Compositores de La Biblia (Séptima parte)

Compositores de La Biblia (Séptima parte)

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SalomónBreves lecciones de sus vidas y canciones.

Un estudio sobre la vida y canciones de algunos de los más destacados compositores que registra la Biblia. Allí están, entre historia y profecía, entre Génesis y Apocalipsis. Algunos se ven, otros cuesta encontrarlos. Algunos los conoce: Moisés, David, Salomón. Otros usted ni se imagina que componían: Adán, Isaías, ¡el mismo Jesús! Todos escribían canciones. Estas son sus historias, sus canciones y las lecciones que aprendemos de ellos. En esta oportunidad le presento a: Salomón.

Salomón
El compositor sapiencial.

Muchos conocemos al rey Salomón por su sabiduría, por el gran templo que erigió y por los proverbios que escribió; mas no necesariamente por su faceta de compositor. Es más, algunos no saben que siendo hijo del rey David de alguna u otra manera aprendió de su padre el arte de componer.

Todos hemos leído sus Proverbios, el libro de Eclesiastés y hasta El cantar de los cantares, ¿no es cierto? Bueno, solo éste último libro, que originalmente no fue un libro sino una colección de canciones, debería ser evidencia de su gran vocación a la composición.

Por si para algunos pensar en Salomón como compositor es un tanto difícil, permítanme compartirles un texto que en lo personal me impresiona, aquí leemos claramente que él era un gran escritor de canciones: “Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar. Era mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios… Y fue conocido entre todas las naciones de alrededor y compuso tres mil proverbios y sus cantares fueron mil cinco” (1 Reyes 4:29-32).

¿1,005 canciones? Bastantes, ¿no le parece? Salomón fue un compositor muy prolífico en su tiempo.

Después de la muerte de su padre asumió la responsabilidad de gobernar la nación de Israel. Responsabilidad que a cualquier de nosotros aterraría. Salomón no fue la excepción, sentía que la camisa le quedaba demasiado grande y que no daría el ancho ante semejante puesto.

Ante tan grande reto supongo que más de alguna vez Salomón perdió el sueño mientras meditaba en todo cuanto implicaba el hecho de que ahora era rey. Una de esas noches en las que sí logró dormir Dios se le apareció en sueños y le dijo: “Pídeme lo que quieras que yo te dé…” (2 Crónicas 1:7).

¡Qué proposición! ¿No le parece? Allí estaba Salomón, acostado en la recámara real y el Dios del Universo le dijo: “¡Oye Salomón! Te he estado observando todas estas noches y bueno, pasaba por aquí y se me ocurrió darte la bienvenida al palacio con un obsequio. ¿Qué quisieras que te de? Pídeme todo lo que quieras y lo tendrás en un santiamén”.

Francamente yo no sé qué usted hubiera pedido, lo que sí sé es que yo no hubiera pedido lo mismo que él. Salomón respondió: “Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande?” (2 Crónicas 1:10).

Salomón pidió sabiduría. Simple, ¿no?

No, la verdad no fue una petición tan simple. Detrás de su pedido se escondía un deseo mucho más profundo. Por eso el Señor le dijo: “Por cuanto hubo esto en tu corazón, y no pediste riquezas, bienes o gloria… sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey,sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de ti” (2 Crónicas 1:11-12).

¿Por qué Dios quedó tan complacido con la petición de este hombre que le concedió más de lo que pidió? ¿Qué había detrás del deseo de Salomón que a Dios le impresionó tanto?

Pienso que detrás de la ciencia y sabiduría que pidió había un ardiente deseo de ser lleno del Espíritu de Dios. El profeta escribió: Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová” (Isaías 11:2).

Según este texto la sabiduría más grandiosa reside en el Espíritu de Dios.

Esto fue como si Salomón le hubiera dicho a Dios: “¿De verdad quieres que te pida cualquier cosa Señor? Entonces… ¡Te quiero a ti! ¡Te quiero a ti y a tu Espíritu para gobernar esta nación!”

Pienso que esa fue la razón por la cual Dios se agradó tanto de la petición del recién ascendido rey.

Desde entonces el Espíritu de Dios vino sobre la vida de Salomón, recibió la sabiduría necesaria para gobernar al pueblo y además, emprendió la construcción de aquel templo que anteriormente su padre había querido erigir. Por eso, el día que Salomón consagró a este gran santuario, dijo: “Pero Jehová dijo a David mi padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal deseo. Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre” (1 Reyes 8.18-19).

El rey David valoraba tanto la presencia de Dios que anhelaba edificarle un santuario digno de su grandeza. Ya no quería que morara en una tienda, sino en un templo digno del Dios del Universo. Por eso, posterior a su muerte y a la asunción de Salomón, éste se encargó de adquirir los mejores materiales, contratar a los mejores diseñadores y emplear a los más laboriosos trabajadores para completar la obra. Él edificó una casa de tal excelencia que nunca ha habido otra igual después de ella. Desde entonces una de las cosas por las cuales es recordado este magnífico rey es porque además de su gran sabiduría erigió el templo más grandioso de todos los tiempos.

LEECIONES DE COMPOSICÓN DE LA VIDA DE SALOMÓN:

1. Sabiduría de lo alto.

Cuando tengo la oportunidad de conversar con algún pastor, teólogo o maestro de la Palabra, suelo preguntarles qué opinan sobre la composición de canciones en el día de hoy, qué piensan de las canciones que suenan en las radios y que se están cantando en las iglesias. De todas las cosas que me responden la mayoría ha coincidido en decirme que a las canciones cristianas les falta profundidad. Señalan que mucho de la composición de hoy es superficial en sus letras, pobre en teología y riqueza literaria.

En lo personal opino lo mismo. Es nuestro desafío.

¿No será que nuestra poca profundidad de letras se deba a esa cualidad que poseía Salomón y que probablemente no tenemos? ¿No será que en esa característica sobresaliente de su vida resida la solución a la falencia de nuestras letras?

Pienso que sí.

Lo que nos ha faltado a los compositores de canciones es amar la sabiduría como nos habla Salomón a lo largo de todo el libro de Proverbios. En éste constantemente se nos estimula a buscar la inteligencia y el conocimiento, y a que la valoremos más que a cualquier joya preciosa.

¿Cómo se adquiere este tipo de sabiduría e inteligencia para componer? Claro que podría sernos dada de forma sobrenatural como a Salomón, pero no es la generalidad. La sabiduría está en los libros.

En la Biblia principalmente. Un compositor cristiano serio debe ser un asiduo lector de Las Escrituras. Somos llamados a plasmar en nuestras letras el mensaje de la Palabra y a cantar con nuestras melodías el evangelio. Por lo tanto, ¿quiere sabiduría para componer? Lea la Biblia en cantidades industriales.

Después de la Biblia la sabiduría está en el resto de libros que existen. Por supuesto que no estoy sugiriendo que los lea todos. Eso sería imposible. Pero adquiera el hábito de leer libros de temas cristianos, que aborden temas de la vida. Lea revistas de contenido serio, lea el periódico, lea artículos de interés por internet. La sabiduría está en los libros.

Leer dos libros por mes es una buena meta para el compositor que desea crecer en sabiduría y poderla reflejar en sus canciones.

Interesantemente el libro de Santiago dice: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual la da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5). Es decir, aunado al hábito de leer algo que nos ha faltado como compositores ha sido orar más sobre el tema. Es decir, pedirle de todo corazón al Señor que nos llene de su Espíritu, de ese Espíritu que describe Isaías 11:1, para poder recibir esa sabiduría que nos habla Santiago.

¿Qué tal si desde este día decide adoptar el hábito de la lectura para su propia vida? ¿Qué tal si desde hoy pone como una de sus principales peticiones orar por sabiduría divina? ¿Qué tal si le pide al Señor por letras de canciones nuevas y que nunca antes se han escrito?

Pienso que estos son algunos elementos, de entre otros, que nos ayudarán a crecer como escritores de canciones. De esta manera la próxima vez que me toque conversar con algún pastor, teólogo o maestro de la Palabra puedan decirme: “Estamos notando mayor profundidad en las letras de las canciones cristianas”.

Oro porque llegue ese día.

2. La canción de las canciones.

Como todos sabemos el autor de “El cantar de los cantares” es el rey Salomón. Creo que una mejor traducción del título del libro sería: “La canción de las canciones”. Porque esa fue la intención de Salomón de llamarla así, mostrar la mejor canción de entre todas las canciones que él había escrito.

Lo que me llama la atención de esta gran canción es que es una de amor. Donde se nos presenta al esposo y a la esposa, al amado y a la amada, desarrollando una especie de dueto musical y expresando lo maravilloso de su mutua unión.

En este sentido, una lección de composición que podemos aprender de la vida de Salomón es que como parte de la cultura israelí de aquel entonces existían canciones de pareja. “Canciones de amor”, como las conocemos hoy.

Una preocupación que yo tengo de la iglesia cristiana es que hay sectores evangélicos que condenan las canciones de este tipo. Cuando oigo a alguien expresarse negativamente de los cantantes que han escrito canciones para sus esposas, no dejo de pensar: “Caramba, este tipo está diciendo que está mal cantarle a la pareja. Si sigue hablando así le voy a decir que saque “El cantar de los cantares” del canon bíblico”.

La iglesia se ha quedado rezagada en cuanto a la composición de canciones de está índole. Los compositores no cristianos nos llevan kilómetros de ventaja porque como iglesia no hemos asumido nuestra responsabilidad de cantar sobre el amor. Siempre me pregunto: “Si los cristianos decimos conocer el verdadero amor, el de Dios y el de pareja, ¿por qué no componemos más sobre estos temas?”

Es una pregunta que deberían hacerse quienes critican a los creyentes que componemos canciones de amor.

Salomón nos dejó ejemplo, deberíamos imitarlo.

3. Componer es más que componer.

El texto que compartí al inicio dice que Salmón “fue conocido entre todas las naciones de alrededor y compuso tres mil proverbios y sus cantares fueron mil cinco” (1 Reyes 4:32). Fíjese, él compuso tanto proverbios como canciones. ¿Por qué? Porque la composición implica más que escribir canciones.

Creo que los compositores cristianos debemos ver la composición más allá del hecho mismo de componer canciones y escribir letras. Pienso que deberíamos dedicar parte de nuestro arte a la escritura de poesía, frases célebres, pensamientos (tipo proverbios), y por qué no decirlo: artículos que posteriormente podrían convertirse en libros.

La composición abarca más que escribir letras, implica la elaboración de poemas, cuentos, novelas y libros que aborden diferentes temas. Claro, no estoy diciendo que quien sabe escribir canciones sabrá crear este tipo de literatura. No, para eso hay que estudiar, tomar el desafío de crecer como escritores, tanto de canciones como de literatura, y de este modo beneficiar nuestra faceta de compositores.

Lo que quiero decir es que si un compositor emplea su tiempo no solo a escribir letras y se esmera en crecer como escritor, su forma personal de componer se verá beneficiada por ese amor al idioma, a la lengua y al arte gramatical, producto de su dedicación a estudiar.

Recientemente escuché a un periodista que entrevistó a Ricardo Arjona. Él le dijo: “¿Sabes qué Ricardo? Yo no te veo a ti como un compositor nada más. ¡Tú eres un verdadero escritor!” Dando a entender que para él Arjona entraba en la categoría de escritor de libros, no solo de canciones.

Salomón escribió canciones, ¡vaya que lo hizo!, pero también escribió pensamientos que hoy en día conocemos como Proverbios. Incluso escribió el libro de Eclesiastés. ¡Hasta una especie de obra teatro-musical que conocemos como “El cantar de los cantares”!

Definitivamente Salomón sabía que componer es más que componer.

Continuará…

3 Comentarios

  1. Pues ya me actualice en los temas jajaja xD
    la verdad es que como Salomon no habrá otro y al leer proverbios y eclesiastes uno se da cuenta de la profundidad del pensamiento de este tipo! es que es increible las comparaciones que hace en los proverbios el romanticismo de los cantares… es cierto lo q dices es algo triste que si quieres oir musica romantica secularmente tienes como mil grupos o personas que se dedican exclusivamente a eso (camila, sin banderas, arjona, etc) y si te vas al ambito cristiano escasean…(quiza por alli tercer cieloy alguna composicion especial de JAR o alex campos) «luz en las tinieblas» mmm
    y ahora que lo pienso quiza algunos de los fragmentos que desechamos para una cancion se nos dio no como parte de la cancion sino como quiza un dicho, una frase ó un proverbio :p me imagino a salomon escribiendo mucho y lo que para el no tenia sentido en un lugar lo hacia proverbio jajaja 😀 en fin ya me extendi excelente esta serie bro!

  2. GERSON: Interesante tu comentario, de veras que sí. Y tienes razón en lo de Tercer cielo, JAR y Alex Campos, son pocos quienes están incursionando en la composición romántica. Conozco muy pocos que sí. Como mencioné antes: «Salomón nos dejó ejemplo, deberíamos imitarlo».

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

  3. interesante el blog,en estos tiempos puede influenciar bastante a los chicos que poco leen pero quieren saber una certeza axioma.
    ser didácticos y sobre todo tener el empoderamiento del verdadero adorador del cual habla san juan:4;23,24. ¡ha y sobre todo ser un verdadero seguidor de dios!. bendiciones…

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