Cuando el pueblo de Dios no es pueblo de Dios (Cuarta parte)

Cuando el pueblo de Dios no es pueblo de Dios (Cuarta parte)

Una historia profética para nuestros días.

Ya vimos dos realidades del pueblo de Dios en la actualidad. La primera es que, así como en el antiguo Israel había un pequeño grupo de hombres practicando el homosexualismo, así también lo hay entre nuestras filas hoy. Y segundo, que, así como la tribu de Benjamín estuvo a favor de no denunciar a ese grupo, sino por el contrario, lo acuerparon, así en la iglesia de hoy hay cristianos que dicen ser cristianos, pero asienten a este tipo de conductas tanto dentro de sus congregaciones como en la sociedad.

En tercer lugar, Jueces nos habla de que Dios llama a su pueblo a confrontar a quienes están a favor del homosexualismo entre nuestras filas.

Luego de la negativa de la tribu de Benjamín de entregar a los sodomitas y de paso, demostrar con este acto su aprobación a este tipo de conductas, las once tribus se dispusieron a ir a la guerra contra los benjamitas. Imagínate, once tribus contra una; la mayoría contra la minoría; quienes estaban a favor de los valores contra quienes estaban en contra. ¿Por qué estaban por iniciar una guerra civil? ¿Por qué se declararon la guerra entre ellos mismos? Porque Dios les dio su consentimiento. Jueces dice:

Los hijos de Israel se levantaron, subieron a Betel,
y consultaron a Dios, y dijeron: ¿Quién de nosotros
subirá primero a pelear contra los hijos de Benjamín?
Entonces el Señor dijo: Judá subirá primero. Los hijos
de Israel se levantaron por la mañana y acamparon contra
Guibeá. Y los hombres de Israel salieron a combatir contra
Benjamín, y los hombres de Israel se pusieron en orden
de batalla contra ellos en Guibeá.

Jueces 20:18-20.

El texto dice claramente que cuando el pueblo de Dios consultó al Señor acerca de esta pelea, él les dio su aval para emprenderla. Es probable que dicha confirmación divina la hayan solicitado después de recordar Deuteronomio 13:12-18 donde se especifica que cuando se rumorara de que habían “hombres perversos” dentro de una ciudad primero debían indagar para corroborar si era cierto y luego de confirmarlo debían aniquilarlos a espada. Curiosamente, también en Deuteronomio 13:13 en hebreo se denomina a los “hombres perversos” como: “hijos de Belial”. Por lo tanto, las once tribus no se conformaron con la indiferencia de Benjamín de no entregarles a los pecadores. Ellos no dijeron: “¡Hay dejémoslos! Somos del mismo pueblo así que llevemos las cosas en paz”. Ni tampoco: “¡Olvidémonos del asunto! No debemos juzgarnos los unos a los otros”. No, ellos sabían lo que Deuteronomio enseñaba acerca de este tema y, además, tenían la confirmación divina de ir a pelear. Por eso, no se resignaron a que la tribu condescendiente con el mal se saliera con la suya y se dispusieron a enfrentar a la tribu rebelde.

Hace un par de años un amigo músico se fue de gira por Centroamérica con una agrupación cristiana de mi país. El viaje sería por varios días y mientras estaban de gira tuvieron algunas horas libres durante el día para ir a conocer la ciudad. Una tarde él regresó al cuarto de hotel que compartía con un par de integrantes de la banda y al entrar al hotel subió corriendo las gradas y al llegar a la puerta de la habitación la abrió apresuradamente solo para llevarse la sorpresa de encontrar a un cantante y a un músico desnudos y abrazados sobre una de las camas. Al nomás verlos exclamó: “¡Uy! ¡Perdón!”, cerró la puerta de golpe y bajó espantado al lobby del hotel para buscar al pastor que supervisaba la gira.

Ya en el lobby le notificó lo que había presenciado y lo animó a que subiera para corroborar. El pastor le dijo: “No, ¡déjalos!” Mi amigo se sorprendió por su respuesta y lo confrontó con su indolencia ante un pecado en el que encontró infraganti a estos músicos. Entre conversación y conversación se percató que el pastor sabía de dicha relación y no le importa ese tipo de conductas. Mi amigo lo reprendió severamente, abandonó la gira y se regresó al país.

Fíjate, mi amigo tenía muy bien fundamentados sus valores cristianos. Estos valores fueron los que lo impulsaron a actuar de inmediato y denunciar el pecado ante la autoridad inmediata. Él no titubeó y dijo para sí: “¡Para qué meterme en problemas! ¡Mejor me quedo callado!” No, él no hizo eso. Es más, cuando el pastor asintió a dicho pecado y le dijo que dejara en paz a los músicos, tampoco dijo: “El pastor tiene razón, ese problema no es de mi incumbencia, ¡mejor me ocupo de lo mío y aquí todos felices!” No, al ver la indolencia de este hombre lo reprendió con severidad y se regresó a casa sin dudarlo.

¿Sabes cómo se llama eso? Tener carácter. No asentir ante el mal y confrontar a las personas conforme a la voluntad de Dios cuando un pecado de este tipo se descubre. Dios avala este tipo de valor, el Señor aplaude este tipo de actitud y nos anima a que cuando entre el pueblo del Señor se evidencie alguna falta de este tipo, la confrontemos. Y precisamente eso fue lo que hicieron las once tribus de Israel, consultaron al Señor para enfrentarse con la tribu rebelde y emprendieron una guerra civil.

La guerra civil a la que me estoy refiriendo y que la iglesia evangélica está enfrentando y va enfrentar, no es a nivel físico ni cuerpo a cuerpo como en Jueces, ¿ok? Nuestra guerra es espiritual, por eso Pablo escribió a los efesios: “no luchamos contra enemigos de carne y hueso” (Efesios 6:12) y a los corintios: pues, aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:4-5).

La guerra espiritual que la iglesia está enfrentando es a nivel de la mente, en el terreno de las ideas, en el campo de los pensamientos y las convicciones. Por eso el texto anterior habla de fortalezas mentales, argumentos, razonamientos altivos y de traer cautivo a Cristo las maneras de pensar, porque la guerra espiritual es a nivel intelectual. En su libro: “El Jesús que no puedes ignorar”, John MacArthur dice: “la Escritura misma enseña claramente que el principal campo de batalla donde Satanás pelea su lucha cósmica contra Dios es ideológico. En otras palabras, la guerra espiritual en la que cada cristiano está inmerso es, ante todo, un conflicto entre la verdad y el error…”

Prácticamente hay dos bandos dentro del pueblo de Dios: los “conservadores” y los “liberales”. A los “conservadores” también se les llama: “fundamentalistas” o “radicales”; sin embargo, en esta serie yo me refiero a ellos simplemente como: “conservadores”. Y los “liberales” son conocidos también como: “progresistas”, “posmodernos”, “innovadores posmodernos” y hasta “revisionistas”. Pero en esta serie los llamaré simplemente: “liberales”.

Los conservadores son las once tribus, los liberales la tribu de Benjamín. Los conservadores están en contra de la práctica de la homosexualidad, los liberales a favor de que la toleremos. Los conservadores defienden la autoridad de la Escritura en cuanto a temas de moralidad, los liberales dudan de su autoridad y quieren que la interpretemos a la luz de la cultura.

Para que tengas una noción de lo que está en juego en esta guerra civil a nivel ideológico que se está llevando a cabo entre estos dos bandos dentro de la iglesia, te comparto una anécdota que relató John MacArthur hace un tiempo. Él cuenta que recibió un mensaje de voz en su teléfono pidiéndole ir a visitar a un enfermo en el hospital, cosa que efectivamente hizo. Al llegar al hospital le dijeron cómo llegar a la habitación del hombre y al entrar se encontró con una persona caquéctica. Era piel y huesos, ojos vacíos y mejillas hundidas. El hombre estaba muriendo de SIDA y en ese momento el cáncer lo estaba consumiendo. Este le confesó a MacArthur que era homosexual, provenía de una familia cristiana y hasta había hecho dos años en el instituto bíblico. Él sabía que le quedaba poco tiempo de vida y que al morir se condenaría en el infierno. Así que después de una presentación del evangelio y de llamarlo al arrepentimiento, el hombre se reconcilió entre lágrimas con el Señor solo para morir cinco días después. MacArthur finalizó su anécdota diciendo:

“Déjenme decirles algo, una de las tragedias supremas de nuestros tiempos es la desclasificación de la homosexualidad como pecado. Porque cuando la descalificas como un pecado los cortas de la fuente de su salvación. ¡Es una desclasificación condenante! No estás siendo amable con los homosexuales cuando lo llamas: “un estilo de vida opcional” o “una preferencia sexual”. Hacer eso no es ser amables, considerados ni amorosos. ¡Eso es condenarlos! Lo más amable que jamás podrías decirle a alguien en el pecado de la homosexualidad es: “es un pecado que te va a condenar y te va a excluir del Reino de Dios para siempre”. Eso es lo más amable que les puedes decir” (1).

Amigos, ya estamos en una guerra civil a nivel ideológico y en los siguienes meses y años está por acrecentarse. Los conservadores versus los liberales, la verdad contra la mentira, las once tribus versus la tribu de Benjamín en rebelión. Y el Señor nos llama a que batallemos por nuestros hermanos que creen que son parte del pueblo de Dios, pero que realmente no lo son. La apostasía está a las puertas, los creyentes están siendo tentados por el pecado, hay un destino eterno en juego. Y este es uno de los motivos por los que Dios nos insta a alzarnos en armas espirituales para persuadir a quienes están dubitando y así impedir que se aparten del Señor. El apóstol Judas escribió: “a otros, salvad, arrebatándolos del fuego…” (Judas 23), porque si ganamos esta batalla por la verdad, eso es lo que habremos logrado, salvar de la condenación a nuestros propios hermanos que están dándole la espalda a la autoridad del Hijo de Dios en sus vidas. Si logramos evitar que la tribu de Benjamín contemporánea se aparte del  Señor, veremos el cumplimiento de las palabras de Santiago cuando escribió: “hermanos míos, si alguno de entre vosotros se extravía de la verdad y alguno le hace volver, sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5:19-20).

Estamos en una guerra a nivel espiritual, se está peleando en el campo de la mente y el destino eterno de las personas está en juego. Dios nos está llamando a que peleemos con las armas espirituales que nos ha dado, ¿te unirás a las filas de las once tribus?

Continúa leyendo la Quinta parte.

Notas:

(1) Testimonio tomado del foro de Facebook “Predica el Evangelio” y su sección de videos.

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