El precio de la adoración (Tercera parte)

El precio de la adoración (Tercera parte)

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Tres adoradores que conocían el costo de adorar.

Una vez conversé con un director de adoración que reside en EE.UU. Ha grabado varios discos y es un compositor prolífico. De repente, en nuestra conversación, me contó la vez que tuvo que demandar judicialmente a un ministerio musical en Guatemala por grabar una canción suya sin autorización. Yo le pregunté: “¿por qué hiciste eso? ¿Qué te motivó a llegar hasta esas instancias?” “Ah…” me dijo él, “es que si yo hubiera grabado una canción sin su permiso ellos hubieran hecho lo mismo”.

Ganó el caso y la corte le otorgó algunos miles dólares en compensación.

Esa cantidad es nada en comparación con los millones de dólares que artistas seculares han obtenido cuando han ganado casos de plagio y derechos de autor. Mi punto es que los copyright existen tanto en el mundo físico como en el mundo espiritual. Y tienen que ver con el tema de la adoración. Además, así como los derechos exclusivos pueden ser vulnerados y hasta sancionados, ¡cuánto más los que tienen que ver con la adoración al Señor! Es más, viene el día en que el Juez del universo emitirá su veredicto a favor de quienes lo adoraron y en contra de quienes no. Y ese día comprobaremos que las demandas millonarias por plagio no se comparan con las consencuencias eternas de no haber adorado al único y verdadero Dios

Constantemente la sociedad está presionando a que concedamos nuestra adoración a alguien distinto a Dios. Periódicamente está probando si nuestra lealtad le pertenece al Señor, si accederemos a la presión y si comprometeremos nuestros valores. Es más, se acerca el tiempo, si no es que lo estamos ya, en que nuestra adoración al Señor será probada a tal grado que si no la cedemos correremos el riesgo de ser perseguidos, encarcelados e inclusive, martirizados.

Solo echa un vistazo a los países musulmanes y a nuestros hermanos que están siendo perseguidos en Corea del Norte y China. Por no ceder sus convicciones cristianas están siendo encarcelados y en algunos casos hasta torturados y asesinados. ¿Has leído las noticias verdad?

Vente más cerca y mira la agenda del lobbie LGTB (súmale las letras que quieras) que quiere forzar las leyes de los países para que todos aceptemos matrimonios entre el mismo sexo y hasta la adopción de niños de parte de parejas homosexuales. Mira la agenda feminista que también quiere que las leyes abortivas se generalicen y sean aceptadas por todas las naciones. ¿Te imaginas aprobando el aborto aun para madres en el noveno mes de embarazo? ¡Y qué decir de la agenda de la ideología de género que quiere hasta prohibir que los hombres se llamen hombres y las mujeres, mujeres!

El espíritu de Babilonia es real en nuestra época y quiere obligarnos a adorar su estatua.

Es por eso que creo que la historia de Sadrac Mesac y Abegnego es pertinente para nuestro tiempo. La amenaza del horno de fuego es una analogía profética para nuestra generación. Basta ya de pensar que la adoración solo tiene que ver con el tema de la música, que solo les compete a los equipos de alabanza y que está confinada a las cuatro paredes de la iglesia. La adoración tiene que ver con tus valores, convicciones y cosmovisión. Tiene que ver con definir si tu lealtad en todas las áreas de tu vida será solo para Dios o será para el rey de Babilonia que con sus políticas querrá sabotear la lealtad que dices profesar.

¿No me crees que viene ese tiempo? Mira lo que dice el libro de Apocalipsis capítulo trece. Pero antes que lo leas debes entender que basado en el libro profético de Daniel, escatológicamente se puede afirmar con plena seguridad de que, en el libro de Apocalipsis, cuando se habla de bestias, se está hablando de reinos, imperios o gobiernos políticos. Con esto en mente, quiero que notes las similitudes que hay entre el rey Nabucodonosor y la bestia de Apocalipsis, entre Daniel capítulo tres y Apocalipsis capítulo trece:

Y vi que subía del mar una bestia que tenía diez cuernos
y siete cabezas; en sus cuernos había diez diademas,
y en sus cabezas había nombres blasfemos. La bestia que
vi era semejante a un leopardo, sus pies eran como los
de un oso y su boca como la boca de un león. Y el dragón
le dio su poder, su trono y gran autoridad. Y vi una de sus
cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue
sanada. Y la tierra entera se maravilló y seguía tras la bestia;
 y adoraron al dragón, porque había dado autoridad a la
bestia; y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién es semejante
a la bestia, y quién puede luchar contra ella?… Se le concedió
hacer guerra contra los santos y vencerlos; y se le dio autoridad
sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adorarán todos
los que moran en la tierra,
cuyos nombres no han sido escritos,
desde la fundación del mundo, en el libro de la vida del
Cordero que fue inmolado. Si alguno tiene oído, que oiga.
Si alguno es destinado a la cautividad, a la cautividad va;
si alguno ha de morir a espada, a espada ha de morir. Aquí
está la perseverancia y la fe de los santos.
Y vi otra bestia que
subía de la tierra; tenía dos cuernos semejantes a los de un
cordero y hablaba como un dragón. Ejerce toda la autoridad
de la primera bestia en su presencia, y hace que la tierra y los
que moran en ella adoren a la primera bestia,
cuya herida
mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera
que aún hace descender fuego del cielo a la tierra en presencia
de los hombres. Además, engaña a los que moran en la tierra
a causa de las señales que se le concedió hacer en presencia
de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra que hagan
una imagen de la bestia
que tenía la herida de la espada y que
ha vuelto a vivir.  Se le concedió dar aliento a la imagen de la
bestia,
para que la imagen de la bestia también hablara e hiciera
dar muerte a todos los que no adoran la imagen de la bestia.

Y hace que, a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres
y esclavos, se les dé una marca en la mano derecha o en la frente,
y que nadie pueda comprar ni vender, sino el que tenga la marca:
el nombre de la bestia o el número de su nombre. Aquí hay
sabiduría. El que tiene entendimiento, que calcule el número
de la bestia, porque el número es el de un hombre, y su número
es seiscientos sesenta y seis.
Apocalipsis 13:1-4, 7-18.

Las similitudes entre el rey de Babilonia y la bestia de Apocalipsis están resumidas en el siguiente cuadro.

                                 Cuadro comparativo entre Daniel 3 y Apocalipsis 13
El rey de Babilonia La bestia de Apocalipsis
Exigió adoración Exige adoración
Ordenó que todo el imperio le adorara Ordena que todas las naciones le adoren.
Erigió una estatua que debía ser adorada Erige una imagen que debe ser adorada.
Se enteró de quiénes no lo adoraban Tiene forma de saber quiénes no le adoran.
Amenazó de muerte a quien no adorara Amenaza de muerte a quien no le adoran.

¿Ves las similitudes?

Se cerca el día, si es que no ha llegado ya, en que nuestro compromiso con el evangelio será desafiado. A la derecha se nos pondrá la opción de preservar nuestra libertad y salvar nuestra vida, y a la izquierda se nos pondrá la opción de ser encarcelados o morir en el horno de fuego. No creas que te librarás de dicho desafío. Todos los cristianos en el mundo seremos probados. Y allí se definirá si realmente imitaremos el actuar de Sadrac, Mesac y Abegnego o si preferiremos salvar el pellejo con tal de no sufrir.

¿Qué decidirás?

Continúa leyendo la Cuarta parte.

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