¿Qué hacer con cantantes desafinados dentro del ministerio de alabanza? (Primera parte)

¿Qué hacer con cantantes desafinados dentro del ministerio de alabanza? (Primera parte)

- en El consejo que no me han pedido
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La gran mayoría de cantantes desafinan, ¿lo sabías? Si tú te crees un gran cantante y crees que no desafinas nada de nada, mira, el próximo domingo pídele al sonidista que grabe todo el tiempo de alabanza, pero especifícale que grabe la música de fondo y el canal en donde sale tu voz. Solo la música y tu voz, ¿ok? Nada más. Al final del culto pídele el audio y cuando llegues a tu casa oye la grabación y prepárate para recibir una buena dosis de humildad.

Todos desafinamos en mayor o menor medida, ¡todos! Pero para algunos oídos esas desafinaciones son imperceptibles. Aun así, hay directores de adoración y cantantes que fungen como voces de fondo que desafinan más allá de lo aceptable (si es que pudiera decirse así). No me refiero a desafinaciones leves o imperceptibles, no, me refiero a desafinaciones notables que hasta el oído no entrenado puede percibir y en algunos casos es tan grave que distrae mucho a la congregación durante los servicios.

¿Sabes qué? Sé que voy a sonar duro con lo que voy a decir, pero esos cantantes con desafinaciones muy pronunciadas, esas que de verdad distraen y que provocan que la canción no se disfrute, esos cantantes no deberían pertenecer al ministerio de alabanza. ¡Así de simple! ¿No cantan bien? ¿Desafinan demasiado? Entonces, por lo menos en este momento, EL MINISTERIO DE ALABANZA NO ES SU MINISTERIO.

No importa que les hayan brindado una profecía de que iban a servir en la alabanza ni tampoco su gran espíritu de adoradores (que no dudo que lo tengan), ¿no cantan en un nivel aceptable? El ministerio de alabanza, en este momento, no es el ministerio donde deberían servir.

Cuando lees algunos salmos (el 33:3 por ej.) y las características de quienes conformaban el ministerio de adoración del tiempo del rey David (ver: 1 Crónicas 15), notarás que el privilegio de cantar en público frente al pueblo de Dios se le otorgaba a gente «apta» para el canto. Lamentablemente los ministerios de música suelen obviar esos pasajes bíblicos y suelen tener dentro de sus integrantes a malos cantantes que francamente provocan que la belleza de un canto no se disfrute al momento de adorar. Y en algunos casos, las desafinaciones son tan pero tan graves que uno hasta piensa: “¡eso ni con trasplante de garganta se corrige!”

Hay personas que no deberían estar en el ministerio de alabanza y sería interesante reflexionar los motivos de por qué estas personas están dentro del ministerio. A continuación, te comparto algunos motivos de por qué los líderes meten al ministerio a cantar a gente que no es apta.

1. Porque el líder del ministerio no tiene el criterio.

Uno de los requisitos de quien debe liderar el ministerio de alabanza es que tenga un criterio musical elemental para poder dirigirlo. Entre esos criterios está el saber identificar quién canta bien y quién canta mal. Si un líder no tiene el criterio para hacer audiciones efectivas, ¿qué va a pasar? Se le van a colar un montón de malos cantantes.

2. Porque el líder del ministerio no sabe hacer audiciones.

¿En qué consiste una audición de voces elemental de un ministerio de alabanza de nuestros días? En poner al «supuesto» cantante a interpretar una o dos canciones. Y cuando la cantan, ¡wow! ¡La cantan bien! Y es allí donde el líder dice: «¡Me encanta! ¡Bienvenido al ministerio!»

El problema de ese tipo de audiciones de solo interpretar una o dos canciones es que por «default» están sesgadas. Mira, hay cantantes que son como los loros… no es que los loros sepan hablar, es que saben imitar muy bien. Entonces, hay malos cantantes que afinan en un nivel aceptable una canción porque la han memorizado al estilo de los loros. Pero no es que sepan cantar, saben imitar, repetir y si quieres, cantar bien una canción que han memorizado. Pero cantar de lo que es cantar, ¡noup!

En este sentido, una buena audición de cantantes debe incluir los siguientes elementos:

a) Afinar de primera tonos al azar mientras un pianista los toca.
b) Afinar de primera escalas al azar mientras un pianista los toca.
c) Interpretar una o dos canciones que el cantante haya preparado.
d) Interpretar de primera esas mismas canciones mientras el pianista las toca en diferentes tonos al azar.
Etc.

Una audición no solo debe consistir en interpretar una o dos canciones que el cantante haya memorizado, sino que debe incluir los demás elementos porque si lo dejan entrar al ministerio por sus dos cancioncitas memorizadas verás que al momento de preparar armonías, por lo general, les cuesta un mundo sino es que les es imposible lograrlo. ¿Por qué? Porque un buen cantante no solo afina las canciones que como loro se ha aprendido, sino que su oído lo faculta para afinar en cualquier tono y en cualquier dinámica que se le demande.

Si un cantante no afina en cualquier tono que se requiera y no afina las escalas que le ponen, ¡no debe entrar al ministerio!

3. Porque el líder del ministerio no tiene carácter.

Hay líderes de ministerio que a veces uno no sabe por qué el pastor los puso allí. Para ser líder se requiere tener el carácter de un líder. No estoy hablando de que sea perfecto. No, pero sí que tenga las cualidades temperamentales que se requiere en el liderazgo cristiano. Entre esas cualidades: saber decirle la verdad a las personas de frente y mirándola a los ojos.

Pero hay líderes de ministerio que les cuesta decir: «No, lo siento, no puedes estar dentro del ministerio debido a que en este momento no cantas en el nivel que necesitamos». Como no tienen el carácter para decirle la verdad a la gente, ¿qué hacen? «¡Bienvenido al ministerio de alabanza de tu iglesia!» «¡¡¡Yupiii!!!» dice el cantante desafinado y he allí por qué varios ministerios de alabanza tienen todo, ¡menos buenos cantantes!

4. Porque hay cantantes con conexiones o porque al ministerio le conviene.

Hay cantantes que están en el ministerio de alabanza no porque canten bien, sino porque son hijos del pastor, hijos de un líder de influencia o hijos de un hermano que diezma bastante. ¡Ta-tan! ¡Tráfico de influencias en la iglesia local! Entonces, por directrices superiores el líder de alabanza los tiene que meter “a puro tubo” (dicen mis amigos chapines).

Por otro lado, hay cantantes que están en el ministerio de alabanza no porque canten bien, sino porque tienen automóvil y le brindan transporte a algunos integrantes al finalizar los ensayos o porque prestan un instrumento musical y si este cantante no estuviera dentro el equipo de alabanza no contaría con dicho instrumento. ¿Me estoy dando a entender?

Pero un buen líder de ministerio sabe que debe moverse por principios y no por conveniencia, ¿ok?

5. Porque la iglesia no tiene a quién más poner.

Como regla general se puede decir que entre más grande sea una iglesia en membresía, más probabilidades de encontrar buenos cantantes. Y entre menos miembros tenga una iglesia, menos probabilidades de encontrar buenos cantantes. Simple, ¿no? Es una regla general, no está escrita en piedra.

En este sentido, hay iglesias que tienen tan pocos miembros, digamos: 40, 60 o 100 personas que francamente es difícil hallar buenos cantantes. En esos casos, pues ni modo, escojan a los mejores exponentes del canto entre los miembros de la iglesia y ya. ¡Dénle con lo que tienen! ¿Ok? O como dice el refrán: “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. Es decir, ¡esconjan un tuerto y sigan adelante señores!

Si este fuera tu caso, ni modo, bajen un poquito el estándar y pongan a los mejores que puedan. Pero si no quieres bajar el estándar y no tienes buenos cantantes, pero quieres tener buena adoración, entonces pon discos de alabanza durante el servicio, ¡y todo mundo a cantar! Claro, si de verdad no hubiera nadie con un nivel aceptable.

En la próxima entrada, les compartiré algunos consejos para despachar a la casa a los malos cantantes, ¿ok? Serán consejos lo más pastorales posibles para que aminorar el impacto o la herida que podría causárseles a estos integrantes que por negligencia de alguien les dieron el privilegio cuando de entrada no debieron haberlo hecho.

Continúa leyendo la Segunda parte.

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