Cuando el pueblo de Dios no es pueblo de Dios (Segunda parte)

Cuando el pueblo de Dios no es pueblo de Dios (Segunda parte)

Una historia profética para nuestros días.

En la entrada anterior inicié relatando la historia del levita y su concubina, una historia sumamente extraña que forma parte del libro de los Jueces. Resumiendo: la historia inició cuando un levita fue a recuperar a su concubina que había huido, después de convencerla de volver, de regreso se hospedaron en la casa de un hombre hospitalario a cuya puerta se avocó un grupo de homosexuales que querían tener relaciones con el levita. Si lees Jueces 19 y la comparas con Génesis 19 (donde habla de los ángeles visitando a Lot y los hombres de la ciudad queriendo acostarse con ellos), prácticamente son la misma historia. Al final, el dueño de la casa convenció a estos hombres a que tomaran a la concubina y no al levita y estos abusaron de ella. Al amanecer, el hospedero y el levita la encontraron muerta en la entrada y este último la cargó hasta llegar a su propia ciudad. ¿Qué hizo al nomás llegar? El levita la diseccionó y envió un pedazo del cadáver a cada una de las tribus de Israel.

SIETE REALIDADES EN LA IGLESIA EVANGÉLICA CONTEMPORÁNEA

Ante relatos bíblicos como este uno se pregunta: ¿por qué el Espíritu Santo permitió que una historia así formara parte del canon bíblico? ¿Qué podrá hablarnos el Señor a través de una historia como esta? Bueno, en esta entrada y las siguientes, compartiré siete lecciones espirituales que podemos extraer de los últimos tres capítulos del libro de Jueces.

En primer lugar, Jueces nos habla de que hay quienes están practicando el homosexualismo entre el pueblo de Dios.

Suena paradójico, ¿verdad? Pero es cierto. Hay personas que afirman ser parte del pueblo de Dios y a la vez están comprometidas en relaciones con personas de su mismo sexo. Estoy hablando tanto de hombres comprometidos con hombres como de mujeres comprometidas con mujeres. El libro de Jueces dice:

Mientras ellos se alegraban, he aquí, los hombres de la ciudad,
hombres perversos,
rodearon la casa; y golpeando la puerta,
hablaron al dueño de la casa, al anciano, diciendo: Saca al hombre
que entró en tu casa para que tengamos relaciones con él.

Jueces 19:22.

Fíjate, según Jueces 19, un grupo de benjamitas golpearon a la puerta exigiendo al hospedero que les entregara a su invitado para tener relaciones sexuales con él. ¿Estos individuos eran miembros de una de las tribus de Israel? ¿Estos benjamitas eran parte del pueblo de Dios? ¡Por supuesto!

Claro, todos sabemos que quien dice ser del pueblo de Dios, pero no vive según los valores de dicho pueblo, realmente no es del pueblo de Dios. Pablo mismo lo dijo: “porque no todos los descendientes de Israel son Israel; ni son todos hijos por ser descendientes de Abraham” (Romano 9:6-7). Quienes forman parte del pueblo de Dios son quienes viven según los principios morales de dicho pueblo. En este sentido, por lo menos de nombre y en apariencia, estos benjamitas inmorales eran parte del pueblo de Israel.

Lo curioso del texto de Jueces 19:22 es que, según la Biblia de las Américas, una traducción literal de la expresión “hombres perversos” puede ser: “hijos de Belial”. ¡Espera! ¡Espera! ¿Leíste bien? Una traducción literal de la expresión “hombres perversos” es “hijos de Belial”. ¿Sabes lo que eso significa? Que estos hombres, aunque aparentaban ser hijos de Dios, realmente eran hijos de Satanás. Lo que el libro de los Jueces nos está diciendo es que estilos de vida perversos, como la homosexualidad, están asociados con el enemigo de nuestras almas y francamente este detalle pone todas las cosas en perspectiva, al punto de concientizarnos que este tipo de prácticas dentro del pueblo de Señor es algo gravísimo.

Will Graham, columnista del sitio español Protestante Digital, en su artículo ¿Por qué no asistí a la Celebración Cristiana LGTB?”, donde habla sobre una invitación que recibió para asistir a un evento ecuménico de tono inclusivo, escribió: “si el Señor Jesús dice que Él es el camino, la verdad y la vida, la fe cree y predica esta misma verdad al mundo entero. Si Cristo dice que muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos (incluso dentro del pueblo evangélico), la fe cree y predica esta misma verdad al mundo entero. Si el Salvador dice que en el principio Dios los hizo varón y hembra, la fe cree y predica esta misma verdad al mundo entero. Una fe que no se somete a la autoridad del Hijo de Dios es una fe que no desciende de lo alto, “sino terrenal, animal, diabólica” (Santiago 3:15). Es la espiritualidad de Beelzebú, el príncipe de las tinieblas” (1).

Como dice un amigo mío: “hay que llamar al pecado por su nombre”. Es decir, o sigues los preceptos del Espíritu del Señor o los del espíritu del maligno. Y lo triste de nuestra realidad como iglesia es que este tipo de atracción entre personas del mismo sexo está presente en nuestras filas, así como lo estuvo en el Israel descrito en Jueces. Seamos francos, existe un porcentaje de cristianos (confío que pequeño) que dicen llamarse cristianos, pero que están sumergidos en dichas prácticas sin que sus pastores y hermanos en la fe lo sepan.

Una amiga que es psicóloga y líder en su iglesia me relató la vez que una hermana de su congregación se le acercó directamente para decirle: “quiero confesarle que usted me atrae físicamente y quisiera pedirle que nos reunamos hoy a las tres de la tarde para orar juntas”. Mi amiga se quedó pasmada, un temor comenzó a apoderarse de ella por semejante confesión hasta que de tajo le dijo: “¿Ah, sí? ¡Está bien! Si quiere nos reunimos para orar, pero mi esposo tendrá que acompañarnos y así oramos los tres, ¿le parece?” Obvio que la “supuesta” hermana no aceptó y desistió de pedirle que oraran juntas. Después de relatarme este incidente mi amiga me dijo: “¿Sabes qué Noel? El espíritu de lesbianismo se viste de un espíritu religioso para engatusar a personas que padecen este tipo de debilidades y así lograr seducirlas. Estas personas buscan a otras mujeres para orar, para pedir consejería o acordar reuniones de discipulado en privado, y entonces intentan seducir a sus víctimas”.

Debido a situaciones como estas es que ministerios especializados en restauración de homosexuales y lesbianas recomiendan que al momento de brindarles ayuda quienes les mentoreen en consejería sean matrimonios. No personas solteras, sino un hombre y una mujer debidamente casados y con experiencia en ministrar áreas de sexualidad. De este modo se disminuye lo más posible cualquier intento de seducción o de un probable enamoramiento entre consejero (a) y aconsejado (a).

Otro amigo que es profesor de una escuela de música cristiana en mi ciudad me contó de una alumna que se le acercó para pedirle consejo. Resulta que la chica no sabía qué hacer ya que se había enterado que en el equipo de alabanza de su iglesia, del cual formaba parte, habían cuatro señoritas que practicaban el lesbianismo y que eran coristas. Según le contó a mi amigo, ellas mismas la habían invitado a una pijamada en casa de una de ellas, pijamadas que solían realizar de forma periódica, y aunque obviamente ella les dijo que no asistiría, quería saber qué hacer porque estaba pensando seriamente retirarse, no solo del ministerio de música, sino de la iglesia.

Personalmente yo tuve que confrontar un caso de lesbianismo hace algunos meses de una líder en una iglesia evangélica y que estaba enamorada de una de sus discípulas y viceversa. Los sentimientos lésbicos estaban a flor de piel y aunque inicialmente manifestó arrepentimiento y un deseo de romper con esa amistad, al final su arrepentimiento fue más remordimiento que otra cosa y su atadura emocional más fuerte que su compromiso con Cristo. Para sorpresa mía, después de confrontarlas bíblicamente a ambas, al final no quisieron romper la relación y decidieron hacer su propia voluntad.

Los casos que estoy mencionando ocurrieron en mi país, El Salvador. No creas que estoy apelando a ejemplos en EE.UU. o de algún país europeo. Es por eso, que si tú me sigues en mis redes sociales podrás entender el porqué de mi preocupación por este tema. Es decir, esto está pasando en mi ciudad y en iglesias evangélicas que conozco y aprecio; sin embargo, ¿qué podríamos decir de las iglesias en Guatemala? ¿Qué de las de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá? ¿Qué de las iglesias en Sudamérica cuyos países incluso son más liberales que los centroamericanos?

Hace dos años publiqué la serie: Equipos de Alabanza y Homosexualismo, que puedes leer dando clic en el título, y allí hablé de otros casos de homosexualismo que me enteré, pero dentro de ministerios musicales. Por medio de esa serie quise proponer alternativas de ayuda y restauración a pastores y liderazgo musical que estuvieran enfrentando casos de este tipo entre sus cantantes y músicos. Si haces el chance de leerla, verás que el tono es firme, pero a la vez muy compasivo y con miras a ayudar a quienes quieran abandonar este tipo de conductas.

Ahora bien, en esta ocasión, mediante la serie «Cuando el pueblo de Dios no es pueblo de Dios», iré más allá del ámbito musical y plantearé el panorama de lo que está ocurriendo y está por ocurrir a nivel general en iglesias y denominaciones. Como bien afirma José Luis Cinalli, del ministerio Placeres Perfectos, de Argentina, él dice: “cuando detectas a un homosexual, hubo nueve más que no detectaste” (2). Cinalli asegura que del 100% de homosexuales, solo en el 10% es evidente. Esto significa que es un mito el pensamiento que dice que es fácil saber quién es y quién no es homosexual. A veces pensamos que quien siente atracción por el mismo sexo, si es hombre se portará amaneradamente y si es mujer, masculinamente. Aunque hay casos en los que esto puede ser cierto, no en la mayoría.

Si en medio de nuestra sociedad es difícil detectar quién es homosexual, ¡más difícil detectarlos en la iglesia! ¿Por qué? Porque es un tema tabú en la mayoría de congregaciones y un gran porcentaje (sino es que todos) de quienes luchan con este tipo de pecados saben que dichas luchas son pésimamente vistas en un cristiano y por eso ocultan su problema.

Hace poco un amigo, hijo de pastor, me preguntó si estaba enterado del caso de homosexualismo de cierta persona. Yo le dije: «Sí, me enteré. Pero no está dentro de mi jurisdicción confrontarlo». En eso hice una pausa y abrí los ojos como platos: «¡Oye brother! ¡Pero esa persona que estamos hablando se congrega en tu propia iglesia! ¿Por qué no has actuado? ¿Por qué no le has ayudado? ¿Ah?» «Noel…» me dijo mirando hacia el suelo y titubeando, «es que ese tema es un tema tabú en mi congregación y es muy delicado involucrarse».

Al final terminé animándolo a buscar a la persona y le ofreciera ayuda. Pero francamente no creo que lo haya hecho.

Pastores… líderes… ¡hermanos!… el homosexualismo en la iglesia es una realidad y es muy probable que hayan más casos en nuestras congregaciones de lo que nos gustaría reconocer como evangélicos. Es hora de ser honestos y enfrentar la verdad, hay creyentes con problemas de identidad sexual en nuestras iglesias al igual que lo hubo entre el pueblo de Dios descrito en el libro de Jueces. Y si no despertamos a la necesidad de que hay que predicar sobre estos temas y ofrecer alternativas de ayuda, este tipo de casos pueden salirse de nuestras manos… al igual que pasó con una de las tribus de Israel y de la que hablaré más en profundidad en la siguiente entrada.

Continúa leyendo la Tercera parte de la serie.

Notas:

(1) Tomado de: http://protestantedigital.com/magacin/42513/Por_que_no_asisti_a_la_Celebracion_Cristiana_LGTB_el_viernes_pasado

(2) Tomado de: “Sexualidad, mitos y verdades”, conferencia impartida por el pastor José Luis Cinalli, Ministerio Placeres Perfectos. Audio descargado en julio de 2016, ya no disponible en la web.

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