Compositores de La Biblia (Tercera parte)

Compositores de La Biblia (Tercera parte)

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DéboraBreves lecciones de sus vidas y canciones.

Un estudio sobre la vida y canciones de algunos de los más destacados compositores que registra la Biblia. Allí están, entre historia y profecía, entre Génesis y Apocalipsis. Algunos se ven, otros cuesta encontrarlos. Algunos los conoce: Moisés, David, Salomón. Otros usted ni se imagina que componían: Adán, Isaías, ¡el mismo Jesús! Todos escribían canciones. Estas son sus historias, sus canciones y las lecciones que aprendemos de ellos. En esta oportunidad le presento a: Débora.


Débora
La compositora materna.

En medio de una cultura donde los hombres ocupaban los puestos jerárquicos y gubernamentales más importantes, donde no era usual encontrar liderazgo femenil entre las altas esferas, sorprendentemente encontramos el relato de una mujer que ganó el favor y el respeto pleno de la sociedad judía. El libro de Jueces afirma que: “Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot; y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-tel… y los hijos de Israel subían a ella a juicio” (Jueces 4:4-5).

Débora fue probablemente lo que en su tiempo Margaret Thatcher, primer ministro británico, fue para los ingleses en la década de los ochenta. Lo que Condoleezza Rice, ex asesora de seguridad y ex secretaria de estado, fue para el gobierno de los EE.UU. durante la primera década del siglo XXI. Lo que Michelle Bachelet, ex presidente de Chile, fue para los chilenos durante el último quinquenio.

Débora… La gobernante.
Débora… La jueza.
Débora… La consejera.
Débora… La militar.
Débora… ¿La compositora?

Simultáneamente emergía su ministerio, del otro lado de la frontera se enlistaban los ejércitos de Jabín, rey de Canaán, para combatir. Su primer capitán, Sísara, había reunido “novecientos carros herrados” (Jueces 4:3) para la batalla. ¡Bastantes eh! Por eso, cuando el pueblo de Israel se enteró de los planes de guerra temieron en gran manera y clamaron al Señor para no ser aniquilados.

Es aquí donde aparece en escena esta extraordinaria mujer. Como receptora de las palabras de Dios mandó a llamar a Barac, líder del ejército judío, para decirle: “¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel que tomes contigo diez mil hombres y él traerá hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara, con sus carros y su ejército, y los entregará en tus manos?” (Jueces 4:6-7). Interesantemente Barac respondió: “Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré” (Jueces 4:8). “¡Yo iré!” dijo Débora y se unió a las filas guerreras.

Jueces capítulo cuatro no nos brinda mayores detalles del combate en sí. No es como otros pasajes bíblicos del Antiguo Testamento donde sí se nos describen los principales acontecimientos bélicos de las batallas judías. Curiosamente Jueces cuatro solo dice que: “Jehová quebrantó a Sísara, a todos sus carros y a todo su ejército, a filo de espada delante de Barac….” (Jueces 4:15). ¡Colorín colorado este cuento se ha acabado!

Sin embargo, aunque Jueces capítulo cuatro no dice mucho, Jueces cinco (donde está la canción que escribió Débora) sí nos brinda más detalles. Como los siguientes:

En primer lugar, no todas las tribus de Israel se enlistaron a pelear. En un momento de su canción Débora elogia a Efraín, Benjamín, Zabulón, Isacar y Neftalí por haberse unido “voluntariamente” (Jueves 5:9) a enfrentar al ejército cananeo; mas no así Rubén, Dan y Aser, señalándolos de haber tenido “grandes propósitos en el corazón” (Jueves 5:16) pero de no haberlos llevado a cabo uniéndose a la batalla. Esto debe haber ocasionado un clima tenso en toda la nación previo a la pelea.

El segundo detalle es que durante la batalla se desencadenó una fortísima tormenta que arrasó con el ejército enemigo. El texto dice: “Cuando saliste de Seir, oh Jehová, cuando te marchaste de los campos de Edom, la tierra tembló, y los cielos destilaron, y las nubes gotearon aguas… Vinieron reyes y pelearon; entonces pelearon los reyes de Canaán, en Taanac, junto a la aguas de Meguido… Los barrió el torrente de Cisón, el antiguo torrente, el torrente de Cisón…” (Jueves 5:4, 19 y 21).

Viene a mi mente la última batalla de la película: “Las crónicas de Narnia, el príncipe Caspian”, donde Aslan ordena a los elementos de la Creación que se unan a Peter, Susan, Edmun, Lucy y Caspian  para derrotar al ejército de Miraz. Ver a la Creación actuando a favor de las fuerzas del bien nos muestra una escena de poder sumamente impresionante que termina con el derrocamiento de Miraz y el reestablecimiento de Caspian al trono.

En el caso específico de la batalla descrita en Jueces no fue casualidad que una gran inundación ocurriera exactamente el día y hora en que Israel enfrentó al ejército cananeo. No, Dios ordenó que las fuerzas de la naturaleza respaldaran al ejército marchante y así apabullar al enemigo.

Por último, si imaginar a la Creación peleando junto al pueblo es impresionante, lo es más enterarnos que las legiones angelicales también lo hicieron. La canción de Débora dice: “Vinieron reyes y pelearon; entonces pelearon los reyes de Canaán, en Taanac, junto a las aguas de Meguido… Desde los cielos pelearon las estrellas; desde sus órbitas pelearon contra Sísara… Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová; maldecid severamente a sus moradores, porque no vinieron al socorro de Jehová, al socorro de Jehová contra los fuertes” (Jueves 5:19, 20 y 23).

Probablemente esta pelea fue muy similar a la que décadas después Israel enfrentó contra el rey de Siria y donde el siervo de Eliseo, al ver sitiada la ciudad, dijo: “¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos? Él le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Reyes 6:15-17).

Diez mil hombres + las fuerzas de la naturaleza + legiones de ángeles guerreros… ¿Cómo el ejército cananeo iba a prevalecer? ¡Imposible! Con razón luego de la batalla Débora y Barac se propusieron escribir una canción como emblema épico de la victoria.

LECCIONES DE COMPOSICIÓN DE LA VIDA DE DÉBORA.

1. Ver lo que otros no ven.

Los compositores son personas muy sensibles, ven en su entorno cosas que una persona común y corriente pasaría desapercibidas. Les alegran cosas que a otros no alegrarían y enfadan cosas que a otros no enfadarían. Una vez escuché decir a un poeta: “Nuestra sensibilidad puede ser tal que pareciera que fuéramos personas sin piel, con los músculos expuestos… ¡Hasta el aire nos puede doler! Podemos ser tan sensibles que hasta una hormiga subiendo por un muro nos emociona”.

Probablemente el oficio bíblico más parecido al de compositor sea el de profeta. Probablemente. Nuestra sensibilidad espiritual puede ser tal que podría equipararse al ministerio de la profecía. Quizá por eso algunos llaman a los compositores: “Los profetas contemporáneos”. Si recuerda, Débora era ambas cosas: profetiza y compositora. ¡Vaya combinación! Mientras componía ella no solo registró lo que sus ojos naturales observaron, sino también lo que sus ojos espirituales percibieron.

La próxima vez que componga escriba lo que su percepción y discernimiento le hayan permitido captar de alguna situación o experiencia. A lo mejor serán cosas que otros no han visto y que necesitan escuchar.

2. Componer en equipo.

La canción que aparece en Jueces capítulos 5 no solo fue escrita por Débora, sino en conjunto con Barac, quien antes de la batalla le había dicho: “Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré”. Bien podríamos imaginar a Barac diciéndole a Débora después de la batalla: “Oye Débora, ¡qué gran victoria obtuvimos hoy! ¿No crees que deberíamos componer algo para no olvidar jamás este gran triunfo?” Y Débora responder: “Si tú compones conmigo, lo haré; pero sino compones conmigo, no lo haré”.

Sabemos que los autores de esta canción son Débora y Barac, no solo por el encabezado de Jueces capítulo 5, sino porque hay aspectos de la letra de la canción que Débora no pudo haber escrito sino con la ayuda de Barac. Lea por favor esta parte: “Bendita entre las mujeres Jael, mujer de Heber ceneo; sobre las mujeres bendita sea en la tienda. Él pidió agua, y ella le dio leche; en tazón de nobles le presentó crema. Tendió su mano a la estaca, y su diestra al mazo de trabajadores, y golpeó a Sísara; hirió su cabeza, y le horadó, y atravesó sus sienes. Cayó encorvado entre sus pies, quedó tendido…” (Jueves 5:24-27).

¿Cómo supo Débora que Sísara se refugió en la tienda de Jael después de la batalla (Jueces 4:17-22)? ¿Cómo se enteró que Jael le sirvió leche en lugar de agua? ¿Cómo supo que Sísara murió con martillo y estaca? ¿Cómo se enteró que luego del estacazo Sísara se encorvó del dolor? ¡Por Barac! Quien persiguió al capitán cananeo, quien hablo con Jael y quien vio el cuerpo inerte de Sísara (Jueces 4:22). Por lo tanto, cuando Débora y Barac se juntaron a escribir cada quien aportó su grano de arena a la letra de la canción.

¿De qué nos habla esto? De componer en equipo. Aunque la composición puede ser un proceso individual, es bueno recurrir a otros para enriquecer nuestras canciones. Y si esto pasa, darles el crédito por sus aportes. Hay canciones que no alcanzarán su máxima expresión sino son escritas a la par de personas claves que nos ayuden a levantarlas a un nivel más alto. Para eso existe la composición en equipo.

3. Composición compasiva.

Ya vimos que Débora era gobernadora, juez y profetiza sobre el pueblo de Israel. Por eso dice el texto: “… y los hijos de Israel subían a ella” (Jueces 4:5). Pero, ¿por qué las personas subían a ella para recibir consejo? ¿Por qué se sentían atraídos por su liderazgo? Pienso que por algo más que simplemente ser la juez de turno, el texto dice: “Hasta que yo Débora me levanté, me levanté como madre en Israel” (Jueces 5:7 y 9).

Las personas se acercaban a ella porque además de ser una gran consejera sentían la ternura de una madre. Y se nota en su canción.

Como mencioné antes, no todas las tribus atendieron el llamado de ir a pelear contra Sísara. Solo algunos. A ellos Débora les dedicó algunos versos: “Entre las familias de Rubén hubo grandes resoluciones del corazón. ¿Por qué te quedaste entre los rediles para oír los balidos de los rebaños? Entre las familias de Rubén hubo grandes propósitos del corazón” (Jueves 5:15-16). Como diciéndoles: “Muchachos… ¡Mucho ruido y pocas nueces!”

Cuando Débora y Barac entonaron este cántico no solo la tribu de Rubén se sintió aludida, también la de Dan y Aser (Jueces 5:17). Ninguno de ellos se enlistó para la guerra. ¿Se habrán ofendido? No lo sabemos. Probablemente el espíritu con el que Débora entonó el cántico hizo que estas tribus reflexionaran sobre su propio proceder. Débora los reprendió poéticamente con el sentir de una madre por sus hijos.

No temamos componer versos confrontativos, solo asegurémonos de escribirlos con firmeza y compasión, con justicia y misericordia. Ambos elementos a la vez. De esa forma quienes se sientan aludidos serán motivados al cambio.

Continúa…

2 Comentarios

  1. Profetas/Compositores?
    me agrada la idea..
    Saludos!

    pd. vamos por un cafe y tu por un chocolate jiij

  2. ALY: Sí verdad!

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

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