Equipos de alabanza y el fenómeno de quemar las canciones (Primera parte)

Equipos de alabanza y el fenómeno de quemar las canciones (Primera parte)

- en El consejo que no me han pedido
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Quemar una canción es como quemar un plato de comida: te desagrada el olor, lo ves todo negro y si te atreves a probarlo te sabrá súper amargo. ¡Lo mismo pasa cuando quemas una canción! De tanto cantarla y ponerla al fuego… la quemas. Sabes que una canción está quemada cuando al enterarte de que se cantará una vez más frunces el ceño, se te va la inspiración y sientes un sabor amargo al nomás oír los primeros acordes. «¿Otra vez va la mismaaa???» «¡No puede seeerrr que vuelvan a cantarlaaa!!!» «¿Por qué no cantamos otraaa???»

Los deseos de entonarla ya no están, sientes desgano… aburrimiento. Es decir, la canción para ti, está quemada.

Por lo general los pastores, directores de adoración y equipos de alabanza son los responsables de este fenómeno. De tanto cantar una canción los domingos… la arruinan. Domingo tras domingo, servicio tras servicio, culto tras culto, semana tras semana… ad infinitum. ¡Siempre la misma canción! O si quieres, ¡siempre la misma lista de canciones! O, ¡siempre la misma «cadenita»! Hacer eso provoca que las canciones pierdan su fuerza, su energía y el deleite en el paladar de la congregación de cantarla entusiastamente.

Ojo: que te desagrade cantar una canción no tiene que ver con tu espiritualidad o tu relación con Dios. No, es la consecuencia normal de tanta repetidera y de que en la iglesia no hayan sabido administrarla sobriamente y de este modo no perdiera su «punch». Que te sientas anestesiado ante ciertas canciones es normal, no tiene que ver con estar en pecado ni nada de eso. Las canciones se queman por su excesivo uso, de tanto oírse y cantarse y bueno, los ministros de alabanza son expertos de exprimir una canción hasta quitarle el sabor.

¿Tienes tú alguna canción que consideras que ya está quemada en tu congregación? ¿Viene a tu mente algún título o algunos títulos de canciones que ya no te emocionan, pero que recuerdas que hubo una época que sí? Yo sí, ¡y muchas! Por ejemplo: «El Poderoso de Israel». ¡Lo siento! ¡No puedo escucharla más! La canté tanto cuando dirigía la adoración en mi iglesia durante los 90´s, principalmente porque el pastor la pedía a cada rato, que prácticamente hoy en día siento rechazo hacia ella. Lo mismo siento con: «Los enemigos de Jehová», «Ante ti con gozo», «Jehová es mi guerrero»; «Cristo no está muerto», «La tengo» y otras «tunga-tunga» que quemamos con mi equipo de alabanza de esos años por culpa de cantarlas hasta el hartazgo.

En cuanto a canciones contemporáneas viene a mi mente: «Te alabaré mi buen Jesús». ¡Danilo! ¡Emmanuel! ¡Perdónenme! ¡Ya no puedo oír esa canción! ¡Ni aún con nuevo arreglo ni nada! ¡Nooo! ¡Ya nomás!!! La canté tanto, la oí cantar tanto y la escuché tanto en las radios que ni el disco «Admirable» puedo escuchar sin sentirme mareado. ¡Estoy hablando en serio! ¿Qué de «Señor eres fiel», «Cuán grande es Dios», etc, etc, etc. Cuando comienzan a sonar digo para mí: «¡Oootra veeezzz!!!» Lamentablemente ya les perdí el gusto, ya no les siento sabor y francamente de lo que me dan ganas es de sentarme y esperar a que pase el suplicio. Esas canciones están quemadas, por lo menos para mí. De seguro a ti te siguen emocionando, ¿verdad? Pues a mí no. Pero seguramente tú tienes otras que para ti sí están quemadas y que para mí no. ¿Lo ves? Esto de que una canción o grupo de canciones estén quemadas, es algo muy personal y si quieres, hasta subjetivo. Pero que el fenómeno es real… ¡vaya que lo es!

Seamos sinceros, el fenómeno de que las canciones se quemen le sucede principalmente a quienes pertenecen a un equipo de alabanza. Y le sucede mucho más pronto a cantantes y músicos con una sana afición por la innovación que a los demás. Claro, el cristiano promedio puede experimentar este fenómeno en su paladar auditivo, pero le ocurre principalmente a integrantes de ministerios musicales porque además de cantarlas los domingos, también deben de ensayarlas. Es decir, las oyen y las cantan más que el cristiano normal. Por eso te pregunto: ¿qué canciones podrías mencionar y que para ti están quemadas? ¿Viene a tu mente alguna en este momento? ¿Qué tal si pones los nombres de esas canciones en el área de comentarios y nos asinceramos todos por aquí?

A CONTINUACIÓN, LES COMPARTIRÉ CINCO CONSEJOS… BUENO, LA VERDAD SERÁ UNO Y EN LA OTRA ENTRADA LOS SIGUIENTES CUATRO, son consejos que les ayudarán a superar el fenómeno de quemar canciones. Como verás, el problema de quemar canciones tiene que ver con saber administrarlas. Quien administra bien las canciones, no las quema. Quien las administra mal, sí. Aquí te van mis consejos:

No. 1: Tengan listadas todas las canciones del repertorio de la iglesia.

En lo personal me sorprende conocer equipos de alabanza que no tienen listado el repertorio total de canciones que cantan en la iglesia. No contar con esa lista en orden alfabético solo refleja el grado de improvisación que los caracteriza a la hora de hacer la lista de cantos del domingo. Así que, si no tienes listadas todas las canciones que cantan y han cantado durante años en tu iglesia, ¡ya tienes tarea! Equipo de alabanza que no cuenta con este listado total del repertorio es un equipo de alabanza con altas probabilidades de quemar más frecuentemente canciones que un equipo de alabanza que sí cuentan con esta.

Pensando en que sí cuentas con la lista total de canciones del repertorio de tu iglesia y en orden alfabético, en el próximo ensayo del ministerio haz lo siguiente: reúnete con todo el equipo y pónganle un asterisco a la par a esas canciones que para ustedes están quemadas. Este ejercicio les tomará un tiempo; sin embargo, vale la pena hacerlo. Después de identificarr esas canciones que para ustedes están quemadas, hagan el firme compromiso de no volverlas a cantar por lo menos durante 6 meses, ¿ok? Ya no más. ¡Entiérrenlas 6 meses! Y como les mostraré mañana, después de ese tiempo, pueda ser que sea oportuno resucitarlas e incorporarlas de nuevo a alguna lista de cantos. Y hasta es probable que haberles dado vacaciones por 6 meses provoque en ustedes que al volverlas a cantar regrese la energía y el entusiasmo tanto al ensayarlas como al ministrarlas en la congregación. Pero por el momento les recomiendo poner un asterisco a esas canciones que están quemadas y jubílenlas, por lo menos, temporalmente.

Continúa leyendo la Segunda parte.

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