¿Dones o carácter? (Primera parte)

¿Dones o carácter? (Primera parte)

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El carácter de Cristo y los dones del Espíritu.

Quienes creemos que los dones del Espíritu Santo no cesaron con la muerte del último apóstol, sino que continuaron manifestándose a través de los siglos hasta el día de hoy, solemos cometer el error de creer que la llenura del Espíritu solo tiene que ver con hablar en lenguas o con manifestar poderes sobrenaturales, y no con algo más trascendente.

El Espíritu Santo es Señor, él decide a quién otorgar sus dones y por medio de quién manifestarlos (ver 1 Corintios 12:4-11). Pero limitar la llenura del Espíritu Santo a la sola manifestación de ellos, es inexacto. Precisamente cuando el apóstol Pablo terminó de dar a los corintios su cátedra sobre los dones del Espíritu añadió: “pero yo os muestro un camino más excelente” (1 Corintios 12:31) e inmediatamente prosiguió a escribir 1 Corintios 13, el gran capítulo que habla sobre el amor.

¿Cuál era ese camino más excelente al que se refirió Pablo? ¿Qué era eso que superaba los dones del Espíritu? El amor. Pero al hablar sobre el amor no se refería a una sensación de afecto o a una emoción superflua, sino que cuando lees 1 Corintios 13 notas que Pablo está hablando del amor manifestado a través de una persona cuyo carácter es “paciente, bondadoso, que no tiene envidia, no es jactancioso, no se irrita”, etc. (ver 1 Corintios 13:4-7). El amor del que Pablo está hablando es el amor manifestado en carácter cristiano. Por eso dijo: “¡Qué fantásticos son los dones! Pero si no tengo amor, ¡nada soy!” (ver 1 Corintios 13:1-3, paráfrasis mía.).

Es decir, ante la pregunta: ¿dones o carácter? El apóstol respondió: carácter.

Un extraordinario ejemplo de un hombre que reflejó ambas facetas de la llenura del Espíritu fue Esteban, el primer mártir de la iglesia. Cuando los discípulos decidieron concentrarse más en el estudio de la Palabra y la oración, delegaron ciertas labores en siete hombres a quienes llamaron: diáconos. Ellos dijeron:

Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete
hombres de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo
y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo…
Agradó la propuesta a toda la multitud y eligieron
a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo,

a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás,
prosélito de Antioquía…
Hechos 6:3, 5.

Los apóstoles establecieron tres características del perfil de los diáconos:

1) Buen testimonio
2) Llenos del Espíritu
3) Llenos de sabiduría

Si te fijas bien, nadie puede tener un buen testimonio sino tiene un buen carácter. ¿Lo has notado? El buen testimonio tiene que ver con un buen nombre, una buena reputación y el buen concepto que los demás tienen acerca de una persona. En este sentido, yo te garantizo que nadie con un mal carácter, que se enfada por cualquier cosa y que es insolente con los demás entraría en la categoría de tener un buen testimonio. Alguien así más bien podría catalogarse como una persona tóxica y de mal testimonio; sin embargo, Esteban era diferente, es decir, poseía un carácter moldeado por el Espíritu Santo y eso lo hizo calificar al diaconado.

Después de ser escogido para la labor, el libro de los Hechos nos habla que de Esteban también emanaban los dones:

Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes
prodigios y señales entre el pueblo.
Entonces algunos
de la sinagoga llamada «de los libertos», y los de Cirene,
de Alejandría, de Cilicia y de Asia, se levantaron para
discutir con Esteban. Pero no podían resistir la sabiduría
y el Espíritu con que hablaba…

Hechos 6:8-10

De nuevo el texto nos confirma que Esteban era una persona llena del Espíritu Santo y que poseía sus dones, pero primero se nos dice que él era alguien “lleno de gracia” y es después de decir eso que el texto dice que era un hombre “lleno de poder”.

¿Qué significa estar lleno de gracia? Es tener un carácter que refleja la gracia de Dios. ¿Y qué es la gracia de Dios sino su trato bondadoso hacia nosotros a pesar de merecer que se nos trate con severidad? Esteban, no trataba mal a la gente, los trataba con gracia, con bondad y gentileza. Es decir, Esteban tenía tanto los dones del Espíritu como su carácter.

Ahora, quienes discutían con Esteban les dolió ser vencidos en pleno debate, por eso…

alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas;
y arremetiendo, lo arrebataron y lo trajeron al Concilio.
Pusieron testigos falsos que decían: —Este hombre no
cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo
y contra la Ley,
pues le hemos oído decir que ese Jesús
de Nazaret destruirá este lugar y cambiará las costumbres
que nos transmitió Moisés. Entonces todos los que estaban
sentados en el Concilio, al fijar los ojos en él, vieron su
rostro como el rostro de un ángel.

Hechos 6:12-15.

¿Qué harías tú si alguien mintiera descaradamente para fastidiarte? ¿Cómo reaccionarías ante acusaciones injustas que perjudican tu reputación y tu imagen ante los demás? Cualquiera de nosotros se enfadaría y algunos hasta se irían a los golpes para taparles la boca a los mentiroso. Vamos, eso es lo que haría una persona normal ante semejantes injurias e injusticias. ¿Cómo nos vamos a quedar sin defendernos y sin decir nada?

Pero Esteban no reaccionó de esa manera. ¿Qué hizo él? Actuó distinto a como muchos de nosotros actuaríamos. El texto dice que cuando todos fijaron sus ojos en él “vieron su rostro como el rostro de un ángel”.

¿Te imaginas su rostro luminoso y sonriente en medio de todos? ¿Te imaginas la sonrisa de paz que reflejaba? Esteban destellaba calma y serenidad. Él irradió verdadero carácter cristiano.

Esteban no se defendió interrumpiendo a sus oponentes, alzando la voz para oírse más alto ni tampoco atacó a sus calumniadores. Él reflejó la templanza, el dominio propio y el autocontrol que solo alguien que ha sido moldeado en su carácter por el Espíritu Santo puede reflejar.

¿Y qué de ti? ¿Qué crees que más necesitas? ¿Dones o carácter?

Continúa leyendo la Segunda parte.

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