Desafíos actuales de la composición de canciones (Primera parte)

Desafíos actuales de la composición de canciones (Primera parte)


Mi taller en el Congreso Integral 2013.

El último fin de semana de noviembre de 2013 se llevó a cabo el Congreso Integral para Equipos de Alabanza. Gracias a la invitación de mi amigo Alex Navas compartí dos talleres, uno en la mañana y otro en la tarde. Por eso, en esta oportunidad quiero compartirle uno de ellos que tiene que ver con el énfasis de LADC: “Desafíos actuales de la composición de canciones“. Para quienes siguen fielmente mi blog, notarán que derivé los puntos principales de la serie Siete cosas que me preocupan de la composición de hoy, por lo que al leerlo verán que los enunciados los tomé de allí; sin embargo, en el desarrollo incluí algunas ideas adicionales para enriquecerlo y no repetir lo mismo que ya había escrito. Aquí está:

Desafíos actuales de la composición de canciones
Por Noel Navas.

I. Introducción.

El pasado de la composición de canciones.

A lo largo de la historia de la iglesia la predicación de la Palabra siempre ha ido acompañada de canciones. La proclamación del evangelio y la música siempre han caminado juntos. Para muestra un botón: pasajes como Juan 1:1-18, Filipenses 2:5-9 y Colosenses 1:15-20, se cree que son canciones, según los estudiosos, por su forma literaria, estos pudieron haber sido de las primeras canciones en la iglesia, entre otras más.

Desde el primer siglo hasta el siglo XX, la composición ha estado presente en el mundo eclesial. Ya en nuestro tiempo, de forma muy somera, puedo decirle que lo que nosotros conocimos como el “movimiento de adoración” que inició en los 90´s no fue la excepción. De los himnos tradicionales y de los coritos pentecostales, la iglesia en Latinoamérica transicionó a un nuevo estilo de composición.

Al inicio todo muy bien, la iglesia le dio más importancia a la adoración congregacional, los grandes ministerios musicales surgieron y hasta comenzamos a contar con las primeras disqueras de música profesional. Todo esto trajo consigo una ola de canciones maravillosas durante los 90´s; sin embargo, mi percepción es que algo comenzó a pasar a finales del Siglo XX e inicios del XXI: la calidad de un gran porcentaje de letras comenzó a decaer.

II. Desarrollo.

El presente de la composición de canciones.

Los siete desafíos que a continuación voy a describir son mi percepción de algunas falencias que deberíamos corregir en la composición de canciones contemporáneas. Ustedes no tiene por qué estar de acuerdo conmigo, simplemente son mis impresiones y aunque voy a intentar justificar bíblicamente mis argumentos, igual es mi percepción sobre algo que probablemente algunos ni hayan notado.

SIETE DESAFÍOS DE LA COMPOSICIÓN DE CANCIONES:

1. Evitar el uso excesivo de clichés.

Un cliché es una palabra o frase que se ha usado tanto que ha perdido la energía de su significado. En este sentido, muchas canciones cristianas están plagadas de clichés: “Eres todo para mí”, “No puedo vivir sin ti”, “Llenaste el vacío que había en mí”, resuenan vez tras vez en las canciones. Frases que en un momento significaron algo para la mayoría, hoy se dicen tanto y tantas veces que pareciera que los compositores simplemente han hecho “Copy-Paste” de otros.

Lo grave de que ciertas expresiones se conviertan en clichés es que expresiones como “Santo, santo, santo”, “Tú eres digno Señor” o “Gloria, honra y honor”, consideradas bíblicas, no se libran de entrar en esta categoría. Se están repitiendo más y más en las canciones que viene la hora, si no es que ya llegó, que no tendrán mayor significado para el corazón del cristiano.

Similar a los clichés, otro bache en que el compositor cristiano cae se denomina: “lugar común”. ¿Cuál es ese? Según Wikipedia “el lugar común es una palabra, frase o idea considerada como un vicio del lenguaje por ser demasiado sabido o por su uso excesivo o gastado”. Para comprender mejor el concepto imagínese que usted tiene una novia (o un novio) al que le gusta ir semana tras semana al mismo lugar. Nunca a otro, siempre al mismo, vez tras vez. Después de un par de meses usted ya no quiere ir allí, está cansado, ese lugar ya es demasiado común y a usted le gustaría variar. ¿El motivo? Habiendo tantos otros lugares en la ciudad, ¿por qué no cambiar y visitar otros sitios?

Bueno, lo mismo pasa en la composición. Los escritores cometemos el error de hablar siempre de lo mismo, nunca variamos, no visitamos otros lugares, siempre vamos al mismo sitio canción tras canción. Si una canción tuviera que pintarnos un paisaje, vamos, habiendo tantos escenarios bíblicos y de la vida cristiana, ¿no deberíamos ser más creativos y pintar cuadros diferentes?

La clave para salir de estos baches es que los compositores usen de creatividad. Como he dicho en otras ocasiones: ¿Qué es la creatividad? Decir lo que otros no han dicho, y si ya se ha dicho, ¡decirlo de forma diferente! Estudiar seriamente la Escritura y enriquecer el propio lenguaje a través de la lectura de libros y de obras poéticas, podría ayudar a dicho fin.

2. Huir del sentimentalismo exagerado.

Hay canciones cristianas que en sus letras hablan de sentir cosas, por ejemplo: “Quiero sentir tu presencia”, “Anhelo sentir tu amor” o “Siento que tú estás aquí”. Que las letras cristianas hablen de ese modo y cada vez más me da la impresión que para ciertos escritores los sentimientos tienen más relevancia que la fe. Claro, yo no digo que desear sentir algo sea malo en sí mismo o que afirmar cosas así no haya sido la realidad vivida por un compositor; sin embargo, las canciones que abordan el tema de sentir deberían hablar más de tener fe que de experimentar sensaciones. ¿Por qué? Porque como he dicho siempre: las canciones son educativas. Y si exaltamos más los sentimientos que la fe, estamos maleducando a la iglesia.

La famosísima canción de antaño “Mi Dios es real”, dice en uno de sus versos: “Mi Dios es real porque lo siento en mi ser”. A lo que yo pregunto: “O sea que cuando no lo sintamos en nuestro ser, ¿Dios ya no será real?” Vamos, Dios es real lo sintamos o no. ¿O qué? ¿Ahora le vamos a dar la preeminencia al sentimiento y no a la fe? Si nuestras canciones siguen diciendo cosas así no estamos siendo responsables en nuestra labor educativa como escritores de canciones.

Hace un tiempo una amiga me dijo: “A mí me gustan más las canciones lentas de adoración porque con ellas siento la presencia de Dios”. Yo por dentro pensaba: “Lo que sentís son las sensaciones que te transmite la música, no la presencia de Dios”. Un gran porcentaje de cristianos confunde lo que la música les hace sentir con la obra de Dios en sus corazones. No saben discernir, y la verdad es sumamente difícil hacerlo, cuándo es la música y cuándo el Espíritu quien nos hace sentir ciertas cosas.

El apóstol Pablo dijo: “porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7). Es decir, por fe y no por lo que nuestros sentidos perciben. Y aunque no está mal sentir cosas, las emociones no son el parámetro para definir si Dios está obrando en nuestras vidas o en alguna reunión de adoración. Mi recomendación es que cuando nuestras canciones hablen de sentir a Dios, su presencia o su amor, debemos asegurarnos de transmitir el mensaje correcto: la fe, y no la emoción, es la base de la vida cristiana. No al revés.

3. Clarificar el concepto de la presencia de Dios.

Hay canciones cristianas que dan a entender que Dios no está con nosotros, en algunas se le pide que no se vaya (como si fuera a irse), que no se aparte (como su fuera a apartarse) o que no nos deje (como si fuera a dejarnos). A todas luces esas canciones contradicen las promesas bíblicas que nos aseguran que el Señor estará con nosotros siempre. Por ejemplo: Mateo 18:20, Mateo 28:20 y Hebreos 13:5.

Hace unas semanas un amigo me dijo: “Pero es que cuando yo compongo una canción que habla de eso lo hago porque siento que Dios no está conmigo”. A lo que yo respondo: “¿Pero realmente no está contigo? ¿Son nuestras emociones el parámetro para definir si Dios está con nosotros o es la verdad bíblica de la Escritura la que debe prevalecer?” Entonces, cuando el compositor cristiano sienta que Dios no está con él debe recordar las promesas de Dios de que nunca le abandonaría a pesar de que sus emociones le digan lo contrario.

Las letras de las canciones son reflejo de las convicciones del compositor. O por lo menos, así debería de ser. Por eso, cuando escucho canciones de un mismo escritor cristiano repitiendo disco tras disco esa cantaleta de que quiere que Dios no lo deje o no lo abandone me da la impresión que se ve a sí mismo como el “Hotel de Espíritu” y no como el “Templo”. Digo “Hotel” porque canciones así presentan a un Dios que va y viene, se hospeda y se va, y que no regresa si no se lo pedimos. Vamos, ¿dónde dice la Biblia eso? Somos el Templo de Espíritu, su Casa, su Hogar. Que aunque uno podría hallar una justificante en uno que otro salmo para esas letras debemos filtrar dichos salmos a través del tamiz del Nuevo Testamento, lugar donde se nos dice que cuando el ser humano hace a Cristo el Señor de su vida, el Espíritu Santo viene para quedarse, no para ir y venir interminablemente.

Continúa…

¡La Navidad llegó a LADC! El ganador del CD de la entrada anterior fue: Christian Ospina. ¡Felicidades! No olvide dejar su comentario relacionado con la temática de hoy y así participar en la rifa de un CD de música cristiana de Ricardo Rodríguez, Alejandro Alonso, Milton Valle, Amanecer o Raúl Haro, entre otros. El ganador se dará a conocer en la próxima entrada.

5 Comentarios

  1. Creo (sin juzgar a nadie) que este decaimiento se ha dado en parte por que hoy en dia en las iglesias cualquiera puede ser musico o formar una banda sin tener un conocimiento sólido de Dios. Para mi un punto muy importante es conocer a Dios a traves de la oracion y las escrituras, es imposible componer una cancion de amor si no conoces a tu amado, por eso muchos repiten y repiten lo que ya cantaron otros. Bendiciones!

  2. Noel Dios te bendiga tu forma de escribir me bendice mucho y nos exorta a
    adorar a Dios en realidad no soy compositor pero trato de cantar la realidad de Dios y tus escritos me enfocan.
    Dios te bendiga tu hermano en Cristo Ramon ROMERO

  3. Lo que dice Omar puede ser muy cierto. Me parece a mí que muchos de los músicos de las iglesias contemporáneas tienen un gran vacío en el conocimiento de Dios y a veces se ve el Ministerio de Alabanza como un “show”, “farándula” o “espectáculo”.

  4. Diego Fernando Pereira Lara

    Pienso, Noel, que los compositores de los que hablas por tratar de ser comerciales y generalmente aceptados por la comunidad cristiana recurren al recurso del sentimentalismo en sus canciones, porque es algo dado, es más difícil que un oyente promedio te escuche cantar verdades bíblicas que esos cantos cosméticos y sentimentales. Aparte, si alguien quiere componer debe tener habilidad de maestro para enseñar con lo que canta y cantar fundamentos, no detalles. Gracias por el artículo, a la espera del siguiente.

  5. Edgardo Martínez

    Con respecto a lo que dijo su amiga, creo que la preferencia en un ritmo musical incide en la adoración. Sin embargo, y por experiencia personal, hay varias canciones que me gustan en ritmos que normalmente no escucharía, tienen esa unción tan necesaria, para la adoración.

    Con respecto a la letra, pues las letras más bíblicas tienen esa ventaja “natural”, por darle un adjetivo. Una de las cosas que comparto, que creo leí en un artículo anterior son la cantidad de adoraciones “me”: lléname, etc. Y eso no esta mal, porque demuestra una necesidad de estar en la presencia de Dios. Pero esas canciones están en desventaja, no solo con las letras bíblicas, también con aquellas que adoran a Dios, señalando su magnificencia y demás cualidades. Me pasé de largo por aquí (?), bendiciones.

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