El mejor compositor (Quinta parte)

El mejor compositor (Quinta parte)

- en El mejor compositor
1934
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El mejor compositor de todos los tiempos.

Y llegamos al penúltimo artículo de esta serie donde estamos examinando algunas de las características que hicieron del salmista David el gran compositor que fue. Si se fija bien, no hemos hablando de sus habilidades literarias ni musicales, sino más bien de esas cualidades del carácter que lo convirtieron en un hombre conforme al corazón de Dios. ¿Sabe por qué? Porque lo que hace grande a un compositor no son sus dones o talentos, sino el carácter de Dios reflejado en sus palabras y hechos. Continuemos entonces con la quinta características que hizo al rey David el gran personaje que fue.

5. David tuvo un corazón perdonador y no un corazón amargado.

Cuando David estaba siendo ungido por Samuel seguramente se estaba preguntando qué era todo lo que estaba ocurriendo. La familia reunida, todas las miradas puestas sobre él y un anciano profeta derramando aceite sobre su cabeza. Francamente no era un escena usual en la familia.

Cuando el aceite comenzó a deslizarse sobre su rostro y mientras bañaba su cuerpo hasta los pies, Samuel le susurró al oído: “Hijo, sé que no entiendes todo lo que está sucediendo ahora, pero déjame decirte que lo único que necesitas saber es que tú serás el próximo monarca de Israel”. El único defecto del anuncio hecho por Samuel fue que no decía la fecha exacta de cuándo eso ocurriría, pues poco tiempo después todo en la vida de David comenzó a indicar que no llegaría vivo al trono.

Por ejemplo, el día que David salió airoso de la pelea contra el gigante y cuando Israel regresaba de vencer a los filisteos, la Biblia habla de que el club de fans de Saúl sufrió una deserción masiva: “Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música.Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles. Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino.Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David”(1 Samuel 18:6-9).

Ante los ojos del pueblo, David se había convertido en un héroe nacional, pero ante los ojos de Saúl en una amenaza personal. “Aconteció al otro día, que un espíritu malo de parte de Dios tomó a Saúl, y él desvariaba en medio de la casa. David tocaba con su mano como los otros días; y tenía Saúl la lanza en la mano.Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré a David a la pared. Pero David lo evadió dos veces” (1 Samuel 18:10-11).

Allí estaban ambos: el rey sobre su trono y su músico (ya no tan favorito) frente a él. De repente, a Saúl se le ocurrió practicar lanzamiento de jabalina y la lanzó en dos ocasiones a David. Creo firmemente que esta es la base bíblica para dirigir la adoración con los ojos abiertos y no con los ojos cerrados, je. Vamos, quienes ministran adoración no deberían ausentarse de lo que está ocurriendo a su alrededor. ¡Si no me cree vea el caso de David! 😉

Cuando David vio que Saúl iba a lanzar su instrumento de batalla en contra de él, sencillamente se apartó y continuó tocando. Al ver que por segunda vez que este acto se repetía, David se volvió a quitar de en medio. ¿Qué hubiéramos hecho nosotros?, ¿nos hubiéramos apartado? ¡Por supuesto! Pero, ¿qué hubiéramos hecho después?, ¿devolverle gentilmente la lanza a Saúl o tirársela con la misma fuerza con que nos la lanzó? Algunos simplemente nos hubiéramos apartado y acto seguido, se la hubiéramos lanzado de nuevo no sin antes justificarnos diciendo: “¡Él comenzó primero!”

David era diferente a nosotros, él tenía un buen concepto de Saúl. Probablemente ni siquiera pensó que el rey lo quería matar, quizá pensó que fue un accidente; sin embargo, cuando David vio venir la lanza por segunda ocasión comenzó a temer por su vida. Después de esto, las insinuaciones de asesinato de parte de Saúl en contra de David fueron expuestas abiertamente. A pesar de eso, ocasionalmente David tocaba ante el rey. Es aquí donde la Biblia dice: “Y el espíritu malo de parte de Jehová vino sobre Saúl; y estando sentado en su casa tenía una lanza a mano, mientras David estaba tocando.Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella noche” (1 Samuel 19:9-10).

Si lee el relato entero de Samuel notará que David tuvo dos ocasiones clarísimas para asesinar a Saúl, pero no lo hizo. Una de esas veces, mientras David estaba en el collado de Haquila “Saúl entonces se levantó y descendió al desierto de Zif, llevando consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif.Y acampó Saúl en el collado de Haquila, que está al oriente del desierto, junto al camino. Y estaba David en el desierto, y entendió que Saúl le seguía en el desierto” (1 Samuel 26:2-3).

La búsqueda de Saúl por cazar a David era muy intensa y a la vez sumamente agotadora. ¡Imagine eso! ¡Tres mil hombres para capturar a un solo hombre! El punto es que en esta última cacería, el cansancio físico fue tal que esa noche todo el ejército de Saúl, incluyéndolo a él, durmieron profundamente. Esa precisa noche David descendió con Abisai al campamento del ejército durmiente: “David, pues, y Abisai fueron de noche al ejército; y he aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento, y su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército estaban tendidos alrededor de él.Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe.Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?… guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la vasija de agua, y vámonos.Se llevó, pues, David la lanza y la vasija de agua de la cabecera de Saúl, y se fueron; y no hubo nadie que viese, ni entendiese, ni velase, pues todos dormían; porque un profundo sueño enviado de Jehová había caído sobre ellos.” (1 Samuel 26:7-9, 11-12).

David pudo haber matado a Saúl con la misma lanza con la que en tres ocasiones anteriores lo había intentado clavar en la pared, pero no lo hizo. Pudo haberlo matado y hasta haberse justificando con la idea de que Dios mismo lo había entregado en sus manos, pero tampoco lo hizo. ¿Por qué? Porque David tenía un espíritu perdonador.

A la mañana siguiente, cuando el campamento de Saúl se levantó para continuar con la cacería, David se paró al lado opuesto de donde ellos se encontraban. Cuando se aseguró de estar en un lugar donde todos lo pudieran observar, alzó su voz y declaró a Saúl todo lo que pudo haberle acontecido la noche anterior en la cueva y cómo le perdonó la vida. Como evidencia de sus aseveraciones, David le mostró la lanza y la vasija que estaba en su cabecera.

Cuando Saúl se dio cuenta que lo que David había dicho era verdad, no pudo reaccionar de otra manera sino olvidándose definitivamente de perseguirlo, diciendo: “He pecado; vuélvete, hijo mío David, que ningún mal te haré más, porque mi vida ha sido estimada preciosa hoy a tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera.Y David respondió y dijo: He aquí la lanza del rey; pase acá uno de los criados y tómela.Y Jehová pague a cada uno su justicia y su lealtad; pues Jehová te había entregado hoy en mi mano, mas yo no quise extender mi mano contra el ungido de Jehová.Y he aquí, como tu vida ha sido estimada preciosa hoy a mis ojos, así sea mi vida a los ojos de Jehová, y me libre de toda aflicción.Y Saúl dijo a David: Bendito eres tú, hijo mío David; sin duda emprenderás tú cosas grandes, y prevalecerás. Entonces David se fue por su camino, y Saúl se volvió a su lugar” (1 Samuel 26:21-25).

David tuvo varias oportunidades para desahogar su amargura, pero no lo hizo, demostrando una vez más por qué Dios testificó de él diciendo que era “conforme a su corazón”. ¿Merecía Saúl el perdón de David? ¡No! ¿Merecemos nosotros el perdón de Dios? ¡Tampoco! Por lo tanto, aprendamos a perdonar a nuestros semejantes, ya que, como dijo el rey Saúl, los que consiguen tener un corazón perdonador “sin duda emprenderán cosas grandes”.

Continúa…

1 Comentario

  1. Me ha encantado esta 5ta parte! Sobresaliente lo del club de fans, porque era eso! haha! El perdón nos hace estar livianos; la amargura y el rencor producen un peso innecesario para el camino.

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