Cómo traer los cantos de los cielos a la Tierra (Décima parte)

Cómo traer los cantos de los cielos a la Tierra (Décima parte)

Esta es la penúltima entrada de la serie y los últimos consejos para quienes anhelen sanamente practicar la dinámica de traer los cantos de los cielos a la tierra. Aquí van:

9) Cuídate de no caer en misticismos y exageraciones.

Una cosa es tener un anhelo sano por escuchar las canciones de los cielos a través del Espíritu Santo que habita en nosotros y otra muy distinta querer provocar experiencias espirituales con el fin de diseñar fórmulas para estandarizarlas como método de composición. Mira, componer es una labor espiritual y creativa que como compositor puedes realizar en cualquier momento y a cualquier hora. Recuerda, tú ya estás en Cristo, desde que despiertas hasta que te acuestas, inclusive mientras duermes, tú estás en Cristo. Y eso de por sí te posiciona en “los lugares celestiales” 24 horas al día, los 7 días de la semana.

Esto significa que si siempre estás en Cristo, entonces, cuando tú decidas componer o sientas el impulso por componer, siempre estarás componiendo desde el cielo porque en Cristo estás a la diestra el Padre (Ef. 2:5-6). Esto de traer los cantos de los cielos a la tierra no es algo místico donde debes de tener una visión como la de Isaías capítulo 6 o flashazos del salón del trono como Juan de Patmos. No, el proceso de composición, por el solo hecho de que tú ya estás en Cristo y el Espíritu Santo habita plenamente en ti, hace de esta labor un trabajo plenamente espiritual.

Eso sí, saber que todo lo que hacemos siempre es en Cristo, no quita que puedas tener experiencias sobrenaturales mientras adoras en privado y donde sientes que has sintonizado, por decirlo así, la radio FM del cielo. Como puedes decidir deliberadamente cuándo componer, no te sorprendas cuando sin tú proponértelo comiences a escuchar canciones mientras oras, te estés bañando, estés caminando e inclusive, cuando estés a punto de dormirte.

10) Olvídate de presumir que tu canción provino del cielo.

Cuando escribas una canción que creas que es de origen celestial, no es necesario que lo andes divulgando por doquier. Tú no necesitas contarles a todos que caminaste por las calles de oro, te zambulliste en el mar de cristal y mucho menos, que los ángeles se formaron en fila para practicar armonía en tu cuarto. No, procura ser humilde y no presumas este tipo de experiencias, que, por más que puedan ser ciertas (si es que lo fueran), lo único que provocarán es atraer la atención hacia ti mismo y no en el Señor.

Vamos, yo no digo de que sea un delito contarle a alguien o a un círculo de confianza una experiencia inusual de composición, ¡pero ten cuidado! Ten cuidado de no exaltarte a ti mismo y a tu espiritualidad más de la cuenta. Es por eso que el apóstol Pablo escribió: “y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne…” (2 Corintios 12:3-7).

En el pasaje anterior Pablo relató una visita extracorpórea al cielo, pero si lees detenidamente, él duda de hablar en primera persona y por eso relata la experiencia como si eso le hubiera ocurrido a alguien más. A medida que avanza en su descripción notas que está hablando de sí mismo, pero insiste en no gloriarse, en aclarar que no quiere que la gente tenga un concepto mayor del que es debido y por eso finaliza diciendo que “para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dad un aguijón”. Es decir, en lugar de jactarse y creerse la gran cosa, Pablo estaba consciente de sus luchas y debilidades.

Y nosotros deberíamos emular su ejemplo. Si él, que verdaderamente visitó el cielo, no se glorificó a sí mismo, nosotros tampoco debemos de hacerlo presumiendo nuestros éxtasis y formas inusuales de componer. ¡Ojo con eso!

11) Que una canción sea del cielo no significa que se incluirá en el canon.

A veces los compositores cristianos solemos ser bien ligeros cuando hablamos de la inspiración. Decimos fácilmente: “Dios me inspiró esta canción” o “Esta canción me la dio el Señor”. Pero a veces nuestro tono suena como a: “¿Sabes qué? ¡Esta canción tiene el calibre de cualquier Salmo!” o “¿Sabes? ¡Yo recibí la misma inspiración de los escritores del canon bíblico!” Y decir eso, insinuar eso o dar a entender eso, es muy peligroso.

Sí, yo estoy convencido de que el Señor inspira canciones, pero tenemos que tener cuidado de no ser arrogantes y equipararnos a los escritores de la Biblia e inclusive, a los salmistas que compusieron los Salmos. Como me relató el compositor salvadoreño Roberto Godoy: “Fíjate que cuando estaba estudiando en un instituto teológico en Inglaterra, un día dije: “Quiero cantarles una canción que me dio el Señor”. Yo dije esas palabras de corazón, pero al terminar se me acercó una misionera y me dijo: “¿Qué quisiste decir con eso?” Ella lo preguntó con total honestidad. O sea, me dijo: “Explícame cómo el Señor te dio esta canción”. Francamente me hizo pensar…” continuó diciéndome Roberto, “y procedí a contestarle: “Mira, no es que Dios me la susurró al oído, sino que como veo que me gusta, que bendice a la gente y que todo don perfecto viene de arriba, entonces, como es un regalo que está bendiciendo a la gente, por eso digo que Dios me la dio. Pero a ciencia cierta no puedo decir que trae “sello divino” (1).

Sí, el Señor te va a dar canciones, pero sé humilde y no equipares lo que escribas con los Salmos de la Biblia. Si bien tus canciones te las puede inspirar el cielo, no creas que se convocará un nuevo Concilio para convertir tu canción en el Salmo 151.

12) Que una canción sea del cielo no significa que no se pueda perfeccionar.

Algunos equivocadamente creen que cuando reciben en su interior una canción del cielo les vendrá completa y totalmente terminada. Vamos, puede que pase así; sin embargo, en muchas ocasiones — por no decir: la mayoría— solo emerge dentro de nosotros una pequeña porción de ella.

Un día mientras oraba sentí fuertemente la presencia de Dios y comencé a cantar espontáneamente una melodía inicial y así me quedé entonándola por varios minutos esperando que surgiera el resto, pero no apareció nada adicional. En ese momento sentí que el Señor me dijo: “Aquí está un pedacito de canción, ¡termínamela tú!” A los pocos días ya la había completado. Pero el génesis inicial solo fue un fragmento, no la recibí completa. Y la verdad, la mayoría de veces me ocurre así.

En el artículo: “Cómo nacen las canciones de adoración”, Paul Baloche dice: “la presencia del Espíritu Santo es como aceite, lubricando nuestros espíritus, causando que la música fluya. Quizá algo en el tiempo de adoración, una palabra, una frase, una línea, inicie algo en usted, y usted siga cantando sus propias frases de adoración en su corazón, surgiendo una melodía propia. Cuando eso suceda, escríbala. ¡Escríbala! No, no la recordará, así que use el reverso del boletín, su agenda personal o algún libro de notas que ande con usted. Luego, retome su idea inspirada y adore con ella hasta donde pueda. A veces pasa que el sermón hace surgir una idea y usted piense: “¡Necesitamos una canción que diga eso, inclusive el título del sermón podría ser un buen gancho!” La verdad es que es raro que obtenga más del 15% de una canción de ese modo, pero puede tener suficiente para un gran inicio. Agradezca al Señor por ese inicio, guárdelo y manténgalo siempre a la mano para otro momento (2).

Aun si fuera el caso que recibieras una canción de forma completa, eso no significa que no la debas perfeccionar aun más. Hay compositores que me han mostrado sus canciones y al sugerirles una mejora, me dicen: “No, el Señor me la dio así, no puedo tocarle ni cambiarle nada”. Vamos, no hay que ser tan rígidos y pensar que las canciones son intocables o que las arruinaríamos si les substituimos una palabra, un verso o mejoramos una melodía.

Mira lo que dice Darlene Zschech, quien en todo su capítulo “Música eterna”, del libro “Adoración sin reservas”, habla abundantemente sobre las canciones de los cielos. Ella sugiere que por más que vengan de arriba las canciones pueden ser perfeccionadas: “algunas veces el primer borrador es la forma final, pero lo animo que lo deje a un lado por un tiempo. Luego un día o más días después, léalo como si nunca lo hubiera visto antes. Busque una idea nueva; explore una nueva expresión para ver si la letra puede ganar claridad y significado. Revise en oración la canción de principio a fin” (3).

¿Lo ves? Por más celestial que creas que es tu canción, no seas rígido, estas son maleables y perfeccionables.

Continúa leyendo la Undécima parte.

Notas:

(1) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/dios-te-dio-esa-cancion/dios-te-dio-esa-cancion-primera-parte/

(2) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/miscelaneos/¿como-nacen-las-canciones-de-adoracion/

(3) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/fragmentos-de-libros/musica-eterna-segunda-parte/

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