El mejor compositor (Cuarta parte)

El mejor compositor (Cuarta parte)

- en El mejor compositor
1986
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El mejor compositor de todos los tiempos.

David fue un adorador antes que un compositor, tuvo un corazón antes que un talento y fue un pastor antes que un rey. Esas son las primeras características del mejor compositor de todos los tiempos que lo llevaron a las alturas que lo llevaron. Hoy continuaremos viendo una característica más.

4. David tuvo unción antes que una posición.

Regresando al relato de Samuel en casa de Isaí, después de que los hermanos de David desfilaron frente al profeta, el joven pastorcito entró por la puerta y fue en ese preciso instante donde Dios le dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque éste es.Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David” (1 Samuel 16:12-13).

Si recuerda bien, cuando Saúl mandó a conseguir un músico que apaciguara su agitada alma, el siervo de éste le hizo ver que lo que necesitaba no era un músico, sino un adorador que ministrara la presencia de Dios. Por eso le dijo: “He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él” (1 Samuel 16:18). Es que David, más que una posición de liderazgo, tenía una conducta que atestiguaba de la unción que reposaba sobre él.

David poseía tal poder del Espíritu sobre su vida que “cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él” (1 Samuel 16:23). Note que el espíritu maligno optaba por huir antes que quedarse en presencia de David. El joven cantor ni siquiera reprendía al demonio para que huyera, sino que su sola presencia y su corazón de adorador provocaban que el espíritu saliera corriendo. Es que lo que hace que la adoración sea poderosa no son nuestros cantos ni nuestra música, sino el Espíritu Santo fluyendo a través de nuestra vida.

Tal era la unción del Espíritu sobre David que producto de su relación con Dios a través de la adoración, se convirtió en un ser profético. El apóstol Pedro dijo: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.Pero siendo profeta…” (Hechos 2.29-30). La presencia de Dios saturó tanto la vida del salmista que llegó a ser considerado como un profeta de Dios.

Es por eso que vale la pena preguntarnos: ¿cómo fue que David logró ser ungido de esa manera? O mejor aún: ¿cómo es que una persona como nosotros puede ser ungida con la misma unción con que David lo fue? La Escritura nos muestra la manera de cómo serlo. David escribió: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar, junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento…” (Salmo 23.1-4).

La unción “davídica” reposa sobre todos aquellos que aprenden a adorar a Dios así como David lo expresa en el salmo veintitrés. Ya que luego de reconocer que el Señor era su pastor, quien lo confortaba, alentaba y guiaba, añadió: “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite…” (Salmo 23:5).

La unción es producto de la adoración. Sí, es cierto que los creyentes del Nuevo Testamento poseen al Espíritu Santo dentro de sí y esa es la unción que el apóstol Juan se refiere en 1 Juan 2:20 y 27. Sin embargo esa unción se experimenta más vivencialmente cuando se profundiza la relación con Dios a través de las disciplinas espirituales. Disciplinas que en conjunto son adoración.

En este sentido, es pasando tiempos prolongados en la presencia de Dios, orando, intercediendo, ayunando, etc, que la unción se hace más vivencial. La clave no es buscar ser ungido, ¡la unción ya está en nosotros! Por lo tanto, buscar a Dios en oración, sin importar el tiempo que implique hacerlo, provocará que la unción desborde de una manera tal que impregne a todos quienes nos rodean.

Todos conocemos la conversación que protagonizó Jesús y la mujer samaritana en el capítulo cuatro del evangelio de Juan. Jesús le dijo respecto a los verdaderos adoradores: “Porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23).

El verso anterior dice que Dios el Padre se encuentra en una “búsqueda” continua de personas que deseen adorarlo profundamente. ¿Sabe cuál es una de las razones por las que Dios está involucrado en esa búsqueda continua de adoradores? ¡Porque desea ungirlos! Mire lo que el Señor dijo acerca de David: “Hallé a David mi siervo; lo ungí con mi santa unción” (Salmo 89:20).

Dios estaba “buscando” un adorador al cual ungir, ¿y qué sucedió? ¡Halló a David! Es decir, a alguien que se había comprometido a vivir una vida de adoración.

Continúa…

1 Comentario

  1. Este 4to punto de la unción hace pensar en el sentido de fidelidad que mencionaste en la 3ra parte. David era consciente de la unción que reposaba en él, aun así fue fiel a Saúl y guardó respeto por él.

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