Desde la adoración privada (Sexta parte)

Desde la adoración privada (Sexta parte)

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Cómo escribir canciones desde el devocional personal.

Ahora llegamos a la parte puramente práctica de la adoración privada. De nada sirve hablar y hablar pero no actuar, ¿no le parece? A veces pienso que muchos sabemos todo sobre el tema de la adoración, pero adoramos poco. Quizá hasta podríamos impartir todo un curso sobre cómo orar, pero no oramos. Como dice el refrán: “Del dicho al hecho, ¡hay mucho espacio!” Por eso, vamos a la práctica, veamos cómo implementar todo lo que hemos aprendido hasta ahora sobre la adoración privada.

7 COMPONENTENTES DE LA ADORACIÓN PRIVADA

Los siguientes son 7 componentes que le ayudarán a comenzar a realizar su devocional personal todos los días y sin fallar.

1. El lugar.

Mateo 6:6 dice: Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto…” Por lo tanto, si usted desea cultiva una vida de adoración privada escoja un lugar para su devocional personal. La primera opción es su propia habitación. Sin embargo, pienso que las palabras de Jesús van más allá a referirse a una habitación para dormir.

Según estudié hace un tiempo, las casas el judío de aquel entonces solo tenía dos cuartos, así que imagínese lo difícil que sería para algunos orar a solas si compartían la habitación junto a sus demás hermanos. ¿Cómo hacían para orar en privado?

Por lo tanto, a lo que el Señor nos está instando es a tener un lugar privado, no necesariamente la recámara. Aunque eso sería lo ideal. Pero ese lugar también podría ser la sala, el patio e inclusive… el baño. Aunque no lo crea son varias personas de quienes me he enterado que debido a que tienen una familia numerosa no tienen un espacio a solas excepto cuando se encierran en el baño.

Imagínese, yo soy el cuarto de cinco hermanos, ¿cómo cree que hacía para orar de adolescente y así tener mi devocional privado? Como primera opción oraba en el cuarto y si mis hermanos estaban allí, pues me cubría con una sábana gruesa y oraba. Cuando de verdad no había otra opción, me encerraba en el baño o me iba al patio.

El punto es que escoja un lugar cómodo donde pueda orar, leer la Biblia y adorar al Señor con libertad. ¿Ya pensó en uno? Vamos, hágalo, defina dónde será su cita diaria con Dios.

2. La hora.

Después de definir el lugar, es momento de establecer la hora a la que tendrá su tiempo de adoración privada. ¿Será en la mañana, en la tarde o en la noche? ¿A qué hora se apartará para adorar a Dios?

Como usted sabe, hay varios salmos que hablan sobre orar por las mañanas. El Salmo 5 dice: “Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré” (v.3). Y el salmo 63: “¡Dios, Dios mío eres tú! ¡De madrugada te buscaré! Mi alma tiene sed de ti” (v.1). Es decir, estos cantantes y compositores no escribieron lo que escribieron solo por escribirlo. Si dijeron en sus canciones que buscaban al Señor de mañana era porque lo hacían de mañana. ¿Por qué tan temprano? Probablemente porque la mente está más despejada y porque nuestras energías están más frescas.

Hubo una época de mi vida que yo desarrollaba mi devocional personal por las noches. ¿La hora? 9:00 p.m. ¡En punto! A veces lo variaba y lo hacía a las 8 de la noche o aun a las 9:30, pero siempre lo hacía por las noches.

Un día le conté a un amigo de mi hábito de orar por las noches y me regañó: “La Biblia dice que las misericordias del Señor son nuevas cada mañana. Así que ya te puedes imaginar el tipo de misericordias que tú has de alcanzar, las más desgastadas y viejitas”.

Vamos, no hay que ser tan dogmáticos con la hora a la que debemos de orar. Cuando pensaba en lo que mi amigo me decía, pensaba: “Cuando es de noche en esta parte del mundo, es de mañana en otra, ¡da igual orar por las mañanas o por las noches! Además, ¡las misericordias del Señor son para siempre! ¿No?” Je.

Lo importante no es la hora, sino orar. Pero le recomiendo que escoja una hora específica para reunirse con el Señor.

Le soy franco, las personas que se escudan en que tienen un estilo de vida de oración, que dicen que oran durante cada momento del día, por lo general son gente que ora muy poco. Decir: “¡Yo respiro y exhalo oración, por eso no tengo una hora específica para hacerlo!” es la forma más religiosa de decir: “¡Yo oro poco!” Jesús habló de un lugar y una hora que debíamos dedicar al día para sentarnos, arrodillarnos o postrarnos para adorar. No estoy diciendo que no tengamos una actitud de oración durante el día, claro que sí. Pablo dijo: “Orad sin cesar”, ¿no es cierto? Pero no se refería a que no tuviéramos un tiempo específico para apartarnos y adorar, sino que veláramos por conectarnos con Dios cada momento que pudiéramos.

Hoy yo trato de orar por las mañanas, no por las noches, aunque de vez en cuando puedo hacerlo a esa hora. Pero durante esa época que oraba por las noches, recuerdo una vez que a eso de las 9:00 p.m. estaba a punto de realizar mi devocional pero me enteré que pasarían una película que yo quería ver por la televisión. ¡Imagínese el conflicto!

¿Qué decidí? No, no piense que vencí, ¡me senté a ver la película de principio a fin! ¿Qué hice a eso de las 11:30 p.m. que terminó? Pues me fui a mi cuarto a tener el devocional que no había hecho dos horas y media antes. ¿Sabe qué paso? No podía orar porque estaba súper cansado. Así que hice lo que dice el Salmo 3: “Me acosté y dormí”. Je.

A las 9:00 p.m. del día siguiente que sí tuve mi devocional, le pedí perdón al Señor de que el día anterior había preferido ver la tele que orar. En eso el Espíritu Santo me habló al corazón. “Cuando ores”, me dijo, “¡Quiero que me des tus mejores fuerzas!”

Desde entonces cuando voy a orar trato de hacer eso, dar mis mejores fuerzas. No oro cuando estoy muy cansado y me pican los ojos. Si me siento así prefiero dormir por una hora más que orar fatigado. Al despertar, me levanto (ya descansado) y entrego mis mejores fuerzas para el devocional.

Lo importante no es tanto la hora que escojamos para orar, sino que independientemente de la hora que escojamos demos lo mejor de nosotros para estar con el Señor.

Y usted, ¿a qué hora va a orar?

3. La cantidad.

¿Cuánto tiempo hay que orar al día? ¡Qué pregunta! ¿No? ¿Cuánto tiempo hay que dedicar a la adoración privada?

He oído de pastores que diezman a Dios las horas del día. Es decir, que así como diezman de su dinero, diezman su tiempo. Como el día dura 24 horas, pues oran 2 horas 40 minutos. ¿Qué tal eso, ah? He oído a otros decir que debemos orar una hora al día porque eso fue lo que dio a entender el Señor en Getsemaní: “¿No habéis podido velar conmigo ni tan solo una hora?” (Mateo 26:40). Ellos concluyen que todo cristiano debería orar una hora diaria. Pero, ¿realmente cuánto deberíamos de orar?

La respuesta más simple que he encontrado a esta pregunta es: entre más tiempo, ¡MEJOR!

Por lo tanto, como usted está queriendo recomenzar su vida de adoración privada le recomiendo comenzar con poco, 5 o 10 minutos al día no estaría mal. Orar esa cantidad de tiempo es mejor que no orar nada. Por eso, vea mi propuesta como un punto de partida, ¿le parece?

Vamos, usted pasa más tiempo viendo televisión, leyendo el periódico o hablando por teléfono, ¡cómo no va a poder dedicarle 5 o 10 minutos a su Padre! Si usted puede ver una película de una hora y media o dos horas en la tele o en el cine, ¡cómo no podrá orar esa cantidad de tiempo que le estoy sugiriendo!

Luego de orar 5 o 10 minutos todos los días durante 3 meses, le recomiendo aumentar 5 minutos más cada mes a modo de que en 6 u 8 meses usted esté orando arriba de 30 minutos al día. Si alcanza los 60 mns. de oración, ¡fantástico! Pero 30 a 40 minutos al día estaría muy pero muy bien.

¿Vio que dije “todos los días”? Sí, la disciplina debe ser diaria. Es mejor orar 5 minutos diarios que 15 minutos cada tres días. Lo importante al inicio es la constancia, no la cantidad. Posteriormente la cantidad alcanzará a la constancia.

Por último, aquellos que se excusan diciendo: “Es que yo le doy al Señor tiempo de calidad, no cantidad” por lo general tienen una vida de oración mediocre. Se parecen a los papás que aseguran que le dan a sus hijos calidad y no cantidad. Vamos, ¡qué ridiculez es esa! Pregúntele a cualquier hijo y le dirá que prefieren la cantidad que la calidad. ¡Todos hubiéramos querido tener más tiempo con nuestros padres!

En cuanto a oración se refiere busque ambas, tanto la calidad como la cantidad. ¿Ok? Le aseguro que a su Padre Dios le encantan las dos cosas. Y de paso, desarrollará una vida espiritual más sólida producto de su vida disciplinada de adoración privada.

Continuará…

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