Conversaciones cruciales (Tercera parte)

Conversaciones cruciales (Tercera parte)

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¿Por qué nos cuesta tanto decirles a otros la verdad?

Como mencioné en la primera parte de esta breve serie que termina hoy, después de escuchar la conferencia de Joseph Grenny acerca del arte de sostener conversaciones cruciales, mi amigo Roberto Bueno me dijo que, siendo misionero estadounidense, yo era uno de los pocos latinos que él conocía que sabía que tenían el valor de confrontar a la gente.

La forma como me lo dijo fue en tono de elogio. Sin embargo, yo sé de personas que me conocen pero que no me ven así. Hace poco alguien me dejó entrever que yo pude haber perdido ciertos puestos ministeriales porque quienes podrían contratarme bajo su cargo sabían que en “x” o “y” circunstancia yo podía pensar diferente o expresar mi desacuerdo.

Hace algunos años yo me hubiera sentido mal por dichas palabras, pero he aprendido a ver la capacidad de encarar a la gente con la verdad cuando las circunstancias lo ameritan y cuando está dentro de mi jurisdicción hacerlo, no como una debilidad, sino como una virtud. Es bueno tener el valor de confrontar a las personas, de propiciar la retroalimentación y de tener el ánimo de sostener conversaciones cruciales. Es bueno, no es malo.

Recuerdo una conferencia a la que asistí hace algunos años sobre el tema de liderazgo y que impartió Marcos Witt. Él decía que si tú eres líder es malo que tengas dentro de tu equipo de trabajo a personas que te dicen “sí” a todo lo que quieras hacer. Marcos explicaba que es bueno tener “personas que desafíen tu forma de pensar”. ¿Por qué? Porque cuando uno tiene a personas que solo saben decir “sí” puede que digan “sí” hasta a decisiones y proyectos que van a perjudicar sino a destruir la empresa o el ministerio. Es bueno tener gente que te diga “no” porque ellos pueden brindarte una perspectiva que los que siempre dicen “sí” no te pueden dar.

Además, Marcos explicaba que cuando de contratar personal para tu equipo de trabajo se trate siempre debes formularte esta pregunta: “En ´x´ o ´y´ situación, ¿yo tendré el valor de despedir a esta persona?” Si la respuesta es “no”, “entonces…” decía él, “¡ni se te ocurra contratarla!” Uno debe contratar a personas que si la suma de situaciones lo ameritan se debe tener el carácter de sostener una o varias conversaciones cruciales antes de despedirlo. Ahora bien, si aun así la persona no mejora o cambia, entonces se debe tener el valor de sostener esa última conversación crucial donde se despedirá. Por eso él aconsejaba no contratar a familiares o amigos para puestos claves de la empresa o ministerio si uno no va a tener el valor de despedirlas. “¡Por eso jamás debes de contratar para tu equipo de trabajo a tu esposa!” finalizó diciendo, “¿Cómo vas a despedirla sin poner en riesgo la relación? ¿Ah?”

Los buenos líderes tienen el valor, el carácter y la determinación de que cuando la situación lo requiera van a sostener una conversación crucial con quien deban tenerla. Es decir, entre mejor sea tu habilidad de propiciar retroalimentación mejor líder serás. Entre más débil seas para confrontar y encarar a las personas con la verdad, peor líder serás y más posibilidades de tener problemas.

Ahora, con todo lo que he escrito hasta el momento no tengas la falsa impresión de que yo tengo un Master en Conversaciones Cruciales. No, lamentablemente he aprendido a tropezones y a lo largo de los años lastimé a algunas personas antes de aprender a ser más inteligente emocionalmente hablando y más amable y afectuoso al momento de confrontar. Eso sí, hoy soy un mejor Noel que hace algunos años y espero seguir mejorando.

Un texto que siempre me alienta es este:

Más confiable es el amigo que hiere
que el enemigo que besa.
Proverbios 27:6.

¿Sabes qué significa? Que quien tiene el valor de confrontarte con tu mal carácter, con alguna falla o con algún pecado con miras a ayudarte, esa persona verdaderamente te ama. Sin embargo, quien calla, esquiva o posterga una conversación crucial porque tiene miedo a herirte, esa persona no te ama. No puede haber amor sin verdad, así que quien calla la verdad por no perder una amistad, realmente no sabe lo que es el amor.

Es mejor que te hieran y luego seas sanado;
a que no te hieran y nunca sanes tu enfermedad.
Proverbios 27:6 (paráfrasis mía).

Yo podría contarte anécdota tras anécdota de personas que las circunstancias de la vida o del ministerio me han permitido confrontar. Algunas son historias de éxito, es decir, de gente que ha reaccionado de forma fantástica ante mi iniciativa de sostener conversaciones tensas con miras a ayudarles; pero también tengo historias tristes de personas que se han puesto a la defensiva y hasta me han atacado verbalmente por cumplir mi responsabilidad de decirles la verdad y de hablarles de su necesidad de cambiar.

Es más, yo he llegado a la conclusión de que no se pude llegar a ser un buen cristiano si no se aprende el arte de sostener conversaciones cruciales. ¿Sabes por qué? Porque el Señor Jesucristo nos advirtió que en nuestro caminar cristiano existen altas probabilidades de que familiares, hermanos en Cristo o amigos nos fallen, y si eso llegara a suceder él dijo que tenemos la obligación de sostener una conversación crucial si es que ellos de verdad nos importan. Por eso dijo:

Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él
y hazle ver su falta.
Si te hace caso, has ganado
a tu hermano. Pero, si no, lleva contigo a uno
o dos más, para que “todo asunto se resuelva
mediante el testimonio de dos o tres testigos”.
Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia;
y, si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo
como si fuera un incrédulo o un renegado.
Mateo 18:15-17.

“Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y sostén una conversación crucial. Si te hace caso, ¡muy bien! Pero si no lo hace, lleva contigo a una o dos personas más para sostener otra conversación crucial…” (Mateo 18:15, paráfrasis mía). Repito: no podremos ser buenos cristianos si no desarrollamos la virtud de confrontar a nuestros hermanos cuando la situación lo amerite.

Vamos, yo no estoy hablando de confrontar por confrontar, estoy hablando de encarar a las personas cuando las circunstancias realmente lo requieran y cuando la persona en cuestión esté dentro de nuestra jurisdicción. Esto no es cuestión de ir a donde todo el mundo y sacarles en cara todas sus debilidades. No, es cuestión de que hay ocasiones que realmente ameritan que las atendamos por medio de una conversación sincera, afectuosa, pero firme.

Por no aprender el arte de sostener conversaciones cruciales es que muchas iglesias evangélicas y hasta ministerios musicales toleran situaciones comprometedoras y de pecado que no solo autodestruyen a las personas involucradas, sino que manchan el testimonio del Señor ante los de afuera. Todo por no tener la “resistencia testicular” (le llama mi hermano) de sostener conversaciones cruciales.

Noel Navas.

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