Conversando sobre composición con: Fabián Zolo (Segunda parte)

Conversando sobre composición con: Fabián Zolo (Segunda parte)

- en Conversando sobre composición
1307
0


Un compositor multifacético.

Una entrevista a Fabián Orozco, cantante, músico y compositor costarricense, presidente fundador de Grupo Desarrollo e Impacto Profundo DIP. Tiene una Maestría en Teología y otra en el área de Artes con vasta experiencia en el área de la comunicación y producción televisiva. Durante los últimos años se ha consolidado como asesor y conferencista para organizaciones gubernamentales de su país tanto en el sector público como en el privado. Hasta el momento ha grabado un disco de música cristiana: “Ilimitado” y en este momento está en proceso de producción y lanzamiento de su segunda producción musical. Una conversación a las 8:00 p.m. en el Centro Comercial Multiplaza del Este, San José, Costa Rica.

Fabián, cuando citas Apocalipsis 4 puedo imaginarme el trono de Dios rodeado de música, ¿no se deberá a eso que cuando nos acercamos a su presencia para adorar somos impregnados de música, melodías y canciones?  

Fabián: Por supuesto, a la hora de componer debemos tomar en cuenta que esto no es cuestión de solo agarrar un versículo y ponerle música, sino de encerrarse con Dios y dejar que él sople sobre nosotros la inspiración.

A veces creemos que componer es una tarea liviana, pero hay un punto más profundo donde debemos comprender que nuestra tarea es influenciar a la sociedad porque la composición es influencia espiritual. ¿Por qué crees que hay artistas que se han refugiado en la Kabala y en las religiones del Medio Oriente? Porque necesitan que sus composiciones estén cargadas de un poder espiritual que las haga llegar más allá. Ahora está muy de moda que los artistas se refugien en poderes espirituales. Por lo tanto, es hora que el compositor cristiano que posee la verdad, ¡la verdad!, tome más en serio su posición y se encierre con Dios para que él sople el espíritu que debe de ir en las canciones que van a cambiar a la iglesia. No que la van a hacer sentir bien, sino que la van a cambiar y que van a transformar a la sociedad. En esto debemos trabajar más.

¿Crees que ese es nuestro más grande desafío como escritores de canciones? ¿O tendremos algunos más?

Fabián: Mira, durante muchos años Dios trajo a la iglesia una dimensión mayor de alabanza y adoración, ¡y gracias a Dios por eso! Pero necesitamos una dimensión aún mayor. Lastimosamente hemos querido ver la Palabra de forma muy superficial y lo que ha pasado es que el compositor cristiano ha estado reciclando mucho del argot religioso, se nota en las canciones que siempre dicen: “Tú eres digno” o “Tú eres santo”. Claro, esas son verdades reales, pero si solo las repetimos sin una revelación de lo que realmente significan estos conceptos pierden su peso. Sería interesante dedicar más tiempo y profundizar, más bien, desmenuzar más estas expresiones que hemos utilizado durante tantos años para que recobren nuevo significado en nuestro corazón.

Creo que es imprescindible que nos divorciemos un poco del interés de grabar el género o ritmo musical en boga y que nos avoquemos a buscar los sonidos y los géneros autóctonos para redimirlos para el Señor y hacer una alabanza y adoración mas rica. La alabanza y adoración se encasilló en un cuadrado, todo suena casi igual de principio a fin. Pero si nosotros investigáramos (porque tu ministerio requiere que investigues) otros sonidos que generalmente no hemos utilizado para el Señor y seguramente seríamos muy enriquecidos. Si entendiéramos que la alabanza y adoración es traer a todas las naciones, las culturas, sonidos e instrumentos a un altar de adoración, ¡qué maravillosa seria la riqueza sonora y cultural de nuestra música! Tendríamos una adoración más multicultural y hasta pienso que las raíces de nuestra sociedad y de la cultura serían sacudidas. Yo veo que la música cristiana ha estado encuadrada en: batería, bajo, guitarra, piano; ritmos: pop, pop-rock, rock y reggaeton; sin embargo, hay sonidos de las culturas que no hemos explorado impidiéndonos vivir el concepto total del Salmo 150.

En mi caso personal yo no grabo música de género, yo grabo fusiones de música autóctona. Hago una investigación de distintos sonidos y claro, los monto sobre una base pop u orquestal, porque quiero vivir el Salmo 150. Es que ya tenemos mucho de lo mismo y yo creo que Dios no se llama: Dios. Él se llama: Sidkenu, Adonai, Shalom, Nissi, etc. Pero nosotros solo lo llamamos Dios y pensamos que nuestra música debería ser de una sola forma, cuando Dios es muchas formas. Nuestra composición debería reflejar la multiformidad de Dios.

Entiendo que tu primer disco: “Ilimitado” lo produjiste con esa visión, ¿verdad?  

Fabián: El disco es un esbozo de sonidos porque utilizo sonidos africanos y celtas, por ejemplo. En algunas canciones la guitarra habla, en otras la flauta. “Ilimitado” es un atisbo nada más, lo hice así porque me daba miedo que la gente no pudiera asimilarlo. Pero en este segundo disco soy mucho más agresivo, es uno sobre una base sinfónica y de distintas fusiones culturales. Mira, he caminado por tres continentes, he hablado con gitanos, con indios nativos, con negros, chinos, con mestizos y he absorbido su bagaje. Por lo tanto, he querido de una u otra forma honrar esas experiencias trayendo una alabanza y adoración multicultural.

¿Cuál es tu método habitual de componer? ¿Tienes alguna práctica que favorece tu forma de escribir?

Fabián: Mi cantera de composición es la Palabra pero aplicada a la experiencia diaria. Mira, yo soy un amante de la creación. Te lo voy a decir de esta forma: Los árboles me susurran melodías, los atardeceres me soplan ideas musicales y hasta la sonrisa de un bebé me habla una canción. Te lo digo conciente de que algunos se asusten pensando que soy un seguidor de la Nueva Era…

Pero la Biblia misma confirma lo que dices cuando Isaías escribió: “Los árboles del campo cantarán…”

Fabián: Exacto, y también: “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento la obra de sus manos” y hasta cuando el Señor mismo dijo: “De los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza”. Entonces sucede que tengo dos procesos para componer. El primero donde una palabra clave o una frase pulula en mi mente y me siento a inquirir en la Escritura, medito en ella y me inspiro. De eso resulta un mensaje o una predicación, luego voy y la condenso en una canción.

Otras veces no, simplemente estoy en mi casa escuchando el sonido del río, de los árboles o de los niños jugar. A veces hasta ver a un par de enamorados me inspira ideas. Inclusive cuando voy manejando abro la ventana y dejo que el viento me peine, y como ves tengo cabello largo. Todas estas situaciones de las que te hablo pueden inspirarme una canción y como soy un cantante que conoce la Palabra, la Palabra se fusiona a mi experiencia poética y me siento a componer. Por lo general yo espero a que las ideas toquen a mi puerta, les abro y dejo que ellas me canten.

¿Cuánto tardas en escribir una canción?

Fabián: A veces cuatro horas, a veces dos días y otras veces tres meses.

¿Te ha sucedido que has escrito canciones producto de cánticos espontáneos? Es que te he visto ministrar y veo que tienes una facilidad muy especial de fluir en cántico nuevo…

Fabián: Sí, han habido cánticos nuevos que el Espíritu Santo ha dado a luz en mi y cuando los reviso, porque a veces graban mis ministraciones, yo digo: “Aquí hay una canción”. Dependiendo de cómo esté el mover de Dios en el lugar vienen secuencias de acordes a mi mente o una palabra que Dios está hablando. A veces son palabras verticales hacia el Señor y otras veces horizontales donde Dios quiere hablarle a las personas. Entonces cuando sueltas la palabra en cántico nuevo de repente percibes que tienen una estructura. Suele pasarme que como lo he cantado varias veces esa estructura me queda grabada en la mente y cuando termina la reunión las repaso, redacto y a partir de allí comienzo a escribir una canción. En este nuevo disco que viene hay tres cánticos espontáneos que se convirtieron en canción…

¿Qué canciones son y cómo nacieron?

Fabián: Hay una que se llama: “Jehová saldrá”, que comencé a escribir en un momento de guerra espiritual y donde el predicador estaba encendidísimo hablando del carácter guerrero de Dios. De repente, mientras estábamos en ese mover, recordé un versículo bíblico que dice: “Jehová saldrá como poderoso gigante, como guerrero despertará a celo…”  y empecé a armar una estructura melódica para cantar esa Palabra. Más adelante cuando la agarré la estructuré en una canción.

Otra es: “Vengan y adoren”, que menciona alrededor de 45 nombres de Dios, de principio a fin, y el coro dice: “Vengan y adoren a Dios pueblos todos acérquense y examínense, humíllense ante su presencia, grande y temible es él” y empieza a recitar los nombres habidos y por haber de Dios. Luego de ese tiempo donde fluí con esa melodía el Señor me ministró diciéndome: “Conoce mi nombre”, así que a partir de allí me sumergí en un estudio como de tres semanas e hice la canción basado en esa estructura que nació mientras adorábamos.

La tercera canción se llama “Tomamos autoridad”, que nació en un momento de intercesión de nuestra iglesia y vino la figura que dice: “Tomamos autoridad contra toda potestad, tomamos autoridad en el nombre de Jesús, Norte y Sur ríndanse, Este y Oeste ríndanse, porque el Señor nos ha entregado la ciudad”. Eso fue todo, llegué a mi casa, retomé las ideas y le creé dos estrofas. Y mira, ¡con una sinfónica la canción suena impresionante! ¡Impresionante!

Fabián, para ir terminando, me da curiosidad preguntarte: ¿aún te sigue costando parir canciones como cuando comenzaste?

Fabián: ¡Claro! Componer es un proceso que se repite una y otra vez, cada canción tiene una personalidad distinta. Las canciones son como personas, tienen un carácter, una identidad, un color de piel, todos son distintos y en la medida que puedas hacerlas distintas la una de la otra las vas a amar porque vas a ver que cada una hace lo suyo. ¿Me entiendes? ¡Me cuesta! A mí siempre me ha costado componer.

Gracioso es que cuando me propongo: “Voy a componer una canción…” ¡todo se cierra! Sin embargo, cuando estoy en un escenario y empiezo a acariciar mi piano comienzan a salir canciones, pero si me siento en otro momento… ¡Es un trabajo titánico!

Noel Navas.

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te podría interesar

Por qué soy tan vehemente en contra de la confesión positiva

Como expliqué durante la serie Julio Melgar, la