Compositores de La Biblia (Quinta parte)

Compositores de La Biblia (Quinta parte)

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DavidBreves lecciones de sus vidas y canciones.

Un estudio sobre la vida y canciones de algunos de los más destacados compositores que registra la Biblia. Allí están, entre historia y profecía, entre Génesis y Apocalipsis. Algunos se ven, otros cuesta encontrarlos. Algunos los conoce: Moisés, David, Salomón. Otros usted ni se imagina que componían: Adán, Isaías, ¡el mismo Jesús! Todos escribían canciones. Estas son sus historias, sus canciones y las lecciones que aprendemos de ellos. En esta oportunidad le presento a: David.

 


David
El gran compositor.

El rey David es el compositor más destacado en la Biblia. La mitad de canciones incluidas en los Salmos son de su autoría. Los libros de Samuel y Crónicas, que narran sus anécdotas y aventuras, también contienen algunas de sus composiciones.

Creo que el verso más emblemático sobre la vida de David se encuentra en el Nuevo Testamento, donde dice: “Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” (Hechos 13:22).

Si ha habido una frase con la cual se ha conocido a este gran personaje bíblico ha sido esa: “Varón conforme al corazón de Dios”. Por cierto, el relato inicial de su vida comienza acariciando dicha expresión.

La nación de Israel atravesaba una crisis de liderazgo. Tan seria que Dios mismo desaprobó la forma cómo se administraba el reino. Al punto de decirle al profeta Samuel: “¿Hasta cuándo llorarás por Saúl, habiéndolo yo rechazado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de entre sus hijos me he elegido rey. Samuel preguntó: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: “A ofrecer sacrificio a Jehová he venido. Invita a Isaí al sacrificio y yo te enseñaré lo que has de hacer; me ungirás al que yo te diga” (1 Samuel 16:1-3).

Luego de secarse las lágrimas Samuel emprendió el viaje a tierra de Belén en busca del nuevo rey. Al llegar los ancianos de la ciudad le preguntaron: “¿Es pacífica tu venida?” (1 Samuel 16:4). “¡Claro!…” respondió, “Vengo a celebrar una pequeña reunión de adoración con todos”. “Luego santificó él a Isaí y a sus hijos, y los invitó al sacrificio” (1 Samuel 15:5).

La misión de Samuel era simple: tener un tiempo de adoración, escuchar la voz de Dios y ungir al nuevo rey. Interesante, ¿no? Los reyes son ungidos en los tiempos de adoración.

El problema que enfrentó Samuel ante tan sencilla misión fue que sus expectativas chocaron con las expectativas de Dios. Él creyó que el nuevo rey sería físicamente igual al desechado Saúl. Cuerpo de modelo e imagen impecable.

A todos nos pasa igual, ¿no? Es tan fácil dejarnos llevar por las apariencias y pensar que alguien es mejor que otro por su plante. “¡Este es un verdadero adorador!”, pensamos cuando vemos a alguien adorar con ímpetu. “¡Dios va a usar a esta persona en gran manera!” decimos por la forma extrovertida con que se expresa.

No necesariamente. “Caras vemos, corazones no sabemos” reza el dicho.

La Biblia dice: “Aconteció que cuando ellos vinieron, vio él a Eliab, y se dijo: “De cierto delante de Jehová está su ungido” (1 Samuel 16:6). De inmediato y de un solo tajo se dejó escuchar la voz del Espíritu reprendiendo al profeta: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho, porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

¡Qué achicada! Del hebreo: “humillada”.

Es que los parámetros de Dios para juzgar a una persona son totalmente distintos a los nuestros. Nosotros juzgamos por lo que vemos, percibimos u olemos; Dios no. Él juzga las intenciones del corazón.

En lo personal pienso que a mí me hubiera pasado igual que a Samuel. Hubiera recibido una reprimenda tajante de Dios por mi mal juicio. ¡Quizá hasta más dura! Cuán rápido puedo ser para pensar y emitir una opinión equivocada sobre alguien.

Aprendida la lección Samuel pasó al segundo hijo de Isaí: Abinadab. Luego al tercero: Sama, y así sucesivamente hasta llegar al último. De todos dijo: “Mmm… No, tampoco a este ha escogido el Señor” (1 Samuel 6:8-10).  “¡Qué extraño!…” pensó Samuel, “Ya pasaron todos los hijos de Isaí y ninguno es. ¿Habré escuchado mal al Espíritu?” “Pídele que traiga al menor” oyó en su interior.

Samuel habló con Isaí y éste reconoció que efectivamente faltaba uno: “el menor, el que apacientas las ovejas. Y dijo Samuel: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí” (1 Samuel 16.11).

¿Se imagina la escena? “Oye Isaí…” dijo Samuel, “Pues mira, yo vine desde Ramá porque el Señor me dijo que de entre tus hijos Dios va a levantar al que en unos años se convertirá en el nuevo rey de Israel. El asunto es que Dios lo quiere ungir hoy a pesar de que falte un tiempo para que ocupe el trono. Ya observé a todos tus hijos y ninguno califica, ¿estás seguro que estos son todos?” “Mmm… No, la verdad no…” respondió titubeante Isaí, “Tengo uno que no llamé porque él es el menor. Apacienta las ovejas y no creí que estaría a tiempo aquí bañado y bien vestido. Por eso no lo llamé. Además, él no tiene grandes cualidades”.

¿Qué no tiene quééé? ¿No es el mismo quien unas semanas después el siervo de Saúl traería ante el atormentado rey para apaciguar su locura y de quien dijo: “Sabe tocar, es valiente y vigoroso, hombre de guerra, prudente en sus palabras, hermoso y Jehová está con él?” (1 Samuel 16:18). ¿No es el mismo quien ante el desafío del gigante fue el único capaz de atreverse a enfrentarlo no sin antes decirle a Saúl: “Tu siervo era pastor de las ovejas. Cuando venía un león o un oso, y se llevaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, lo hería y se lo arrancaba de la boca; y si se volvía contra mí, le echaba mano a la quijada, lo hería y lo mataba” (1 Samuel 17:34-35). ¡El mismo!

Tal parece que Isaí no tomaba muy en serio a su hijo cuando este regresaba del campo y le decía:

“¡Papá, papá! ¡Esta tarde maté un gran león!” “Sí, sí, qué bien David” respondía Isaí mientras bostezaba y le decía que se preparara para cenar.

“¡Papá, papá! Y también maté a un enorme oso!” “Sí, sí hijo. Cámbiate de ropa que ya es hora de dormir”.

“¡Papá, papá! ¡Y después compuse una canción que titulé: “El Señor es mi pastor”!” “Qué bien hijo, dime, ¿no has visto mis lentes?”

Como dice un antiguo canto: “Cuando otros ven un joven pastor Dios puede ver un rey”.

Isaí no lo vio, sus hermanos no lo vieron… ¡Dios sí lo vio!

El texto dice: “Envió, pues Isaí por él, y lo hizo entrar. Era rubio, de hermosos ojos y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: “Levántate y úngelo, porque este es”. Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en medio de sus hermanos, a partir de aquel día vino sobre David el Espíritu de Jehová…” (1 Samuel 16:12-13).

Como narra Charles Swindoll en su libro: “David, un hombre de pasión y destino”, cuando Samuel comenzó a derramar el aceite sobre la cabeza de David, se le acercó al oído y le dijo suavemente: “Hijo, tú serás el próximo rey de Israel”.

Un joven, un rey… Un compositor conforme al corazón de Dios.

LECCIONES DE COMPOSICIÓN DE LA VIDA DE DAVID.

1. De la abundancia del corazón.

Jesús dijo: “De la abundancia del corazón habla la boca”, ¿lo recuerda? La mayoría de veces usamos este texto para concientizarnos sobre nuestra forma de hablar. Pero qué tal si usamos este texto y lo relacionamos a la composición. “De la abundancia del corazón canta la boca”, podríamos decir. “De la abundancia del corazón se expresa el compositor”.

El corazón de David era tan abundante en conocimiento de la Palabra de Dios y su presencia, en experiencias y reflexiones que se convirtió en un compositor sumamente prolífico. Recientemente me topé con una cita histórica que me sorprendió:

“Es muy generalizado el reconocimiento de David como autor principal del libro de los Salmos. De esa época, uno de los manuscritos de Qumram (II QPsa) incluye una importante nota en torno a las composiciones poéticas de David, que le fueron dadas por Dios: Tres mis seiscientas (3,600) alabanzas, 446 cánticos para la adoración diaria y eventos especiales, y cuatro canciones que debían entonarse con harpas o liras para liberar a personas atormentadas por espíritus. ¡Un gran total de 4,050 composiciones!” (1).

David era un compositor sumamente creativo. Había tanto en su corazón, tanta Palabra, revelación, experiencias con Dios, oraciones, aventuras con las ovejas, aventuras en la guerra, que su corazón se desbordaba en composiciones.

¿Y qué de usted? ¿Qué tan grande es su corazón? ¿Lo está llenando del conocimiento de las Escrituras y de la presencia de Dios? ¿Está experimentando las aventuras del reino al que pertenece? ¿Está leyendo, aprendiendo y preguntando para ampliar sus conocimientos?

Ensanche su corazón, llénelo, que de la abundancia que haya en usted es que fluirá su potencial creativo.

2. El corazón de Dios.

Cuando leemos que David era un “varón conforme al corazón de Dios”, ¿qué significa exactamente eso?

En lo personal me gusta lo que Mike Bickle dice con relación al significado de esta expresión: “¿Qué quiere decir ser una persona conforme al corazón de Dios? Que David tenía un hambre extraordinaria por entender las emociones y el corazón de Dios, y como resultado, obtuvo un entendimiento único de las emociones, intenciones y pasiones del corazón de Dios. David fue sin lugar a dudas el estudioso principal de las emociones de Dios en el Antiguo Testamento. Fue un erudito de los afectos de Dios” (2).

Esto quiere decir que David tenía un corazón que apreciaba y valoraba las mismas cosas que Dios apreciaba y valoraba. Él sentía exactamente lo que el corazón de Dios sentía. Interesante, ¿no? David tenía el corazón de Dios. Si Dios sentía algo, David lo sentía. Y si David sentía, Dios también lo sentía. En este sentido, David entendía qué cosas le emocionaban e importaban a Dios.

Basado en lo anterior podemos afirmar que si a David le emocionaba el tema de la composición, ¡entonces a Dios también! ¿Por qué? Porque tenía un corazón como el de Dios. Si a David le importaba el tema de escribir letras y crear melodías, a Dios también le importaba. Por eso le dedicó tanto tiempo a su faceta musical y por eso escribió la mitad del libro de los Salmos. ¡Y más de 4,000 canciones a lo largo de su vida!

Una cosa que podemos aprender de David y del hecho que su corazón era como el de Dios, es que la composición ocupa un papel importante en la mente y designios divinos. No es que no debamos ver el tema de componer como un hobbie o como algo que puede hacerse en el tiempo libre, claro que sí; sin embargo, basados en la vida y obra de David deberíamos ver la composición como lo que es: un ministerio importante en la agenda del reino.

¿Lo está viendo usted de esa manera? ¿Lo está valorando así como Dios lo valora?

3. El poder del Espíritu.

La escena que sigue al ungimiento de David por Samuel frente a sus hermanos es la de David ministrando la música delante de Saúl. La Biblia dice: “Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu se apartaba de él” (1 Samuel 16:23).

¿Qué tocaba David delante de Saúl? ¿Composiciones suyas o de otros? Pienso que suyas. Pero independientemente de qué tocaba lo relevante es ver lo que sucedía cuando tocaba: los espíritus demoníacos huían. El poder del Espíritu Santo reposaba con tal poder sobre David que los espíritus no soportaban su música.

Hay una promesa muy especial para la iglesia del Señor en el libro de los Hechos. Durante el concilio de Jerusalén Jacobo se levantó y dijo: “Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar para que el resto de los hombres busque al Señor…” (Hechos 15:16-17).

Francamente cuando he visto citar este texto a algún maestro de la Palabra nunca he escuchado citarlo dentro del verdadero contexto del pasaje. Aunque es cierto que “restaurar el tabernáculo de David” tiene que ver la restauración de la música y las artes, la verdad es que el contexto exacto tiene que ver con el poder del Espíritu Santo derramándose sobre las personas.

Si lee Hechos capítulo 15 notará que lo que provocó que la iglesia en Jerusalén se reuniera fue la controversia de si los gentiles debían o no circuncidarse (Hechos 15:1-2). Cuando algunos objetaron que debían hacerlo Pedro se levantó y dijo: “Hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo Dios escogió que los gentiles oyeran por mi boca la palabra del evangelio y creyeran. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones” (Hechos 15: 7-9).

Pedro hizo referencia a la vez que predicó en casa de Cornelio y el Espíritu Santo se derramó sorpresivamente sobre todos los congregados. Entonces… Cuando Pedro terminó de relatar la experiencia en casa de Cornelio Jacobo se levantó y dijo: “Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: “Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y las volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor…” (Hechos 15:14-17).

¿Lo ve? El contexto de la frase “restaurar el tabernáculo de David” es el derramamiento del Espíritu Santo sobre las naciones. Claro, no estoy diciendo que no se deba usar la expresión para justificar la promoción de la adoración y las artes, pero siendo estrictos con el texto, se refiere explícitamente al poder del Espíritu Santo tocando la vida de las personas.

Dios desea levantar una generación de músicos, cantantes y compositores llenos del poder del Espíritu Santo que cuando toquen, así como David lo hizo delante del atormentado rey Saúl, las fuerzas del mal retrocedan ante la música y canciones ungidas que emanan de nuestro ser. Y a la vez, la gente que nos escuche encuentre alivio verdadero para sus corazones.

Una dimensión de la composición que Dios nos desafía a vivir.

Continúa…

Notas:

(1) Pagán, Samuel. “De lo profundo, Señor, a ti clamo. Introducción y comentario al libro de los Salmos”.  Editorial Patmos, Miami, Florida, EE.UU. Pág. 43.

(2) Bickle, Mike. “Conforme al corazón de Dios. Cómo ser la generación de David”. Casa Creación. Lake Mary, Florida, EE.UU. 2005. Pág. 16-17.

2 Comentarios

  1. GUAO!! EXELENTE NOEL MUY INTERESANTE;
    ME IMPACTA ESO de los manuscritos de Qumram, ADONDE PUEDO ENCONTRAR ESA INFORMACION?

    BENDICIONES

  2. DANIEL: Pues la información la tomé de la bibliografía especificada en la nota (1). Sobre los manuscritos de Qumram puedes encontrar mucho en internet, solo usa Google y podrás hallar buenos sitios con buena información.

    Gracias por leerme y comentar.

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

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