Roberto Orellana 1Un cantante, músico  y compositor “Todoterreno”.

Una entrevista a Roberto Orellana, compositor y cantante de origen chileno quien han grabado los discos: “Vientos del sur”, “Entre mar y cordillera”, “Tierra del fuego”, “Mi nuevo amor”, “Esperando en ti” y “Tengo fe” entre otros. Con más de 15 años de ministerio musical tiene en su haber muchos premios y una nominación al Grammy Latino. Simultáneo al canto desarrolla programas de ayuda alimentaria en comunidades pobres en varios países de Latinoamérica. Está casado con Waleska con quien tiene dos hijos gemelos. Una conversación en las oficinas de la Iglesia de Jesucristo Familia de Dios en Guatemala. Gracias a la colaboración de Luis Fernando Solares, a las 11:00 a.m.

Me gustaría profundizar un poquito más en eso que dijiste antes, de que tú no haces lo que está de moda, ¿cómo has vencido esa presión de producir lo que todos están produciendo, digamos: alabanza y adoración? ¿Cómo has hecho para seguir tu propio camino?

Roberto: Yo soy muy folclórico. Mi hijo Roberto toca conga y percusiones, es la sangre africana que viene del lado de mi esposa y se ha manifestado en mi hijo. ¡Yo igual! Dentro de mí hay una Quena, un Charango, un desierto, la Patagonia, ¡tengo sangre india! ¿Me comprendes? Entonces yo creo que lo mejor que te puede salir a ti es ser tú mismo, pero mucha gente quiere ser judía, tener ancestros israelitas, porque la gente se siente inconforme con lo que son. Tú nunca debes avergonzarte de lo que tú eres. Nadie es de segunda. Hace poco estuve en Israel, todo mundo quería saber si sus apellidos venían de alli y preguntaban: “¿Tú crees que mi apellido viene de aquí? Es que yo esto y lo otro…” Preguntan eso porque quieren sentir que pertenecen a algo. La gente anda buscando ondas para saber qué son. ¡Hermano! ¡Sé tú mismo! No debemos vivir en una ropa equivocada. Si a la gente le va bien con un estilo musical es porque le va bien hacer eso y porque hay un llamado de Dios detrás de eso. Es más, les va a seguir yendo bien porque es su forma de ser y de interpretar la música. Yo no hago mucha música para el cielo… ¡Yo hago música del cielo para la calle!

Yo creo que es bonito estar en las piernas de tu papá, de tu mamá y decirles: “¡Papi te quiero! ¡Mami te amo!” y estar todo el día acariciando. Claro, a los padres nos gusta que los hijos nos besen. Pero también a los padres nos gusta que los hijos laven los platos, que vayan y corten la grama y no estar todo el día: “Padre te amo, qué rico estar aquí contigo en tu presencia”. Sí, es rico, pero también la gente se está perdiendo. Tenemos mareros, adictos, prostitutas, alcohólicos, mujeres maltratadas, gente con hambre… ¡Tenemos mucho trabajo! Por eso mi música es folklórica porque llega a la high class pero también a la gente de la montaña, la gente que lo pasa mal. Alguien me dijo una vez: “La formula ganadora uno nunca la debe cambiar. Si te va bien así, no cambies”. Aunque claro, uno debe ir siempre reinventándose cada año sin perder tus raíces.

Hablando de la importancia de no solo decirle a Dios: “Te quiero y te amo” e ir más  allá de esa intimidad, entiendo que tú tienes un ministerio de obra social donde ayudas a mucha gente, ¿qué es lo que te ha hecho ir más allá del canto y la composición e intentar transformar la realidad que te rodea?

Roberto Orellana 4Roberto: Es que el evangelio de Dios es simple, dice: “Porque lo hiciste a uno de estos pequeños a mí me lo hiciste”. Entonces yo creo que la mejor canción que yo puedo hacer no es la que yo canto, sino la que yo vivo. Mis mejores canciones se las canto al Señor en las montañas, con las mulas, llegando a los lugares que nadie llega. Mira, yo tengo 50 mulas, un caballo y un equipo de médicos que me ayudan. Yo levanto comedores infantiles. Primero tuve 17 niños, luego 50. Todo esto comenzó en Chile y Argentina, recogíamos gente de las calles y les dábamos de comer. Aquí mismo en Guatemala recogíamos niños de los basureros en Chiquimula y pudimos levantar un “Paraíso infantil”. En Amazonas trabajamos con una tribu indígena, los “Guaraos” y les ayudamos. En Honduras estoy trabajando con los indios “Lencas”, en las montañas donde ni los políticos quieren ir. Creo que ahorita tengo 500 niños a quienes les proveemos un almuerzo.

Mira, lo importante no es solo caminar sino qué haces en el camino. Te cuento, hace poco estuve en Limón, en Costa Rica. El pastor que me atendió me dijo: “Roberto, voy a ir a ver cómo está el ambiente en el estadio y tú mientras come algo aquí en el restaurante”. Cuando estaba alli vi por la puerta a un hombre en la calle que gritaba: “¡Denme una cuchara!” y nadie lo atendía. Los meseros y la gente del restaurante estaban viendo un partido de futbol y nadie se fijaba en el hombre de la calle que seguía gritando: “¡Denme una cuchara!” En un momento yo me levanté y le pregunté al hombre qué quería. Me fijé que tenía un plato de comida que alguien le regaló pero no tenía con qué comerlo. Quizá quien se lo dio pensó que por ser humilde podía comer con la mano. Entonces fui y me acerqué a un mesero y le dije: “O le das una cuchara… ¡O le paso mi cuchara!” Entonces el mesero reaccionó y le consiguió una cuchara de plástico. La tomé y le dije al mesero que yo se la daría. Fui y me senté con aquel hombre. La pregunta es: “¿Le das de comer tú o le doy de comer yo?” No debemos esperar a que otros hagan las cosas que debemos hacer nosotros. Yo no puedo pasarme la vida esperando a que el gobierno haga algo, ¡el gobierno no va a hacer nada! Ni el alcalde lo va a hacer con sus 3 ó 4 años en el puesto. Ellos usan ese tiempo para hacerse billetes y olvidarse de la gente. Este es el mensaje que comparto con todos: “¡O lo haces tú o lo hago yo!” No podemos dejar que la gente pida una cuchara y dejarlas gritando, ¡debemos hacer algo!

Aparte de este extraordinario trabajo que haces por la niñez, ¿qué otras cosas te satisfacen como cantante y compositor?

Roberto Orellana 5Roberto: ¡Ser papá! Ser papá y tener una esposa extraordinaria. Llegar a la casa, que mis hijos salgan corriendo y me digan: “Te amo”. Eso me hace sentir aterrizado. Me hace sentir que soy un siervo de Dios, pero más que ser un ministro de música y misionero, ser padre y ser esposo me llena y me hace sentir completo. Porque podemos salvar el mundo y perder a nuestra familia.

Yo no soy un cantante ni un músico desbocado que pasa fuera de su casa, yo no estoy más de dos días fuera. Este fin de semana es una excepción porque estaré un fin de semana con dos pastores respetados aquí en Guatemala y otro en Panamá en una actividad evangelística muy importante. Yo soy un músico organizado, yo no estoy veinte días fuera de mi casa paseando. No, yo vengo al hotel y de alli a la iglesia y de la iglesia al hotel. Yo no ando haciendo cosas fuera de lugar. Entonces, eso me hace sentir completo, respetar a mi familia y mi lugar como músico. Yo no llego antes ni me voy después de los sitios donde me invitan. No creo en eso de ministrar en un lugar y quedarte cinco días más dando vueltas y dejar a tu familia esperando en casa. Creo que tú tienes que llegar a casa cuanto antes. Muchos hoy en día quieren grabar para viajar y olvidar a sus familias. Eso está muy mal. La familia es lo más importante. Lo primero que Dios formó para el hombre es la familia no un ministerio musical.

Hace un momento te escuché cantar una canción para tu hijo, ¿verdad? ¿Cómo y por qué se la escribiste?

Roberto: Sí, “Tengo fe” se la escribí por esta situación de la salud de Roberto. Él es alguien muy maduro y ama a Dios con intensidad. Cuando voy a ministrar a ciertos lugares y me acompaña siempre lo hallo en el altar con sus manos alzadas y adorando. El otro día eran como las dos de la mañana, lo vi bajando las escaleras y le pregunté: “¿Te sientes bien? ¿Qué haces?” “Sí papi, estoy bajando a orar”. Fíjate, en mi casa todas las mañanas hay oración a las 5:00 a.m. Mi esposa pone música y hay un ambiente bien bonito de oración. Entonces, volviendo a Roberto, él está muy claro que el Señor va a hacer su obra en él y por eso le escribí esta canción apoyándolo y diciendo: “Tengo fe, esperando mi milagro” (escúchela aquí).

¿Cuáles son los testimonios que más te han impresionado y que has escuchado a lo largo de tu ministerio musical?

Roberto: Todos los días tengo testimonios, ¡todos los días! Ante noche una señora en Tampa, Florida, me dijo: “Hermano, ¿lo puedo abrazar?” “Claro…” le dije, “soy su hermano”. Y me abrazó mientras me miraba mi esposa, era un abrazo con mucho respeto. Me dijo: “Es que usted no sabe cuánto me ha acompañado su música en mi vida, ¡15 ó 16 años me ha acompañado!” Los testimonios que recibo es que la música no es música plástica, sino música que perdura y ayuda a las personas en los desiertos, los momentos difíciles de la vida.

Hace un mes estaba en Houston y una señora dijo que quería conocerme y llegó con su hijo Arturo. Me dijo: “Te traje a mi hijo porque te tiene que contar algo. Yo me convertí al Señor con un disco tuyo y por eso le lleve a mi hijo la canción: ´Anoche llegaste tarde´ porque él estaba portándose muy mal”. Ella le puso a su hijo la canción y resulta que él estaba haciendo cosas tan horribles que cuando entró al cuarto se arrepintió y le pidió perdón a su madre. Ella encontró a su hijo explotado en sangre, por su nariz y sus oídos. Él estaba tan sumergido en lo diabólico que cuando lo llevaron al médico no pudieron explicar que había ocurrido. El asunto es que el Espíritu Santo se derramó tan fuerte alli que todos quedaron tocados por Dios. Por cierto, hace una semana volví a Houston y llegó esta mamá con Arturito a saludarme. Están muy contentos y han perseverado en el Señor. Si te fijas “Anoche llegaste tarde” no es una canción hacia el cielo, sino del cielo para la calle. Que aunque no la escribí yo pues esas son las canciones que yo interpreto.

Roberto, gracias por tu tiempo, ¿tienes una palabra para los compositores de hoy? ¿Qué consejo les darías a todos aquellos que estamos o queremos involucrarnos en el mundo de la composición?

Roberto: Imagina que tú te caes, te sumerges en el barro y no puedes salir. De repente aparece un amigo que te extiende su mano, te saca de alli, te ayuda a limpiarte y te da ropa nueva y limpia. Mira, ese amigo se llama Jesús. Tú estás muy contento con él. Pero llega un día en el que tú le dices: “Mira Jesús, yo sé lo que hiciste por mi pero yo ya no quiero hablar mucho de ti, no quiero que me asocien contigo”. ¡Eso es ser un malagradecido! Yo creo que el pecado en el que están incurriendo muchos músicos es que por comercializarse se están avergonzando de Jesús. Con tal de que los oigan más están negando el nombre de Jesús. No estamos teniendo músicos radicales, están surgiendo músicos artísticos que están negando la fe de Cristo. Pero lo que el hombre siembra cosecha. No podemos avergonzarnos de un amigo tan extraordinario como Jesucristo. Necesitamos que él esté presente en cada letra, en cada canción. Necesitamos músicos radicales. Pues si el mundo está sumergido en el barro solo Cristo los puede salvar. Pero nosotros queremos salvar al mundo sin Cristo, sin su nombre. El nombre de Cristo es lo que nos distingue como Iglesia, en su nombre tenemos lo que tenemos. Entonces, ¿por qué negarlo? ¿Por qué ya somos famosos y tenemos un nombre? Necesitamos gente con compromiso, con compromiso de pronunciar el nombre de Jesús. Creo que tenemos gente mal agradecida, que después de ser nada de repente grabaron un disco y se hicieron famosos, pero con sus canciones están diciendo: “¿Sabes qué Cristo? ¡Ya no te necesito!” Eso es ser un mal amigo. Jesús no se merece tal falta de respeto. Creo que tenemos que confesar a Jesús con autoridad porque él es el nombre más extraordinario sobre la Tierra.

Noel Navas.