El tabernáculo de David (Segunda parte)

El tabernáculo de David (Segunda parte)

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El movimiento de adoración del primer siglo.

La vez pasada comenzamos a hablar del movimiento de adoración que inició en Norteamérica (EE.UU. y México) y que poco a poco fue tocando los países de Centro y Suramérica. Durante inicios de los 90´s en El Salvador se habló que el despertar de la alabanza y adoración era el cumplimiento de la profecía descrita en Hechos 15:16, de que lo que estábamos presenciando era la restauración del tabernáculo de David. Y también vimos a qué se refirió Jacobo cuando habló de dicho tabernáculo: Al derramamiento del Espíritu Santo en las naciones. Por lo tanto, antes de hablar del punto en el que se encuentra el movimiento de adoración en la actualidad, permítame hablar del movimiento de adoración que se dio durante el primer siglo y que efectivamente tuvo que ver con un despertar en la adoración de la iglesia.

EL ESPÍRITU SANTO Y LA ADORACIÓN

Como dije en la entrada anterior, no me considero experto en historia de la iglesia contemporánea y mucho menos en historia de la iglesia del primer siglo; sin embargo, basado en los documentos del Nuevo Testamento que poseemos me atrevo a afirmar que la restauración del tabernáculo de David a la que Jacobo hizo alusión, el derramamiento del Espíritu Santo sobre judíos y gentiles, también tuvo que ver con la renovación de la adoración privada y congregacional de ese tiempo.

¿En qué me baso para afirmarlo? En los siguientes tres textos:

Primer pasaje: Hechos 2:1-13.

Si releyéramos este pasaje podríamos notar que lo que sucedió ese Día de pentecostés fue una reunión de adoración encendida.

Lamentablemente algunos de nosotros fuimos víctimas de la escuela dominical de la iglesia. Cuando se nos habló sobre el derramamiento del Espíritu Santo durante la clase de niños, la maestra pegó las figuritas ilustrativas en la pizarra y nos mostraron a los apóstoles hablando en lenguas con una llamita, estilo fueguito de encendedor, sobre sus cabezas. Me late que por culpa de esas imágenes no visualizamos exactamente cómo pudo haber sido lo que realmente ocurrió.

Yo no creo que los ciento veinte hayan tenido una pequeña llamita sobre sus cabezas. El texto dice que “se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos” (Hechos 2:3). Vamos, eran lenguas de fuego, no lengüitas. ¿Alguna vez ha visto los incendios forestales que a veces han azotado ciertas regiones de EE.UU.? ¿Ha visto como las llamas (enormes lenguas de fuego) arrasan con toda la vegetación y se alzan con intensidad hasta el cielo?

Pues algo así pasó ese Día de pentecostés: Llamas de fuego encendieron la adoración de los congregados en el aposento alto y comenzaron a hablar en otros idiomias. ¿Por qué creo que ese episodio fue una reunión de adoración encendida? Porque Hechos dice que cuando la gente se dio cuenta del estruendo dijeron: “¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”? (Hechos 2:11).

Si hablar “las maravillas de Dios” no es adoración, ¡que alguien me expliqué qué es entonces!

Cuando el Espíritu Santo se derramó sobre los ciento veinte la adoración se encendió, al punto que quienes estaban fuera del aposento y habían llegado a celebrar Pentecostés quedaron asombrados por la intensidad al adorar que estaban presenciando.

Segundo pasaje: Efesios 5:18-20.

No os embriaguéis con vino, en lo cual
hay disolución; antes bien sed llenos
del Espíritu, hablando entre vosotros
con salmos, con himnos y cánticos espirituales,
cantando y alabando al Señor en vuestros
corazones;
dando siempre gracias por todo
al Dios y Padre, en el nombre de nuestro
Señor Jesucristo.

El texto primero nos habla de la llenura del Espíritu Santo y luego de los salmos, himnos y cánticos espirituales. El apóstol primero animó a los efesios a llenarse de la presencia de Dios y luego a cantar, alabar y dar gracias. Es decir, él relacionó la llenura del Espíritu con un despertar interior vinculado a canciones, alabanza y acciones de gracias.

Probablemente usted lo haya experimentado, cuando uno es lleno del Espíritu la vida privada de adoración cambia. Experimentamos nuevo fervor, grandes deseos por pasar tiempo adorando y hasta una gran pasión por cantarle al Señor.

Seguramente el apóstol presenció este tipo de cosas cuando ministró en las ciudades y entonces animó a los efesios a procurar ser llenos. El Espíritu Santo se derramaba y la gente adoraba con intensidad. El Espíritu Santo se derramaba y se incrementaba el ímpetu de la reunión. El Espíritu Santo se derramaba y todo mundo comenzaba a proclamar las maravillas de Dios.

Es decir, Efesios nos confirma que el tabernáculo de David, el Espíritu Santo y la adoración están íntimamente relacionados.

Y el tercer pasaje: 1 Corintios 14:24-25.

Pero si todos profetizan, y entra algún
incrédulo o indocto, por todos es convencido,
por todos es juzgado;
lo oculto de su corazón
se hace manifiesto; y así, postrándose sobre
el rostro, adorará a Dios, declarando que
verdaderamente Dios está entre vosotros.

Estos dos versos nos muestran lo que idealmente Pablo esperaba que sucediera en una reunión de adoración. Me gusta como lo explica Bob Sorge en su libro: “Sumérgete en el río de Dios”:

«La primera cosa que sucede, de acuerdo a Pablo, es que se revelan los secretos de los que no entienden. El Espíritu Santo los conoce implícitamente y él puede, por medio de sus dones, dar mensajes proféticos a otras personas de la congregación en lugar de hablar directamente a sus vidas. El Espíritu Santo inspirara un mensaje a través de una vasija humana que asombrará al creyente al darse cuenta que Dios lo conoce. Dios lo ve. Dios comprende las profundas ansias de su alma, Dios se interesa por él.

Luego, el versículo que sigue dice que el que no cree se postrará sobre su rostro. Puedo imaginar que esto sucede a través del poder de convicción del Espíritu Santo. Cuando la persona que no entiende se da cuenta de cuán íntimamente es conocida y comprendida por Dios, se postrará sobre su rostro en la presencia de la santidad de Dios. ¿Cuándo fue la última vez que ha tenido un incrédulo postrado sobre sus rostros en uno de sus servicios de adoración? De a acuerdo a Pablo, no debería ser algo poco común.

Tercero, dice que “se postrará y adorará”. No dice necesariamente que se convierte o nace de nuevo, porque no tiene que ser un creyente en Jesús para adorar a Dios. Incluso los impíos pueden darle gloria a Dios. Dios puede llevar incluso a los rebeldes a postrarse de rodillas en adoración, reconociendo su poder, sabiduría y majestad.

Y finalmente, él dirá: “Realmente Dios está entre ustedes”. Él se irá de la reunión diciéndole a sus amigos: “Si van a esta iglesia, se encontrarán con Dios. Lo digo en serio. ¡Dios está en ese lugar!”

Gracias Pablo, por darnos una imagen tan gloriosa de hacia dónde puede llevarnos la adoración» (1).

Las reuniones de adoración de la primera generación de cristianos se caracterizaron por lo que sucedió en Hechos 2:1-13, lo descrito en Efesios 5:18-20 y en 1 Corintios 14:24-25. Es decir, el tabernáculo de David descrito en Hechos 15:16 estaba siendo restaurando frente a sus propios ojos e incluyó el derramamiento del Espíritu Santo que encendía continuamente la adoración.

Continuará…

Notas:

(1) Sorge, Bob. “Sumérgete en el río de Dios. Una visión para la adoración congregacional”. Editorial Vida. Pág. 18-19.

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