Cómo traer los cantos de los cielos a la Tierra (Séptima parte)

Cómo traer los cantos de los cielos a la Tierra (Séptima parte)

En la entrada anterior introduje el tema de los 144,000 que Juan describe en Apocalipsis 7 e intenté demostrar que ellos representan al pueblo universal de Dios, no a judíos naturales. Expliqué que el 144,000 es un número simbólico que representa a un pueblo literal, pero no a 144,000 exactos, sino a multitudes incontables. Además, te mostré que Apocalipsis 14 dice que estos 144,000 pueden aprender los cantos y los sonidos que se oyen delante del trono de Dios. Así que en esta entrada continuaremos hablando acerca de Apocalipsis 14. Por favor, lee conmigo los primeros versos una vez más:

Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre
el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil,
que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.
Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas,
y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como
de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico
nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes,
y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino
aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos
de entre los de la tierra.
Apocalipsis 14:1-3.

Como ya vimos, el Cordero de Dios y los 144,000 están firmes sobre el monte de Sión, aquí en la tierra. Y los cantantes y arpistas que cantan una nueva canción están delante del trono de Dios, allá en el cielo. ¿Quiénes son los únicos que pueden escuchar y aprender dicha música y dicha canción? Los 144,000 que fueron redimidos de los de la tierra. Es decir, la iglesia.

Este texto nos muestra claramente que traer los cantos de los cielos a la tierra es posible. Esto de hablar de la música celestial interpretándose entre los hombres no es cuestión de un lenguaje elegante, poético ni tampoco místico. No, la Biblia nos habla de que esta dinámica puede experimentarse realmente. No como ficción, sino de verdad.

El teólogo Juan Stam dice sobre la expresión “y nadie podía aprender el cántico” de 14:3:

“El verbo manthanó (“aprender”) tiene un campo semántico bastante amplio. En el griego podía significar también “entender”, “oír” o “compartir, participar, experimentar” … a menudo manthanó se refiere a nuevas vivencias y nuevas formas de conducta. Así, esta frase puede tener un sentido aparente, que solo los redimidos pueden aprender este cántico (letra y música), pero también que sólo ellos pueden oír, o sólo ellos pueden comprender, o solo ellos pueden participar en él” (1).

¿Sabes qué significa esto? Que si eres parte del pueblo de Dios tú podrías escuchar los cantos de los cielos por el solo hecho de pertenecer a Cristo. Es cierto, si tú posees dones musicales que has adquirido y perfeccionado en el tiempo, tus posibilidades de expresar estas canciones será más ágil. Sin embargo, el hecho de que no seas músico no te descalifica de poder adorar al Señor con cánticos del cielo cuando el Señor, en su soberana voluntad, te permita oírlos y aprenderlos.

Ahora bien, Apocalipsis 14 no se limita a describir esta extraordinaria experiencia de escuchar la música del cielo, sino que nos describe las características de este grupo selecto llamados: “los 144,000”. Estudiémoslas brevemente una por una:

1) Tienen el nombre de Dios en sus frentes (v. 1).

En el contexto total del libro de Apocalipsis el hecho de que los 144,000 posean el nombre de Dios en sus frentes y que hayan sido sellados con este en 7:3, es un claro contraste con la marca de la bestia y el grupo de personas que también fue sellado (ver: Ap. 13:16-17, 14:9, 11, 16:2, 19:20, 20:4). Como afirma Juan Stam: “aquí tenemos dos comunidades contrapuestas, marcadas por dos sellos distintos y marcando hacia dos destinos totalmente opuestos” (2). Es decir, Apocalipsis nos muestra a dos grupos de personas selladas: quienes fueron sellados con el nombre de Dios y del Cordero, y quienes fueron sellados con el nombre de la bestia.

¿Qué significa este tipo de marcas en Apocalipsis? En la serie Canciones escatológicas 24 compartí el significado de la marca y basado en Éxodo 13 demostré que tanto la marca de la bestia como la del Cordero simbolizan la lealtad que se le profesa ya sea a alguien o a un sistema de valores. Es en la frente porque detrás de ella está la mente y es en la mente donde reside la voluntad. Es allí donde el ser humano decide rendir su lealtad al Cordero o a la bestia, al reino del bien o al reino del mal, a la luz o a las tinieblas.

En este sentido, los 144,000, que tienen la capacidad de escuchar los cantos de los cielos, se caracterizan por su profunda lealtad al Señor Jesucristo, representan su nombre por donde quiera que van y no renuncian, como una marca que no se puede borrar, por nada de este mundo a su Dios. Y bueno, aplicando esto al tema de la composición de forma muy práctica: quienes forman parte del pueblo de Dios no se avergüenzan de testificar del nombre del Señor a través de sus canciones.

¿Has sabido de compositores que les da pena o por estrategia comercial esconden el nombre de Jesús de sus letras? Sería bueno que aprendieran de los 144,000 de Apocalipsis que quienes cantan los cantos del cielo aquí en la Tierra no ser avergüenzan del nombre del Señor.

2) Han sido redimidos de la tierra (v. 3, 4).

Apocalipsis 14 dice que los 144,000 han sido redimidos o rescatados de entre los seres humanos de la tierra. Este grupo escogido, que tiene la capacidad de escuchar la música del trono e interpretarla fervorosamente entre las naciones, son gente que ha sido salva por medio de la sangre del Cordero y cuyos pecados han sido perdonados.

Es curioso que cuando el pueblo de Israel fue liberado de Egipto, después de haber pintado los dinteles con la sangre del cordero pascual (Éxodo 12), al nomás ser liberados de la esclavitud de faraón, Moisés y María, su hermana, compusieron canciones nuevas que interpretaron junto a todos con panderos y danzas (Éxodo 15). Si no lo sabías, mucho del contenido de Apocalipsis alude a episodios del Éxodo (ej. Ap. 5 y Éx. 12; Ap. 8, 9, 16 y Éx. 7-11, 14; Ap. 15:3 y Éx.15). Es por eso que Juan apeló al evento de Éxodo 12-15 para que sus lectores comprendieran de mejor manera que, así como el pueblo de Israel cantó canciones nuevas al ser liberados de las fuerzas del mal (Éxodo 15), del mismo modo, el pueblo de Dios del Nuevo Testamento canta las canciones de los cielos producto de haber experimentado la redención de la maldad y del pecado (Apocalipsis 14).

Los 144,000 representan al pueblo de Dios que, como el Israel del Antiguo Testamento, ha experimentado la redención sobrenatural de Dios y que producto de esta gran salvación, ahora cantan e interpretan canciones nuevas, melodías inéditas y música extraordinaria que refleja el gozo de haber sido salvados.

3) No se han contaminado idolátricamente (v. 4).

La versión Reina Valera 1960 tradujo Apocalipsis 14:4 así: “estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes”. Sin embargo, la Nueva Versión Internacional lo tradujo de otro modo: “estos se mantuvieron puros, sin contaminarse con ritos sexuales”.

La pregunta es: ¿cuál de los dos traducciones es la correcta?

Personalmente me inclino por la traducción de la NVI porque varios comentaristas aseguran que la expresión en griego y el contexto total de Apocalipsis apuntan a los ritos sexuales que se practicaban en los templos de la Roma antigua. En este sentido, el autor muy bien podría estarse refiriendo a que este pueblo es “virgen porque no se ha contaminado con las manchas del culto a la bestia, sino que se han negado a adorarla” (3).

Recuerda que Apocalipsis es un libro de contrastes. En el capítulo 13 se nos habla que quienes se dejaron marcar por la bestia lo hicieron con el fin de rendirle adoración (Ap. 13:16-17) y ahora, en el capítulo 14, se nos habla que quienes fueron sellados por el Cordero se propusieron adorar única y exclusivamente al Cordero (7:3, 20:4). Además, cuando adoras a algo que no sea el Dios verdadero estás cometiendo inmoralidad espiritual. Por lo tanto, los 144,000, que saben escuchar las canciones de los cielos, poseen un corazón libre de idolatría, son puros y castos en su adoración al Señor porque no se han dejado seducir ni han cometido infidelidad como sí lo hizo el antiguo Israel al entregarse a otros cultos idolátricos (ver: Jer. 3:6-9, 12-14, 20, 31:32, Ez. 14.13, 15:8, 39:25-26, Dan. 9:7, Os. 1:2, etc.).

Esto significa que quienes quieran aprender a escuchar los cantos de los cielos en la Tierra deberán ser adoradores del Dios verdadero, no adoradores que adoran a Dios y a otro u otros dioses a la vez. El salmista escribió: “¿quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en su lugar santo? Solo el de manos limpias y corazón puro, el que no adora ídolos vanos ni jura por dioses falsos” (Salmo 24:3-4).

¿Queremos subir al monte de la presencia de Dios y escuchar los sonidos de los cielos? Un corazón libre de ídolos afina la audición.

4) Siguen al Señor por dondequiera que va (v. 4).

Apocalipsis dice que el pueblo de Dios “sigue al Cordero por dondequiera que va…” (Apocalipsis 14:4). Es decir, son obedientes a su Palabra. Una de las principales expresiones, sino es la que más, utilizó el Señor Jesucristo en los evangelios para pedirles a sus seguidores que fueran en pos de él, fue: “Sígueme” (ver: Mt. 8:22, 9:9, 19:12, Mr. 10:21, Jn. 1:23, 21:22).

Este llamado de seguirle no era un llamado para que lo siguieran momentáneamente, por unas horas o solo el día en que se los pidió. No, responder a ese llamado implicaba seguirle toda la vida hasta la muerte. En una ocasión Jesucristo dijo: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16:24). Como tú sabes, en la época del Nuevo Testamento, la cruz era un instrumento de muerte. No era un adorno ni mucho menos un símbolo cristiano. Con los años la cruz se convirtió en todo eso, pero al inicio no fue así. La cruz siempre fue sinónimo de morir. Es por eso que alguien ha dicho que cuando Jesús dijo “toma tu cruz y sígueme”, en lenguaje contemporáneo sería como decir: “si algunos quiere venir en pos de mí, tome su silla eléctrica y sígame”. 

Los 144,000 redimidos de entre los de la tierra o el pueblo que el Señor ha llamado para adorarle, deben ser creyentes dispuestos a darlo TODO por su Señor. No cristianos que les gusta relajarse con música de fondo ni que les guste que se les erice la piel con ciertas melodías. No, quienes quieran ser parte de ese grupo que escucha las canciones de arriba deberán ser personas dispuestas a dar sus vidas mismas si fuera necesario, así como Cristo la dio primeramente por ellos para redimirlos.

5) No hay mentira en sus bocas (v. 5).

Esta es la última característica que describe a los 144,000 del libro de Apocalipsis: “no se encontró mentira alguna en su boca, pues son intachables” (14:5). Y este distintivo es lógico que lo posean, ¿no crees? ¿No escribió Santiago: “de una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Puede acaso brotar de una misma fuente agua dulce y agua salada? Hermanos míos, ¿acaso puede dar aceitunas una higuera o higos una vid? Pues tampoco una fuente de agua salada puede dar agua dulce” (3:10-12).

Una vez escuché decir a un pastor nicaragüense: “cuando más mienten los cristianos es cuando cantan”. Y tiene razón. Muchas veces somos muy ligeros con lo que cantamos durante nuestros servicios de adoración. Cantamos que él es el Señor y que él reina, pero no estamos dispuestos a obedecerlo durante la semana. Cantamos “heme aquí, envíame a mí” y hasta que predicaremos en las naciones, pero no evangelizamos ni a nuestros vecinos. Cantamos que amamos estar en su presencia, pero a penas pasamos unos breves minutos en oración durante el día.

“Cuando más mienten los cristianos es cuando cantan”, decía ese pastor.

Por lo tanto, como pueblo de Dios deberíamos emular el carácter de los 144,000 y de este modo poseer un fuerte compromiso con la verdad. No mentir en ninguna área de nuestra vida. Ni cuando hablamos ni cuando cantamos. Y mucho menos, cuando de componer letras de canciones para el Señor se trate.

Continúa leyendo la Octava parte.

Notas: 

(1) Stam, Juan. “Apocalipsis, Tomo 3”. Pág. 292. Ediciones Kairos, Buenos Aires, 2003.

(2) Stam, Juan. “Apocalipsis, Tomo 3”. Pág. 297. Ediciones Kairos, Buenos Aires, 2003.

(3) Stam, Juan. “Apocalipsis, Tomo 3”. Pág. 301. Ediciones Kairos, Buenos Aires, 2003.

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