El compositor bíblico (Primera parte)

El compositor bíblico (Primera parte)

- en El compositor bíblico
1379
3


Qué es y sus distintas expresiones.

El compositor cristiano se diferencia del compositor que no es cristiano en que el primero tiene un Libro que lo gobierna y el segundo no necesariamente. El compositor cristiano, mejor dicho: el compositor verdaderamente cristiano, se rige por las Escrituras, por sus mandamientos y principios, tanto en pensamiento como en acción. Y esas acciones incluyen el acto de componer. En esta breve serie quiero esbozar lo que significa ser un compositor bíblico y las distintas facetas de la composición cristiana en las que puede expresarse. Confío que mis pensamientos le ayudarán a entender mucho mejor todo cuanto implica ser un compositor verdaderamente cristiano. ¡Comencemos!

1. El compositor bíblico ama la Escritura

El compositor bíblico es uno que se une al compositor del Salmo 119, la canción más amplia de la Biblia, y exclama: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Salmo 119:97).

Amar a Dios es amar su Palabra. Quien dice que ama al Señor pero no dedica un buen porcentaje de su tiempo diario para meditar en las Escrituras, es alguien que ama del diente al labio, no en verdad.

El cristiano promedio ha confundido el amor a Dios con un amor romántico y de telenovela. Muchas de las canciones de adoración congregacional que se cantan en nuestras iglesias están permeadas de una especie de amor hollywoodense muy distinto al que el Señor Jesucristo enseñó mientras estuvo en la Tierra. Por ejemplo, él dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

Aquí “guardad” se refiere a atesorar en la mente y el corazón. Es decir, tiene que ver con memorizar las Escrituras para que ellas surtan efecto en el interior, la conducta humana sea transformada y por ende, dicho cambio se vea reflejado en las acciones bajo el matiz de la obediencia.

¿Dónde dice en la Biblia “Si me amáis, cantadme baladas románticas”? O ¿“Si mi amáis, sentid cosas lindas por mí”? En ninguna parte. Que aunque no está mal decirle “Te amo” al Señor a través de una melodía (David lo dijo en el Salmo 18:1, por ej.) y aunque no está mal emocionarnos mientras cantamos, no debemos extraviarnos del sentido bíblico del amor a Dios, el cual implica “guardar sus mandamientos”.

Si el compositor cristiano dice amar al Señor, entonces debe amar las Escrituras. ¿Y cómo se manifiesta dicho amor? Atesorándolas en el interior.

¿Y cómo se atesoran? Memorizándolas.

Recientemente estuve enseñando en un retiro y uno de los puntos de mi bosquejo tenía que ver con este tema. Por lo tanto, para concientizar a quienes me escuchaban acerca de nuestra falencia realicé un concurso. Este consistía en invitar al frente a cinco participantes. Ofrecí un premio de 20 dólares a quien ganara y vamos, cinco de los que estaban allí pasaron entusiasmados.

El concurso consistió en que cada uno debía decir de memoria un texto bíblico y su cita respectiva. Por ejemplo, si el primero decía: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1) era el turno del siguiente pero el verso recién citado no podía utilizarse de nuevo. Si el segundo decía: “Jesús lloró” (Juan 11:35) era turno del tercero y así sucesivamente hasta llegar al quinto. Si el quinto recitaba bien el texto y atinaba la cita, se pasaba a una segunda ronda y se va eliminando ronda tras ronda a quien se equivoca y donde al final gana quien recita más versículos bíblicos de memoria.

¡Oh, sorpresa! Cuando el concurso comenzó el primero no se sabía ningún texto de memoria. El segundo tampoco, lo mismo el tercero, el cuarto y el quinto. Este último ganó el premio por “default”, no porque se supiera un texto, sino por haber sido el último de la fila.

Mire, yo he hecho este concurso en varios lugares y siempre pasamos de la segunda ronda. A veces he llegado a 7 u 8 rondas hasta que uno se equivoca y el último que queda es el ganador. ¡Jamás me había pasado lo que me pasó en ese retiro! Nadie se sabía un solo versículo de memoria y por eso todos perdieron.

Amigo compositor, sí, usted que se atribuye el título de ser un compositor cristiano que escribe canciones en representación del reino de Dios, si usted participara de un concurso de memorización como el que hice, ¿hasta qué ronda llegaría? ¿Pasaría de la primera o la segunda? ¿Ganaría el concurso de tantos textos que ha metido en su memoria?

Ser un compositor bíblico no solo consiste en componer canciones basado en versículos bíblicos. Tiene más que ver con que usted grabe las Escrituras en su mente y su corazón para que ellas transformen su interior a modo que dicho cambio se vea reflejado en su conducta diaria.

Es decir, guardar en el corazón implica obedecer.

El compositor bíblico es alguien que refleja en su carácter y quehacer cotidiano la Palabra que ha atesorado antes dentro de sí. No es solo quien musicaliza los salmos o las palabras de Cristo en rojo. Es quien además de hacer eso, primero “guarda” los mandamientos del Señor y los obedece.

En unos días estoy por subir la entrevista que le hice a Heriberto Hermosillo, de la extinta agrupación “Torre Fuerte” y que ahora pastorea una de las congregaciones “Semilla de Mostaza” en México. El punto es que si usted hubiera estado conmigo mientras lo entrevistaba sobre su forma de componer se hubiera sorprendido al ver y escuchar a este gran músico cristiano citar, sin Biblia en mano y sin titubear, porciones de las Escrituras de memoria.

Es más, le invito a que busque en Google o Youtube sermones de Heriberto Hermosillo y le aseguro que escuchará a un hombre modelar una verdadera pasión por la Escritura al punto que la recita de memoria de una forma impresionante.

En mi opinión, un ejemplo viviente de lo que es ser un compositor bíblico.

2. El compositor bíblico puede ser textual

Cuando un compositor cristiano verdaderamente ama las Escrituras, al punto de memorizarlas y obedecerlas, entonces se constituye en un compositor bíblico. Es hasta que eso sucede que podemos hablar de que el compositor bíblico es alguien que compone canciones utilizando textos de la Escritura.

Ojo, quien musicaliza textos bíblicos no necesariamente es un compositor bíblico. Hacer eso es musicalizar textos bíblicos. Nada más. Pero un compositor bíblico va más allá de simplemente poner versículos en sus canciones. Es alguien que tiene el hábito de introducir a su mente las Escrituras y eso le permite ser transformado continuamente. Entonces, cuando un compositor permanece en dicho proceso de transformación, y de paso, compone canciones basado en la Biblia, se le puede atribuir el título de compositor verdaderamente cristiano.

La identidad del compositor bíblico se define por quién es interiormente, no por lo que hace exteriormente. Alguien puede hacer algo, componer cantos escriturales por ej., pero no necesariamente ser un compositor bíblico. Páguele una buena suma de dinero a Marilyn Manson o a Lady Gaga por musicalizar el Salmo 23 y verá que le compondrán una gran canción. Sin embargo, el hecho de que lo hagan no significa que hayan puesto a las Escrituras como rey de sus vidas.

¿Lo ve? Lo que hacemos no necesariamente define lo que somos.

Eso sí, deje que la Palabra de Dios transforme su vida y simultáneamente dedíquese a escribir cantos escriturales, y entonces podrá llamársele un compositor verdaderamente cristiano. No una cosa sin la otra. Ambas conforman a quien se hace llamar un compositor bíblico.

Ahora bien, partiendo del fundamento anterior, el compositor bíblico definitivamente es alguien que tiene un gusto por musicalizar las Escrituras para su vida devocional o para contribuir a la vida de otros; sin embargo, ¿cómo se compone este tipo de canciones? ¿Cómo se escriben los cantos escriturales? Básicamente escogiendo un ritmo, definiendo una melodía y tomando algún pasaje de la Biblia para su letra.

Si desea conocer más en profundidad cómo hacerlo le invito a que revise la serie: Cómo escribir cantos escriturales. Si desea leerla en este momento haga click sobre el título de la serie.

Recuerdo la primera canción que escribí sentado ante un instrumento. Digo “sentado ante un instrumento” porque antes ya había escrito otra que compuse sin instrumento, en la mente. Pero mi primera canción ante un instrumento musical fue un canto escritural. Esa vez comencé a escribir partiendo de progresiones armónicas que al escuchar me sugerían figuras melódicas. Por eso, mientras tocaba y repetía las melodías con mi voz me  dije: “¡Voy a tomar la letra de un salmo para esta canción!” Así fue que compuse: “Salmo 139” (Para escucharla y conocer más en detalle la historia detrás de esta canción haga click aquí).

En este sentido, podríamos decir que la receta para componer cantos textuales de la Palabra es sumamente simple: Meta ritmo + melodía + texto bíblico, agítese un poco y… ¡Ta tan!… ¡Canto escritural listo para ser servido!

Pero no, no es tan fácil como parece y le voy a explicar por qué.

El compositor bíblico no es alguien que compone mecánicamente. Hacer eso reduciría escribir este tipo de canciones a una simple fórmula donde con seguirla, ¡pum!, obtendríamos cientos al estilo de las palomitas de maíz. No, la composición de cantos escriturales debe surgir del amor, respeto y comunión con el texto bíblico.

La mejor forma de componer canciones textuales es comenzando el proceso desde esos pasajes que nos han hablado primeramente al corazón y entonces crearles una melodía. Aunque uno podría escoger un texto al azar y componer algo, el mejor camino es inventarles una melodía a pasajes que significan algo para nosotros. Si el texto significa algo para usted, la canción que surja también lo significará. Si el texto no tiene relevancia en su vida, es muy probable que la canción que componga tampoco la tenga.

Por lo tanto, cuando escriba cantos escriturales trate de comenzar el proceso desde esos textos que le están hablando y ministrando profundamente. Como alguna vez dijo mi amigo Gerardo Montero de Oasis de Esperanza en Costa Rica: “El predicador no debe predicar el sermón que preparó, sino el sermón que lo preparó antes a él”.

Lo mismo se aplica al compositor de canciones: “El compositor no debe cantar la canción que compuso, sino la canción que antes lo compuso a él”.

¿Me doy a entender?

Continúa…

3 Comentarios

  1. Muy cierto todo lo que comparte hermano….es de bendicion para mi vida y me hace buscar mas de Dios en su palabra para seguir componiendo….. Mil gracias…

  2. Christian Ospina

    ¡Nueva serie! Está muy interesante.

    Noel, muchas gracias por el obsequio del concurso pasado, hace dos días me llegó el libro “No vale tres maníes” de Juan Romero y el CD de su producción y quería agradecerle públicamente por ello.

    Muchas bendiciones y éxitos.

  3. Felicidades por el post, me ha gustado mucho, sigo desde hace tiempo tu blog y me encanta.

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te podría interesar

¿Por qué hay cristianos que nunca dejan de decir malas palabras?

Hace unos meses un amigo y yo tuvimos