Cómo traer los cantos de los cielos a la Tierra (Octava parte)

Cómo traer los cantos de los cielos a la Tierra (Octava parte)

Después de realizar un breve tour desde el Pentateuco hasta Apocalipsis y ver lo que la Biblia dice sobre este tema de los cantos del cielo en la tierra, permíteme brindarte algunos consejos si es que anhelas experimentar la música del cielo, aprenderla y compartirla con quienes te rodean. Aquí van:

14 CONSEJOS PARA QUIENES ANHELEN TRAER LOS CANTOS DE LOS CIELOS A LA TIERRA.

1) Recuerda que en Cristo ya estás en lugares celestiales.

Hace unos meses una amiga me relató como una supuesta profetiza le dio una profecía personal a ella y a su madre. Mientras esta mujer oraba les dijo: “El Señor las llama para que ya no se muevan en la esfera terrenal, él quiere que asciendan y se muevan en el nivel de los ángeles, arcángeles, serafines, etc.”. Al escuchar esto mi amiga abrió los ojos con cara de: “¿qué rayos está diciendo esta señora?”

Ella sabía que la profecía era un rotundo disparate.

El asunto es que cuando los creyentes olvidamos nuestra posición actual en Cristo incurrimos en desatinos como el de esta “profetiza” (entre comillas). Y ni se diga de creer que todo esto de los cantos de los cielos requiere sumergirnos en una dimensión angelical o celestial desconocida para entonces componer inspiradamente. No, según el apóstol Pablo los creyentes ya estamos allá arriba. Mira lo que dijo sobre dónde se sentó Cristo al nomás ascender al cielo: “la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Efesios 1:20). Fíjate, Pablo ubica a Cristo a la derecha del Padre, ¿y dónde es eso? En el cielo. Pero Pablo, en lugar de llamarle “el cielo”, le llama: “lugares celestiales”. La pregunta es: ¿en dónde estamos nosotros los creyentes? ¡En el mismo lugar! Por eso escribió después: “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:5-6).

En Cristo el creyente está sentando “en los lugares celestiales”, es decir, en el cielo, que es lo mismo. Esto significa que, si tú eres un cristiano con habilidades musicales, por el hecho de estar en Cristo, tienes la posibilidad de traer los cantos de los cielos a la Tierra por tu sola posición en él. Y esto por default aumenta tu capacidad de recibir inspiración del Señor para componer —como dice la canción— “música el cielo”.

Algunos cristianos, cuando de traer los cantos de los cielos a la tierra se trata, se confunden y comienzan a imaginar que tendrán visiones sobrenaturales o que visitarán el salón del trono para luego regresar a la realidad y comenzar a componer canciones producto de sus éxtasis espirituales. Pero vamos, que eso suceda o no en la vida de alguien depende de la soberana voluntad del Señor y no de nosotros mismos. De paso, no es correcto desear este tipo de experiencias olvidando que la vida cristiana no consiste en este tipo de cosas, sino en amar profundamente al Señor y a nuestro prójimo como Cristo nos enseñó. En este sentido, todo esto de traer los cantos de los cielos a la tierra es un asunto más práctico del que nos imaginamos. Es cuestión de alimentarnos diariamente de la Palabra de Dios, llenarnos constantemente del Espíritu Santo y reconocer la posición que ya tenemos en Cristo para entonces desarrollar nuestro oficio como compositores cristianos.

2) La oración te permite experimentar el cielo en la tierra.

Cuando Jesús nos dejó su oración modelo, dijo que oráramos así: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.  Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:9-10). Por lo tanto, la oración trae el cielo a la tierra. Cuando oras de verdad, pero estoy hablando de orar de verdad. Cuando oras fervientemente, con plena certidumbre de fe y dedicas un tiempo significativo para estar en la presencia de Dios, el cielo se hace real en tu vida. Tus emociones cambian, tus actitudes cambian, tu carácter y forma de comportarte en la vida también cambian.

El Espíritu Santo, a través de la oración, trae la atmósfera del cielo a tu corazón y te permite experimentar el amor que se respira allá arriba, el gozo que impregna a la eternidad y la paz de la presencia de Dios en tu propia habitación y dentro de tu corazón. En este sentido, cuando practicas la dinámica de la oración aumentan tus posibilidades de ser sorprendido por melodías y versos que posteriormente se podrían convertir en canciones. Darlene Zschech, en su libro “Adoración sin reservas” y en el capítulo “Música eterna”, dice: “las canciones que verdaderamente conectan el espíritu del hombre con su Creador siempre van a ser dadas a luz a través del muy usado sendero al trono de Dios, un camino que el compositor ha trabajado de ida vuelta muchas veces” (1).

3) La llenura del Espíritu Santo propicia la aparición de nuevas melodías.

Como demostré en la entrada donde hablé de Efesios 5:18-19, existe una íntima relación entre la llenura del Espíritu Santo y el deseo de cantar emotivamente al Señor e incluso, con la aparición de canciones nuevas. Ahora bien, creo que hay dos premisas que también nos pueden ayudar a comprender el vínculo entre el Espíritu y los cantos de los cielos.

a) El Espíritu Santo está en el cielo.

El libro de Apocalipsis nos muestra al Espíritu Santo en el propio salón del trono y permanentemente en el cielo. Juan escribe: “Gracia y paz a ustedes de parte de aquel que es y que era y que ha de venir; y de parte de los siete espíritus que están delante de su trono; y de parte de Jesucristo, el testigo fiel…” (Apocalipsis 1:4-5).

Este saludo a las iglesias de parte de “aquel que es y que era y que ha de venir” es una expresión en tres tiempos: pasado, presente y futuro, y es una clara alusión al nombre “Yo Soy” de Éxodo 3:14 que algunos comentaristas señalan que podría significar “yo fui el que fui, soy el que soy y seré el que seré”. Es decir, se refiere a Dios el Padre. Además, cuando Juan dice: “y de parte de Jesucristo el testigo fiel” es una clara alusión a Dios el Hijo. ¿Pero de quién está hablando cuando dice “los siete espíritus de Dios que están delante de su trono”? ¿A quién se refiere?

Al Dios el Espíritu.

Juan está hablando de la séptuple descripción que hizo Isaías del Espíritu Santo en Isaías 11:1. Cuenta y verás: Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová”.

El asunto es que cuando se sabe la identidad de “los siete espíritus de Dios”, que simbólicamente apela a la persona del Espíritu Santo, más adelante en su escrito Juan nos dice: “al instante vi un trono en el cielo, y a alguien sentado en el trono… Delante del trono ardían siete antorchas de fuego, que son los siete espíritus de Dios” (Apocalipsis 4:2, 5). Es decir, se nos muestra al Espíritu Santo en el salón del trono. Él es la luz que irradia de la presencia de Dios y que ilumina a quienes están allí. Él escucha la música que se ofrece constantemente delante del Rey del universo y es así como, en ocasiones, nos imparte algunas melodías y sonoridades para que podamos darlos a conocer en la tierra.

b) El Espíritu Santo está en la Tierra.

El Nuevo Testamento enseña que el Espíritu Santo no solo habita en el cielo, sino que fue enviado desde el cielo a la Tierra (ver: Luc. 11:13, Jn. 14:26, 15:26, Hch. 5:32, Rom. 5:5, etc.) y ahora habita permanentemente en los creyentes convirtiéndolos en su casa. Es por eso que la Biblia nos llama “templos del Espíritu Santo” (1 Corintios 3:16, 6:19).

Sí, el Espíritu está en el cielo, pero también está en la Tierra, en nuestros corazones. Y como templos del Espíritu, santuarios de su presencia y casas de adoración, él desea que en dichos edificios espirituales se ofrezcan alabanza energizadas, melodías nunca escuchadas y líricas con verdades de su Palabra delante del Padre y delante de los hombres (Ef. 5:18-19). Como afirma Michael Card, en su libro “Escritos en la arena”, en el capítulo “Un cántico nuevo”, dice: “El Espíritu de Dios deja melodías a su paso cuando se mueve, y en particular deja cánticos nuevos, cánticos que personifican su verdad y que son una respuesta obediente a su hermosura” (2).

¿Lo ves? El Espíritu Santo del cielo está ahora en tu vida y esta es otra manera de entender lo que el apóstol Pablo enseñó en Efesios 5:18-19 sobre cómo la llenura del Espíritu nos impulsa a cantar y componer cánticos celestiales.

4) No olvides que las Escrituras son la voz del cielo en la Tierra.

Las Escrituras son la voz de Dios en la Tierra; por lo tanto, cuando tú compones canciones con letras textuales de ella o donde parafraseas el texto bíblico o con las cuales compartes letras basadas en los principios de la Palabra, por default esa canción contiene un mensaje del cielo.

Por cierto, cuando alguien te diga que recibió una canción de allá arriba su letra NUNCA deberá contradecir las Escrituras. ¡NUNCA! ¿Por qué? Porque la Escritura fue inspirada por Dios y por lo tanto, toda inspiración musical que él infunda no contradecirá lo que él mismo inspiró antes en su Palabra y que ahora forma parte del Canon Bíblico.

A continuación te comparto como la Biblia misma nos dice que el Padre, el Hijo y el Espíritu participaron en la inspiración de las Escrituras y por lo tanto, ellas provinieron del cielo:

a) “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16). Toda la Escritura es inspirada por Dios, por el Dios del cielo.

b) “Los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a vosotros, diligentemente inquirieron e indagaron, procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían” (1 Pedro 1:10-11). El Espíritu de Cristo, que también está en el cielo, inspiró a los profetas del Antiguo Testamento.

c) “Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios” (2 Pedro :20-21). El Espíritu Santo, que nos fue enviado del cielo, también inspiró la Palabra de Dios.

Esto significa que, cuando compones cantos basados en las Escrituras, asumiendo que la estás interpretando correctamente y confiando que escogiste una buena melodía y adecuada armonización para acompañar a la letra, esa canción de por sí podría considerarse una canción del cielo. ¿Por qué? Porque las Escrituras fueron inspiradas por el Dios del cielo y de la tierra, y tú, por medio de una canción, estás comunicando el mensaje de ese Dios que quiere hablarle a los hombres.

Continúa leyendo la Novena parte.

Notas: 

(1) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/fragmentos-de-libros/musica-eterna-primera-parte/

(2) Card, Michael, “Escritos en la Arena, Cristo y la creatividad”, Editorial Unilit, 2004, Primera edición, pág. 51.

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