Desde la adoración privada (Cuarta parte)

Desde la adoración privada (Cuarta parte)

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Cómo escribir canciones desde el devocional personal.

La vez pasada vimos cómo la adoración privada catapulta la adoración pública. Definimos los conceptos y diferencias entre ambas, y cómo la adoración pública es más fácil que la privada. Además, estudiamos el caso de David y Moisés, y cómo sus vidas de adoración impactaron la vida de otros. En esta oportunidad hablaré un poquito más de las recompensas que experimenta quien practica la adoración privada. No ante la gente, sino en su propia vida.

LA RECOMPENSA PRIVADA DE LA ADORACIÓN PRIVADA

Como dije antes, hay recompensas de la adoración secreta. Ya mencioné una de ellas: Dios lo usará para inspirar poderosamente a otros para que adoren. Sin embargo, una recompensa que antes de beneficiar a otros lo beneficiará a usted, es: la transformación de su ser interior.

Pasar tiempo en la presencia de Dios en oración, en la Palabra y en ayuno, cambiará su mente, sus actitudes y su carácter. Usted se parecerá más y más a Aquel a quien adora en privado. El Salmo 115:8 dice algo muy interesante sobre la adoración. Mientras el salmista describe la incapacidad de los ídolos de ver, oír y hablar, él dice: “Semejantes a ellos son los que los hacen y cualquiera que confía en ellos”. Es decir, las personas se parecen a aquello que adoran.

De anticipado me disculpo por el ejemplo tan burdo que voy a utilizar, pero es el que viene a mi mente cuando pienso en esto de ser transformado. Imagínese que por equivocación usted cae dentro del camión de la basura. Después de pasado el susto, algunas personas le ayudan a salir pero usted ya no es el mismo. Usted apesta por el mal olor que se le pegó, una cáscara de fruta posa sobre su hombro y los lixiviados han humedecido parte de sus pantalones. Cualquiera que lo viera diría: “¡Definitivamente este hombre lo sacaron del basurero!”

Lo mismo sucede con quien pasa tiempo en la presencia de Dios, ¡pero al revés! Cuando usted se sumerge en profunda adoración, la presencia de Dios se le pegará. Su carácter, su amor y su bondad, su justicia y santidad impregnarán cada centímetro de su interior. La gente dirá: “¡Wow! ¡Este hombre verdaderamente ha estado con Dios!” ¿Por qué? Porque una de las grandes recompensas de la adoración privada es que usted se irá pareciendo a Aquel a quien adora. En actitudes y carácter. Como dice la antigua canción “Mira”, de Marcos Witt: “Solo, solo tu presencia me ha cambiado a tu imagen de amor”.

Quienes hemos trabajado en equipos de alabanza durante años podemos dar fe que otro de los mayores problemas que enfrentamos dentro del ministerio es el mal carácter de los integrantes. Independientemente de que alguien haya sido formado en un hogar cristiano o no, un buen porcentaje de músicos y cantantes son insolentes, arrogantes, rebeldes, malhumorados, envidiosos… ¿Quiere que siga?… No, mejor pongo “Etcétera.” porque si continúo este post se haría muy largo.

¡Gracias a Dios por los “Etcétera”! Je.

Por lo tanto, la solución para que cada cantante y cada músico cambie en el tiempo, es la adoración privada. Esa donde se ora y estudia la Palabra todos los días en la habitación. Esa que implica disciplina y que se hace a la par de la cama. Se lo aseguro, quien tiene una vida disciplinada de comunión con Dios es transformado. Su carácter refleja el carácter de Cristo, sus actitudes son de humildad y su forma de tratar a sus semejantes se permea de amor.

Hace unos días un joven me abordó por el chat de Facebook y me pidió un consejo. Me relató cómo el líder de alabanza, que supervisa a los cantantes y a los músicos, acostumbra faltarles el respeto, gritarles y exigirles que le obedezcan. Todos los integrantes le temen y se sienten intimidados a confrontarle porque tienen miedo a su reacción. ¿Sabe cuál era el consejo que me pedía este joven? Él quería saber si estaba bien retirarse del grupo de alabanza ya que se sentía desanimado a continuar.

Yo le recomendé varias cosas que podría hacer antes de retirarse; sin embargo, cuando él me describía el carácter de su líder, yo pensaba: “¡Lo que pasa es que este cuate no está siendo transformado en la presencia de Dios!”

Nuestro mal carácter solo refleja que no oramos a diario ni integramos la Palabra a nuestras vidas.

¿Alguna vez has visto un director de alabanza que además de atropellar a sus compañeros de ministerio, también atropella a la congregación? ¿Ha visto a cantantes que su forma para motivar la alabanza se centra en el regaño?

¡Yo sí!

Son esos directores que cuando piden que la gente aplauda y no todos lo hacen o el aplauso es muy débil, dicen por el micrófono: “¡Qué aplauso más pobre le acaban de dar al Señor!!!” O: “¡Aplauden mejor en un estadio de fútbol que aquí! ¿Verdad?” También son esos que dirigen con amenazas: “¡¡¡El que no salte no se va para el cielooo!!!” O: “¡¡¡Aplauda hasta que le salpique la sangre que no es para mí sino para el Señor!!!” Y disparates parecidos.

En mi opinión decir ese tipo de cosas no está bien.

La otra vez me invitaron a dar una conferencia en un congreso de alabanza y les dije a los más de 400 que había allí que no era correcto regañar a la gente ni amenazarla. Que si fuéramos honestos la verdad es que las personas nos están haciendo el favor de oírnos cantar y tocar. Ellos no tienen por qué aguantar nuestros desafines y canciones mal ensambladas. ¡Ellos están haciéndonos el favor de escucharnos! Por lo tanto, tratémoslos bien. Son nuestros hermanos, no nuestros súbditos. Son nuestra familia, no nuestros esclavos (y eso que la Biblia dice que tratemos bien a los esclavos eh).

Ahora, yo no digo que no se pueda exhortar a la congregación a expresarse más emotivamente, pero cuando se haga debe ser con el tono correcto y con el mayor cariño posible.

Una vez yo estaba dirigiendo la alabanza y un músico planchó mal un acorde y noté la equivocación. En un instante me volteé con una cara de enojo y luego seguí dirigiendo como si nada. Como mis papás habían ido a ese culto, al llegar a casa me dijeron: “¿Oye? No vuelvas a hacer eso. Si alguien se equivoca, ¡déjalo! Nadie en la congregación se fijó del error hasta que arrugaste la cara y miraste al músico con enojo. Cuando pase otra vez eso, no pongas esa cara de ira que desentona todo lo bonito que está pasando”.

Créame que nunca lo volví a hacer.

Ahora, yo no estoy diciendo que debemos ser perfectos y que no habrán ocasiones que fallemos; pero una cosa es molestarse ocasionalmente y otra manifestar un temperamento que no ha sido moldeado por el Espíritu Santo. Una cosa es equivocarse y otra reflejar nuestro raquíticos hábitos espirituales en el trato a nuestros semejantes.

¿Desea cambiar? ¿Desea que su carácter sea transformado? Bueno, el devocional personal es el mejor taller para reparar los cortos circuitos de nuestro temperamento. El Espíritu Santo tiene poder para operar en nuestro interior hasta conseguir los cambios: sus frutos (Gálatas 5:22-23).

El carácter de amor y compasión que Dios irá moldeando dentro de usted se verá reflejado en su dirección. Como dijera una vez Danilo Montero: “El verdadero director de adoración es aquel que está más preocupado por la condición espiritual de la congregación que por su propio desenvolvimiento desde la plataforma”.

Viene a mi mente 1 de Reyes 18, ¿recuerda el episodio de Elías y los profetas de Baal? Pues Elías es un buen modelo de director de adoración.

Según el relato, el pueblo de Israel había abandonado la adoración al Dios vivo y por eso, Elías convocó a los profetas de Baal a un desafío público. Cuando todos estuvieron reunidos dijo al pueblo: “¿Hasta cuándo vacilaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; si Baal, id en pos de él” (v.21). Entonces, las reglas eran que la divinidad que respondiera con fuego sobre el altar ese sería adorado como verdadero Dios. Es decir que Elías había convocado a una reunión de adoración.

Como todos sabemos, los profetas de Baal tuvieron el primer turno de invocación. Desde las 9 de la mañana hasta las 3 de la tarde hicieron sus ritos, conjuros y oraciones. ¿Al final? ¡No pasó nada! Fue entonces el turno del profeta Elías que dijo al pueblo: “«Acercaos a mí»” (v.30).

Ese es un verdadero director de adoración. Alguien que invita a la gente a que se acerque la presencia de Dios. El amor y la compasión lo impulsan a animar al pueblo a que busque al Señor. No la ira, el enojo ni el mal carácter. Sino un corazón tierno que llama a los adoradores: “Vengan, acerquémonos y adoremos”.

Su papel como director de adoración o como parte de un ministerio de alabanza, es proveer la mejor oportunidad para que el pueblo adore. Su labor es invitarlos. ¡Nada más y nada menos! En ellos está la decisión de aceptar o rechazar dicha invitación. No depende de usted. Su papel es servirles un menú de canciones que podrían estimularlos a adorar en espíritu y verdad, pero usted no los debe de obligar por medio de regaños, excesivas instrucciones o manipulaciones. Hacer eso lo único que delata es nuestra confianza propia de que podemos producir aquello que solo el Espíritu Santo puede producir: La verdadera adoración.

Si cultivamos una vida de adoración privada y cumplimos nuestra labor de invitar, entonces podremos orar con autoridad: “Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, Jehová, eres el Dios, y que tú haces que su corazón se vuelva a ti” (v.37). ¿Y sabe qué ocurrirá? El fuego del Espíritu Santo encenderá el corazón de los congregados y así podremos adorar juntos y con fervor.

Continúa…

2 Comentarios

  1. Este es uno de los post que más me ha gustado 🙂 Espero la continuación con ansias 😀

  2. Muchas gracias por las herramientas que nos das. Te escribo desde Perú, y mi deseo es vivir adorando a Dios y alentando a mis hermanos en ACYM a que lo hagan también. Soy director de alabanza en ACYM Larco Trujillo-Perú. Saludos y bendiciones hermano.

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