

Siendo más puntuales, ¿cómo se puede establecer quién es un falso maestro sin temor a equivocarnos? ¿Cómo se puede saber con certeza de que alguien es un falso mensajero de Dios? Bueno, estas son las cinco piezas de rompecabezas que al juntarlas le servirán para desenmascararlos:

1. Por su fuente.

¿Cuál es la fuente de verdad de la que un predicador extrae sus enseñanzas? ¿En qué fundamenta las verdades que enseña? ¿Es únicamente y exclusivamente de la Palabra de Dios o las obtiene de libros que equipara al mismo nivel de la Escritura?

Dígame la fuente de verdad de un predicador y le diré si es un falso maestro o no.

Cuando reflexionamos en las palabras de Jesús en Mateo 7:15-20 descubrimos por qué a veces es tan difícil desenmascarar a un falso predicador. El Señor dijo que ellos serían lobos que se vestirían de ovejas y entonces se inmiscuirían entre el rebaño. Es decir, es difícil de identificarlos porque se parecen a nosotros, están en nuestras congregaciones y hasta enseñan desde nuestros púlpitos. O sea, ¡parecen ovejas! Aun así, la primera pieza del rompecabezas que tiene que ver con la fuente de donde estos predicadores extraen sus enseñanzas nos resulta muy útil al momento de querer desenmascararlos. Por lo tanto, si logramos definir de dónde obtienen su verdad, sabremos si son verdaderos o no.

Como usted sabe, un predicador cristiano comunica el mensaje de la Palabra a través de sus sermones, ¿verdad? Lógicamente él va a usar la Biblia para fundamentar sus enseñanzas. Bueno, o por lo menos en la teoría debería ser así. Sin embargo, una cosa es un sermón que extrae sus ideas de la Escritura (a eso se le llama: exégesis) y otra uno que le inserta sus ideas a la Escritura (a eso se le llama: eiségesis). Hay predicadores que en lugar de partir de la Biblia para obtener la verdad que enseñarán, van a la Biblia para encontrar respaldo a cosas que creyeron antes y que no necesariamente provienen de la Palabra de Dios. ¿A qué me estoy refiriendo? A que una cosa es extraer la verdad de las Escrituras y otra insertarle nuestra verdad a ella provocando así que diga lo que nosotros queremos que diga. No lo que realmente dice.

Por ejemplo, la doctrina de la Confesión Positiva que están enseñando un montón de predicadores evangélicos no es una doctrina de las Escrituras, sino ideas traídas de libros de metafísica e insertadas a las Escrituras. ¿Enseña la Biblia que los cristianos podemos hacer visible lo invisible con nuestras confesiones? ¿Dice la Palabra de Dios que lo que hablemos, sea bueno o sea malo, se hará realidad si lo decimos con suficiente fe?

En ninguna parte.

A menos que alguien tuerza un texto bíblico y lo saque de su contexto, entonces provocará que la Biblia diga algo que ella no dice. Muéstreme un pasaje bíblico que enseñan los amantes de la Confesión Positiva y le mostraré un pasaje bíblico sacado de su contexto inmediato o del contexto general de las Escrituras.

Proverbios 6:2 nos ilustra muy bien este punto. Dice: “te has enredado con las palabras de tu boca y has quedado atrapado en los dichos de tus labios”. “¡Lo ve!”, dicen los de la Confesión Positiva, “¡ten cuidado con lo que dices porque si no te pasará conforme a lo que has confesado!”

¿Dice eso Proverbios 6:2? No, el versículo uno nos muestra de qué está hablando el autor: “Hijo mío, si has salido fiador por tu amigo o le has empeñado tu palabra a un extraño”, es entonces que dice: “te has enredado con las palabras de tu boca y has quedado atrapado en los dichos de tus labios”.

¿A qué se refiere entonces el pasaje? No a que tengamos cuidado de nuestras confesiones, sino a que no seamos fiadores de otras personas y a que no hagamos promesas que después no podremos cumplir.

Así podría citarle ejemplo tras ejemplo, pero la verdad es que yo ya hablé de este tema en el blog. Por lo que si usted desea realizar un estudio más afondo acerca de la Confesión Positiva y su repercusión en la adoración y la composición, le invito a que lea la serie ¿Positivo o negativo? Para leerla en este momento simplemente de clic sobre el título.

El grave problema de los evangélicos que creen en la Confesión Positiva es que no están usando la Biblia como única fuente de verdad, sino que, sin darse cuenta, están trayendo de libros metafísicos enseñanzas que la Biblia no respalda. Y hacer eso es rebajar la Escritura al mismo nivel de libros como el de la gurú del pensamiento positivo Rhonda Byrne, autora de “El Secreto”.

Mire, si uno escarba en la historia verá que “El Secreto” no es tan secreto ya que otros maestros, décadas antes que ella, ya habían enseñado al respecto. Por ejemplo, el ya fallecido E. W. Kenyon (1867-1948). Lo único que hizo Byrne fue diseñarle un nuevo envoltorio al engaño metafísico del pensamiento positivo.

“Pero mi pastor”, dirá alguien, “jamás leyó ´El Secreto´. Él enseña sobre el poder de las confesiones porque extrajo esta verdad de las propias Escrituras”. ¿Ah, sí? Pues le aseguro que no. Que, si bien puedo creerle que su pastor no leyó “El Secreto”, definitivamente tuvo que haber oído o leído alguna enseñanza de Kenneth Hagin, Kenneth Copeland o de su séquito de discípulos y sub discípulos que han emergido tanto en EE.UU. como en Latinoamérica y de allí su pastor tomó como verdad algo que la Biblia no enseña. Por eso, si usted rastreara de dónde aprendieron Hagin y Copeland sobre la Confesión Positiva se podría llegar hasta E. W. Kenyon, uno de los grandes gurúes de la doctrina metafísica del pensamiento positivo.

¿Recuerda cuando le dije que un falso maestro muchas veces no sabe ni él mismo que es un falso maestro? Bueno, quienes enseñan la doctrina de la Confesión Positiva son ejemplo de esto. Ellos mismos no se dan cuenta de su error y por eso suelen enseñar libre y abiertamente del tema sin estar conscientes del engaño.

Quien enseña sobre la Confesión Positiva desde un púlpito evangélico es alguien que le mete a la Escritura algo que ella misma no dice. En este sentido, cuando alguien enseña la Biblia de modo incorrecto, es decir, haciendo eiségesis, engaña a las personas haciéndoles creer, por ejemplo, que tienen súper poderes en su boca, en sus palabras y en sus confesiones.

La forma correcta de estudiar, reflexionar y predicar las Escrituras es haciendo exégesis, respetando el contexto inmediato del pasaje y el contexto total de las Escrituras. Si alguien comete eiségesis corre el riesgo de encontrar respaldo en la Biblia prácticamente para cualquier cosa que se le pueda ocurrir. Y es de esa forma que surgen las malinterpretaciones y las herejías.

¿Significa esto que un pastor no puede predicar sermones temáticos o biográficos, sino solo sermones expositivos o textuales (que su característica principal es la exégesis)? No, pero sea cual sea el tipo de sermón que él escoja para presentar el mensaje de la Palabra siempre deberá hacer una correcta exégesis del texto o de los textos que utilice antes de poder exponer con fidelidad la verdad de las Escrituras. Sea cual sea el tipo de sermón que dicte siempre es recomendable hacer una correcta exégesis. De este modo, podrá tener la certeza de que está extrayendo sus pensamientos de la Palabra y no haber metido los propios a la Escritura, provocando, como ya dije, que la Biblia diga cosas que no dice.

Muéstreme un falso maestro y le mostraré un predicador que suele incurrir en eiségesis. Muéstreme un verdadero maestro y le mostraré un predicador que hace una correcta exégesis.

Alguien me podría preguntar: “Basado en lo que acabas de decir, ¿significa esto que un pastor no debería recurrir a otros libros para enriquecer sus enseñanzas?” No, en ningún modo he querido decir eso. Si un pastor, después de hacer una correcta exégesis del texto, recurre a otros libros u otros recursos para tomar frases, ilustraciones o anécdotas que enriquezcan su enseñanza para hacer más claro el mensaje que dará a su audiencia, ¡fantástico! Pero una cosa es hacer exégesis y conseguir recursos ilustrativos, y otra muy pero muy distinta hacer que la Biblia diga cosas que ella no dice. Y muchas veces eso ocurre cuando se le da la relevancia a otros libros y a otros autores al mismo nivel de las Sagradas Escrituras. Y hacer eso es muy peligroso.

Continúa…

1 Comentario

  1. Excelente artículo Noel. Creo que la mayor parte de estos errores se dan porque los predicadores ya no preparan sus mensajes a través de la fuente más confiable “La Palabra”, sino que la falta de diligencia los hace buscar otras fuentes con un mensaje “masticado” y listo para ser predicado, pero esto puede ser muy peligroso para la iglesia.

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