Cómo traer los cantos de los cielos a la Tierra (Cuarta parte)

Cómo traer los cantos de los cielos a la Tierra (Cuarta parte)

Hablar de la música del antiguo Israel y no hablar de los Salmos sería como hablar de la música estadounidenses sin mencionar el country, de la música mexicana sin hablar del género ranchero o hablar de la música brasileña sin mencionar la bossa-nova. Y lo mismo sucedería si hablamos de los cantos de los cielos en la tierra y no habláramos del libro de los Salmos. No hacerlo sería una gran omisión.

Nuestras Biblias cuentan con 150 Salmos; sin embargo, no fueron los únicos que los salmistas escribieron. Por ejemplo, Salomón, que escribió dos de ellos (el 72 y 127), no fueron los únicos que compuso. 1 Reyes 4:32 dice: “también pronunció tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco”. Es decir, Salomón escribió más de mil canciones.

¿Cuántos más habrán escrito Asaf y los hijos de Coré que compusieron 12 cada uno? ¿Cuántos más habrán escrito Moisés, Hemán y Etán que por lo menos contribuyeron con uno? ¡Qué del rey David! ¿Cuántos habrá escrito él?

Samuel Pagán, autor del libro “De lo profundo, Señor, a ti clamo”, nos brinda una idea de cuántos Salmos pudo haber compuesto David: “Es muy generalizado el reconocimiento de David como autor principal del libro de los Salmos. De esa época, uno de los manuscritos de Qumram (II QPsa) incluye una importante nota en torno a las composiciones poéticas de David, que le fueron dadas por Dios: Tres mis seiscientas (3,600) alabanzas, 446 cánticos para la adoración diaria y eventos especiales, y cuatro canciones que debían entonarse con harpas o liras para liberar a personas atormentadas por espíritus. ¡Un gran total de 4,050 composiciones!” (1).

¡4,050 canciones! ¡Vaya que era un compositor prolífico!

El asunto es que, si coincidimos con la época de la recopilación de los Salmos, como bien dice Samuel Pagán: “pensamos que por el siglo tercero o cuarto antes de Cristo. A esa altura ya tenían una forma bastante definida” (2), esto significa que durante el proceso de recopilación y selección se perdieron cientos de salmos y que los 150 que tenemos en nuestras Biblias son los que el Señor, soberanamente, permitió que conozcamos, estudiemos y cantemos el día de hoy.

Ahora bien, para comprender la relación de los Salmos con los cantos de los cielos debemos avocarnos a lo que dijeron el Señor Jesucristo y los apóstoles sobre los Salmos y así tener un atisbo de cómo fue su proceso de inspiración. Lee conmigo lo que dijo Jesús al respecto:

Pues el mismo David dijo por el Espíritu Santo:
´Dijo el Señor a mi Señor: ´Siéntate a mi diestra,
hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies´”
Marcos 12:36
.

Jesús hizo alusión al Salmo 110, pero aseguró que lo que dijo el rey David fue bajo la inspiración del Espíritu Santo. Pero vamos, cuando David compuso este Salmo no solo lo habló o recitó, sino que también lo cantó. Es decir, el Espíritu Santo cantó a través de él estas palabras proféticas sobre el Mesías.

¿Sabes lo que significa esto? ¿Comprendes sus implicaciones? Que los Salmos, además de ser inspirados por el Espíritu Santo, nos hablan de la íntima relación que hay entre el Espíritu y la composición de canciones.

El apóstol Pedro también deja entrever esta relación. Cuando llegó el momento de escoger al substituto de Judas, Hechos dice:

En aquellos días Pedro se levantó en medio
de los hermanos
(y los reunidos eran como ciento
veinte en número), y dijo: Varones hermanos, era
necesario que se cumpliese la Escritura en que el
Espíritu Santo habló antes por boca de David

acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron
a Jesús.
Hechos 1:15-16.

Fíjate, Pedro cita el Salmo 69 y el 109, pero no solo citó esos Salmos, sino que aclaró que dichas palabras provenían del rey de David. Por eso dijo: “hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David…” Pero si notas, las palabras que Pedro citó de David no solo fueron palabras, sino canciones. Es decir, Pedro dijo lo mismo que Jesús había dicho también: “hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo cantó a través del salmista David”. 

¿Me estoy dando a entender?

Lo que el Señor Jesucristo y el apóstol Pedro están hablando es que el Espíritu Santo depositó melodías y líricas e incluso, cantó a través de los salmistas del Antiguo Testamento. Por lo tanto, si a todo esto le sumamos que el Espíritu Santo es el Espíritu del Dios del cielo, estos pasajes nos confirman que los Salmos son cantos de los cielos en la Tierra a causa del Espíritu Santo que los inspiró.

Yo pregunto: ¿será que los autores de los Salmos estaban conscientes del origen de sus canciones? ¿Veían ellos mismos sus salmos como provenientes de arriba? Sí, y por lo menos tres Salmos nos lo confirman. El primero dice:

Al Señor esperé pacientemente, y él se inclinó a mí
y oyó mi clamor. Me sacó del hoyo de la destrucción,
del lodo cenagoso; asentó mis pies sobre una roca y
afirmó mis pasos. Puso en mi boca un cántico nuevo,
un canto de alabanza a nuestro Dios; muchos verán esto,
y temerán, y confiarán en el Señor.
Salmo 40:1-3. 

El salmista dice que el Dios del cielo puso en su boca una canción, una nueva, una que él no conocía, pero que reconoce que fue Dios el que se la dio. Es más, este canto que el Señor le dio era tan poderoso que al escucharlo los demás provocaría que otros “temieran y confiaran en el Señor”.

¿Qué canción tiene dicho poder? ¿Qué canción tiene tal impacto que ocasiona que las gentes se reconcilien con Dios al escucharlo? Solo un canto que ha descendido del mismo cielo.

El segundo Salmo es este y dice:

Pero de día mandará Jehová su misericordia,
y de noche su cántico estará conmigo,
y mi oración al Dios de mi vida.
Salmo 42:8.

Este salmo deja entrever que, como parte de las misericordias que el Señor le brindaría durante el día, entre ellas estaría un cántico. “Su cántico”, le llama el Salmista. No se lo atribuye a sí mismo, sino a Dios. Este es un cántico que provino del cielo y que lo acompañaría en la noche y mientras permanecía en actitud de oración.

Y por último, el siguiente Salmo dice:

Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia;
con cánticos de liberación me rodearás.
Salmo 32:7.

Una vez más vemos al salmista atribuyéndole canciones a Dios. ¿Qué sería lo que rodearía al salmista? ¿Con qué lo envolvería el Señor? Con canciones. No con una, sino con varias. Por eso lo dice el plural, no en singular. El Dios del cielo lo rodearía con canciones de liberación esa vez que lo necesitaba y las veces que lo requiriera en el futuro.

En conclusión, Dios les obsequiaba a los salmistas canciones del cielo a través del Espíritu Santo que actuaba dentro de ellos. Sus dones musicales y sus capacidades artísticas eran una excelente pista de aterrizaje para estos cánticos que al final conformaron el libro de los Salmos y que actualmente nosotros conocemos. Por lo tanto, esto nos confirma una vez más que el Antiguo Testamento habla periódicamente acerca de canciones que el Dios del cielo inspiraba a sus compositores y que de alguna u otra manera ellos sabían que no pudieron haber compuesto por ellos mismos, sino el Señor a través de ellos.

Continúa leyendo la Quinta parte.

Notas:  

(1) Pagán, Samuel. “De lo profundo, Señor, a ti clamo. Introducción y comentario al libro de los Salmos”.  Editorial Patmos, Miami, Florida, EE. UU. Pág. 43.

(2) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/siete-grandes-caracteristicas-de-los-salmos/conversando-sobre-los-salmos-primera-parte/

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