Composición espontánea (Tercera parte)

Composición espontánea (Tercera parte)

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Composición espontáneaCómo componer en la adoración pública.

En la entrada anterior comencé a brindar algunos tips sobre cómo adiestrarse en cuanto al tema de la adoración espontánea. Hablé del devocional personal y la forma de expresarse en cánticos nuevos delante del Señor. También sobre meditar en la Palabra y cómo dicha práctica puede proveer las letras de sus melodías. Hablé sobre estudiar modelos de espontaneidad y hasta brindé algunos con los que podría comenzar. Y por útlimo, le mostré cuán importante es adorar como equipo durante los ensayos previo a las ministraciones dominicales. En esta oportunidad continuaré dando algunas sugerencias que podrían favorecer la espontaneidad en la adoración pública y por lo tanto, la creación melódica que podría propiciar la composición de canciones estructuradas.

 5. Dominen sus instrumentos.

Uno de los requisitos que deberíamos tener para los aspirantes a integrar los equipos de alabanza es que sean adoradores con sus instrumentos. No estoy diciendo que sean adoradores no más. Estoy yendo más allá y diciendo que sean adoradores con sus instrumentos musicales. Como mencioné en la primera parte de esta serie: que dominen a tal punto la ejecución que puedan despreocuparse de ella y concentrar sus mentes en el objeto real de nuestra adoración: Dios.

Lamentablemente existen muchísimos equipos de alabanza con músicos no muy diestros que se centran más en su desenvolvimiento más que en alabar y adorar al Señor. El problema de esta debilidad musical estriba en que al dirigir la adoración congregacional estarán más preocupados en tocar bien que en adorar. En eso radica el problema, en que los músicos están más pendientes de ejecutar correctamente que en conectarse con Dios.

Hace un par de años asistí a un congreso de alabanza en donde Esteban Vásquez, director mundial de Instituto Canzion, impartió un taller sobre ensamble musical. Al no más tomar el micrófono Esteban invitó a los asistentes a formar una banda musical improvisada. Llamó a cantantes y músicos que voluntariamente quisieran colaborar y como era de esperar: muchos se ofrecieron. Imagínelo: Una banda conformada por puros desconocidos que iban a tocar ante todos.

Esteban dijo: “En esto consistirá el taller: ustedes que están allí arriba pónganse de acuerdo y ejecuten una canción. Decidan cuál cantarán y diríjannos a todos en alabanza. Luego, al finalizar la canción, yo les señalaré sus fortalezas y debilidades como banda. De este modo les enseñaré cómo debe ensamblarse una banda de alabanza”.

Demás está decir que cuando la banda de desconocidos tocó lo hicieron… ¡Horrendo! Usted tendría que haber estado allí para comprenderme.

El taller comenzó y uno por uno Esteban les señaló las deficiencias que tenían que corregir: el cantante, los coros, cada músico no pudo escaparse de las agudas observaciones de Esteban; sin embargo, una me llamó poderosamente la atención.

Cuando se dirigió al bajista, al baterista, al pianista y a los guitarristas, a todos les dijo respectivamente: “Quiero que toques la canción tú solo y que cantes a la vez”. Cada uno se intimidaba ante el pedido. Cuando Esteban notaba eso les decía: “No me importa cómo cantas, nadie se va a burlar de ti. Lo que quiero es que ejecutes tu instrumento y cantes la canción simultáneamente”. Por lo que todos se aventuraron a cantar, o mejor dicho: a medio cantar porque… O no se sabían la letra de la canción o no podían concentrarse en ambas cosas a la vez.

Cuando Esteban vio que no podían hacerlo se dirigió a la audiencia y dijo algo sumamente desafiante: “No deberíamos permitir ingresar a los equipos de alabanza músicos que no dominan sus instrumentos. Si ellos no saben tocar y cantar a la vez correctamente no deberían formar parte del ministerio”.

Fue firme, pero a la vez propositivo, por eso añadió: “Les voy a dar un consejo a ustedes músicos. Cuando estén ensayando en casa no solo memoricen las progresiones de acordes de la canción. ¡Canten la canción mientras la ensayan! Si ustedes practicaran cada día de ese modo podrán tocar y cantar a la vez”.

En un momento de su taller Estaban le dijo a todos: “Músico que no canta, es músico que no adora. Si un músico solo toca y no mueve sus labios para cantar eso significa que está pensando en cualquier otra cosa menos en Dios. Por eso deben aprenderse las letras de las canciones y dominar su instrumento musical, para que tengan libertad de adorar al Señor cuando estén frente a la congregación”.

¿Significa lo anterior que quienes no dominan sus instrumentos no pueden fluir espontáneamente o peor aún: no pueden ser guiados por el Espíritu en la adoración? No, no estoy diciendo eso. Todos servimos a Dios según nuestra mejor capacidad. Francamente reconozco que la mayoría de nuestras iglesias no cuentan con músicos ni cantantes estudiados y mucho menos graduados de escuelas profesionales de música. Pero aun así deberíamos aspirar a ser más excelentes en la ejecución de nuestro arte.

¿Qué hay de los cantantes? Que también deben dominar su instrumento, su voz. A mi modo de ver y disculpe la franqueza, si un cantante no afina no debería participar del ministerio de alabanza. Lamentablemente así como nuestros equipos cuentan con músicos que no dominan sus instrumentos también contamos con cantantes que desafinan mucho. ¿Por qué están dentro del ministerio si no tienen el talento? Pregúntenselo a quienes los dejaron ingresar.

Por eso, si se van a animar a cantar espontáneamente en público asegúrense que lo que emitirán con su voz será algo hermoso. No hay belleza en las desafinaciones. Curiosamente hay cantantes que afinan bien las canciones pero cuando de fluir creativamente se trata echan a perder todo. Por lo tanto, si usted o sus cantantes caen dentro de esta descripción es mejor que se metan a clases de canto para mejorar vuestra interpretación antes de aventurarse a cantar algo que no tendrá belleza ante la congregación.

Con todo lo anterior no quiero decir que un equipo de alabanza con deficiencias vocales y musicales no pueda ser usado por Dios, claro que sí. Incluso podrían fluir espontáneamente y hasta construir canciones de dichas experiencias; sin embargo, a lo que me estoy refiriendo es que las posibilidades de éxito aumentan cuando la excelencia vocal y musical se convierte en esa segunda naturaleza de la que ya hablé, donde se despreocupan por completo de la ejecución y se concentran de lleno en lo que realmente importa: fluir espontáneamente delante del Señor.

6. Planifiquen la improvisación.

Planificación e improvisación parecen dos palabras que chocan entre sí, pero no, ambas concuerdan si se usan en el contexto adecuado. Este consejo me lo dio Elí, mi hermano menor. En una ocasión me dijo: “Noel, aun la improvisación se planifica”. Nunca lo olvidé.

¿A qué me refiero entonces? A que todo el equipo de alabanza se ponga de acuerdo en cuanto a la improvisación espontánea. En primer lugar, decidir que si lo harán o no. En segundo lugar, dónde lo harán. Y en tercer lugar, cómo lo harán.

Si ya decidieron que lo harán entonces es cuestión de esperar la próxima reunión, del equipo de alabanza o con toda la iglesia. El punto sería definir dónde y cómo lo harán. Un excelente comienzo sería después de una canción de adoración. Es más fácil improvisar en una canción lenta que en una canción rápida. Si están comenzando le sugiero comenzar con una balada de adoración.

Al finalizar la canción los músicos pueden permanecer en el tono y tocar tan solo los acordes básicos del coro. Con esa estructura de fondo el director de adoración y los cantantes podría dejarse llevar por la intensidad del momento y el sentir de sus corazones y expresarse espontáneamente ante el Señor y la congregación.

Permanezcan así un par de minutos y luego vuelvan a cantar el coro de la canción antes de darla por concluida. Luego sigan con la siguiente canción de su lista de cantos. Es un ejercicio muy simple en el que deben ponerse de acuerdo como equipo. Con el tiempo y la práctica podrían permanecer más tiempo fluyendo espontáneamente, pero para comenzar un par de minutos no estaría mal.

Si no quieren usar las progresiones básicas del coro pueden conformar otras, pero con previo consenso de todos. Como me dijera Danilo Montero en la entrevista que le hice unos meses atrás, cuando le pregunté sobre este tema me dijo:

“Debo decirte que mi pianista y los músicos de la banda tienen progresiones estudiadas y que les gusta usar en ciertos momentos. Lo que pasa es que se necesita una base sobre la cual improvisar. Por eso ellos se preocupan de preparar una serie de acordes con los que yo me sienta cómodo y que apelen a mi corazón para adorar al Señor. Esto es algo muy bueno y que todo grupo debería procurar tener.

Fíjate, nosotros tenemos amigos que consideramos pioneros en esto y a través del tiempo nos han compartido algunas progresiones que han utilizado a lo largo de los años. Pienso que una persona que tiene un buen conocimiento de armonía y gusto musical podría comenzar a improvisar a solas y reunir ciertos acordes que son hermosos y que comunican, digamos: la dulzura de la presencia de Dios. Esos acordes que escucha le pueden ayudar a interpretar algo espontáneamente” (1).

La clave de este tipo de improvisación es ponerse de acuerdo con todos. Es cuestión de comunicación.

7. Atrévanse a la espontaneidad.

Si ustedes han practicado la adoración espontánea en privado y aun durante el ensayo, si ustedes ya conversaron que podrían animarse a hacerlo entonces lo único que falta es que lo hagan. Es hora de dejar de hablar y comenzar a actuar.

Como mencioné anteriormente un buen inicio podría ser practicar después de una balada de adoración. Los músicos pueden permanecer en las progresiones del coro mientras el director improvisa espontáneamente con palabras de su corazón delante del Señor. Un par de minutos o unos cuantos compases no es un mal comienzo. Recuerde que está comenzando, tampoco estamos hablando de profetizar al estilo de Marco Barrientos y Danilo Montero. Es cuestión de dar unos pasitos y aprender a caminar. Con el tiempo podría atreverse a más y prolongar la espontaneidad asignándole más tiempo. A medida que el equipo de alabanza madure en esta dinámica verá que en unos meses podrían no solo caminar en pos de la espontaneidad, sino correr y experimentar alturas espirituales de la adoración que nunca antes han experimentado.

Aunque le estoy animando a que se atrevan a improvisar sobre progresiones y ritmos lentos, la espontaneidad no se limita a ese tipo de estilos. Con el tiempo podrían alcanzar tal madurez que podrían expresarse y crear sobre ritmos rápidos.

Me impresionó la vez que Juan Carlos Alvarado me contó cómo nació la canción “Jehová es mi guerrero”. Nació como producto de un cántico nuevo en un tiempo de profunda adoración congregacional. Él me dijo:

“Fue un día por la mañana en una de esas reuniones de oración que casi nadie va. Todos los días abríamos la iglesia a las 5:30 a.m. para orar. Si no lo sabes la ciudad de Xela, en Quetzaltenango, Guatemala, es bien fría. A veces hay temperaturas de hasta menos cero grados. El asunto es que esa mañana nos reunimos a orar y más que a orar nos reunimos a guerrear e interceder. Recuerdo que se levantó el pastor Wes Spencer a orar y a proclamar la ciudad para el Señor y automáticamente me subí al piano. En un momento así yo como pianista no iba a tocar algo suavecito y romántico. No, era un momento de guerra así que comencé con un acorde menor. Llamé a los músicos para que tocaran conmigo y comenzamos a fluir utilizando las palabras que habíamos estado meditando en Éxodo 15 cuando Moisés vio al Señor como guerrero. Estábamos guerreando, usando frases del Salmo de Moisés y de allí obtuvimos la letra de la canción.

Pasó como media hora entre tomar el instrumento, interceder, fluir y cantar. Obviamente comencé con la frase: “Jehová es mi guerrero… ¡Oh, oh, oh!”, que era una figura sencillísima. Era como un grito de guerra que al principio no sonó como al final sonó en la grabación. Inició como algo más indefinido. El asunto es que cuando tenés una idea y la repetís la segunda vez la vas a ir mejorando conforme a la armonía sobre la cual estás trabajando. En este caso estábamos en Mi menor, muy básico, pero el ritmo y la intención marcaron la pauta de algo muy agresivo, tipo rock porque fue un rock en ese momento. Seguimos fluyendo hasta conformar el coro, luego las estrofas las escribí después del tiempo de intercesión” (2).

Lo sé, usted ni yo somos Juan Carlos Alvarado, pero con la práctica y el tiempo viene la madurez. Es cuestión de atreverse. A medida que su equipo de alabanza practique podrán experimentar momentos de creatividad en la congregación tanto ejecutando progresiones rápidas como lentas.

¿Por qué no intentarlo?

Continúa…

Notas:

(1) http://www.laaventuradecomponer.com/conversando-sobre-composicion/conversando-sobre-composicion-con-danilo-montero-primera-parte/

(2) http://www.laaventuradecomponer.com/conversando-sobre-composicion/conversando-sobre-composicion-con-juan-carlos-alvarado-segunda-parte/

6 Comentarios

  1. Hey! Que legalista Estaban con su declaración: “No deberíamos permitir ingresar a los equipos de alabanza músicos que no dominan sus instrumentos. Si ellos no saben tocar y cantar a la vez correctamente no deberían formar parte del ministerio”.
    jajaja!

    Noel: Buenisimo artículo. Solo que con la interrogante: «Lamentablemente así como nuestros equipos cuentan con músicos que no dominan sus instrumentos también contamos con cantantes que desafinan mucho. ¿Por qué están dentro del ministerio si no tienen el talento?»
    Quizas es porque los músicos y cantantes no ven su talento como digno de mejorarlo en las academias. Tendemos a menospreciar los talentos que DIOS nos da y no somos buenos administradores.
    No solo es culpa de quien los pone a cantar, sino del que tiene el talento y no lo perfecciona.
    Nos hemos acomodado a que el Espiritu Santo nos arregle la voz y como tocamos y hemos caido en la mediocridad.

    DJ Berges
    UCD

  2. DJ: Buen punto mi bro, me parece que esa es otra razón por la que contamos con cantantes sin dones desarrollados. ¡Buen jalón de orejas a quienes cantamos!

    Sobre Esteban Vásquez, je, más que legalista (en el mal sentido), creo que es estricto. ¡Y yo comparto su estrictez! (Si es que existe la palabra, je). Lo que pasa es que los evangélicos disculpamos todo y no somos tan excelentes como decimos o creemos ser. Esteban es graduado de conservatorio, creo que tiene una maestría en música. El punto es que «entre más profesional se es, más exigente uno se convierte». Quizá de alli estriba su punto.

    Pero no solo es un desafío de Esteban, si lees «Exploración de la adoración», de Bob Sorge (Editorial Vida), podrías encontrar en el capítulo que habla sobre los requisitos a los aspirantes a entrar al ministerio de alabanza, que habla sobre lo mismo. Él dice que si un músico no es adorador con su instrumento, lo que sig. que domina a tal punto la ejecución que se despreocupa de este y adora mientras toca… Que si no es un adorador con instrumento entonces no debería permitírsele ingresar.

    Al fin de cuentas son los líderes musicales de nuestras iglesias quienes permitimos ingresar a músicos y cantantes no muy diestros a los equipos de alabanza. En parte a eso se debe que hay músicos sobre las plataformas que mientras dirigen la alabanza no modelan una actitud de devoción. ¿Por qué? Por lo que ya expliqué arriba, los probrecitos están tan estresados asegurándose de que sus dedos planchen bien el acorde y que suene a tiempo que se olvidan de conectarse con Dios.

    ¡Ay, quisiera decir más! Pero me muerdo la lengua, jajaja. Más bien… ¡Los dedos! Je.

    Gracias por comentar mano!

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

  3. Wuahooo esta es una confirmación de Dios, antes de leer el articulo, Dios habia puesto en mi corazón que lo hicieramos pero con mas frecuencia. Ahora que importante planificar la improvisacion.
    Con respecto a la pericia en los instrumentos creo que si, asi debe ser, para concentrarse en adorar y no estar pendiente en el instrumento. Con verguenza lo digo, a veces ese es mi caso, yo no soy muy diestra en el instrumento. Creo que me sacaré…

  4. HNA. REINA: Jajaja, no se saque, je, ¡mejor perfeciónese! Pero entiendo lo que dice. Qué bueno saber que estos artículos le están hablando.

    Dlb.

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

  5. En lo personal, cuando veo a un ministro tocar y cantar, no solo me quiebra el corazón, sino tambien me inspira, y digo, algun día, yo tambien, porque realmente ese es mi sueño.
    Por ahora se que debo avanzar con el instrumento.

    Ahora bien veo tu articulo como un desafio de adorar a Dios con nuestras manos, pies y gargantas, y ese es un buen reto.

    Animo a los musicos que les cuesta entonar, a que lo intenten, simplemente empiecen a cantar, si a mi me quiebra el corazón esto, imaginen a Dios. Solo es un asunto de actitud y de intentarlo!!!!No será facil, pero si es posible. Si eres parte de un ministerio de alabanza, inspira con todo lo que tienes. Dios te lo ha dado, usalo.

  6. Quisiera expresar mi total desacuerdo con algunas declaraciones como: “Músico que no canta, es músico que no adora. Si un músico solo toca y no mueve sus labios para cantar eso significa que está pensando en cualquier otra cosa menos en Dios» (Esteban Vásquez).
    Consideraciones:
    1. Estudiantes de música: En varios años de experiencia enseñando música encuentro que existen muchas personas que se expresan más libremente ejecutando sus instrumentos solamente que tocando y cantando al mismo tiempo, hablo de personas con un llamado serio al ministerio.
    2. Músicos: Dirijo una banda cristiana formada por músicos profesionales y se repite la experiencia del punto 1.

    La declaración “Músico que no canta, es músico que no adora» es absolutamente errada, no hay base bíblica para tal declaración.
    De nuestros estudiante he visto niños adorando a Dios al tocar sus instrumentos sin abrir su boca y es una expresión de adoración a Dios tan conmovedora como quien canta (al escribir estas palabras vienen a mi mente niños tocando en una presentación reciente en nuestra iglesia). Podría suponerse que Dios está esperando que tal niño cante para recibir su expresión de adoración? tal pensamiento sería tan absurdo como la declaración “Músico que no canta, es músico que no adora».

    Podría extenderme mucho en este asunto, pero termino diciendo que siempre será más fácil encerrar a todo el mundo en un concepto que acercarse a cada uno para conocer lo que realmente sucede en su interior. No olvidemos que la gracia de Dios es «multiforme» no «uniforme».
    «Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme Gracia de Dios» 1 Pedro 4:10
    Abrazo!
    Edu
    Buenos Aires

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