El sabio, el necio y el malo (Cuarta parte)

El sabio, el necio y el malo (Cuarta parte)

- en El sabio, el necio y el malo
2291
1


¿Qué tipo de persona eres?

Continuando con esta breve serie sobre los distintos comportamientos de las personas ante la verdad, la vez anterior expliqué quién es una persona sabia y hasta compartí algunas características. Hoy hablaré de la persona necia.

EL NECIO

Como hemos dicho, la forma de identificar si una persona es sabia, necia o mala es su reacción ante la verdad. Si el sabio se alegra ante la realidad y agradece que se la muestren, el necio se entristece. Para el necio la luz de la verdad debe atenuarse. Dice: “Mmm… no, la verdad debe cambiar, ¡no yo! La verdad debe parecerse a mí, no yo a ella”.

¿Nota la diferencia?

Henry Cloud afirma: “Mientras que la característica principal de una persona sabia es que al ver la luz, la recibe, la asimila y ajusta su comportamiento a la misma, el necio hace todo lo contrario: la rechaza, se resiste a ella, encuentra una explicación conveniente y no hace ajustes para cumplir lo que le piden”.

Las siguientes son tres maneras en que el necio reacciona ante la verdad:

Se justifica: siempre tiene una excusa por la cual tiene “x” o “y” comportamiento. Y si no una excusa por lo menos un pretexto que escude por qué reaccionó de esa manera. No se responsabiliza de su falta, siempre tiene un argumento defensivo bajo la manga.

Se enoja: al decírsele la verdad se enfada. Su rostro cambia y hasta su tono de voz. Viste su justificación de ira y en lugar de reconocer su responsabilidad en los hechos, acompaña sus explicaciones con palabras altisonantes.

Se hace la víctima: al escuchar la verdad dice que nadie lo entiende, que nadie sabe cuánto ha sufrido en la vida y que por eso no comprenden por qué es como es o por qué actuó como actuó. Los demás son los culpables, nunca él.

El Dr. Cloud dice: “Si la persona sabia se alinea con la verdad, por el contrario, el necio ajusta la verdad a su conveniencia de manera que no tenga que hacer nada diferente. Él nunca se equivoca, alguien más lo hace”.

Recuerdo la vez que estábamos a punto de comenzar una reunión de la iglesia hace varios años. Antes de iniciar cada reunión realizábamos una pequeña prueba de sonido, muy corta, que hacíamos diez minutos antes de iniciar el culto.

Resulta que mientras probábamos micrófonos uno de los cantantes que servía como voz de fondo comenzó probar sonido hablando con voz afeminada y oyéndose en todo el auditorio: “¡Holaaa, Nóóóeee! Nóóóeee… ¿meee escuchaaasss?” De inmediato volteé a ver y le dije que no hiciera eso, que ya la gente estaba entrando al templo y que eso se veía mal. A los pocos segundos volvió a hacer lo mismo, decía con voz femenina: “¡Nóóóeee… Nóóóeee! ¿Meee escuchaaasss?”

Todos quienes ya estaban en la reunión oyeron su tonito, como si estuviera jugando. En ese momento mi sangre comenzó a hervir pero para no manifestar mi enojo ante todos, dejé mi micrófono, me acerqué a él y le dije: “¡Oye! ¡No hagas eso! Prueba tu micrófono con vocales o con sílabas, pero no con ese tono de voz como si eso fuera gracioso”. En ese momento me miró con enojo y espetó: “¡No, yo voy a probar micrófono como yo quiera! ¡Yo no tengo por qué obedecerte a vos ni hacer lo que vos me decís!”

Abrí los ojos como platos, le exigí que no lo volviera a hacer, le di la espalda y me dirigí a mi micrófono para dar inicio a la reunión. Demás está decir que dirigí la alabanza muy enfadado.

Ese cantante se comportó como una persona necia así como la describe Proverbios: cuando se le corrige, insulta; cuando se le amonesta, ofende; y cuando se le reprende, odia (ver Proverbios 9:7-9). Y aunque sé que mi ejemplo es uno demasiado simple qué tal de situaciones más serias como la de confrontar a un integrante del equipo de alabanza debido una conducta impropia o un pecado oculto. Qué cuando tiene que ponérsele en disciplina y a la vez explicársele la razón. Qué tal un gerente que tiene que amonestar a un empleado so pena de despido y qué de la parejas donde una de las partes tiene que confrontar al otro por un comportamiento hiriente.

Los momentos de confrontación siempre revelan si una persona es sabia o necia.

Yo tengo un sinfín de anécdotas de personas necias que me he encontrado en la vida, que en ese momento yo no podía decir que lo eran porque no tenía el marco teórico para definirlo, pero como afirma el autor: “Así como ser sabio no necesariamente implica ser inteligente, ser necio no significa ser torpe o sin talento. Es irónico, pero una persona necia puede ser la persona más inteligente, talentosa y hasta encantadora que conozcas”.

Por eso no se sorprenda que mientras lee esta serie le vengan a la mente dos o tres nombres de su equipo de alabanza, de compañeros de trabajo, amigos o familiares que caigan perfectamente en la categoría de “necios”. A quienes se les muestra la luz y la quieren atenuar.

Continúa…

1 Comentario

  1. Uff! Parece que me he topado con una buena parte de necios…y parece que me he comportado como necia en más ocasiones de las que quisiera admitir. Espero la siguiente parte! 🙂

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Te podría interesar

Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Décimo tercera parte)

Esta es la última entrada de la serie