Cuando el pueblo de Dios no es pueblo de Dios (Primera parte)

Cuando el pueblo de Dios no es pueblo de Dios (Primera parte)

Una historia profética para nuestros días.

El libro de Jueces contiene uno de los relatos más espeluznantes de toda la Biblia. Si bien es cierto que en el Antiguo Testamento hay historias que asustan como la del diluvio universal donde miles murieron ahogados, la destrucción de Sodoma y Gomorra siendo calcinadas, la rebelión de los hijos de Coré abriéndose la tierra y engulléndoselos vivos, etc., la que tomaré como base para esta serie podría irse a los penaltis con ellas por lo gráfica y explícita que es. Comienza en Jueces capítulo 19 y a manera de resumen, la historia es como sigue…

Resulta que un levita tenía una concubina que le fue infiel. A causa de esto ella decidió regresar a la casa de su Padre, en Belén. Unos días después el levita decidió perdonarla e ir tras ella a la casa de su suegro para pedirle que regresara. Ya donde su suegro y ella asintiendo en volver, por varios días, su suegro no los dejó retornar. No sabemos el motivo, pero cada vez que el levita intentaba regresar con su concubina a casa, su suegro amistosamente lo impedía. Cuando por fin lograron irse, llegaron de noche a una plaza de la ciudad de Guibeá, de Benjamín. No olvides este nombre por favor: Guibeá, de Benjamín. Si recuerdas, en la época del Antiguo Testamento se acostumbraba dar posada gratuita a los viajantes, pero curiosamente pasaban las horas y nadie les ofrecía hospedarlos. Ya entrada la noche un hombre les tendió la mano, se los llevó a casa y es aquí es donde un tierno relato de una pareja recién reconciliada que regresaba feliz a casa se convierte en una historia de “viernes 13”.

Después de departir por unas horas, unos hombres golpearon a la puerta y al estilo de Sodoma y Gomorra, donde los hombres de la ciudad le exigieron a Lot sacar a los ángeles para tener relaciones sexuales con ellos, quienes azotaban desde afuera le exigieron al hospedero que sacara a su invitado porque querían acostarse con él. Después de un forcejeo verbal y con la intención de salvar sus vidas, este hombre les ofreció a la concubina del levita, los hombres aceptaron la oferta y abusaron sexualmente de ella durante toda la noche hasta el amanecer.

En la mañana, al abrir la puerta, tanto el hospedero como el levita encontraron a la mujer muerta en la entrada. El levita la montó sobre su asno y se la llevó a casa. Y es aquí que el texto dice:

Cuando entró en su casa tomó un cuchillo, y tomando
a su concubina, la cortó en doce pedazos, miembro
por miembro, y la envió por todo el territorio de Israel.

Y todos los que lo veían, decían: Nada como esto jamás
ha sucedido ni se ha visto desde el día en que los hijos de
Israel subieron de la tierra de Egipto hasta el día de hoy.
Consideradlo, tomad consejo y hablad.
Jueces 19:29-30.

El final de la historia es espeluznante, un guion para película de terror, de esos que cuando sales del cine tienes que ver si tu ropa no tiene salpicaduras de sangre o debes de llamarle a tu familia para saber si siguen vivos de tanta sangre que viste. Un relato espantoso. La pregunta es: ¿por qué el Espíritu Santo, que inspiró las Escrituras, permitió que un relato así se incluyera dentro del texto bíblico? ¿Qué utilidad puede tener para la comunidad cristiana una historia así? O por lo menos, ¿qué enseñanza para el crecimiento espiritual puede obtener un lector serio de la Biblia derivado de este relato?

Bueno, seguramente esta espeluznante narración tiene como propósito mostrarnos cuán bajo puede caer una sociedad anárquica que le da la espalda a Dios y a la moralidad. Por eso Jueces 19 comienza diciendo: “en aquellos días, cuando no había rey en Israel…” (19:1), la cual es la misma expresión con que el capítulo 21 finaliza: “en esos días no había rey en Israel…” (21:25). Es decir, esta sección del libro de Jueces es una sola y abarca el grupo de tres capítulos que quiero utilizar de base para esta serie.

Aun así, yo creo que la historia descrita en Jueces 19-21 también es profética. Creo que tiene matices de analogía, rasgos de semejanza y cierto grado de similitudes con lo que está ocurriendo entre el pueblo de Dios en la actualidad. Por lo tanto, los pensamientos que voy a compartirte a través de esta serie tienen que ver el tema del movimiento progresista y liberal y su afán porque la iglesia cristiana latinoamericana dé su visto bueno a las relaciones homosexuales y las uniones gay entre sus filas.

Estoy consciente de que utilizar un pasaje como Jueces 19-21 de base para extraer principios o realidades sobre el cristianismo de hoy podría sorprender a algunos y hasta generar malinterpretaciones, principalmente porque apelaré a una guerra de la antigüedad para que nos hable de la guerra a nivel ideológico que está desarrollándose hoy. En este sentido, te animo a que leas las siguientes entradas desde el espíritu con que escribo: con una legítima preocupación por lo que está ocurriendo en la iglesia evangélica a causa del lobby gay y de la ideología de género que ya se está inmiscuyendo en la iglesia evangélica.

Por ejemplo, a inicios de 2017 me enteré de la existencia del sitio web: La Conversación en Curso. Si tú has seguido mi blog y mis redes sociales habrás notado que en meses pasados he hablado un poco de ellos, quienes, además de promover el homosexualismo por medio de artículos y videos, se consideran a sí mismos una página cristiana. Vamos, haz el ejercicio de entrar a dicho sitio y busca en el menú los “links” recomendados, encontrarás nombres de pastores y cantantes evangélicos que apoyan dicho movimiento. Ahora, además de publicar periódicamente artículos y videos traducidos de predicadores liberales como Rob Bell, Brian McLaren, Peter Collins, etc., quienes abiertamente han expresado su asentimiento al homosexualismo en la iglesia, este sitio es un esfuerzo para que los creyentes tengan una conversación, “que está en curso”, dicen ellos, para replantear la teología que nos han enseñado y los dogmas que hemos aprendido dentro del cristianismo evangélico. Para ellos la verdad no es absoluta, sino que está en continuo cambio y que a medida que han pasado los siglos las interpretaciones bíblicas que la mayoría de cristianos conocemos debieron modificarse hace mucho y adaptarse a la cultura contemporánea.

Personalmente creo que debemos reflexionar y examinar si el cristianismo que estamos creyendo y practicando es consecuente con las enseñanzas del Nuevo Testamento; sin embargo, esta reflexión que sitios webs como el que estoy señalando están estimulando a sostener no es para conocer en profundidad lo que la Escritura enseña sobre esta temática, sino para que dudemos de la autoridad de la Biblia y que asintamos a conductas que a todas luces la Palabra señala como malas.

Ahora, si crees que este tipo de foros serán los únicos que se levantarán a favor del homosexualismo en la iglesia o has vivido los últimos años de tu vida cristiana en el subsuelo o no has entendido qué es lo que se avecina para el mundo y para la iglesia. Más recientemente otro movimiento que se hace llamar: La Diferencia, y que al igual que La Conversación en Curso se llaman a sí mismos «cristianos», también es pro homosexualismo y cuentan ya con miles de seguidores en Facebook. Es decir, lo que estamos presenciando es la repetición de Jueces 19-21 dentro de la iglesia evangélica. Es decir, así como el pueblo de Israel tuvo entre sus filas un grupo de liberales que querían seguirse llamando a sí mismos “pueblo de Dios” y a la vez avalar el homosexualismo, también se está levantando un segmento de la iglesia que quiere seguirse llamando “cristiana” y a la vez practicar estilos de vida pecaminosos. Y así como el pueblo de Israel descrito en Jueces sufrió una guerra civil en su propio territorio producto de lo que sucedió en Guibeá, de Benjamín, también la iglesia evangélica experimentará una guerra civil, pero a nivel ideológico, entre hermanos, dentro de las congregaciones y entre denominaciones.

El apóstol Pablo escribió: “porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió…” (Romanos 15:4). Y: “estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos” (1 Corintios 10:11). Es decir, detrás de las cosas que experimentó el pueblo de Dios del Antiguo Testamento existen algunas lecciones espirituales para el pueblo de Dios del Nuevo Testamento, la iglesia. Es por eso que creo que hay cosas que podemos extraer de este extraño relato de las Escrituras tanto para nuestro discernimiento personal como para nuestra comprensión de la realidad como iglesia. Principalmente de la guerra civil que se generó producto del episodio que en los párrafos de arriba resumí.

Por lo tanto, con la firme convicción de que este pasaje nos brinda luz de lo que está pasando y está por pasar entre nuestras filas, a continuación, comparto algunas lecciones que podemos aprender de esta historia de “viernes 13” que ya comencé a relatar, pero que no termina allí, sino que a penas fue la desencadenante de todo lo que vino después.

Continúa leyendo la Segunda parte.

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