Un multifacético compositor guatemalteco.

Una entrevista a Miguel Ángel Villagrán, mejor conocido por su apodo de familia: Málin. Productor de los primeros 3 discos de Ricardo Arjona, con participaciones en proyectos de Ana Cirré (de España) y Armando Manzanero (de México). Productor en alrededor de 25 proyectos de artistas de Integrity Music, como: Aline Barros, Héctor David, Kristy Motta, Fernando Solares, Vertical, Paul Wilbur, entre otros. Músico, cantante, productor, arreglista, compositor, esposo, padre, etc. Una conversación jovial, a las 10:00 p.m., en su estudio de grabación en Ciudad de Guatemala, Guatemala.

Málin, sin preámbulos, conversemos sobre composición. ¿Desde cuándo surgió ese amor por la música que te llevó a dejar tu carrera universitaria para dedicarte a estudiar la música como profesión?

Málin: La música siempre ha sido importante en mi vida. Recuerdo que desde niño mientras mis amigos jugaban a la pelota yo estaba cantando con un amigo, sentados, cantando canciones.  Aprendí a tocar batería a los 9 años y como mis hermanos tocaban guitarra pues comencé a tocar guitarra también. Como dice un amigo mío: “Es microbio ya lo traía”. No pude evitarlo. En nuestros países lamentablemente no hay una industria musical y entonces uno crece creyendo que la música es un hobbie o algo para bohemios. Nunca se ve como algo a lo que uno se puede dedicar profesionalmente. Pero como te digo la música fue convirtiéndose en algo muy importante en mi vida. Me percaté de eso cuando entré a la universidad e inicié la carrera de arquitectura. Francamente allí había gente con talento para eso y yo decidí estudiarla porque en ese entonces para mi era la carrera que más se acercaba al arte. Y bueno, pensé que allí me podía realizar. Ya en mi segundo año de universidad me frustré porque estaba dejando de estudiar aquello que realmente quería estudiar. Yo decía: “En la música puedo progresar, aquí no”. Así que contra la corriente dejé la carrera. Como te dije antes aquí no hay industria musical y uno tiene miedo a fracasar pero como de joven se tiene esa pasión y la inconciencia (se ríe) de hacer cosas que después ya no harías me lancé a estudiar música profesionalmente. Recuerdo que un semestre ya no llegué a la universidad y me metí al conservatorio.

Quiero resaltar algo y es que cuando hice el cambio lo hice como debe de ser. Es decir, dejé de lleno la carrera y me metí de lleno en la música. Te lo digo porque hay gente que hace lo mismo pero no estudia música profesionalmente sino como hobbie o empíricamente. No lo toman como una profesión. Yo me metí a estudiar guitarra 6 a 7 horas diarias. La tomé tan en serio que cursé un año de estudios en México en la Academia del Arte Guitarrístico, del maestro Manuel López Ramos, un argentino muy famoso. Ese año que estuve no conocí México porque como te dije: estudiaba como 6 ó 7 horas diarias. Esa era mi mentalidad. Salí de aquello para hacer esto bien.

Entiendo que con todo y tu consagración a los estudios profesionales de música tú aún no escribías canciones…

Málin: Antes de responderte te cuento una anécdota. Yo ya trabajaba profesionalmente y recuerdo que me ofrecieron un empleo en un estudio de grabación para hacer jingles publicitarios. Prácticamente lo que haces en un jingle es crear la música porque el publicista, si es buen publicista, ya te da la letra. Él sabe qué es lo que quiere decir en su campaña así que te la da. Imagínate, no acepté el trabajo porque creí que no podía realizarlo. Sentía que era una montaña gigantesca que no podía subir. En ese entonces aún tenia la idea equivocada de que esto de crear música es para gente que ya lo trae. Yo me veía simplemente como un intérprete. Lo que yo había aprendido en mis años de estudio era leer partituras e interpretar, pero nunca había considerado la idea de comenzar a componer. Eso me pasó por no haberme criado en un ambiente musical adecuado donde me estimularan esa área y por eso no lo había hecho. En fin, no me atreví a tomar ese empleo porque no me creía capaz. Ahora que veo para atrás comprendo que no eran tan complicado.

¿Cuándo fue que sí te animaste a hacerlo?

Málin: Mucho de mi trabajo en la música era hacer covers, oyendo lo de la radio, copiándolo y cantándolo. Esa es una manera de reproducir la música pero realmente no estás creando nada. Después de eso pasó algo importante en mi carrera y es que comencé a tocar con unos jóvenes donde lo que ellos hacían era música original. La banda se llamaba: “Ensamble acústico”. Así que empecé a tocar con ellos el bajo. Pero el rollo de la banda era tocar música original. Un día me dijeron: “Bueno, comenzá a crear canciones vos y nosotros las vamos a interpretar”. Tocábamos en el Café de la Casona, frente a un hotel de la capital y comencé a pensar que sí, lo voy a hacer y así fue como comencé a componer. Compuse 2 temas instrumentales originales.

Pero antes definitivamente nunca habías creado nada…

Málin: Nada.

¿Que sucedió entonces que ahora sí pudiste?

Málin: El reto de hacerlo, porque me pidieron que lo hiciera y que lo tocaríamos. La gente que llegaba a ese Café llegaba a escuchar ese tipo de música, original, algo que no era muy común en ese entonces. Así que comencé a hacer mis primeros ´tanes´ en la composición y vi que no era muy complicado. Yo tenía mi acervo musical, tenia experiencia en música clásica y jazz, así que comencé a componer.

¿Recuerdas el nombre de tus primeras piezas?

Málin: Sí, una se llamó “Encuentro fugaz”. La llamé así porque fue mi primer encuentro con la inspiración. Yo sentí que en un momento me encontré con la inspiración y por eso le puse ese nombre a la pieza. Obviamente no fue un encuentro prolongado pero cuando surgió una melodía la titulé de esa manera. Luego hice una que llamé: “Noches de júbilo” porque teníamos algunos conciertos de jazz en el Teatro Nacional donde iban a venir músicos de EEUU y me puse a escribir. Como te digo mis primeras piezas fueron instrumentales.

¿Cuándo fue que apareció la oportunidad de trabajar con Ricardo Arjona? Entiendo que fue una etapa muy importante en tu carrera…

Málin: ¡Importantísima! Porque en el primer disco: “Animal nocturno” yo me di cuenta cómo era que él componía. Cuando hicimos el disco inicialmente me llamó para arreglar 5 canciones y otra persona arreglaría las otras 5. Bueno, al fin de cuentas terminé arreglando todo el proyecto. Cuando estábamos en Dallas él comenzó a escribir otras canciones que le vinieron a la mente y yo vi todo el proceso de cómo las creaba. Mira, fue tan interesante la forma en que trabajamos porque no nos interferíamos el uno con el otro. Tengo la imagen de Ricardo metido en el baño del cuarto del hotel componiendo: “Primera vez” mientras yo al otro lado del cuarto arreglaba: “Quién diría”. La cual teníamos que grabar al siguiente día. Todo el disco fue sobre la marcha. Y bueno, ver a Ricardo me sirvió mucho para saber cómo se componía. Comprendí que componer es un trabajo, que tienes que buscar frases, enfocarte y estar envuelto en lo que haces. Es estar pendiente de nuevas ideas, no dejar las cosas al azar y a la inspiración, que todo esto es un trabajo que hay que realizar y que podés ir mejorándolo cada vez más.

También me dí cuenta de lo importante que es leer. Arjona no se acostaba antes sin leer. Siempre que estuve con él ví cómo leía a buenos autores. En este sentido, aprendí mucho sólo con verlo aunque en ese momento no desarrollé la habilidad. Pero sí, ví cómo desarrollaba sus ideas, cómo combinaba cosas. Fíjate, a veces hacía una canción pero de esa canción sólo le gustaba el coro, no el verso. Cuando eso pasaba se detenía, y hacía un nuevo verso. Ví como aplicaba todos los recursos que tenía y creaba algo nuevo.

¿Ya eras cristiano cuando le produjiste sus primeros 3 discos? Y si así era, ¿enfrentaste algún tipo de crítica por ser cristiano y a la vez trabajar con un músico secular?

Málin: Yo me convertí por hay de 1986 y con Ricardo trabajé a inicios de los ´90. Pero mira, yo siempre he creído que cuando un médico, por ejemplo, se convierte al Señor el siguiente día él continúa su labor de curar enfermos, ¿verdad? Sigue haciendo lo que siempre ha hecho. Él no dice: “Ahora que soy cristiano solo voy a curar a cristianos”. Eso es ridículo. En este sentido cuando un músico se convierte la gente quiere que de repente esté tocando en la iglesia y no toque para nadie más. La medicina y la música son dos profesiones iguales. Yo estudié música y vivía de la música. Y bueno, definitivamente me comenzaron a criticar porque estaba haciendo este tipo de trabajos. Yo siempre he pensado que todo es un proceso. Yo era un músico cristiano pero no estaba activo en la música cristiana. Yo llegaba los domingos a recibir con mi esposa y con mis hijos y claro, tenía mi trabajo.

Afortunadamente no era un trabajo que hacía en un bar, sino me hubiera sentido incómodo. No, hacía solo arreglos y tenía un estudio. No me incomodaba hacerlo y era una excelente oportunidad de trabajar con Ricardo. En ese entonces él no era famoso pero yo ya había olfateado que iba a convertirse en alguien famoso y que haría algo especial con su originalidad. Y sí, tuve que lidiar con eso de que la gente hablara, pero sinceramente no me importaba. Yo tenía mi esposa y mis hijos que mantener. A la vez tenía en mi corazón trabajar música diferente pero todo es un proceso y cuando el Señor ve el deseo de tu corazón comienza a abrir y cerrar puertas.

Recuerdo que cuando hice su tercer disco: “Si el norte fuera el sur”, comencé a sentir la necesitad de hacer un disco dedicado a Dios. Eso fue por hay del año ´96. Sentía tal gratitud que decía: “¡Wow! Yo estoy trabajando grandes proyectos pero quisiera hacer algo para Dios”. Así fue como comenzó a nacer la semillita de hacer algo para el Señor y de planear mi primer disco instrumental: “Bajo la luz”.

¿Cómo fue la experiencia de grabar: “Bajo la luz”?

Málin: Fue en 1997 y la experiencia fue muy interesante. Precisamente en ese disco aparece la primera canción que escribí, se llama: “Me siento Jonás” (escúchela aquí). La hice con un amigo. Resulta que como yo quería hacer un disco bien hecho y no me animaba a escribir una canción solo la comencé a escribir con Ramiro Eduardo. Él es publicista. Y comenzamos el proceso como si fuéramos a montar una campaña publicitaria. Primero una lluvia de ideas, las pusimos sobre la mesa y comenzamos a armar frases y rimas. Pusimos el tema central, que era la historia de Jonás y luego cómo queríamos enfocar la melodía. Como te dije: tipo cuando montas una campaña publicitaria. Con su ayuda la escribí. Allí volví a darme cuenta que no era algo del otro mundo, que era cuestión de trabajar. A veces uno piensa que esto de componer canciones tiene que ver con estar bien inspirado y que la canción llega en ese momento. Pero no, fíjate que a mi me motivó mucho una frase que escuché, creo que a Joan Manuel Serrat, una vez le preguntaron cómo se inspiraba, si estando frente a un lago o si se iba a un bosque y él contestó algo que me impactó mucho. Él dijo: “Escribo todos los días para que cuando la inspiración me sorprenda me encuentre trabajando”. Bueno, en ese disco está mi primera canción cantada.

¿Qué sucedió en tu vida a través de ese disco? ¿Cambió algo o todo siguió igual?

Málin: Yo creo que “Bajo la luz” marcó una etapa importante en mi carrera, ese disco dejó una huella en mi vida. Cuando lo hice fue como haber firmado un contrato invisible con relación a mi llamado. Ese disco contiene canciones instrumentales a Dios, allí comencé a poner en práctica todo lo que ya había hecho con mis amigos, donde dije: “¡Voy a hacer mi propia música!” Y sí, comenzaron a pasar cosas bien importantes, por ejemplo: firmé con Integrity Music. Eso fue algo milagroso. Aún ellos me han dicho que nunca han firmado a alguien que les ha enviado un disco por correo. Cuando lo recibieron lo escucharon y les gustó. El mismo presidente de Integrity me dijo que nunca había visto algo así y sucedió. Claro, había un propósito de Dios en todo esto. Yo aún guardo el correo electrónico que dice: “Nos gustaría que su disco formara parte del catálogo mundial de Integrity si llegamos a un acuerdo”. Yo dije: “¡Claro que vamos a llegar a un acuerdo!” (Se ríe). Ahora que veo en perspectiva en muchos sentidos ese disco fue la llave para grupos como Vertical, Generaciones, o cantantes como Kristy Motta. Ese disquito le abrió la puerta a gente de Guatemala que han entrado a Integrity y ves, ya  llevo 25 producciones con ellos.

Luego vino “Nacer de nuevo”, tu segundo disco…

Málin: Sí, por cierto en “Nacer de nuevo” está la primera canción cuya letra y música es completamente mía, se llama: “Como Noé” (escúchela aquí). Esa fue la primera canción que hice solo. Yo tenía la idea, la trabajé formalmente, busqué un objetivo, lo que quería decir, me costó hacerla pero la hice.

¿Cómo escribiste: “Mi amigo Jesús”? Tú sabes que es de mis favoritas, ¿a qué se debió que le dieras ese toque brasileño?

Málin: Cuando estaba haciendo “Nacer de nuevo” visité Brasil y a mi siempre me ha gustado la música brasileña. Por cierto, cuando tocaba con este grupo que te hablé “Ensamble acústico”, a la vez teníamos un grupo que se llamaba: “Cantos del Brasil”. Sí, éramos los mismos que tocábamos en “Ensamble acústico” pero solo tocábamos música brasileña y teníamos una cantante. Bueno, cuando fui a Brasil, lugar que siempre había querido conocer, me dije: “Tengo que hacer canción con aire brasileño”. Y ves, la canción es totalmente instrumental. Al final tiene un corito que dice en portugués: “Mi amigo Jesús, salvó mi corazón” (escúchela aquí) y hasta le puse sonidos de olas para darle ambiente brasileño.

Málin, a esta altura de nuestra conversación se me ocurre preguntarte: ¿qué le dirías a alguien que desea aprender a escribir canciones? ¿Qué le recomendarías para que pueda lograrlo?

Málin: Yo creo que hay varias opciones cuando se trata de escribir. Definitivamente componer puede parecer algo titánico porque para quien no lo ha hecho es una montaña bien alta. Pienso que lo primero que hay que tener para componer es las ganas de escribir. Como en cualquier cosa en la vida si querés lograr algo te preocupás por encontrar el camino. Como cuando estás frente a una montaña y querés subirla, te preguntás: “¿Cuál es el camino? ¡Ah! ¿No lo hay? ¡Entonces hay que hacerlo!”

Por otro lado hay elementos básicos, tener un poquito de musicalidad dentro de uno, porque una canción es música. Además, debes querer contar algo, una historia por ejemplo. O sea, tener claro de qué querés escribir. Para escribir una canción debés de definir un foco central: lo que querés decir, a quien lo querés decir, cómo lo quiero decir, etc. Estas son preguntas que uno tiene que hacerse antes de emprender cualquier cosa. Fíjate que para hacer canciones sirve mucho escuchar otras canciones. Claro, de forma conciente. Porque uno puede escuchar música y decir: “¡Ah, qué bonito!” y no prestar atención. Pero si pones atención entonces analizas musicalmente y literariamente una canción. Hacer eso ayuda a comprender cómo es que cada cosa va a en su lugar y que hay cosas que se deben decir antes para luego decir otras. Uno puede aprender a escribir por imitación. Un buen ejercicio es oír una canción y quitarle la letra y ponerle la tuya. ¡Como ejercicio por supuesto! Y luego quitarle la melodía, dejar la letra e inventar tú tu propia melodía. Son ejercicios que sirven. Pero como te digo: lo más importante es definir lo que querés hablar. Digamos, ¿querés hablar sobre el mar? Entonces las estrofas deberían hablar del mar sin siquiera mencionarlo y luego caer en el coro mencionando directamente al mar, que es azul, grandioso y que cubre la Tierra. Lo principal es enfocarse, de qué aspecto específico querés hablar. Cosa que inevitablemente te llevará a establecer el título de la canción.

Continúa…