Cómo traer los cantos de los cielos a la Tierra (Primera parte)

Cómo traer los cantos de los cielos a la Tierra (Primera parte)

Estaba en San Miguel, la calurosa ciudad del oriente de El Salvador. Mi amigo Alfredo Maravilla me había permitido acompañar a Julio Melgar y a su banda que habían venido de Guatemala para una gira en algunas iglesias de la zona. El motivo por cual los acompañé era para sacarle una entrevista para la serie Conversando sobre composición que por años impulsé en mi blog.

El día que llegamos almorzamos con unos pastores, tuvimos un tiempo de oración por la tarde y por ahí de las 5 pm se hizo la prueba de sonido para la noche de adoracion que iniciaría a las 6 pm. El concierto terminó como a las 9 pm, fuimos a cenar y a eso de las 10 pm me senté con Julio para conversar.

No habían pasado ni 5 minutos cuando alguien del equipo me interrumpió, me llamó aparte y frente a Alfredo me reprendió por quererle hacer una entrevista a Julio a esas horas de la noche. Me sentí mal. Mejor dicho: me sentí triste. Esa persona no entendía lo que yo estaba haciendo y mucho menos estaba preocupada porque Julio descansara, sino que él quería irse a descansar y yo era quien se estaba interponiendo entre su cama y él. Así que luego del regaño regresé a donde estaba Julio y notó mi rostro cabizbajo. “¿Pasa algo?”, me preguntó. “Sí, no quieren que te haga la entrevista. Eso pasa”. “¡No les hagás caso!” respondió, “conversemos el tiempo que tengamos que conversar, yo decido cuánto tiempo quiero estar con vos, así que sigamos con la entrevista”. 

Recuperé el ánimo y entrevisté a Julio Melgar por 45 minutos.

A eso de las 11 pm nos despedimos. A Julio y a su banda los hospedaron en una especie de hostal y al resto que lo acompañamos en casas de hermanos. Yo me quedé en la casa de una familia compartiendo habitación con Will Coreas, el sonidista que había mezclado el concierto. Will estaba bien cansado así que a las 12 de la media noche ya se había dormido profundamente. Yo tardé una media hora más. Cuando ya me había lavado los dientes y empijamado, apagué la luz, me acosté, me cubrí con la sábana y al nomás cerrar mis ojos comencé a escuchar una canción. Sí, fue como si al cerrarlos hubiera dado play y voces comenzaron a cantar. Se oían como un coro gigantesco cantando en una catedral inmensa y cuyo eco hacía que se oyera aún más inmenso. El sonido lo percibía claro en mi mente, era como si tuviera puestos los mejores audífonos estereo en ambos oídos. La canción decía: “Quiero adorar tu nombre, quiero adorar tu majestad, quiero adorar tu dulce presencia, quiero adorarte más”. 

Inmediatamente prendí la luz, tomé mi grabadora digital donde había grabado la entrevista de Julio y me escondí en el baño, canté la melodía con la letra, pero susurrándola para no despertar a nadie. Al volver a la habitación apagué la luz y me cubrí con la sábana nuevamente. Al cerrar los ojos comencé a oír la canción otra vez, pero esta vez cantaba un solista. Ya no un coro. Decía: “Aquí estoy Señor Jesús para darte mi adoración, no con mis labios sino de mi corazón, quiero adorarte más”. Lo curioso es que al comenzar a escuchar “Aquí estoy Señor Jesús para darte mi adoración…” me asusté y abrí los ojos, pero ya no oí la canción. A los dos segundos los volví a cerrar y allí estaba oyendo otra vez al solista. Francamente me sentí tentado a abrir y cerrar los ojos tipo niño que juega a prender y a apagar la luz, pero me dio miedo perder la canción y que ya no escuchara nada. Así que permanecí con los ojos bien apretados y al nomás terminar de oírla me fui a meter al baño otra vez a susurrar la melodía en mi grabadora.

Estoy seguro que esa noche escuché una canción de los cielos.

“Quiero adorarte más”
Noel Navas.

Coro:
/Quiero adorar tu nombre
Quiero adorar tu majestad
Quiero adorar tu dulce presencia
Quiero adorarte más/

Aquí estoy Señor Jesús
para darte mi adoración
no con mis labios
sino de mi corazón,
quiero adorarte más

He comprendido que para ser
un adorador de verdad
debo entregarme
en completa rendición,
quiero adorarte más.

Yo sé que lo que te acabo de relatar es una experiencia muy subjetiva y puede que ni te guste la canción. Es más, es probable que mi relato no te transmita la emoción que yo sí sentí esa madrugada; sin embargo, te la comparto para ilustrarte que a veces la composición de canciones puede tener pinceladas de sobrenaturalidad. Claro, en ningún momento pretendo impresionarte o hacerte creer que soy una persona súper espiritual que oye los sonidos del trono 24-7. Para nada. Aunque he tenido otras experiencias inusuales como soñar canciones y despertar cantándolas, jamás de los jamáses he provocado o querido fabricar estas experiencias.

¿Será esto a lo que los cantantes y compositores se refieren cuando hablan de traer los cantos de los cielos a la tierra? ¿Son estas experiencias lo que dan la certeza de que una canción provino del mismo trono de Dios?

Yo pienso que no del todo. Que si bien estas experiencias pueden ocurrir y sé que les ha ocurrido a otros, no creo que este sea el modus operandi que deba esperar el compositor para definir si su canción provino de arriba ni tampoco el parámetro para decir: “¡esta canción está verdaderamente ungida!” La clave está, pienso, en ser equilibrados y no caer en misticismos.

Es que ese es el problema cuando se habla de traer los cantos de los cielos a la tierra, uno puede sentirse tentado a idear fórmulas para provocar este tipo de experiencias. Y eso no está bien. Lamentablemente, en muchísimas ocasiones los cristianos nos volvemos demasiado místicos y caemos en exageraciones, como que si esto de recibir la inspiración se tratara de practicar ciertas cosas y dejar de practicar otras, y de paso, creer que todo esto podría convertirnos en una casta superior de adoradores a quienes Dios les revela sobrenaturalmente canciones súper ungidas. No, no debemos ser místicos ni creernos más espirituales que los demás. Y que por favor quede claro que no estoy diciendo que un músico cristiano no deba abstenerse del mundo (1 Juan 2:15-17) como forma de agradar a Dios y ser más sensible a su dirección y guía. Mi punto es que al hablar de un tema así puede provocar que algunos crean que esto de escuchar los cantos del cielo se trata de un nuevo camino secreto o de una iluminación que solo cierto grupo de “salmistas” (entre comillas) pueden transitar. Por ejemplo, algunos equivocadamente creen que para traer lo cantos de los cielos a la tierra…

Se deben tener visiones sobrenaturales del cielo
El Señor Jesucristo se te debe aparecer en sueños
El Espíritu Santo hacerte tumbarte y hacerte temblar
Se debe aprender a comunicarse con los ángeles
Se debe pasar orando por lo menos tres horas al día
Se debe ayunar 21 días ininterrumpidamente, sino es que 40
Se debe dejar de ver películas del cine o la televisión
Se debe dejar de escuchar música secular y hasta cristiana
No se deben tener amigos que no sean cristianos
Etc.

Escuchar a algunas personas decir o insinuar este tipo de cosas me hace pensar que los músicos cristianos no hemos entendido qué significa traer los cantos de los cielos a la tierra. Y vamos, yo no digo que yo sí lo comprendo a plenitud, pero a través de estas entradas tendrás un atisbo de lo que realmente implica esta dinámica. Y como verás, traer los cantos de los cielos a la tierra, aunque tiene de sobrenaturalidad, no es una dimensión espiritual inalcanzable que solo una especie “Adoradores Jedi” y su conexión con la “La Fuerza” pueden experimentar. No, como demostraré en esta serie, por el solo hecho de que un cristiano con habilidades musicales permanezca en Cristo y sea sensible al Espíritu Santo, puede componer este tipo de canciones.

Esta serie está diseñada así:

Primero, estudiaremos qué dice el Antiguo Testamento sobre el tema.
Segundo, estudiaremos qué dice el Nuevo Testamento sobre el tema.
Tercero, estudiaremos qué dice el libro de Apocalipsis sobre el tema.
Y cuarto, te brindaré algunos consejos que pueden servirte para esta labor.

A medida que avances conmigo te invito a que no olvides lo siguiente: traer los cantos de los cielos a la tierra, aunque definitivamente implica un proceso espiritual, es una dinámica que, por estar en Cristo y ser templo del Espíritu Santo, cualquier creyente con habilidades musicales (y aún el que no) la puede experimentar.

Continúa leyendo la Segunda parte.

Notas: 

(1) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/conversando-sobre-composicion/conversando-sobre-composicion-con-marcos-brunet-primera-parte/

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